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viernes, 31 de octubre de 2014

El banquete del fin del mundo

Mi cuento (esta vez en forma de verso) para Halloween espero les guste.

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El banquete del fin del mundo

I

Para la fiesta del fin del mundo
El gran señor de las fortunas sobrantes 
Encargó toda la riqueza restante de la tierra agotada y marchita.
Mando a  sacrificar animales extintos y sembrar frutas que no existían
Mil decoradores sobrevivientes de los cinco rincones del mundo acudieron a su llamado
Y se encargaron de llenar de vida el castillo marchito y enfermizo
Mientras fuera de sus muros sus habitantes agonizaban intentando ingresar en la feroz fortaleza
Y sus manos ensangrentadas rasguñaban los muros infranqueables
Chaca daca crac crac tum tum
Hasta que las uñas se desprendían y las fuerzas mermaban
Y los cuerpos llenos de pústulas y manchas caían exánimes sin vida
A la vez que a lo alto los soldados observaban los cadáveres amontonándose como hojas en el otoño
Por un momento el terror los acometía
Frío, terrible se insertaba como un aguijón en el cuello, hambriento de su tranquilidad, hurgando por su alma
Pero ellos rechazaban tal idea y se decían: “Nuestro Señor nos protegerá. Él es justo y bueno y la muerte no es capaz de traspasar los límites de nuestra fortaleza”
Y reían y escupían sobre los escombros humanos que seguían creciendo sin conocer la pausa o el reposo.

Para la fiesta del fin del mundo
El gran señor de los despojos restantes
Escogió diez mil sirvientes sobrevivientes
Quienes  arreglaron el castillo decorado
Le dieron cuerda al reloj de ébano y prendieron las teas
Limpiaron las vajillas de diamante y amatista
Sacaron los cubiertos de plata, las servilletas más finas
Y pulieron noche y día los pisos hasta que la luna encontró su reflejo más elegante.
Pero si la discordia acechaba y uno de los sirvientes tosía por lo menos una vez
Era conducido a la terraza más alta de la guarida
Ojos sin vendar y sin mordaza para gritar antes del minuto final
Le daban un tiro de gracia y le prendían fuego al cadáver que arrojaban  por las almenas al mundo exterior
Como advertencia a la muerte que se encontraba a las orillas de los muros inexpugnables, esperando impaciente antes del soplo final
Que sin importar el color de su máscara en ese lugar no tendría cabida.

 Para el banquete del fin del mundo
El magnífico Amo de las Tierras Baldías mando a imprimir invitaciones
Con papel de marfil y sellos teñidos con la vida de los extintos
Sus bordes eran tan finos que si te cortabas con ellos
La sangre manaría de tus dedos y no pararía de verterse hasta que murieras.
Los mensajeros fueron enviados a los confines del mundo conocido
Recorriendo los paisajes yermos y desolados por la peste
En caballos negros indómitos e imparables que azotaban la tierra con el ruido atronador de sus cascos
Hasta llegar a fortalezas igual de protegidas que las de su señor
Lo que no sabían los heraldos es que en la parte del final del funesto mensaje estaba la orden de ejecutar de inmediato a los portadores de buenas nuevas
Pues toda prevención era poco en este caso de urgencia y la falta de ella podía apresurar el final
Testigo de ellos eran los países arrasados, las naciones extintas, las ideologías difuntas, los edificios desolados, los puentes inacabados, los campos exterminados, los seres moribundos.
Todo bajo el sol de dios.


II.

El día del banquete del fin del mundo
Los invitados llegaron al ocaso
Sigilosos y ostentosos arribaron a la gran morada
El último refugio de la humanidad
Bastión del buen gusto, la opulencia y la elegancia
Enemigo de la muerte, la pobreza y la indecencia

Reyes, reinas, príncipes y condesas
Marqueses, obispos  y damiselas de grandes raleas
Se dieron cita con el Gran Señor de los excesos
Llegaron en carrozas doradas que parecían levitar sobre el suelo
Muchos de ellos cubrían sus rostros con máscaras de animales
Revelando  su naturaleza hostil, su esencia salvaje
Adiós a los grandes amos quedando solo el señor zorro, el señor Hiena
La dama de las garzas, la reina de las avispas, los portadores de luz;
Otros en cambio enseñaban su rostro y su mirada soberbia 
Era más gélida que el bronce de las máscaras bestiales
Y así todos los pecadores, herederos de mil linajes ingresaron por las murallas inexpugnables

Durante el banquete del fin del mundo
La luna carmesí se elevó sobre los terrenos de la muerte y la desesperación
Mientras que mil botellas de vino y champaña se destapaban al compás de los gemidos agónicos del mundo exterior
Y el líquido se derramaba moviéndose como el vaivén de un mar calmo, lúgubre y tenebroso
 Platillos exquisitos se tendían sobre cien mesas extendidas de manera grotesca contrastando con la hambruna del resto del universo
Y nadie tocaba los platos y la comida esperaba para ser alimento de moscas y de ratas
La orquesta estaba magnífica y alternaba temas melancólicos en memoria de los millones de muertos con sinfonías fantásticas en honor de aquellos que habían sobrevivido
Y los asistentes bailaban de manera triste, arrastrándose por el salón principal como fantasmas

Pero he aquí que una de las damas se movía con desenvoltura
La última de las princesas existentes, la dama de Samael
Su belleza era un desafío a la humanidad, su pelo eran las tinieblas
Su piel el color de la luna y los labios rojos tenían el sabor del vino
Cuando salió a bailar con el gran Señor del castillo
Los asistentes enmudecieron y sólo se oía el sonar de los violines y el chisporrotear de las antorchas
Hombre y mujer danzaron en el fin del mundo hasta que la pieza hubo terminado y sellaron la ceremonia con un beso, largo y prolongado

Cuerpos que se atraen
Alientos cercanos, bocas que se funden
Más mientras se da el fatídico acercamiento un hilo de sangre delgado brota de la boca de los amantes
Y las gotas caen en los suelos dorados brillantemente pulidos
El abrazo se prolonga y el charco crece
Hasta que se separan y la voraz mujer no contenta con arrancar los labios de su pareja dirige sus diáfanos dientes hasta el cuello del Señor de las horas contadas
Y clava sus colmillos en él, saboreando su sangre, la vida que se escapa
El destino que habría de llegar hasta la fortaleza inexpugnable

Los asistentes al banquete del fin del mundo observaron presas del terror la escena
Ninguno interrumpió la faena pero cuando la mujer terminó su función
Cayeron en el pánico, en la desesperación largamente reprimida
Hicieron uso de cuchillos, espadas y dientes y acometieron contra su vecino
La orgía de sangre pronto fue la invitada de honor pues este era el fin de todas las cosas y no había que dejar nada para la llegada de la muerte

Caos y destrucción reinaron en la tierra del hombre
Nadie grito, nadie lloró y ningún sobreviviente quedó
Únicamente  la luna roja contempló la hecatombe
Ahora tan solo lluvia cae y el viento pasa por las cerraduras
Silbando mientras suena la sinfonía del banquete del fin del mundo








viernes, 10 de octubre de 2014

Letanías Uribistas

 Parece una broma pero no lo es: La Venezuela de Maduro ha cambiado el Padre Nuestro por una versión chavista del mismo. Según algunas fuentes gatunas, los seguidores del difunto líder venezolano están planteando cambiar la biblia para que la paloma del Espíritu Santo sea reemplazada por Chavéz, total el caudillo ya tiene experiencia avícola (por aquello de aparecerse en forma de pajarito al actual presidente).

Los Uribistas han decidido que no quieren ser menos que sus hermanos bolivarianos y ya está cursando en el Congreso, de la mano del Centro (In)Democrático  un proyecto de ley para cambiar ciertas oraciones y cambiar al Divino Niño, al Milagroso y demás señores caídos por la figura del Gran Colombiano, ese mesías que habría de cambiar el destino de Colombia y salvarlo no de los fariseos sino de la conspiración castrosantochavistadelasfar.

El citado proyecto propone entre otras cosas crear, con el patrocina del partido político religioso el MIRA VÉ, la creación de la iglesia Uribeniana de los últimos días cuyo primer Papa sería Su Santidad Alejandro Ordóñez quien adoptaría el nombre de Uribe II (Porque el I ya está reservado para el Mesías), asimismo se propondría cambiar la imagen del Divino Niño por la cara del amado líder y cuyo slogan no diría Yo Reinaré sino Yo me Reelegiré.

De igual manera se está pensando en cambiar algunas oraciones por versiones más modernas donde el protagonista sea el paisa más carismático del mundo (y no nos referimos a Juanes). El Gato tuvo acceso a algunas de estas versiones que compartimos con ustedes…..
  

Sangre de Uribe

Alma de Uribe reeligete
Cuerpo de Uribe sálvate
Seguidores de Uribe asílense
De los Santistas protégeme
Y a mis enemigos, en la cara por m….
ameeeeeen



Gloria

Gloria a Uribe, a Uribito y a José Obdulio Gaviria
Ahora y siempre por los siglos de los siglos ameeeeen



Ave María (Fernanda Cabal)

Uribe te salve María
Llena eres de votos
El Centro Democrático está contigo
Bendita eres entre todo el Congreso
Y bendito es tu electorado del Uribismo Jesús
Santa María elegida de Dios
Ruega por nosotros los lectores de Gabo
Ahora y en la hora de las elecciones …..ameeeeeen



Uribe Nuestro

Uribe Nuestro que estás en el Ubérrimo
Santificado sea tu partido
Venga a nosotros tu Mano Dura corazón grande
Hágase tu voluntad así en la Casa de Nariño como en el Congreso
Danos hoy nuestros votos de cada día
Y perdona nuestros desfalcos
Así como no perdonamos a los de las Far
No nos dejes caer en el Polo
Y líbranos del Santismo
Ameeeeeen


Publicado originalmente en El Gato, el mejor periódico de humor del mundo y sus contornos.

Caricatura de Vladdo

miércoles, 17 de septiembre de 2014

Unas palabras sobre paternidad (Fragmento Rabia)

Hoy exactamente hace un mes falleció mi padre. Su muerte es una pérdida que aún seguimos sintiendo tanto yo como mi familia. Publico un fragmento de mi novela que habla sobre la paternidad como homenaje a quien siempre creyó en mi y en mis letras.

Te extraño, viejo.

....................................

XXV.


(...) ¿Qué es un padre? Un compañero efímero, sabemos que lo normal, lo natural es que muera antes que nosotros, así como debemos perecer antes que nuestros hijos. Es una guía, una especie de artesano que nos moldea a su antojo y del cual nos alimentamos y absorbemos todos sus sueños, anhelos, frustraciones y miedos. De él, de su forma de concebir la vida dependerá nuestro comportamiento, nuestra manera de ver el mundo y desenvolvernos ante él. No somos otra cosa que el pálido eco de su comportamiento y de las personas que lo antecedieron a él y a la que nos ata la sangre.

   Cuando somos pequeños creemos en su perfección, su palabra es poco menos que algo divino e incuestionable. A medida que crecemos nos damos cuenta de sus múltiples errores, su terquedad y su visión arcaica de un mundo que ha seguido con su ritmo frenético y lo ha dejado atrás. Adquirimos conocimientos, discernimiento y sabiduría en los libros y en la calle y nos burlamos de su manera tosca de asimilar las cosas, queremos alcanzar el sol con las manos y nos creemos inmortales y no nos damos cuenta que ellos poco a poco van saliendo de nuestro entorno, no tienen cabida en él, los recluimos en una prisión de silencio y desprecio.

   Ignoramos que alguna vez fueron jóvenes, llenos de esperanzas y sueños, que nunca imaginaron crecer, envejecer y morir. Que al momento de concebir nadie les dijo cómo debían criar a esas criaturas de ojos grandes y expectantes que los miraban con admiración y curiosidad, los hijos no vienen con ningún manual y encargarse de otro ser humano es algo infinitamente maravilloso y complejo.

   Imagino la cara de mi padre al contemplar por primera vez ese bulto mocoso que lloraba por veinte y a la mujer que amó en la cama de un hospital con una sonrisa agotada y condescendiente después de horas de parto, se habrá sentido un poco inútil por no haber colaborado en nada en el proceso mientras su esposa sufría el más fuerte de los dolores imaginables , pero no habría dicho nada, era un hombre parco, seguramente sus gestos lo habrían delatado, una sonrisa de vuelta, unos ojos a punto de llorar, una caricia suave sobre la cabeza de mamá, un no querer tocar ni cargar al recién llegado por miedo a lastimarlo, a provocar que se deshiciera en sus brazos, tal era la fragilidad que el nuevo habitante mostrara.

   Seguramente esa noche habría esperado que la esposa exhausta  se durmiera, la besaría  con suavidad en los labios y con el sigilo de un ladrón profesional habría salido de la habitación, se internaría en las sombras de la casa, con los nervios de un primerizo y habría ido hasta el cuarto donde estaba durmiendo mi primera noche al aire libre. Con una nueva confianza recién adquirida me habría cogido con delicadeza arrancándome de la suavidad y tibieza de la cuna y me llevaría hasta la ventana donde  juntos miraríamos por primera vez la luna y las estrellas mientras me decía al oído y se prometía a si mismo que sería el mejor padre del mundo y que daría su vida por mí de ser necesario.

    Fracasaría de manera ineluctable y estrepitosa. Nunca encontraría la manera correcta de comunicarse con ese pedazo de su sangre, vería inevitable como la esposa amada habría de arrebatarle el amor del hijo, y una vez que ella se hubo marchado, porque la muerte es otra manera de irse, habría notado como ese niño-hombre se alejaría de manera definitiva de su vida a través de sus silencios, las palabras no dichas. Intentaría por todos los medios evitar este final, acercarse a él a través de frágiles momentos de débil comunión, pero sus intentos serían en vano, en parte por su lacónica manera de ser, en parte porque ese ser lo juzgaría en silencio por el abandono de la madre, por su aparente debilidad ante lo sucedido, su conformismo a lo que la vida le deparara.

   Se engañaría a sí mismo diciendo que su hijo lo amaba, finalmente era su deber y todos los vástagos deben la existencia a sus progenitores y lo mínimo que esperan a cambio es el amor por agradecimiento así no fuera un cariño expresivo, un amor explosivo. Seguramente muy en el fondo ese extraño en el que alguna vez había depositado todas sus ambiciones y esperanzas lo amaba con fe de misionero pero esperaba el momento apropiado para demostrarlo.

   Resultaba poco menos que curioso que al final de su camino, cuando él se había convertido en la sombra de sus despojos y había olvidado incluso su nombre fue el momento en que sus sueños se hicieron realidad. En esas tardes del tercer sábado de cada mes, cuando él fumaba con el entusiasmo de un niño, el hijo pródigo lo miraba con una mezcla de infinita tristeza y excesivo amor y le contaba en medio de palabras sueltas e ideas inconexas el terrible peso de la vida y sus vicisitudes y la envidia que sentía hacia él por vivir sin recordar nada, manteniéndose en el umbral entre la existencia y la muerte, el vivir sin preocupaciones de ningún tipo, malviviendo como si cada día fuera algo nuevo, un regalo maravilloso del que nunca sería consciente.

   Nunca supe comprenderlo, ni ver quien era la persona que existía más allá del tenaz trabajador que malgastaba su vida en su empleo  de ocho a cinco. No hubo persona más cercana a él que yo, y aun así, siempre fue un completo extraño en mi vida, un forastero que visitaba las costas de un hogar inexistente por las noches, nunca hubo una pelea, ni siquiera un altercado como aquellos que pasan entre las personas que se quieren tanto que son incapaces de soportarse, nuestro idioma fue el silencio, una tregua sin palabras, un combate que nunca se realizó por miedo a no poder volver a lugares más seguros. Lo único que conocí de él fue la tristeza por el abandono de la madre, el derrumbamiento de un ser humano que no hizo ningún esfuerzo por luchar.

   Me pregunto cómo habría sido antes de eso; cómo conquistó a una mujer tan alegre como mamá ¿quizá era  dicharachero, un hombre lleno de ideas, de sueños locos que la habría conquistado después de mil y un rechazos? ¿O fue esa melancolía, esa tristeza que estaba en él desde un principio lo que la atrajo? ¿Esa feroz imagen de desamparo y fragilidad lo que hizo que ella decidiera volcar su vida al cuidado de ambos? No lo sé, seguirá siendo en muerte el enigma que planteó en vida. Aun así, ahora que ha muerto y que reposa bajo una lápida anónima que no visitaré, siento que lo comprendo más de lo que lo hice en el pasado, soy consciente de su sufrimiento, de los vanos intentos que hizo por acercarse a mí, de su fragilidad, su fracaso y lo humano que fue y eso me hace quererlo y extrañarlo un poco más.


   Último tercer sábado del mes, la tarde se extingue alcanzada por la noche que impaciente devora los últimos rayos de sol, acabo el último de los cigarrillos y observo el humo desvanecerse en el aire al igual que la existencia de mi padre

miércoles, 20 de agosto de 2014

Papá

Palabras dichas durante el funeral de Carlos Fernández Bonilla. 

¿Cómo definir en pocas palabras a un hombre que dejó su huella tan profundamente en nosotros como mi padre Carlos Fernández Bonilla,  sin correr el riesgo de obviar alguna de sus múltiples cualidades? Podrán pensar que siendo su hijo me resulta sencillo pero nada más lejano de la realidad. Los hijos somos simplemente el espejo deformado y alimentado de los sueños de nuestros progenitores, quienes vuelcan, sin siquiera imaginarlo,  en ellos  todas sus ambiciones, miedos  y esperanzas que habrán de forjar seres igualmente complejos a ellos y que pasarán las mismas inquietudes a su futura descendencia.

Las personas somos como rompecabezas, o mejor aún, como un crisol de mil colores siempre reflejando diferentes tonalidades de acuerdo a su entorno. Podría hablar de Calicho, sobrenombre cariñoso de papá, en su faceta paterna pero ustedes ya tienen una imagen establecida buena o mala de él. Muchos recuerdos, risas y momentos difíciles vividos con él a lo largo de 75 casi 76  años en que nos acompañó en este peregrinar finito que es la vida. Su imagen no es solo la de padre sino la de amigo, hermano, esposo, jefe, hijo, enemigo, compañero de mil batallas, familiar o implacable periodista. Reducirlo a solamente a una faceta no sería solo injusto con ustedes sino con su memoria.

La mejor opción, es entonces, intentar hablar de él a un público invisible que supongamos nunca tuvo el placer de conocerlo. Podríamos empezar definiéndolo como un hombre no muy alto, de ojos claros y un pequeño bigote que se convirtió en su  marca de personalidad.

Lo primero que podríamos resaltar de él fue su pasión. Mi papá fue un hombre cuya pasión desbordaba por sus poros, pasión por el periodismo, por los excesos, por las ideologías, por el fragor de la batalla intelectual, por sus convicciones, por las personas que quería sin importar si estaba o no acertado.

Alguna vez me contó que le ofrecieron ser juez a lo que declino porque estaba convencido que de haber aceptado habría sacado de la cárcel a cualquier amigo suyo así hubiera sido el mayor criminal de la historia y de haber condenado a cadena perpetua a cualquier inocente por el simple hecho de caerle mal.

La misma se demuestra con los múltiples periódicos que fundo a lo largo de su vida, se me ocurren ahora los nombres de Bitácora o Clarines y Timbales (el único periódico taurino que, en sus palabras, circulaba el 1 de enero),  los cuales nunca le dieron riqueza o fama sino que simplemente fueron producto de su frenetismo, la locura de emprender una aventura cual Quijote embistiendo  molinos de viento.

Podría también hablar de su generosidad. Quienes tuvieron la fortuna de conocerlo saben de lo que hablo. Mi papá fue un hombre sumamente desprendido de los bienes materiales, quizá demasiado, mientras vivió en Miami su casa fue el hogar de muchas personas que no tenían a quien más recurrir o donde llegar. El bienestar económico nunca fue su meta final anteponiendo palabras como amistad o lealtad a incluso su propio bienestar. En muchas ocasiones se equivocó, es cierto, y depositó la confianza en gente que nunca fue digna de tanto, pero eso es, desde luego, harina de otro costal.

También podría mencionar su sentido del humor. Era un mamagallista terrible , muchas veces incorregible y algunas francamente pasado, como lo evidencian muchos apodos y frases que le endilgaba tanto a amigos como enemigos o anécdotas que en sus últimos años repetía y repetía sin parar como caja de resonancia ante lo cual uno no podía sino reírse con él a pesar de haber oído la misma historia más de cien veces.

Debo ahora hablar de sus errores. Me rehúso completamente a decir que no hay muerto malo o difunto sin mácula. Creo que no mencionar los defectos de una persona que nos deja es de una hipocresía inconmensurable ya que todos estamos llenos de luces y de sombras y obviar esta faceta es eliminar de tajo la humanidad que tenemos.

Si hablamos de mi papá podríamos decir que sus principales defectos fueron el orgullo y la terquedad. No fue culpa suya únicamente, siendo descendiente del ‘Bonillato’, un reconocido apellido que ayudó a transformar a Cali de un pueblo a una reconocida ciudad, era poco más que inevitable.
Sí, era orgulloso y  aún más terco. Se guiaba por su parecer a pesar de ganarse muchos enemigos por ello, muchas veces incluso no oía consejos de las personas que más lo queríamos. Alguna vez mi abuela me dijo que si no hubiera sido por eso podría incluso haber sido alcalde de Cali y no podría más que estar de acuerdo con ello. Éste lo guio en más de una ocasión en peleas sin sentido y de antemano perdidas simplemente por el hecho de querer  ser el vencedor.

Aun así, fue un hombre libre. Muchas veces me repitió a través de cartas (si lo conocieron sabían de su afición desmedida por las cartas, los discursos y las tarjetas de navidad) que cada uno es el arquitecto de su destino y él construyo paso a paso, ladrillo a ladrillo, bueno o malo. Nunca en las muchas charlas que tuvimos manifestó algún arrepentimiento por la vida que había llevado (a excepción de aquella ocasión que rechazó una notaría, “ es que mijo –me decía- yo no servía para estar echando firmas todo el día pero si hubiera sabido que por cada firma iba a ganar plata no lo hubiera dudado” )  ¿Y qué es la vida sino hacer aquello que queremos a sabiendas que podemos estar equivocados pero avanzamos hacia el pelotón de fusilamiento con la frente en alto?

Esta terquedad y rebeldía se puede ver incluso en el último momento de su vida, cuando viendo que los males y las enfermedades empezaban a reclamar un cuerpo que le dio demasiado gusto a los placeres decidió morirse de manera súbita, rápida e indolora en lugar de esperar al lento y natural deterioro al que estaba destinado. Chúpate esa, parca.

Al principio de este texto prometí no hablar de su faceta de padre pero quisiera rememorar una pequeña anécdota para reflejar lo mucho que significó mi papá y lo importante de sus enseñanzas para mí. A mediados de los 90 siendo un joven estudiante quería comprarme un supernintendo, él  se negó a dármelo y me obligó a trabajar por él. En esa época era director de la Biblioteca Departamental del Valle y me dijo que si lo quería tener debía ganarlo. Me puso en nómina de la institución y trabajé fuertemente duramente mis vacaciones en diferentes departamentos para lograrlo. A fin de mes debía formarme con el resto de empleados y reclamar mi sueldo con el cual pude obtener el tan apreciado objeto. Hace un par de años supe que mi grandioso sueldo era apenas un descuento que él hacía del suyo y que él me daba de su plata, pero simplemente quería que viera lo valioso que era trabajar  e interactuar con las demás personas.

Ese era mi padre. En estos momentos se entrecruzan en mi memoria cientos de recuerdos. Él con su mameluco horrible azul, con su corbata con figuras de dólar, esos ridículos corbatines  o  esa boina negra que se le veía tan bien, completamente orgulloso de mi grado o de la valentía de mi hermana por haberse ido al extranjero y haber pesar de los miles de obstáculos que habían en torno a ella. Me parece escuchar su voz o risa en un espacio muerto que nunca más habré de escuchar. Todo lo que soy o lo que llegaré a ser se lo debo a él y a mi madre, y me parece que a pesar de haber cumplido su ciclo en la tierra, de saber que está descansando en un lugar mucho mejor que este, de obtener la paz por tanto tiempo anhelada sé que lo extrañaré hasta el día en que muera.

Muchas gracias por todo papá.

Te quiero mucho.





miércoles, 2 de julio de 2014

Fraude Santuno

Nos declaramos en contra del presi ‘JuanPa’ y su reelección. Durante su discurso de victoria el presidente- presidente le dio las gracias  a Vargas Lloras, al Polo, a Doña Mechas (falta ver si le da la casa aquella o la va a mandar a comer lo mismo que a la sobrina), a Petro, a Clara, a Gaviria, a Gabo, a Falcao, e inclusive le agradeció a un par de transeúntes desprevenidos  que pasaban por la campaña en medio del discurso pero, ¡No le agradeció a El Gato!  Se le olvido al encopetado mandatario al cuadrado, que este diario ha sido su bastión político en el Valle y que la muenda que le propinó a Zurriaga acá no se le debió a los gamonales  sino a este felino rotativo que tan olímpicamente despreció.

Por esta razón nos permitimos apoyar al expresi Uribe quien de la manera más educada, correcta y comedida expresó que Juanpa se había robado las elecciones cual político, finalizando su arenga diciendo que si no le creían les daba en la cara m……

Dado que el amable opositor no cree en las instituciones a las que no respetó durante su  mandato, nos permitimos compartirles sus declaraciones –sin pruebas por el momento, que ya las presentará después- de por qué Santos hurtó las elecciones cual vil Roy.

1.)  Ausencia de la cara de Uribe en el tarjetón electoral: “Hijitos, como no van a poner mi cara en el tarjetón, más de un pobre cristiano al no ver mi divino rostro no habrá sabido a cuál de las dos marionetas que tenía en la contienda debía elegir. Robo, robo, robo, si hubiera sido una elección correcta habrían puesto mi efigie al lado de Zurriaga, mejor aún, habrían quitado a los dos candidatos y dejado sólo mi mano dura y corazón grande.

2.)  Los votos de Antioquía no contaban el doble: “ Me parece el colmo que los votos de mi bella Antioquia no hayan valido el doble o triple. Si se fijan el Nacional quedó campeón, Juanes, Aristizabal, Natalia París, el Bolillo y la bandeja paisa son de acá, al igual que la feria de las flores y no me dejaron sembrar la florecita del Uribismo en el país ¡Trampa! ¡Robo! Lina, traígame una botella de valeriana para los nervios…”

3.)  La foto de JuanPa no tenía cuernos, ni cola ni boina chavista: “Como saben ese Santos, no es ningún Santos de mi devoción sino más bien el representante del comunismo ateo castrochavista y no ha sido bendecido por el Papa Francisco , ni por el representante de Dios en Colombia, su excelencia Ordóñez I, por lo que no es justo que su foto no haya estado adornado con unos cuernos como los que le puso al Uribismo o un rabo de paja como el que tiene para que todos viera que de Santo no tiene ni el nombre.

4.)  Organizar elecciones después del partido de la selección Colombia: “No puede ser que se organice la segunda vuelta después de la victoria del combinado patrio. Los colombianos votaron borrachos y enguayabados por Santos, ya que si hubieran estado en su sano juicio el ganador no habría sido ni JuanPa ni Zurriaga sino Pokerman.

5.)  “….¡Traidores!, ¡trampa!, ¡Ladrones!  todo esto es  conspiración de las Far, de Chávez,  Correa, Evo, Maduro, Pacheco,  Piedad Córdoba,  Robledo, Daniel Coronel, Petro, el Eln, los Santos (Menos Pachito), El Espectador, Rcn, Caracol, El Gato, la Emisora Mariana, El Minuto de Dios, el Boletín del Consumidor…pero ya verán, volveremos y venceremos , ya verán que mis tres huevitos regresarán….ay José Obdulio, ensílleme un caballito a ver si se me pasa esta pena tan grande”.



 Nota Publicada en el periódico EL GATO, el mejor diario de humor del mundo y sus contornos.



martes, 24 de junio de 2014

Empezar de nuevo


 Desde que terminé mi novela no he podido escribir de nuevo. Es decir, he hecho un par de artículos para El Gato, el periódico humorístico donde colaboro con alguna frecuencia, y he escrito uno que otro relato breve –tal vez uno o dos, no más- pero no he sido capaz de ponerme de ponerme activo con toda la seriedad del caso en una nueva historia que absorba todas mis fuerzas y me haga escribir como endemoniado.

Me pregunto si para el resto de los escritores es algo normal: Stephen King escribe anualmente una novela o dos pero también conozco casos de novelistas quienes solo tienen una obra durante toda su vida o algunos que dejan pasar meses e incluso años para finalizar, o por lo menos empezar una nueva obra.

Debo confesar que ese escenario me aterra. Me refiero a haber escrito todo lo que tenía que decir, plasmado todos mis fantasmas en unas pocas páginas y no tener la habilidad de sumergirme de nuevo en otra historia. Es cierto que he tenido varias ideas que han rondado mi cabeza por días e incluso semanas. Llegan de manera silenciosa y de un momento a otro me encuentro fantaseando con ellas, soñando despierto con las posibilidades que tendrían si decidiera trabajar en ellas, estoy convencido que podrían tener una  buena posibilidad, pero llegado el momento apropiado, el de la hoja en blanco, no he podido concretarlas, es como si un ‘algo’ agarrotara mi manos y mis ideas e impidiera que me pusiera manos en la obra con ella. Naturalmente esas ideas mueren antes de nacer y abandonan mi cabeza con la misma rapidez con que llegan.

Rabia, mi novela, es un texto bastante pesado, tiene demasiadas cosas oscuras, muchas escenas donde el sexo es usado como una herramienta para olvidar o castigar, otras que tienen demasiada violencia, Ultraviolencia como diría Alex de Large de La naranja mecánica. Es cierto que necesitaba escribirla, que en cierto sentido me sirvió como catarsis para una época muy importante de mi vida que se ha extinguido para siempre y que una parte de mí se divirtió mucho escribiéndola, en especial las partes más decadentes y terribles, pero debo reconocer que escribirla y releeerla una y otra vez me ha dejado agotado, un poco exhausto como si hubiera vaciado gran parte de mis sesos en las páginas diligenciadas.

Cuenta Stephen King que después del accidente que casi le costó la vida, no era capaz de escribir. Dedicaba toda su energía a recuperarse y no fue sino hasta que su esposa Tabitha prácticamente lo empujara hasta su despacho y obligara a retomar su trabajo que redescubrió el placer que sentía en tejer historias. Al principio salían relatos flojos, páginas aún peores, pero conforme pasaba el tiempo y escribía con mayor frecuencia sentía retomar ese ritmo que lo hacía sentir bien consigo mismo.

En estos momentos, tengo una historia que empecé hace un par de años rondándome una y otra vez la cabeza, tengo un buen presentimiento sobre ella, además me ayudaría a cambiar el registro y aventurarme en algo menos duro, sé que debo retomarla, pocas cosas se comparan a la emoción de estar escribiendo en la madrugada de manera frenética, con los muertos y las musas susurrándote a los oídos mientras la ciudad duerme. Debo empezar, se requiere disciplina y orden pero sé que una vez lo haga me embarcaré irremediablemente en una nueva aventura. Sólo debo iniciar y las palabras irán llegando. Una a una.





lunes, 2 de junio de 2014

Duerme


Relato inspirado en la novela After Dark de Haruki Murakami

-Por supuesto –responde Takahashi-. Claro que puede. Pero lo que para una persona puede ser una distancia prudencial, para otra puede ser un abismo. A veces pasa.

After Dark, Hm.

Y llegará el momento en que me dirás una vez más ‘quiero dormir’, dejarás un vaso con agua encima del nochero, te quitarás la ropa del trabajo y pondrás una más cómoda, mirarás a través de tu ventana esa ciudad nocturna y oscura que se extiende a través de inimaginables luces, bombillos y faroles de esta ciudad caótica donde cada una de ellas esconde una historia, un secreto por resolver.

No esperarás hasta las primeras luces del amanecer, con pasos tambaleantes te dirigirás a la cama y caerás rendida agotada por el peso de los secretos, los enigmas y una vida que a pesar del poco tiempo te parecerá dolorosamente eterna. Te veré a lo lejos con mirada condescendiente, un poco desesperada y ansiosa mientras te encaminas a la cita por tanto tiempo deseada.

Te estirarás como un gato y mirarás un rato al techo, a ese bombillo que ya no te contempla de manera titilante pues está apagado. Pensarás en todo y en nada mientras tus ojos se van cerrando, la boca distensionando y entregando a la placidez a la que tu cuerpo ya ha sucumbido.

A lo lejos contemplo tu cuerpo semidesnudo que ya cubren las sabanas, el calor que compartes con ellas mientras te volteas y abrazas una almohada. Sigo en el marco de la ventana, contemplando a lo alto, el cielo estrellado, y abajo la ciudad que tiene la vida propia que le otorga las prostitutas, los jugadores, los mendigos, los proscritos de la vida diurna, esplendorosa y lúcida.

Ahora duermes, es difícil saber si lo haces o si has muerto, es tan leve tu respiración que podría parecer que estés en un estado catatónico. Es posible que así sea. Me levantó y en puntas de pies para no hacer ruido voy hasta donde estás, sigues viva, tu pelo negro y largo cae como cascada por encima de la cama blanca haciendo un contraste hermoso, tengo ganas de acariciarte la cabeza como he hecho tantas veces pero esta vez no lo consigo, me siento como un intruso en un ritual al que no soy bienvenido; tienes facciones de  paz y serenidad que nunca posees cuando estás despierta, aunque murmuras pequeñas y pocas palabras que no soy capaz de descifrar, quizá un recuerdo de la niñez, viajes o un amor por el cual aún suspiras y que es protagonista de tus sueños.

Enciendo un cigarrillo y me dirijo nuevamente a la ventana para no incomodarte con el humo o el olor a nicotina. De las cosas que más disfruto al compartir tu compañía en las noches es el momento en que duermes, es uno de los pocos momentos de débil comunión que tenemos, tú la bella durmiente que no ansía un beso para despertar y yo el centinela insomne que resguardo tu sueño de los fantasmas del pasado.
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Mientras consumo el pitillo y el humo se confunde con la oscuridad,  afuera la noche sigue su curso endemoniado, esta es la hora donde los ríos de alcohol, sangre y semen se confunden en las cloacas, pero también es el momento mágico donde cualquier cosa puede pasar: Un par de estudiantes caminando por las calles alimentando gatos famélicos mientras hablan de esto y lo otro, un oficinista que mata el tiempo trabajando hasta la madrugada con pausas para ir a un motel y golpear a una prostituta a placer, un taxista que da vueltas por la urbe una y otra vez, cientos de historias que se cruzan y se deshacen como el hilo de una madeja.

A punto de terminar el cigarrillo sigo mirándote y me doy cuenta que es ahora el instante en el que nos mostramos tal como somos, sin necesidad de máscaras o alcohol para desinhibirnos. Dejo de ser el hombre que habla hasta por los codos, de proyectar la imagen de bufón buscando que lo quieran y muestro mi verdadera esencia, callada y nostálgica, mientras que  tú, por primera vez, dejas de erigir fortalezas de silencio y apatía en torno tuyo para revelarte de manera vulnerablemente tierna en donde cualquier hombre podría quedarse a tu lado hasta el final de los tiempos.

Ahora tu boca se cierra un poco y da la impresión de formar una ‘o’ silenciosa. Podría acercarme, meterme debajo de las cobijas, abrazarte y  robarle un poco de la calidez que compartes con ellas pero no lo hago. Ahora le perteneces a la noche, al reino de las tinieblas y el reposo sin fatiga, este es tu mundo, la verdadera esencia de tu ser y no hay espacio para mí. En su lugar te sigo admirando y prendiendo un nuevo cigarrillo con la esperanza de disolverme al igual que el humo que expulso de tu boca.

Amanece en  la ciudad y los rayos de sol se meten por toda la casa a excepción de tu cama que parece ser territorio de nadie.  Me pongo los zapatos, te dirijo una nueva mirada y salgo de tu apartamento con las luces del nuevo día mientras tú sigues durmiendo.


Duerme.