miércoles, 22 de febrero de 2017

Gracias

A veces vivir parece un acto de valentía. El mundo parece haberse ido al garete y las noticias son como cucharadas de jarabe de ricino, amargas y espesas. Nos levantamos y no sabemos si estar más aterrados por lo que ocurre en el mundo con sus guerras, la paranoia y el odio al que es diferente que crece como un monstruo desbocado o el miedo a lo cercano, a ese ser desconocido que vive en nuestra calle o es cercano a nosoros y que detrás de una cara amable puede esconder un violador o un asesino en potencia.

Actos horribles ocurren en el mundo y los gritos silenciosos de los asesinados por fuerzas oscuras, los niños cuya inocencia es arrebatada por bestias disfrazadas de hombres, las bombas que arrasan poblaciones y que no nos importan porque son en lugares lejanos se convierten en parte del paisaje que, en el mejor de los casos, darán pasos a airadas y efímeras protestas que se olvidarán a los pocos días para dar paso a la rutina de siempre, a la vida en donde la tragedia y la comedia esperan acechantes a la vuelta de la esquina.

Pero me gusta pensar que también hay bondad en el mundo. Que a pesar de la oscuridad también hay un rayo de sol que puede atravesar la noche, que los seres humanos podemos ser compasivos con el otro de manera desinteresada, que el alma humana que en ocasiones puede ser tan superficial y egoísta puede al mismo tiempo albergar los sentimientos más hermosos.

Durante los últimos meses de la enfermedad de mi madre pude comprobar esto último. En ningún momento estuvo sola. Siempre hubo algún vecino, familiar o amigo dispuesto a visitarla y acompañarla; personas que incluso que viajaron desde ciudades lejanas para hacer algo que la hicieran sentir mejor. Cuando viajaba veía todo ese amor que la rodeaba, esa romería de personas que no la desamparaban un momento, que no tenían ninguna obligación con ella pero aun así estaban pendiente de su salud, algunas incluso a diario.

Pienso quizá que esto se debió a que fue ella quien cultivó esas amistades, ese cariño. Siempre estuvo presta a dar un consejo, a ayudar a quien la buscara. Pero a veces, esos actos de bondad, no suelen ser recíprocos y en los momentos más difíciles las personas que estuvieron en la fortuna suelen ser los primeros que se alejan y huyen. Afortunadamente ese no fue su caso.

Incluso después de su muerte muchas personas se siguieron manifestando. En ambas ceremonias que le hicimos, tanto en Estados Unidos como en Colombia los lugares estuvieron llenos para recordarla. Recibí gestos de condolencia incluso de gente que hace mucho tiempo no veía y de personas que no creí que fueran capaces de tal empatía, de personas que ven en mi hermana y en mí un eco de lo que ella fue y que nos han acompañado brindándonos con su cariño la fuerza necesaria para atravesar este triste momento.

Una de las frases que más repetía mi mamá era “Para qué las más hermosas flores sobre mi tumba si en vida no se portaron bien” y creo que recibió ramos infinitos de astromelias (sus flores favoritas) de manera simbólica mientras estuvo viva y que a día de hoy lo sigue haciendo mientras se le recuerde con cariño.

Gracias. Infinitas gracias a todos aquellos que la acompañaron de manera paciente y amorosa hasta el fin de su camino, con actos que incluso podían parecer insignificantes pero que tuvieron para ella un gran significado. Gracias por quererla y por no tener miedo en demostrarlo. Gracias a quienes en estas horas aciagas nos acompañan a mi hermana y a mí con una palabra de apoyo, un consejo o simplemente oírnos. Gracias mil y un veces..

Mientras tanto una lluvia de pétalos de astromelias siguen cayendo por mi ventana donde brilla la luna.





martes, 7 de febrero de 2017

Mamá

I.

El día en que mi madre murió abordé un avión a las diez de la mañana desde Bogotá hacia Orlando donde ella estaba viviendo. En el vuelo repetí la película Doctor Strange y terminé el libro No es país para viejos de Cormac McCarthy; a las tres de la tarde  llegué a Estados Unidos y tuve que esperar media hora hasta que mi hermana me recogió. En su carro hablamos de la situación de mamá y paramos por burritos para llevar a casa. Cuando llegamos al apartamento la vi. Estaba mucho más flaca que de costumbre y ya no podía caminar ni tenerse por sí misma, no se alegró visiblemente de verme pero me hizo saber que estaba feliz de que estuviera allí.

Me pidió que la llevara desde su cama hasta el sillón reclinable donde veía televisión, la cargué y me sorprendí que una persona tan esquelética pudiera pesar tanto. Vimos Zootopia en inglés y ella se durmió la mitad de la película por su cansancio. Vino una vieja amiga que hace once vive acá a hacerle la visita y dejó una sopa a medio terminar; en algún momento mi hermana me dijo que ella estaba agonizando, a las diez de la noche pidió que la trasladáramos a la  cama porque tenía sueño (días después mi hermana me confesaría que ella nunca se acostaba tan temprano), la cargué de nuevo desde el sillón hasta la cama y apagamos las luces.

Antes de la medianoche empezó a quejarse, a gemir, a decir que tenía mucho calor, que la ayudara. Yo estaba a sus pies en una colchoneta improvisada a su lado; empecé a moverla de un lado a otro, me dijo que tenía una incomodidad pero no sabía dónde, le unté los labios de hielo, le quité la pijama porque se quejaba del calor, ‘quiténmelo, quítenmelo’ repetía una y otra vez; mi hermana salió de su cuarto, se acostó detrás de ella y la abrazó, de un momento a otro empezó a respirar pesadamente…miento, a respirar dolorosamente, sé que suena raro pero así fue, era un sonido extraño, un fuelle cuya exhalación era una expresión de dolor, un eco atroz e inolvidable.

En la oscuridad la tomé de su mano, era delgada, casi en los huesos. Ella que al final no soportaba el contacto físico no la retiró, empecé a acariciarla. Tanto mi hermana como yo empezamos a decirle cada uno por nuestro lado lo mucho que la amábamos y que ya era justo y necesario que descansara, que tenía que dejarse ir, en un momento dijo con todas sus fuerzas, ‘Dios ayúdame’.....empezó a respirar cada vez más frenéticamente y cada exhalación seguía siendo una queja, hasta que la intensidad de cada suspiro empezó a disminuir, en la oscuridad me pareció ver que miraba un punto fijo que iba más allá de cualquier objeto terrenal que me sobrecogió (a día de hoy me preguntó si habrá visto a la muerte) me apretó la mano y empezó a respirar cada vez más bajo hasta que dejó de hacerlo. Cuando mi cuñado asustado por los gritos de mi hermana  prendió la luz, mi mamá había dejado de ver ese punto exacto, había cerrado sus ojos y había partido de este mundo con sus amados hijos a su lado.



II.

Días después mi hermana me confesó que la última vez que la enfermera fue a ver a mi mamá  fue incapaz de encontrarle el pulso, estaba  tan débil que era incapaz de ser detectado. Le dijo a mi hermana que su situación era tan difícil que creía que le quedaban un par de semanas y que seguramente no llegaría a fin de mes. Tan pronto mi hermana me hizo saber esto no dudé antes de pedir una licencia en mi trabajo (donde tanto la gerente como mi jefe han demostrado una calidad humana de la cual estoy infinitamente agradecido y que parece increíble encontrar en estos tiempo frenéticos) que me permitieran acompañarla sus últimos días que a la postre terminaron convirtiéndose en sus últimas horas.

Ayer al venir las enfermeras a recoger los insumos de mi madre me dijeron algo más. Según quien la había visto me dijo que su situación era tan grave que no le quedaban más de 24 horas, incluso 48 era una exageración, pero ella superó todos esos records aguantando casi 72 distribuidas en tres días. Su cuerpo estaba completamente roto pero su alma no lo estaba y esperaba algo más.

Mi hermana me cuenta que el sábado en que mi madre murió había amanecido relativamente bien, pero tan pronto llegué empezó a empeorar a una velocidad inimaginable hasta su fin. Ella estaba esperando que llegara  para poder partir en paz y estoy convencido que si no hubiera viajado ese sábado sino el lunes como era mi plan inicial ella, a pesar del inmenso dolor, habría aguantado porque quería despedirse de su primogénito.

  Y pienso que a pesar de su lamento sobrecogedor de sus últimos minutos de vida, a pesar de que ya no expresaba gran cosa por el dolor y el agotamiento el haber estado con ella hasta el final, el haber sentido el apretón de su mano en el momento final hace que todo hubiera valido la pena una y mil veces más.




III.

Trato de no pensar en mi mamá en sus últimos meses de vida y me pregunto qué es aquello que conforma a una persona. Si sus momentos malos o los buenos o los tristes o felices. Si es posible encasillar a nuestros seres queridos en una sola categoría como la Santa, la Virgen o el Villano y llego a la conclusión que no hay categorías absolutas como el blanco y negro sino que todo se reduce a una gama casi inabarcable de grises donde la mayoría de las personas nos movemos durante toda nuestra vida.

En los últimos días mi hermana se repite una y otra vez algo que decía  mi mamá en sus días finales: ‘Qué he hecho yo para merecer esto’….y no hay una respuesta satisfactoria para esto, no hay cielo ni infierno, ni recompensa ni castigo, no existe un dios que nos castigue o recompense, ni un karma similar a una policía de lo moral dispuesto a culparnos por nuestros pecados, lo único real es el azar que no respeta ni ricos o pobres o buenos o malos y lo único realmente  importante son nuestras acciones ante ese azar.

Mi mamá fue una persona hermosa y no pude elegir una mejor madre para que fuera la mía. Pienso ahora en miles de recuerdos que se entremezclan uno sobrepuesto al  otro: Ahora me está disfrazando para ir a pedir dulces en Halloween, ahora estamos viendo Félix el gato en un miserable colchón en un diminuto televisor en blanco y negro en una apartamento vacío en 1989 , ahora me acaricia la cabeza de una manera en que ninguna mujer lo ha hecho o hará de una forma que era como su firma sobre mi piel; ahora me aconseja sobre aquella mujer pelinegra de mirada perdida en el infinito a quien amé pero no me correspondió, ahora estamos en Brasil disfrutando de la playa de Río de Janeiro en un día  de sol que no parece terminar jamás, ahora me dice al igual que papá que debo ser muy unido con mi hermana y que el dolor de uno lo debe sentir el otro; ahora me está poniendo la ropa (una camisetica amarilla y unos pantaloncitos cafés)  y acompañándome a la portería del conjunto esperando el transporte de mi jardín infantil, ahora la veo llevándonos a mi hermana y a mí a terapia mientras ponía  en  casette y cantaba a todo volumen a Juan Gabriel en su viejo Zastava del año 71 y ahora la veo en el chat de la familia llamándonos a mi hermana y a mi ‘tortolitos’ y diciendo lo mucho que nos amaba y planeando nuevos viajes que nunca habrían de realizarse.

El legado más importante de su mamá fue su valentía, su fortaleza.  No importaba lo podrida que estuviera por el cáncer o los diagnósticos de los doctores, nunca derramó una lágrima. “Lloren, lloren todo lo que quieran pero no quiero que cuando me hayan ido se vayan a enloquecer o hacer tonterías” nos dijo cuando los doctores nos dijeron que ya nada se podía hacer por ella. Y al final, por irónico que pueda parecer, ella venció, no se fue cuando el cáncer se le dio la gana sino cuando ella así lo quizo, pateándole el culo por infinita vez a esa enfermedad de mierda, demostrándole que un espíritu y una voluntad  de fuego es capaz incluso de derrotar al peor de los males.

Hay un libro del Joël Dicker, El libro de los Baltimore para ser más exactos,  donde uno de los protagonistas sufre de cáncer y dice lo siguiente: “Somos muchos los que buscamos darle algún sentido a la vida, pero la vida solo tiene sentido si somos capaces de cumplir estos tres propósitos: dar amor, recibirlo y saber perdonar. Todo lo demás es una pérdida de tiempo”.  Pienso en toda la gente que fue a visitar a mamá en sus últimos días, tantas muestras de amor de quienes fueron testigos de sus últimos meses, personas que nunca pensamos aparecerían y así lo hicieron; pienso en que hizo las paces con todos antes de partir y pienso en que me esperó para poder partir mientras le decía a mi hermana lo mucho que la amaba y me recomendaba con ella. Pienso que ella amó intensamente, fue amada con la misma magnitud, perdonó las ofensas contra ella y pidió perdón por los errores que pudo haber tenido. Pienso que su legado vive en mi hermana y en mí, y que la vida es solo el amor que damos y recibimos y ella fue generosa hasta más allá del límite en brindar su amor y cariño y sé que ahora junto lloramos porque nunca es fácil decir adiós a alguien tan querido pero su fuego vive en nosotros y de nosotros depende que su valentía sea la estrella más brillante en el cielo que nos habrá de guiar hasta que sea hora de reunirnos con ella.

Te amo mamá. Me haces mucha falta. Algún día nos veremos de nuevo.


María Cristina Mendoza. Septiembre 8, 1958 – Febrero 4, 2017


miércoles, 1 de febrero de 2017

Un monstruo viene a verme: Mi mamá y el cáncer y el cáncer, mi hermana y yo


La primera vez que a mi mamá le dio cáncer fue hace once años. Lo que empezó como una molesta sensación de pesadez en el vientre se convirtió en un tumor que casi le cuesta la vida en una operación. Después vinieron las quimioterapias, la caída de pelo, la debilidad, la enfermedad en toda su plenitud que ella, con voluntad de hierro, derrotó.

Pasaron seis años y cuando pensamos que todo había sido solo una horrible pesadilla, recayó. De nuevo las quimioterapias, los dolores, el vómito y el querer seguir adelante. Cuando nuevamente se sobrepuso a la enfermedad, mi hermana en recompensa la invitó al Mundial de Fútbol de Brasil en unas vacaciones inolvidables, que ahora en esta noche que no parece terminar parecen difusas, como si hubieran ocurrido en otra vida.

Las recaídas se hicieron más constantes. A finales de ese año tuvieron que operarla nuevamente y el 2015 se tiñó de nuevas quimioterapias;  el año pasado la situación empeoró y ya el tratamiento no le surtió ningún efecto, su salud se deterioró  de manera acelerada los últimos tres meses del año y los doctores dictaminaron que ya no se podía hacer nada por ella. En diciembre tuvimos una pequeña luz de esperanza cuando la reconocida Clínica Mayo nos dijo que era posible un tratamiento. Mi hermana se la llevó a Estados Unidos donde vive para que la vieran los doctores de la Clínica, pero la luz se desvaneció en seguida cuando le dijeron que en su estado actual no soportaría ningún tratamiento y que lo único que podíamos hacer era esperar.

Reflexiono en todo esto después de leer el triste y hermoso libro UN MONSTRUO VIENE A VERME de Patrick Ness. En él nos narran la historia de Conor O’ Malley, un adolescente de trece años que debe ver como su mamá está muriendo de cáncer y para hacer más fácil este difícil (no tienen idea cuánto) proceso, invoca la figura de un monstruo que le enseña a aceptar la realidad y dejar ir.

Es increíble como esta novela refleja muy bien lo que hemos estado viviendo. Nos habla de la tristeza, la impotencia ante lo abrumador de esta enfermedad pero no sólo eso, quienes hayan tenido la desgracia de ver a un familia sufrir de este terrible mal se verá reflejado en la madre del protagonista, en su deterioro, su debilidad, el no tener ni siquiera aliento para hablar, el vómito constante (en nuestro caso un balde al que he llegado a detestar como si fuera una persona viva que debemos acercarle a mamá cuando va a trasbocar).

Al ser Conor incapaz de expresar sus emociones explota de la peor manera, en algún momento destroza parte de la casa de su abuela o coge a golpes al abusón de su colegio que se burlaba de él. Y sí, a veces es tanta la frustración y la tristeza que también dan ganas de hacer lo mismo, de mandar todo a la mierda, de darle un golpe, o quizá más de uno, a cierto cabrón manipulador; pero al ser uno adulto tales salidas no le están permitidas y hay otras más sutiles pero igual de dolorosas y destructivas.

Pienso en mi mamá. Es quizá el mejor ser humano que conozco y no merece nada de lo que le está pasando, al igual que tantas personas que han atravesado por esta enfermedad de mierda que acaba con el cuerpo y el espíritu. No hay palabras dichas o escritas que puedan expresar el cansancio o la tristeza que estamos atravesando en este momento.

Pienso en mi hermana, la mujer más valiente que conozco. Ha sido capaz de dejarlo casi todo por venirse a Colombia a cuidar a mi mamá tres meses y que lo sigue haciendo ahora desde Orlando, quienes hayan atendido a una persona enferma saben lo agotador que pueda ser, y ella lo ha hecho sin quejarse contagiándonos a todos de su fuerza y energía.

Pienso también en muchas cosas. En que me gustaría hacer mucho más de lo que hago para que estén mejor así sea a la distancia, en lo mucho que amo a mi mamá y quisiera que estuviera sana o pudiera descansar de tanto dolor, en tantas cosas que he aprendido de ella y que lo sigo haciendo incluso ahora; en tantos momentos vividos, lo efímero de la vida y la importancia que le damos a tantas cosas que no la tienen mientras dejamos de aprovechar a quienes nos aman que si fuéramos conscientes que el tiempo con ellas es tan corto no dejaríamos de besarlas, abrazarlas y decirlas cuanto las queremos.

Del libro sacaron una adaptación cinematográfica que está actualmente en cartelera que no dudo en recomendar a quienes atraviesen por un momento similar y para quienes no, recuerden la importancia del amor y la familia en los momentos más difíciles.


Y mientras tanto mi mamá sigue en Estados Unidos,  viviendo con mi hermana, esperando, rodeada del amor de quienes la conocemos, lo que tenga que ocurrir. 


Mi mamá, yo y mi hermana

jueves, 12 de enero de 2017

La la land o un romance para millenials –el musical-

(Aviso: Esta reseña-reflexión de La la land tendrá spoilers de la película. Advertidos quedan)

Con sus siete globos de oro, que la convierten en una de las favoritas este año para los Oscar, el musical romántico La la land es una de las películas del momento. No es para menos, es el tipo de cintas en las que el espectador sale del teatro con una canción en los labios y una sonrisa en el corazón.

Las actuaciones son maravillosas, tanto Ryan Gosling como Emma Stone tienen ese carisma para tener a los espectadores a sus pies y cuando interactúan entre sí tienen esa química donde uno sólo quiere que sean felices y coman perdices (o ensaladas veganas  en este mundo del new age y lo políticamente correcto).

Y  sin embargo, después de ver la película quede con una especie de sinsabor que aunque no arruinó la buena sensación de la película me quedó rondando cual fantasma de ex un buen momento hasta que pude identificar de qué se trataba.

Sonará contradictorio que lo diga pero aunque la película me gustó en un primer momento sentí que fallaba precisamente en el romance. Es cierto, los personajes son adorables, funcionan muy bien juntos y les deseas lo mejor, pero en ningún momento se les ve funcional como una pareja a largo plazo, a lo sumo se les ve como compañeros de viaje en un momento de vida.

Reflexioné un poco más y quizá no es un error del filme, es posible que su director Damien Chazelle nos esté mostrando en esta película la manera en que se concibe el amor en este comienzo –ya ni tanto- de siglo, de relaciones virtuales, redes sociales y Tinder.

La primera palabra  que se me viene a la mente cuando pienso en los Millenials es hambre. De conocimiento, poder, es la generación que si se trazan una meta la van a lograr no importan qué deban hacer o que sacrificios requieran, tienen la tecnología y el mundo en la palma de su mano y saben exprimirla a placer para alcanzarla. Son la generación que hace posible lo imposible, a edades muy tempranas, alcanzando objetivos que sonrojan a sus generaciones previas.

Por ello mismo son Workaholics o adictos al trabajo. Buscan su lugar en el mundo dedicándose a lo que los apasiona de manera obsesiva y cuando dejan de interesarles o se aburren lo dejan con una facilidad asombrosa. Los puedes ver viajando por el mundo y cambiando de trabajo de manera constante pues nada los llena del todo y siempre están buscando nuevos retos. Esto también se ve reflejado en su estilo de vida pues todo lo quieren inmediato, películas, comida, videojuegos, conexión a internet y cuando no logran las cosas con la rapidez que quieren se frustran. Podría decirse que son el fruto de un mundo de épocas de paz y abundancia.

Este comportamiento también se aplica en sus relaciones sentimentales. Todo lo quieren de inmediato y que no interfiera demasiado en sus proyectos profesionales. Es así como aplicaciones como Tinder y  romances de una noche son su bandera pero son incapaces de establecer una relación seria, de despojar a la persona de idealismo y pensar que las historias de amor y pareja duran más que un mes y pueden ser proyectos de construcción que pueden llevar años.

¿Y qué tiene que ver todo esto con La la land? Me parece que la relación de los protagonistas lo explica muy bien. Se conocen, se enamoran, se apoyan mutuamente en proyectos mutuos pero en determinado momento se aburren y cada uno sigue su senda. Sí hablan de que se aman mucho pero en ningún momento hay un obstáculo real en su relación. Emma le dice a su novio que debería dejar de tocar la música que odia para dedicarse a su jazz y él a ella que deberían terminar para que ella se vaya a París y dedicarse a su carrera y por esos dos temas supuestamente irreconciliables se alejan.

Lo curioso es que cinco años después se reencuentran y es obvio que los motivos de su ruptura no eran tan graves como para terminar si hubiera existido diálogo, el mirar un poco más allá de lo inmediato y el suficiente amor.  Gosling siguió haciendo su música de mierda que detestaba pero en su tiempo libre abrió el club de jazz que siempre soñó y si bien Emma se fue a París a actuar en su película vuelve al poco tiempo a Los Angeles. Si hubieran trabajado lo suficiente en la relación, si hubiera existido un amor real, más allá de la camaradería, el apoyo y la química habría podido construir algo quizá no tan mágico como un sueño pero sin duda mucho más real.

La síntesis perfecta de todo este discurso se ve en los minutos finales de la película, cuando ella va al club de su antiguo amor y al ver la canción que él le dedico se imagina qué hubiera pasado si hubieran actuado diferente a lo largo de su relación. El número musical es maravilloso y nos enamoramos una vez más de la química entre los personajes, en esta romance alterno todo fluye sin problemas y son felices comiendo perdices (o ensaladas veganas) pero al final de la canción se da cuenta que todo es un sueño y abandona el club con su esposo dejando al amor de su vida para siempre. Esa relación de ensueño, inmediata, mágica y sin problemas es la que buscan los Millenials y al no conseguirla al cabo de un corto tiempo abandonan el barco con el corazón roto sin ser conscientes que la verdadera magia está en construirla por años  a diario, en medio de los problemas, con un amigo amante al que querrás matar por lo menos una vez a la semana pero por quien todo valdrá la pena.


Al final ambos protagonistas cumplen sus máximas ambiciones pero están solos. Él con su bar y ella con un matrimonio que nunca le dará esa felicidad que tuvo junto a ese amor inolvidable. Quizá lo triste de los Millenials es que pesar de haber alcanzado el cielo, dominar a su antojo el mundo virtual y lograr todo lo que se proponen, están más solos que nunca.







viernes, 30 de diciembre de 2016

2016

Un chiste muy popular estos días dice que este año fue escrito por George Martin y dirigido por Quentin Tarantino. Eso resume un año teñido por sangre, el miedo y la tragedia, donde han muerto muchos famosos, las piezas nacionales e internacionales parecen posicionarse para algo grande y el pesimismo parece apoderarse de todos.

Han  muerto  este año, Fidel Castro, David Bowie, Umberto Eco, Muhamed Alí, Juan Gabriel  -El divo de Juárez-, Alan Rickman, Carrie Fischer, Lenonard Cohen, George Michael (Me pregunto que tendrá La Muerte contra la buena música) sólo por mencionar algunos de los más conocidos. Algunos dirán que muchos de ellos debido a su edad estaban viviendo horas extras, pero aun así la cantidad de muertes y lo significativo de sus protagonistas ha sido tan grande que ha teñido de negro estos doce meses.

A nivel político las cosas están peor. Las sociedades están definiendo su futuro, y al parecer, lo están haciendo mal. El mundo ha experimentado un giro (lento e inexorable) hacia la extrema derecha donde el miedo, la paranoia y las mentiras son sus mentiras y donde el odio hacia el otro, al más débil, al diferente es su himno. El Brexit, el renacer y resurgimiento de Uribe, el bochornoso NO al acuerdo de paz y la elección de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos parecen prueba contundente de eso.

Una amiga muy querida me decía que aproximadamente cada ochenta años después de una gran guerra, las sociedades olvidaban lo que las habían causado y viraban lentamente a los factores que la generaron. Tal es la naturaleza humana, supongo y mucho me temo que si no estamos ad portas de una guerra mundial el ambiente está poco a poco preparándose para una gran tragedia. Espero equivocarme.

¿Y a nivel personal? Bien gracias. Releía lo que había publicado el año pasado con respecto al año pasado y lo difícil que había sido y recordaba aquella máxima que dice que todo aquello susceptible de empeorar lo hará, y es que este 2016 se lleva el galardón indiscutido a peor año de mierda de mis 33 que llevo vagando por este mundo.

Mucha gente que he amado se ha ido para no volver, algunos han partido de manera física, otros son simplemente fantasmas condenados a desaparecer; he tenido experiencias cercanas con la muerte, donde ni siquiera he sido yo quien ha estado a punto de partir sino que he visto el sufrimiento de quienes más quiero sin poder hacer absolutamente nada por aliviar su dolor y también llega una edad donde te empiezas a preguntar si lo que has hecho ha valido la pena.

Sigo sorprendiéndome del ser humano. Este año más que otros he observado la mentira y la hipocresía de muchos cercanos, quienes te llaman amigo y te dicen palabras de aprecio mientras por la espalda no dudan en hablar pestes de ti y clavarte el cuchillo más largo. Pero con el tiempo he aprendido a ignorar estas voces cercanas, sus palabras y actos son simplemente el reflejo de almas podridas incapaces de amar a pesar de aparentar siempre ser las más bondadosas.

A pesar de todo creo que las mayores enseñanzas se encuentran en los tiempos difíciles. Es en ellos donde vemos de qué estamos hechos. Creo que no hay un dios, un destino ni nadie a quien le importemos en este vasto universo, somos simplemente una larga partida de póker y lo que nos define son las acciones que tomemos con las cartas que nos tocaron jugar.

Estoy aprendiendo a dejar atrás el pasado. Quienes de verdad quieren estar a nuestro lado lo están, sin excusas, sin remordimientos, sin quejas, el resto es silencio. Apegarse a personas, a recuerdos hermosos es inútil, esos momentos me ayudaron a crecer y conformar la persona que soy ahora pero no valen más que eso.

Como siempre a quienes me acompañaron, infinitas gracias. Detrás de la noche más oscura se esconde el amanecer más espectacular y sé que esta noche de una u otra forma está próxima a llegar a su fin.

Feliz 2017 y que todos sus sueños se cumplan.









lunes, 28 de noviembre de 2016

El día en que el Diablo volvió al paraíso

Hace cinco años, en una noche amarga para sus hinchas, el Tigre Castillo desperdició el penalti decisivo que condenó al América de Cali a una larga estadía en la B. Hoy, media década, después los gritos se repiten en el estadio Pascual Guerrero pero esta vez los sonidos son de euforia y de alegría por haber dejado atrás tan terrible purgatorio y haber vuelto, triunfante, a la liga principal del fútbol colombiano.

El hincha americano sabe lo que es el sufrimiento. A pesar de sus múltiples títulos e historia la escuadra escarlata está acostumbrada al desespero y saber que puede pasar del triunfo a la más triste de las derrotas en cuestión de segundos tal como le ocurrió en la final de la Copa Libertadores del 87 contra Peñarol, cuando perdió el preciado título en el minuto de reposición o cuando a pesar de ser uno de los grandes del fútbol colombiano muchas veces  luchaba por clasificar a los octogonales aunque por lo general cuando lo hacía quedaba campeón.

Porque a pesar de todo, el América nunca ha dejado de ser ese equipo de los bajos fondos, de barriada, ese que lucha en el fango contra todo y contra todos incluido sí mismo. Es por eso mismo que quizá cuenta con una de las hinchadas más grandes donde no sólo tiene seguidores en Cali sino en todo el país.

Alfonso Bonilla Aragón, uno de sus fundadores y escritores insignes acuñó la frase ‘América, la pasión de un pueblo’, donde describe muy bien lo que significa el equipo: No se trata de seguirlo por sus triunfos sino por lo que genera, por lo que inspira, acompañarlo en los días tristes y difíciles, donde la derrota acecha como un depredador feroz, donde parece que será incapaz de levantarse del cruel abismo y de la misma manera alegrarse de sus triunfos, donde son mucho más dulces que los de aquellos equipos súper poderosos acostumbrados a ganar todo el tiempo.

No me precio de ser el mejor hincha del mundo, ni siquiera uno particularmente bueno: La última vez que recuerdo haber ido al estadio a apoyar la escuadra fue en el 97 cuando ganamos el título frente al  Bucaramanga, en este tiempo no he visto un partido del equipo en la B y ni siquiera por radio, pero sin embargo no se deja de ser quien ha sido y no dejo de pensar en esa frase de esa gran película que es El secreto de sus ojos:  “El tipo puede cambiar de todo. De cara, de casa, de familia, de novia, de religión, de dios. Pero hay una cosa que no puede cambiar Benjamín. No puede cambiar de pasión”. Y eso es sin duda el América, una gran pasión, ese primer gran amor al que podemos dejar de ver incluso por años pero que siempre estará presente en nuestros corazones y pensamientos hasta el día en que muramos.

Tengo amigos y familiares muy queridos que no han dejado de ir al estadio a apoyar al equipo ni siquiera en los peores momentos, viajando a diferentes ciudades a verlos, sufriendo por años derrota, tras derrota y creo que esta victoria es suya. Son ellos quienes han hecho grande al club incluso cuando la dirigencia se mostraba cómoda en la B y los jugadores eran displicentes. Son ellos el alma del equipo y por eso esta noche escarlata les pertenece.

Así pues, el diablo ha dejado  el reino de los muertos y se ha elevado hasta llegar al paraíso para darle la alegría y el toque que solo él le pueden dar a la liga colombiana. No creo que el sufrimiento haya terminado para siempre  pues hace parte de la esencia del equipo amado, pero su tormento por el purgatorio ha cesado de momento y ya era hora de que se volviera a cumplir aquella consigna del grupo Niche: “Un clásico en el Pascual, adornado de mujeres sin par America y Cali a ganar, aquí no se puede empatar”.


Que así sea.




viernes, 11 de noviembre de 2016

2016: El año en que elegimos al miedo.

 ¿Qué tienen en común un votante inglés, un colombiano y uno gringo? No solamente evidencia el  fracaso de la educación y la vulnerabilidad de un sistema democrático que demuestra que el mandato de las mayorías no siempre es el más sabio, sino que nos introduce, dieciséis años después, a lo que será este siglo XXI, donde se combinará lo mejor de finales del siglo XX (la tecnología) con lo peor del siglo pasado, sistemas de gobierno de derecha basados en la ignorancia, el miedo y el odio.

Cada uno de estos casos tiene sus propias particularidades. Ni Inglaterra ni Estados Unidos han vivido un conflicto interno de sesenta años como Colombia, pero la manipulación a la masas basadas en emociones, la desinformación y el constante bombardeo a una amenaza inminente por parte de una entidad oscura que por lo general es de otra raza, país o inclinación sexual ha sido igual en las tres elecciones.

Esto no es nada nuevo, el tridente de patria, dios y familia ha sido caballito de batalla de gran parte de los regímenes que dominaron gran parte del siglo pasado. Para ellos, el problema siempre es externo y debe ser erradicado de inmediato, los judíos, los negros y la oposición entran en el mismo saco. En la actualidad los inmigrantes europeos, africanos y asiáticos, la invasión de latinoamericanos, y la amenaza homosexual (y no puedo creer estar escribiendo esta idiotez) y el comunismo ateo fueron los factores decisivos en la votación de este año siniestro que empieza a configurar las piezas del ajedrez que será este siglo.

A pesar de todo el tema resulta fascinante: Tanto el NO en el Brexit, como el SÍ en el plebiscito y la elección de Hillary Clinton se daban como una certeza indiscutida. Sus promotores estaban tan seguros de su triunfo que se confiaron y menospreciaron a sus contendores. Estos no dejaron de trabajar activamente e incluso se sorprendieron con su victoria. ¿Su secreto? Las verdades a medias, los datos falsos, el incitar a la población para que “saliera a votar enverracada”, el miedo, miedo y más miedo.

Las encuestas, los grandes medios de comunicación y redes sociales demostraron su fracaso a nivel práctico y dejaron muy en claro que quien en verdad elige son aquellos que han sido ignorados muchas veces, satirizados por una élite quizá brillante pero arrogante que ha sido incapaz de hablar en su mismo idioma y quien busca una figura mesiánica como las de Uribe y Trump que le diga exactamente qué hacer, cómo comportarse y que le diga que todos sus problemas no son su culpa sino de los ‘otros’, de los extranjeros o los diferentes y que la solución es sencilla. Sencilla y violenta.

Me parece que el péndulo de la historia se está moviendo y retornando a lo sucedido en el periodo de después de la ‘guerra que habría de terminar con todas las guerras’ o Primera Guerra Mundial. Cuando veo hablar a Uribe, Ordóñez o la gente del Centro Democrático no puedo dejar de pensar en las Falange española, o el discurso de odio de Trump hacia los inmigrantes y su obsesión con hacer a los Estados Unidos grandes otra vez  me hace pensar en Hitler y como apeló a la reconstrucción de Alemania en ese periodo para sembrar las semillas de una nueva guerra.

Desde luego lo preocupante no es que existan estas figuras mediáticas pues desde que el mundo es mundo siempre han existido estos caudillos que basan su discurso en la destrucción y la guerra, sino la acogida que su discurso tiene. El discurso de odio escudado en la preservación de la paz y el orden ha calado muy bien. Es más fácil matar y no firmar la paz que iniciar un proceso que puede llevar generaciones donde se saneen problemas mucho más complejos y profundos. Los tres países (aunque estoy seguro que si se hubieran hecho elecciones similares en otros países los resultados serían similares) han hablado y su voz es el síntoma de un descontento, una fiebre de un cuerpo quizá con una enfermedad más grave.

¿Quiere decir esto que crea que una guerra se aproxima? Sí y no. Si algo nos dejó al final la Segunda Guerra Mundial fue el miedo de que esta tragedia se repita. Hay mecanismos y estamentos que vigilan que un conflicto mundial como este sea no ocurra tan fácil, pero también hablamos de una época donde casi cualquier país puede hacerse con un armamento nuclear y dado que ya han pasado setenta y un años desde Hiroshima y Nagasaki y no quiero imaginarme lo que podría hacer en este momento una bomba atómica, y si a esto le sumamos regímenes fanáticos como el de Corea del Norte, Irán o lo que se avecina con Trump, el panorama es aterrador. En cuanto a Colombia lo ocurrido puede generar un círculo vicioso donde el conflicto que estuvo a punto de acabarse después de medio siglo continúe de manera indefinida.

No creo que haya una guerra inmediata pero siento que las piezas se están acomodando para ello. El miedo genera odio, el odio violencia, la violencia muerte y la muerte más muerte y venganza. Quizá personas como Trump y Uribe no sean quienes lleven las riendas durante desastre, pero son quienes plantan la semilla que germinará en resultados fatídicos.


Los chinos tienen una maldición: “Ojalá vivas en tiempos interesantes” y vaya que creo que este siglo XXI será mucho más interesante que unos cuantos celulares de Apple y Milley Cirus montada semidesnuda en una bola de demolición. Solo el tiempo nos dará una respuesta.