jueves, 12 de enero de 2017

La la land o un romance para millenials –el musical-

(Aviso: Esta reseña-reflexión de La la land tendrá spoilers de la película. Advertidos quedan)

Con sus siete globos de oro, que la convierten en una de las favoritas este año para los Oscar, el musical romántico La la land es una de las películas del momento. No es para menos, es el tipo de cintas en las que el espectador sale del teatro con una canción en los labios y una sonrisa en el corazón.

Las actuaciones son maravillosas, tanto Ryan Gosling como Emma Stone tienen ese carisma para tener a los espectadores a sus pies y cuando interactúan entre sí tienen esa química donde uno sólo quiere que sean felices y coman perdices (o ensaladas veganas  en este mundo del new age y lo políticamente correcto).

Y  sin embargo, después de ver la película quede con una especie de sinsabor que aunque no arruinó la buena sensación de la película me quedó rondando cual fantasma de ex un buen momento hasta que pude identificar de qué se trataba.

Sonará contradictorio que lo diga pero aunque la película me gustó en un primer momento sentí que fallaba precisamente en el romance. Es cierto, los personajes son adorables, funcionan muy bien juntos y les deseas lo mejor, pero en ningún momento se les ve funcional como una pareja a largo plazo, a lo sumo se les ve como compañeros de viaje en un momento de vida.

Reflexioné un poco más y quizá no es un error del filme, es posible que su director Damien Chazelle nos esté mostrando en esta película la manera en que se concibe el amor en este comienzo –ya ni tanto- de siglo, de relaciones virtuales, redes sociales y Tinder.

La primera palabra  que se me viene a la mente cuando pienso en los Millenials es hambre. De conocimiento, poder, es la generación que si se trazan una meta la van a lograr no importan qué deban hacer o que sacrificios requieran, tienen la tecnología y el mundo en la palma de su mano y saben exprimirla a placer para alcanzarla. Son la generación que hace posible lo imposible, a edades muy tempranas, alcanzando objetivos que sonrojan a sus generaciones previas.

Por ello mismo son Workaholics o adictos al trabajo. Buscan su lugar en el mundo dedicándose a lo que los apasiona de manera obsesiva y cuando dejan de interesarles o se aburren lo dejan con una facilidad asombrosa. Los puedes ver viajando por el mundo y cambiando de trabajo de manera constante pues nada los llena del todo y siempre están buscando nuevos retos. Esto también se ve reflejado en su estilo de vida pues todo lo quieren inmediato, películas, comida, videojuegos, conexión a internet y cuando no logran las cosas con la rapidez que quieren se frustran. Podría decirse que son el fruto de un mundo de épocas de paz y abundancia.

Este comportamiento también se aplica en sus relaciones sentimentales. Todo lo quieren de inmediato y que no interfiera demasiado en sus proyectos profesionales. Es así como aplicaciones como Tinder y  romances de una noche son su bandera pero son incapaces de establecer una relación seria, de despojar a la persona de idealismo y pensar que las historias de amor y pareja duran más que un mes y pueden ser proyectos de construcción que pueden llevar años.

¿Y qué tiene que ver todo esto con La la land? Me parece que la relación de los protagonistas lo explica muy bien. Se conocen, se enamoran, se apoyan mutuamente en proyectos mutuos pero en determinado momento se aburren y cada uno sigue su senda. Sí hablan de que se aman mucho pero en ningún momento hay un obstáculo real en su relación. Emma le dice a su novio que debería dejar de tocar la música que odia para dedicarse a su jazz y él a ella que deberían terminar para que ella se vaya a París y dedicarse a su carrera y por esos dos temas supuestamente irreconciliables se alejan.

Lo curioso es que cinco años después se reencuentran y es obvio que los motivos de su ruptura no eran tan graves como para terminar si hubiera existido diálogo, el mirar un poco más allá de lo inmediato y el suficiente amor.  Gosling siguió haciendo su música de mierda que detestaba pero en su tiempo libre abrió el club de jazz que siempre soñó y si bien Emma se fue a París a actuar en su película vuelve al poco tiempo a Los Angeles. Si hubieran trabajado lo suficiente en la relación, si hubiera existido un amor real, más allá de la camaradería, el apoyo y la química habría podido construir algo quizá no tan mágico como un sueño pero sin duda mucho más real.

La síntesis perfecta de todo este discurso se ve en los minutos finales de la película, cuando ella va al club de su antiguo amor y al ver la canción que él le dedico se imagina qué hubiera pasado si hubieran actuado diferente a lo largo de su relación. El número musical es maravilloso y nos enamoramos una vez más de la química entre los personajes, en esta romance alterno todo fluye sin problemas y son felices comiendo perdices (o ensaladas veganas) pero al final de la canción se da cuenta que todo es un sueño y abandona el club con su esposo dejando al amor de su vida para siempre. Esa relación de ensueño, inmediata, mágica y sin problemas es la que buscan los Millenials y al no conseguirla al cabo de un corto tiempo abandonan el barco con el corazón roto sin ser conscientes que la verdadera magia está en construirla por años  a diario, en medio de los problemas, con un amigo amante al que querrás matar por lo menos una vez a la semana pero por quien todo valdrá la pena.


Al final ambos protagonistas cumplen sus máximas ambiciones pero están solos. Él con su bar y ella con un matrimonio que nunca le dará esa felicidad que tuvo junto a ese amor inolvidable. Quizá lo triste de los Millenials es que pesar de haber alcanzado el cielo, dominar a su antojo el mundo virtual y lograr todo lo que se proponen, están más solos que nunca.







viernes, 30 de diciembre de 2016

2016

Un chiste muy popular estos días dice que este año fue escrito por George Martin y dirigido por Quentin Tarantino. Eso resume un año teñido por sangre, el miedo y la tragedia, donde han muerto muchos famosos, las piezas nacionales e internacionales parecen posicionarse para algo grande y el pesimismo parece apoderarse de todos.

Han  muerto  este año, Fidel Castro, David Bowie, Umberto Eco, Muhamed Alí, Juan Gabriel  -El divo de Juárez-, Alan Rickman, Carrie Fischer, Lenonard Cohen, George Michael (Me pregunto que tendrá La Muerte contra la buena música) sólo por mencionar algunos de los más conocidos. Algunos dirán que muchos de ellos debido a su edad estaban viviendo horas extras, pero aun así la cantidad de muertes y lo significativo de sus protagonistas ha sido tan grande que ha teñido de negro estos doce meses.

A nivel político las cosas están peor. Las sociedades están definiendo su futuro, y al parecer, lo están haciendo mal. El mundo ha experimentado un giro (lento e inexorable) hacia la extrema derecha donde el miedo, la paranoia y las mentiras son sus mentiras y donde el odio hacia el otro, al más débil, al diferente es su himno. El Brexit, el renacer y resurgimiento de Uribe, el bochornoso NO al acuerdo de paz y la elección de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos parecen prueba contundente de eso.

Una amiga muy querida me decía que aproximadamente cada ochenta años después de una gran guerra, las sociedades olvidaban lo que las habían causado y viraban lentamente a los factores que la generaron. Tal es la naturaleza humana, supongo y mucho me temo que si no estamos ad portas de una guerra mundial el ambiente está poco a poco preparándose para una gran tragedia. Espero equivocarme.

¿Y a nivel personal? Bien gracias. Releía lo que había publicado el año pasado con respecto al año pasado y lo difícil que había sido y recordaba aquella máxima que dice que todo aquello susceptible de empeorar lo hará, y es que este 2016 se lleva el galardón indiscutido a peor año de mierda de mis 33 que llevo vagando por este mundo.

Mucha gente que he amado se ha ido para no volver, algunos han partido de manera física, otros son simplemente fantasmas condenados a desaparecer; he tenido experiencias cercanas con la muerte, donde ni siquiera he sido yo quien ha estado a punto de partir sino que he visto el sufrimiento de quienes más quiero sin poder hacer absolutamente nada por aliviar su dolor y también llega una edad donde te empiezas a preguntar si lo que has hecho ha valido la pena.

Sigo sorprendiéndome del ser humano. Este año más que otros he observado la mentira y la hipocresía de muchos cercanos, quienes te llaman amigo y te dicen palabras de aprecio mientras por la espalda no dudan en hablar pestes de ti y clavarte el cuchillo más largo. Pero con el tiempo he aprendido a ignorar estas voces cercanas, sus palabras y actos son simplemente el reflejo de almas podridas incapaces de amar a pesar de aparentar siempre ser las más bondadosas.

A pesar de todo creo que las mayores enseñanzas se encuentran en los tiempos difíciles. Es en ellos donde vemos de qué estamos hechos. Creo que no hay un dios, un destino ni nadie a quien le importemos en este vasto universo, somos simplemente una larga partida de póker y lo que nos define son las acciones que tomemos con las cartas que nos tocaron jugar.

Estoy aprendiendo a dejar atrás el pasado. Quienes de verdad quieren estar a nuestro lado lo están, sin excusas, sin remordimientos, sin quejas, el resto es silencio. Apegarse a personas, a recuerdos hermosos es inútil, esos momentos me ayudaron a crecer y conformar la persona que soy ahora pero no valen más que eso.

Como siempre a quienes me acompañaron, infinitas gracias. Detrás de la noche más oscura se esconde el amanecer más espectacular y sé que esta noche de una u otra forma está próxima a llegar a su fin.

Feliz 2017 y que todos sus sueños se cumplan.









lunes, 28 de noviembre de 2016

El día en que el Diablo volvió al paraíso

Hace cinco años, en una noche amarga para sus hinchas, el Tigre Castillo desperdició el penalti decisivo que condenó al América de Cali a una larga estadía en la B. Hoy, media década, después los gritos se repiten en el estadio Pascual Guerrero pero esta vez los sonidos son de euforia y de alegría por haber dejado atrás tan terrible purgatorio y haber vuelto, triunfante, a la liga principal del fútbol colombiano.

El hincha americano sabe lo que es el sufrimiento. A pesar de sus múltiples títulos e historia la escuadra escarlata está acostumbrada al desespero y saber que puede pasar del triunfo a la más triste de las derrotas en cuestión de segundos tal como le ocurrió en la final de la Copa Libertadores del 87 contra Peñarol, cuando perdió el preciado título en el minuto de reposición o cuando a pesar de ser uno de los grandes del fútbol colombiano muchas veces  luchaba por clasificar a los octogonales aunque por lo general cuando lo hacía quedaba campeón.

Porque a pesar de todo, el América nunca ha dejado de ser ese equipo de los bajos fondos, de barriada, ese que lucha en el fango contra todo y contra todos incluido sí mismo. Es por eso mismo que quizá cuenta con una de las hinchadas más grandes donde no sólo tiene seguidores en Cali sino en todo el país.

Alfonso Bonilla Aragón, uno de sus fundadores y escritores insignes acuñó la frase ‘América, la pasión de un pueblo’, donde describe muy bien lo que significa el equipo: No se trata de seguirlo por sus triunfos sino por lo que genera, por lo que inspira, acompañarlo en los días tristes y difíciles, donde la derrota acecha como un depredador feroz, donde parece que será incapaz de levantarse del cruel abismo y de la misma manera alegrarse de sus triunfos, donde son mucho más dulces que los de aquellos equipos súper poderosos acostumbrados a ganar todo el tiempo.

No me precio de ser el mejor hincha del mundo, ni siquiera uno particularmente bueno: La última vez que recuerdo haber ido al estadio a apoyar la escuadra fue en el 97 cuando ganamos el título frente al  Bucaramanga, en este tiempo no he visto un partido del equipo en la B y ni siquiera por radio, pero sin embargo no se deja de ser quien ha sido y no dejo de pensar en esa frase de esa gran película que es El secreto de sus ojos:  “El tipo puede cambiar de todo. De cara, de casa, de familia, de novia, de religión, de dios. Pero hay una cosa que no puede cambiar Benjamín. No puede cambiar de pasión”. Y eso es sin duda el América, una gran pasión, ese primer gran amor al que podemos dejar de ver incluso por años pero que siempre estará presente en nuestros corazones y pensamientos hasta el día en que muramos.

Tengo amigos y familiares muy queridos que no han dejado de ir al estadio a apoyar al equipo ni siquiera en los peores momentos, viajando a diferentes ciudades a verlos, sufriendo por años derrota, tras derrota y creo que esta victoria es suya. Son ellos quienes han hecho grande al club incluso cuando la dirigencia se mostraba cómoda en la B y los jugadores eran displicentes. Son ellos el alma del equipo y por eso esta noche escarlata les pertenece.

Así pues, el diablo ha dejado  el reino de los muertos y se ha elevado hasta llegar al paraíso para darle la alegría y el toque que solo él le pueden dar a la liga colombiana. No creo que el sufrimiento haya terminado para siempre  pues hace parte de la esencia del equipo amado, pero su tormento por el purgatorio ha cesado de momento y ya era hora de que se volviera a cumplir aquella consigna del grupo Niche: “Un clásico en el Pascual, adornado de mujeres sin par America y Cali a ganar, aquí no se puede empatar”.


Que así sea.




viernes, 11 de noviembre de 2016

2016: El año en que elegimos al miedo.

 ¿Qué tienen en común un votante inglés, un colombiano y uno gringo? No solamente evidencia el  fracaso de la educación y la vulnerabilidad de un sistema democrático que demuestra que el mandato de las mayorías no siempre es el más sabio, sino que nos introduce, dieciséis años después, a lo que será este siglo XXI, donde se combinará lo mejor de finales del siglo XX (la tecnología) con lo peor del siglo pasado, sistemas de gobierno de derecha basados en la ignorancia, el miedo y el odio.

Cada uno de estos casos tiene sus propias particularidades. Ni Inglaterra ni Estados Unidos han vivido un conflicto interno de sesenta años como Colombia, pero la manipulación a la masas basadas en emociones, la desinformación y el constante bombardeo a una amenaza inminente por parte de una entidad oscura que por lo general es de otra raza, país o inclinación sexual ha sido igual en las tres elecciones.

Esto no es nada nuevo, el tridente de patria, dios y familia ha sido caballito de batalla de gran parte de los regímenes que dominaron gran parte del siglo pasado. Para ellos, el problema siempre es externo y debe ser erradicado de inmediato, los judíos, los negros y la oposición entran en el mismo saco. En la actualidad los inmigrantes europeos, africanos y asiáticos, la invasión de latinoamericanos, y la amenaza homosexual (y no puedo creer estar escribiendo esta idiotez) y el comunismo ateo fueron los factores decisivos en la votación de este año siniestro que empieza a configurar las piezas del ajedrez que será este siglo.

A pesar de todo el tema resulta fascinante: Tanto el NO en el Brexit, como el SÍ en el plebiscito y la elección de Hillary Clinton se daban como una certeza indiscutida. Sus promotores estaban tan seguros de su triunfo que se confiaron y menospreciaron a sus contendores. Estos no dejaron de trabajar activamente e incluso se sorprendieron con su victoria. ¿Su secreto? Las verdades a medias, los datos falsos, el incitar a la población para que “saliera a votar enverracada”, el miedo, miedo y más miedo.

Las encuestas, los grandes medios de comunicación y redes sociales demostraron su fracaso a nivel práctico y dejaron muy en claro que quien en verdad elige son aquellos que han sido ignorados muchas veces, satirizados por una élite quizá brillante pero arrogante que ha sido incapaz de hablar en su mismo idioma y quien busca una figura mesiánica como las de Uribe y Trump que le diga exactamente qué hacer, cómo comportarse y que le diga que todos sus problemas no son su culpa sino de los ‘otros’, de los extranjeros o los diferentes y que la solución es sencilla. Sencilla y violenta.

Me parece que el péndulo de la historia se está moviendo y retornando a lo sucedido en el periodo de después de la ‘guerra que habría de terminar con todas las guerras’ o Primera Guerra Mundial. Cuando veo hablar a Uribe, Ordóñez o la gente del Centro Democrático no puedo dejar de pensar en las Falange española, o el discurso de odio de Trump hacia los inmigrantes y su obsesión con hacer a los Estados Unidos grandes otra vez  me hace pensar en Hitler y como apeló a la reconstrucción de Alemania en ese periodo para sembrar las semillas de una nueva guerra.

Desde luego lo preocupante no es que existan estas figuras mediáticas pues desde que el mundo es mundo siempre han existido estos caudillos que basan su discurso en la destrucción y la guerra, sino la acogida que su discurso tiene. El discurso de odio escudado en la preservación de la paz y el orden ha calado muy bien. Es más fácil matar y no firmar la paz que iniciar un proceso que puede llevar generaciones donde se saneen problemas mucho más complejos y profundos. Los tres países (aunque estoy seguro que si se hubieran hecho elecciones similares en otros países los resultados serían similares) han hablado y su voz es el síntoma de un descontento, una fiebre de un cuerpo quizá con una enfermedad más grave.

¿Quiere decir esto que crea que una guerra se aproxima? Sí y no. Si algo nos dejó al final la Segunda Guerra Mundial fue el miedo de que esta tragedia se repita. Hay mecanismos y estamentos que vigilan que un conflicto mundial como este sea no ocurra tan fácil, pero también hablamos de una época donde casi cualquier país puede hacerse con un armamento nuclear y dado que ya han pasado setenta y un años desde Hiroshima y Nagasaki y no quiero imaginarme lo que podría hacer en este momento una bomba atómica, y si a esto le sumamos regímenes fanáticos como el de Corea del Norte, Irán o lo que se avecina con Trump, el panorama es aterrador. En cuanto a Colombia lo ocurrido puede generar un círculo vicioso donde el conflicto que estuvo a punto de acabarse después de medio siglo continúe de manera indefinida.

No creo que haya una guerra inmediata pero siento que las piezas se están acomodando para ello. El miedo genera odio, el odio violencia, la violencia muerte y la muerte más muerte y venganza. Quizá personas como Trump y Uribe no sean quienes lleven las riendas durante desastre, pero son quienes plantan la semilla que germinará en resultados fatídicos.


Los chinos tienen una maldición: “Ojalá vivas en tiempos interesantes” y vaya que creo que este siglo XXI será mucho más interesante que unos cuantos celulares de Apple y Milley Cirus montada semidesnuda en una bola de demolición. Solo el tiempo nos dará una respuesta.



lunes, 31 de octubre de 2016

Sala de hospital

Como todos los años, mi regalo de Halloween en forma de cuento de terror. Espero les guste.

TuLio

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La luz blanca me despierta. Entra invasiva, irritante, y se abre paso hasta llegar a mis párpados. No recuerdo cómo llegué a este lugar. Tengo ecos de un dolor de cabeza penetrante como un alfiler colándose por mi cerebro hasta perder el conocimiento. Intento hablar, gritar, pero de mí sale un graznido seco, inaudible, que muere antes de salir por la boca reseca, estoy así por minutos u horas hasta caer inconsciente de nuevo.

Abro los ojos y está de nuevo la luz torturadora pero puedo detallar mejor el lugar. Al parecer estoy en un cuarto de hospital. El olor aséptico inunda mis fosas nasales y curiosamente me dan ganas de vomitar. Escuchó quejidos y con la poca fuerza que me queda volteo hacia la cama que tengo al lado y la veo: es una mujer en avanzado estado de embarazo. La panza parece explotarle, luce demacrada, moribunda; reza o llora, no logro distinguir muy bien el sonido que hace, pero me desespera. Tengo ganas de gritarle que se calle. Su voz hace que mi cabeza quiera estallar pero sigo sin fuerzas. Mis palabras parecen el sonido de un perro que acaban de atropellar. Al cabo de un rato me rindo y me dejo llevar por sus letanías. Pierdo la cuenta de los días.

Aparece una enfermera, vestida de blanco en este océano de ese maldito color. Es robusta, me recuerda a la protagonista de esa película donde una mujer secuestra a su escritor favorito y le rompe las piernas, pero ésta a duras me determina. Tan solo me cambia el suero, me inyecta  y me limpia. Sabe que estoy despierta, ve mis pupilas moverse frenéticamente pero las ignora con rostro impasible. Con mi compañera de cuarto es diferente, he visto en un par de ocasiones como se dirige a ella, le soba la cabeza, la acaricia y le habla en voz tan baja que solo soy consciente de su presencia por su imponente esencia. Alcanzo a comprender susurros chillones intentando consolar el dolor de la embarazada.

Comienzan las pesadillas. Todos los días, todo el tiempo, son tan aterradoras que prefiero estar consciente: la debilidad, los gritos de dolor de mi vecina que cada vez son más desesperados. Tan pronto duermo imagino que seres macabros vienen por mí, hombres y mujeres sin rostro que se acercan; oigo sus pasos y cuando intento verlos me desespero, intento moverme, huir de ellos, pero es inútil. Escucho sus graznidos como voces; sus manos como garras sobre mi cuerpo, introduciendo sus pestilentes extremidades en mi interior, hurgando mis vísceras, extendiéndose como tentáculos, saliendo por mis fosas nasales, por mi boca, sacándome los ojos mientras ríen con sus risas oscuras. La peor parte es que estos recuerdos son tan vividos que no sé distinguir si son ciertos o no.

No noto mejoría y no dejo de preguntarme si estas personas me tienen encerrada y sedada con algún propósito siniestro. Tengo miedo que se mezcla con la fiebre, la debilidad y las alucinaciones: ahora también sueño despierta y me parece sentir que la criatura que está en la embarazada se mueve de manera cada vez más frenética, expandiendo el vientre de la mujer de manera grotesca; y la mujer ríe y se desespera con mayor frecuencia mientras habla en un idioma extranjero.

La enfermera ha venido porque la mujer ha gritado como una loca por horas. Se inclina hacia ella y súbitamente la mujer le muerde el cuello, y sin darle tiempo a reaccionar la muerde de nuevo. La sangre sale a borbotones empapando su blanca vestimenta. Cae muerta mientras la embarazada ríe de manera compulsiva.

Nadie viene a recoger su cadáver pareciera que fuéramos las únicas personas en el mundo. Sigo demasiado débil para moverme y no dejo de pensar que las peores historias de terror no pasan en casas abandonadas o cementerios.

La mujer empieza labores de parto. Grita como posesa mientras su infernal huésped se abre paso en este mundo. Dura pujando casi un día entero y finalmente da a luz a un engendro que no es de este mundo. Es grande, muy grande para ser un bebé normal, tiene colmillos por dientes y no tiene ojos. La mujer observa a su hijo, dice unas palabras en su idioma y muere con una sonrisa.

La criatura no llora pero emite un sonido sobrecogedor que nunca antes había escuchado. Tiene hambre, no se necesita ser madre para saberlo, tiene h a m b r e, mucha y si no se alimenta morirá muy pronto. Empieza a devorar la placenta, primero de manera tímida, luego de manera grotesca. La sangre de su alimento se mezcla con el de su cuerpo recién salido de la matriz. Luego sigue con la madre, empieza a alimentar su apetito insaciable comiendo la carne muerta de su progenitora. No puedo gritar, ni despertar de este infierno.

Sigo sin saber cómo transcurre el tiempo en esta jaula de luz blanca y paredes blancas que se convertirá en mi tumba. Sé que me he ensuciado con mis propias heces y que debo oler a mil demonios. Tiempo después, ¿horas? ¿Días? el monstruo da por concluido el banquete. Apenas le cuelga piel al cadáver de la madre, al igual que su hijo ya no tiene ojos pues fue lo último que se comió, el sonido fue asqueroso como el de una uva que se revienta.

El engendro se deja caer de la cama. Espero que se reviente en mil pedazos estallando en un océano de sangre pero no le pasa nada. Huele el cuerpo descompuesto de la enfermera pero no le importa, la urgencia es calmar su apetito voraz. Con ella no tiene ninguna conmiseración y engulle cada uno de sus órganos hasta dejarla en los huesos.

Dios mío, dios mío, ¿por qué me has abandonado?

Ahora el monstruo bebé ya tiene la suficiente fuerza para pararse, voltea su cuerpecito inmundo hacia donde estoy yo y sonríe de manera inocente como pidiendo perdón, mientras la sangre gotea por la comisura de sus labios.


Se dirige hacia mi cama. Intento moverme pero es inútil, mi cuerpo no responde como no lo ha hecho desde que llegué a este lugar. Desearía estar muerta, tener la muerte compasiva de la enfermera que no supo lo que le pasaba, o de la madre que no fue consciente de ser alimento de su bebé, pero es inútil. Siento la cama moverse mientras esta bestia inmunda se trepa, y a pesar de estar a mis pies, puedo sentir su aliento nauseabundo llegar hasta mí. Puedo sentir sus pequeños colmillos hincándose en el dedo gordo de mi pie e intento no pensar mientras soy devorada.




martes, 4 de octubre de 2016

Colombia, el extraño caso del doctor Jeckyll y el señor Hyde


La mañana del 2 de octubre de 2016, Colombia amaneció bajo un cielo lleno de tormentas como un profetizando lo que ocurriría más tarde, una especie de presagio oscuro como el sueño de Santiago Nassar el día que lo iban a matar en Crónica de una muerte anunciada. A las cinco de la tarde se conocieron los resultados, el país le dio la espalda al plebiscito de los acuerdos realizados durante cuatro años en La Habana con las Farc, las banderas blancas se recogieron y la esperanza en acabar de una vez por todas con un conflicto que lleva más de medio siglo se vieron momentáneamente insatisfechas.

Puede decirse mucho de las causas del triunfo del NO en esta fecha histórica: Que el gobierno del presidente Santos estaba tan convencida de su triunfo que minimizaron a sus detractores y no actuaron con mayor diligencia, que muchos de quienes votaron negativamente ni siquiera lo hicieron por lo que significaban los acuerdos sino en contra de este gobierno por razones que no tenían nada que ver  como el matrimonio igualitario, la implementación de Uber o la adopción homosexual, que una gran parte del país fue incapaz de mirar hacia el futuro y cansados de décadas de barbarie de la guerrilla prefirieron quedarse con un discurso de odio y rencor por actos pasados y que la desinformación y el miedo jugaron un papel preponderante en estas elecciones.

Causa mucha tristeza que muchas regiones rurales donde la guerra ha estado presente durante años, donde la sangre y los muertos anegan sus campos decidieron dar una oportunidad de perdón y reconciliación y en grandes ciudades donde se vive prácticamente en una burbuja se arenga contra esto.

La mayoría de quienes están con el NO afirman con vehemencia que no están contra la paz sino contra esos acuerdos. Dicen que estos buscan impunidad para los crímenes de la guerrilla y se horrorizan con que un grupo guerrillero tenga participación política. Parecen olvidar que precisamente la falta de oportunidad e inclusión política fue la que dio origen a estos grupos. Peor aún, estas personas parecen no ser conscientes que se estaban realizando diálogos con este grupo porque el Estado (y los diferentes gobiernos incluyendo los ocho años de Álvaro Uribe) fue incapaz de derrotarlo por la vía armada y creen que lo que se estaba imponiendo eran condiciones de guerra a un grupo vencido militarmente cuando claramente no es así.

Empecemos por su discurso, todos hablan de las Farc como criminales y  terroristas, piden un castigo ejemplar para ellos y claman con que paguen con cárcel por sus acciones. Y no, no olvido los secuestros, los asesinatos a sangre fría, las vacunas y las bombas, pero si estamos dispuestos a una negociación son muchas las cosas en las que se deben ceder para lograrlo. Los procesos históricos en el mundo demuestran eso, las mismas Farc lo hicieron en en muchas de sus pretensiones en los acuerdos a los que habían llegado y la verdad no creo que ellas estén dispuestas a acceder a irse a la cárcel y no tener participación política cuando es uno de los motivos de su existencia. Yo por lo menos no lo haría.

Creo que se desaprovechó una oportunidad histórica por un cambio de mentalidad y de espíritu en el país y a pesar de las palabras llamando a la calma de todas las partes este proceso está gravemente herido y puede caerse en cualquier momento. Espero estar equivocado.

Más allá de todo esto hay un factor que me preocupa. Vivimos en un país profundamente dividido y polarizado. Como se vieron en estas elecciones no hubo un ganador definitivo, casi se habla de un 50% en cada bando y el NO ganó apenas por 60.000 votos, eso sin contar con la inmensa abstención (la mayoría de la población) quienes al parecer solo son colombianos cuando juega la selección de fútbol, se ganan medallas en los olímpicos o reaccionan furiosos cuando algún extranjero habla mal del país.

Con las elecciones queda demostrado que este sigue siendo un país conservador y de derecha. Colombia es una especie de Doctor Jeckyll y Mr Hyde, donde una mitad de la población busca un cambio social por medio de la inclusión y la igualdad mientras la otra sigue con el pensamiento de mediados del siglo pasado, donde cree que el país debe ser regido por preceptos religiosos, donde aparecen y se enaltecen figuras mesiánicas como Uribe,  donde al que no piensa como ellos debe ser eliminado, donde los homosexuales son poco menos que parias, la mujer no puede decidir sobre su cuerpo si va en contra de lo que está en la biblia, donde predomina un pensamiento clasista  y racista (siempre encubierto con doble moral) y donde ellos son los buenos y el diferente el malo.

Ha sido este pensamiento precisamente el que creo fenómenos como la guerrilla y La Violencia. El radicalismo que en el pasado  se expresó en gritos de Viva el partido Liberal o Conservador y generó el desplazamiento y la barbarie que a día de hoy estamos pagando y que de no corregir el rumbo estaremos dispuestos a repetir nuevamente en un ciclo donde los asesinatos seguirán ocurriendo una y otra vez y donde solo se cambiaran los protagonistas.

Y sin embargo no se puede obviar que ellos también son Colombia. Si algo demostró el fracaso de este plebiscito es que no se pueden obviar a estas seis millones de personas y su pensamiento. Ellos también tienen derecho a expresarse y participar en el futuro del país en el que viven, pero me aterra su discurso, su falta de argumentos y su radicalismo ciego. Quizá cuando hablamos de diálogo y negociaciones no debamos referirnos solamente a un grupo armado rebelde sino también a nuestro vecino, a quien no piensa como nosotros y llegar a acuerdos donde todos debamos ceder un poco y solo así, tal vez empezar a vislumbrar un nuevo país.


Twitter: @tuliofer69



miércoles, 21 de septiembre de 2016

Sangre, semen, agua y vino


Gotas
De sangre
Semen
Agua
y vino

Se deslizan
Por el cuello en un goteo sin eco, un hoy sin mañana, un hola sin despedida
Derramándose en espasmos de culpa y placer por tus pechos, recorriendo como la espuma del mar el desierto de tu cuerpo
Mezclando el eco de una tarde fría y el repicar pertinaz de la lluvia en la ventana con las lágrimas de tu rostro en un Café sin nombre al que no habrás de volver
Estallando al compás de la música, las canciones y los gritos eufóricos que derrotan a la muerte

Atravesando
La mente que deja de soñar, el corazón que ya no late, el alma que se entrega, la vida que se va
El deseo, la lujuria, el sudor del hambre insaciable, los movimientos imperfectos que inmortalizamos en un segundo para olvidarlos de inmediato
La ciudad, la lluvia, las parejas que pasean tomadas de la mano por las calles del Nunca jamás, el dolor lacerante del adiós, un farol que se enciende, las primeras estrellas que alumbran
El bochorno, el placer sin razón, el olvido que se busca, la música que ahoga los gritos  internos, los bailes de máscaras sin máscaras, las risas estridentes de una borrachera feliz

Muerte
Vida
Tristeza
Felicidad

Las gotas de sangre, semen, agua y vino nos persiguen, nos conforman
Son las manos de la madre curando heridas de la niñez
El cuerpo desnudo en la penumbra de una amante cuyo rostro hemos olvidado
Los labios que anhelamos durante noches de insomnio besando otros labios, su piel fundiéndose  con otra, su voz susurrando palabras de amor que nuestros oídos nunca escucharán
Las noches sin fin de planes absurdos, amores fugaces, fuego en el pecho e inmortalidad

Las gotas, se vuelven ríos y los ríos mares
Muerte, vida, tristeza y felicidad
Mezclándose en un solo líquido
Y  su rastro, líquido, espumoso, rojizo, pegajoso
Se derrama en las huellas que dejamos en la arena
En senderos desconocidos  que no  recorreremos de nuevo