jueves, 12 de mayo de 2016

33

Segundos después de la medianoche contemplo lo poco que lleva del amanecer del 12 de mayo. Ningún sonido se escucha aparte del deglutir de la cerveza bajando por mi garganta y con la que contemplo el inicio de mis 33 años. Todo se ve sereno y silencioso, sólo una estrella se deja ver tímida y lejana desde la ventana de mi apartamento y parece que el mundo ha decidido desvanecerse en estos momentos.

Treinta y tres años….la edad en la que murieron Cristo y Alejandro Magno, si se ve desde ese panorama no es demasiado alentador, pero ambos en ese lapso lograron cosas magníficas y cada uno de ellos logró, a su manera, transformar la historia del mundo. Pienso en mis treinta y tres años y en lo que he logrado…si me comparo con los antes mencionados seguramente mi vida será insignificante pero si veo más a fondo encontraré que he amado, he odiado, reído, llorado, he lastimado y han vuelto mi corazón mierda, he conocido personas buenas y también canallas, he vivido con pasión, pero también he caído en periodos largos de apatía y auto conmiseración, he sido bueno y villano, inocente y diabólico, en pocas palabras he sido humano con todas las fallas y virtudes que eso conlleva y solo por eso mi vida ha valido completamente la pena.

Creo que esta es la edad de la madurez. Atrás quedan cosas insignificantes a las que quizá le di demasiada importancia, personas que quizá no valían tanto la pena como creí alguna vez. En los últimos tiempos aprendí que no se debe confiar en todas las personas porque la maldad se esconde principalmente en los pequeños actos maquiavélicos de la cotidianidad y que las palabras más dulces están cargadas de veneno. Los amigos de verdad se cuentan con los dedos de la mano y su presencia no se dice, se siente, y ellos siempre estarán presentes para ti, incluso cuando tú hayas olvidado el camino de vuelta a casa.

Aprendí que quien quiere estar contigo lo está, no importan las peleas, los desencuentros, las palabras que se hayan dicho o escrito en los peores momentos, quien de verdad quiere estar contigo encontrará la manera de volver o hacer que vuelvas.

También aprendí que, y a pesar de sonar como una verdad Perogrullo, es el amor quien podrá salvarnos, nunca el odio. Quien odia, quien está enojado simplemente se envenena solo y su infierno es peor de la persona a quien odia. Quien no nos quiere, nos detesta y busca hacernos daño, quien siembra su vida de actos canallas y egoístas está condenado a que sus acciones le exploten en la cara tarde o temprano y ellos no merecen nuestra ira, al contrario merecen nuestra lástima y ni siquiera ello, tal vez sola nuestra total indiferencia, pues nada se compara a la paz interna de nuestras almas y corazones.

Pero quizá la lección más valiosa que haya aprendido a través de tantos años es que al final todos se van: Las personas a quienes más amamos, nuestras mascotas, familia, amigos, amantes y enemigos…todos se van. Algunos viajarán a lugares lejanos a encontrarse con su destino; otros se irán desvaneciendo, habrán aprendido lo que tenían que aprender de nosotros –y viceversa-, y se marcharán sin despedirse; y otros se irán con el beso eterno de la muerte, abandonándonos en lo físico pero viviendo hasta el fin de nuestros días en nuestra mente y alma. Es por ello que no me arrepiento de vivir de la manera en que lo hago, con la intensidad de mis sentimientos a flor de piel, me gusta abrazar y besar con el alma como si de ello dependiera mi vida, porque en cierto sentido es así y porque al final uno mismo termina yéndose de una forma u otra y prefiero aprovechar el poco tiempo que me queda (porque en el caso de los seres humanos, el tiempo siempre será breve) en amar y dejar una huella en quienes me importan que en cosas tan insignificantes como conseguir dinero, efímera fama o aduladores.

Como siempre, muchas gracias a todos. Todas las personas que han estado a mi alrededor (tanto reales como virtuales) me han ayudado a convertirme en  la persona que soy –tanto con las cosas malas como las buenas- y no tengo palabras para decirles lo mucho que las quiero y significan para mí (incluso para ti lector, a quien no conozco y te tomas la molestia de pasarte por estas Letras Bizarrras). Soy afortunado en tenerlos y espero seguir contando con todos ustedes durante muchos años más.

Gracias.

Los quiero.



martes, 26 de abril de 2016

Un YouTuber en la Feria del libro de Bogotá

La visita del Youtuber chileno Germán Garmendia a la Feria del Libro de Bogotá (o Filbo) ha despertado más controversia que el más incendiario discurso del siempre poco ponderado Fernando Vallejo. Voces indignadas condenan la visita del joven y aseguran que su libro es poco menos que la llegada del apocalipsis cultural.

No estaría mal recordar lo que pasó: El pasado sábado 23 de abril, el youtuber (que como su nombre lo indica es una persona que se dedica a hacer videos por You Tube) Germán Garmendia estuvo en Corferias en la Filbo lanzando su nuevo libro #ChupaElPerro. La visita de este personaje ocasionó que todos sus seguidores colombianos (que ascienden a 27 millones en el mundo) fueran a visitarlo, poco más de quince mil niños y jóvenes se apoderaron de Corferias y antes del mediodía se tuvo que suspender la venta de boleterías de ese día.

De inmediato los adalides de la cultura se rasgaron las vestiduras: ¿Cómo era posible que la visita de este tipo hubiera ocasionado el colapso en la Filbo dejando por fuera a miles de lectores que querían entrar a leer? ¿Cómo es posible que los niños y jóvenes estén leyendo a este fulanito en lugar de culturizarse y leer a García Márquez, Dostoievski y Juan Rulfo? ¿De verdad el libro más leído de este evento tiene un nombre como #ChupaElPerro?, al margen de aseveraciones del tipo que la Feria se vendió, que este es el inicio del fin y que la Feria ya no es del libro sino de los YouTubers (diciendo esta última frase con tanto desprecio como quien pisa caca de perro).

Siempre he pensado que aquellos que van a acabar con la CULTURA (así en mayúsculas, como les gusta) son precisamente aquellos que dicen defenderla. Son ellos quienes elevan este concepto a la estratósfera, a un lugar inabarcable e inalcanzable, quienes convierten a Cervantes y a Shakespeare (a quienes en muchas ocasiones no han leído) en poco menos que dioses y verdades absolutas en lugar de disfrutar y contemplar esos universos maravillosos que dibujan en sus grandes historias.

Estos seres son incapaces de disfrutar un cuadro, reírse con una comedía o embriagarse mientras se oye alguna pieza musical, para ellos todo debe tener  una solemnidad y un protocolo que  es capaz de convertir en flores muertes al más bello de los jardínes, y braman y gruñen por todas partes pretendiendo que todo el mundo comparta su ridículo punto de vista.

Porque la cultura no es otra cosa que el reflejo de una época, de un pensamiento, de una forma de concebir la existencia. Germán Garmendia de cierta forma expresa la concepción de lo que es el comienzo de este milenio y su forma de comunicarse: Inmediata y masiva. El chileno habla un lenguaje que nosotros somos incapaces de comprender pero que les llega a los más jóvenes quienes se sienten identificados con su discurso, generando el nivel de fanatismo que se vio el sábado pasado en Corferias.

Dicen los ‘culturizadores’ que la juventud se está yendo a la basura por leer a Garmendia. Olvidan que la mayoría de los asistentes al evento eran jóvenes entre los diez y los dieciocho años, es estúpido pretender que a esa edad se lea (y se comprenda y se disfrute) a un Kafka, a un Cortázar o a un Dante; al contrario, el empeño que ponen estas personas en obligar a los más pequeños a leer a estas personas pueden provocar en ellas una aversión innecesaria a la lectura y conocer otras realidades que seguramente les interesará más en otro momento.

Porque todo tiene su lugar y su momento. Porque cuando fuimos adolescentes seguimos a un cantante, o vimos una película o leímos un libro que ahora nos avergüenza reconocer que en una época no podíamos vivir sin ella. Porque seguramente a día de hoy tenemos un placer culposo que no reconocemos pero en nuestra privacidad disfrutamos y se puede perfectamente leer el libro de Germán Garmendia, la saga de Juego de Tronos o los desgarradores libros de la nobel Svetlana Alexievich sin que nada de eso riña en lo absoluto.

Olvidan los defensores de la CULTURA, que la Feria del Libro es un espacio múltiple donde asisten tanto autores de libros de autoayuda, como de literatura y acádemicos y cuyo principal objetivo es dar a conocer y vender sus libros. Olvidan también que todos los libros, incluso los que no nos gustan cumplen su misión si dan un mensaje, si alivian un dolor o hacen soñar, que los libros son puertas y si comienzan a leer #ChupaElPerro, pueden despertar un interés que creían extintos y después pasar a un Tolkien, Mark Twain o, con el tiempo, un James Joyce y que según el Dane, el índice de lectura en el país es de 1,3 libros anuales para andar juzgando a quien coja un libro que no sea del agrado de estos jueces de lo correcto.

Es estúpido, como quieren hacer los culturizadores, demonizar la visita de Garmendia y centrar la Feria en ello. A la par de él en esta edición de la Filbo han estado presentes  la Premio Nobel de Literatura del año pasado, César Aira, Cees Nootebom, Helen Oyeyemi y Juan Gabriel Vásquez, solo por citar algunos nombres, pero como hablar de ellos no les da la relevancia e importancia que atacar a Garmendia….


Leer y sumergirse en otros mundos, otras mentes, sin joder ni que lo jodan a uno, he allí la concepción de felicidad.



miércoles, 30 de marzo de 2016

Batman v Superman, la guerra civil de DC

Pareciera que la guerra civil que anunció Marvel con su película se estuviera librando en su contraparte de DC con la cinta de Batman v Superman, tal ha sido el nivel de polémica que ha desatado entre quienes la han visto. Sus detractores la catalogan como poco menos que basura, mientras quienes la defienden dicen que es una maravilla. Al parecer no hay términos medios y esta es amada u odiada con igual frenesí.

Debo decir que la película me ha encantado. Crecí viendo a los superhéroes de DC mientras que el universo Marvel me cogió ya en la adolescencia, de niño veía La Liga de la Justicia que en esa época era conocido como Los Superamigos y siempre soñé con ver a Superman, Batman, la Mujer Maravilla, Linterna Verde, Flash y demás en la pantalla grande y me parece que la película no decepciona.

El tono de la película es diferente a la narrativa que tiene Marvel y donde estos ponen luz y toques de humor, DC es oscura y sombría, justo lo que habría de esperar de una película donde aparece Batman. Esto es algo que me parece no solamente bueno sino necesario, el cambiar una fórmula que aunque da buenos resultados ya empieza a mostrar ligeros síntomas de agotamiento tal como se vio en la segunda parte de Avengers.

Muchas de las críticas se empecinan en comparar a este Batman con el de la trilogía de Nolan sin comprender que este nuevo universo de DC es diferente. Las películas de Nolan intentan ser más realistas y cercanas y un Hombre Murciélago de estas características es imposible que exista en un mundo donde están Superman, la Mujer Maravilla y resto de metahumanos.

A nivel de actuaciones debo decir que los personajes y sus actuaciones están muy bien plasmadas. Ben Afleck cerró muchas bocas con su siniestro y atormentado Batman (discutir si es mejor o peor que Christian Bale es un sinsentido pues el enfoque del vigilante es distinto), Superman es el típico personaje ñoño de siempre y me parece que Henry Cavill sabe plasmarlo correctamente  y la gran sorpresa de la función es Gal Gadot en su rol de Mujer Maravilla: Sensual y misteriosa en su papel de Diane Prince y poderosa guerrera como la heroína.

Mucho se ha discutido con el Lex Luthor Jesse Eisenberg, dicen que intentan parecerse al Joker de El Caballero Oscuro y fracasa en ese intento. Para mí, este personaje es demasiado parecido a su interpretación de Mark Zukerberg en La Red Social: Un joven genio brillante a quien sólo le importa cumplir sus objetivos a toda costa, aunque en esta ocasión va más allá pues manipula, engaña y asesina para lograrlo. Es una lástima que el gran Bryan Craston no haya aceptado este papel ya que me parece pudo haber sido mejor aprovechado, aunque no me parece que sea el horror que muchos manifiestan.

La historia está muy bien. La trama vuelve a un tema que desde hace un par de años se plantea el universo de los superhéroes (tanto DC como Marvel) y son los dilemas morales en cuanto a los poderes de unos cuantos. ¿Se debe controlar a los superhéroes? ¿Son ellos responsables por los daños colaterales ocasionados por sus batallas? Parafraseando a Watchmen: ¿Quién vigila a los vigilantes?

Batman y Superman son opuestos, es por esa razón que exista una enemistad inicial, un recelo tanto en los métodos del uno como del otro que desemboca en la épica batalla. La película a pesar de empezar un poco lenta va subiendo en intensidad hasta que los hechos se desencadenan de la mejor manera.

Una de las principales críticas a la película es que para entenderla mejor se deben haber leído los comics, un sinsentido mayor. No negaré que la película está plagada de guiños a historias como El regreso del Caballero de la Noche, Una muerte en la familia, Injustice god among us, entre otras pero son eso, guiños. Un fanático puede identificarlos (y disfrutar con ellos) pero encontrarlos y entenderlos no son definitivos para entender la trama….Vamos, que esto no es una película de Kubrik.

Ahora bien, no es una película perfecta, tiene errores y muy gordos que deben empezar a corregir de cara a una película de la Liga de la Justicia. El primero de ellos es el ritmo, a veces la película pareciera que no avanza, a veces lo hace de manera precipitada, a veces es un poco (aunque no mucho) repetitiva y en otras partes se aceleran de manera inexplicable, esos detalles en una película de superhéroes es imperdonable.

Lo segundo es, y en esto tienen razón los detractores de la cinta, es el afán que tienen tanto Snyder como la Warner de meter a toda prisa todo un universo en poco menos de una película. Lo que Marvel hizo de manera perfecta y elegante, presentar uno a uno los miembros de Los Avengers en una película individual, hacer que el público sintiera simpatía hasta por los más desconocidos de cara a la película donde todos se reúnen, acá lo quieren hacer con calzador, a toda carrera y unos pocos clips del computador de Lex Luthor del resto de sus miembros es algo muy pobre para hacerlo.

Ahora viene mi mayor queja hacia la película: Doomsday. Me parece que una de las máximas cagadas de la gente de Marketing fue mostrar el gran villano de la película desde los trailers, hacerlo quitó lo que pudo haber sido una gran sorpresa (además de mostrar un gran spoiler a los seguidores de los comics), además de esto no me queda claro lo de su creación, así como las intenciones de Lex Luthor y ese es un gran error, ¿cuál es a fin de cuentas lo que planea hacer Luthor? ¿Obtener conocimiento? ¿Poder? ¿Para hacer exactamente qué? Sus motivaciones son confusas y nunca se aclara que carajos quiere hacer con el monigote de marras.

Pero no es solo eso. Doomsday esta jodidamente mal diseñado, es un personaje que si bien es muy fuerte y poderoso no inspira ese terror, su figura recuerda más a un troll de El Señor de los Anillos o a una Tortuga Ninja que a un super villano, aunque debo decir que la batalla entre él y la trinidad de héroes está muy bien lograda.

Después de estas críticas debo reiterar que la película me ha encantado. Las batallas son espectaculares, me parece que estos superhéroes son mil veces más fuertes que los de Marvel y si estamos hablando solo de tres no me imagino lo que será la Liga con todos sus miembros.


Creo que lo mejor es que quienes no la hayan visto no se dejen influenciar por las críticas ni buenas ni malas –ni siquiera de esto que acaban de leer- y vayan al teatro más cercano para tener su propia opinión…les puedo garantizar que en el peor de los casos no se aburrirán, porque ¿quién en su sano juicio sería incapaz de hacerlo en una pelea entre los dos superhéroes más grandes de la todos tiempos?



jueves, 24 de marzo de 2016

Nostalgia

Hay una escena de una película que me encanta (Para más señas Youth, dirigida por Paolo Sorrentino y protagonizada por Michael Caine) donde un anciano y retirado director de orquesta y un joven actor caminan por un paradisiaco sendero  donde hablan sobre lo perdido y extrañado, uno de ellos, el joven, cita a Novalis: “Siempre estoy yendo a  mi casa. Siempre estoy yendo a casa de mi padre”.

Recordaba esto a propósito de esta tarde fui al apartamento donde mi papá vivió sus últimos años y donde murió la noche del 14 de agosto de 2014.  El sitio fue completamente remodelado ya que mi padre lo había dejado casi hecho una ruina pero aun así, a pesar de los cambios, la pintura nueva, el arreglo de los desperfectos no podía dejar de ver y de sentir un poco el espíritu de mi viejo flotando de manera tenue, casi imperceptible, por todo el lugar.

Creo que siempre estamos yendo a nuestra casa, a la casa de nuestros padres. No importa cuánto tiempo haya pasado, qué tan lejos nos hayamos ido, cuántas veces hayamos olvidado el camino de vuelta, siempre tendemos a volver a nuestras raíces, al lugar que nos vio nacer, así sea de manera fugaz como si fuéramos fantasmas proscritos para ver que las cosas siguen normales, para sentir que el tiempo se detiene por un par de días o de años.

Y cuando lo hacemos, cuando volvemos, vemos el lugar donde crecimos infinitamente más pequeño de lo que recordamos. El sitio no ha cambiado, desde luego, pero es la propia vida quien lo ha hecho con nosotros, nuestras ilusiones de gloria, los sueños rutilantes de la niñez y adolescencia han cambiado se amoldaron a nuestros insignificantes y efímeros triunfos de adultos contra una existencia voraz e inmisericorde, entonces lo vemos más pequeño y entrañable porque éramos pequeños y entrañables y nuestros refugios (el acogedor cuarto donde vivíamos, el parque donde jugábamos hasta desfallecer, la esquina donde dimos de manera tímida y torpe nuestro primer beso) eran poco menos que rincones llenos de magia, los cuales éramos incapaces de ver como un simple agrupación de cemento y ladrillos.

Siempre estamos volviendo a la casa de nuestros padres. No solo de manera física sino en sueños, en un parpadeo, en un olor o una imagen que nos lleva de vuelta  a esos años que creímos eternos e infinitos. Pero no sólo regresamos a ese lugar, la nostalgia siempre nos hace volver a esos lugares y a esos momentos donde fuimos tan felices sin haber sido conscientes de ello y que añoramos más en los momentos de mayor soledad y tristeza. Volvemos al cuerpo de la amante que ahora está ausente, a ese amor que nunca nos correspondió pero que por esa razón siempre vivirá de manera irremediable – e inamovible- en nuestra memoria, de los años de la universidad y de colegio que tanto detestamos en su momento pero que ahora extrañamos de manera tiernamente  grotesca y a los muertos siempre presentes, siempre recordados, pero a quien cada año se  les olvida un poco más.
Y no somos conscientes que cada vez con mayor frecuencia el olvido nos gana un centímetro más la partida, apenas advertimos que de nuestra memoria se borra cierto perfume, el sabor de unos labios mezclados con saliva, un rostro de alguien que conocimos durante nuestra niñez y que cuando menos nos demos cuenta y estemos ancianos y contemplemos nuestra vida será como ver una película a la distancia de alguien completamente diferente a nosotros.

Nuestro presente es la nostalgia del pasado, así como el pasado es la del ahora. Todo lo vivido, lo amado, lo odiado, todo lo vivido y sentido es lo que quedará de nosotros en nuestra vejez y en nuestra muerte . Para aquellos que no creemos en un más allá y para quienes las puertas del paraíso siempre estarán cerradas sin importar que tan duro toquemos, nuestras acciones tanto buenas como malas y las huellas que dejemos en las personas que amamos será el único legado que dejemos en la tierra y que desaparecerá para siempre cuando la última de esas personas hayan exhalado el último aliento (dejando ellas mismas nuevos recuerdos, nuevos fantasmas para las generaciones que vendrán).

Contemplo el computador. El lugar donde debería poner la nueva palabra titila una y otra vez y pienso. En esas mujeres que alguna vez me dijeron que me amaban o que por lo menos me querían y ya no están, en las personas que amé y ahora están muertas  y en cómo a pesar de querer evitarlo cada vez olvido un poco más el tono de su voz, las facciones de su rostro al reír o el brillo de sus ojos y en aquellas personas cuyos caminos se han cruzado conmigo de manera efímera  y ya no están presentes siendo devoradas por su propia rutina y obligaciones y pienso si hice lo suficiente para ellas o si fallé de manera estruendosa, quizá sí, quizá no, siempre a pesar de las buenas intenciones habrá errores que no podrán remediarse, pero siempre tendré el consuelo que he querido de manera intensa y consecuente con mi esencia, con todo el corazón y creo que es la manera más honesta de vivir sin importar el costo….y porque siempre a pesar de quienes se van están quienes se quedan y están dispuestos a convertirse en nostalgias del futuro.

Porque siempre estamos volviendo a nuestra casa. A casa de nuestros padres…

martes, 15 de marzo de 2016

El amor en los tiempos del twitter.

Si la Cenicienta hubiera nacido en esta época, el Príncipe Azul se habría evitado la correría por todo el reino en busca de la misteriosa dueña de la zapatilla de cristal, seguramente le habría tomado una foto a la misteriosa mujer y alguien la habría etiquetado haciendo más fácil la parte de comer perdices; Romeo y Julieta habrían chateado por Whatsapp un par de días antes de aburrirse y terminado evitando así varias muertes en Verona,  y La Bella y la Bestia se habrían dado match en Tínder por sus gustos en común y las fotos de la biblioteca del peludo.

La tecnología ha cambiado para bien y para mal nuestra concepción del mundo. Todo lo que percibimos, sabemos y conocemos está en gran parte supeditado al amplio, casi infinito mundo de la red. La información que antes se demoraba días y semanas en llegar a nuestras manos ahora la tenemos al alcance de un tweet o un post de Facebook. La aldea global que predijo Marshall McLuhan se llevó a cabo en mucho menos tiempo de lo esperado y el mundo está justo al alcance de nuestras manos.

El romance no podía ser ajeno a este fenómeno, ya que el amor siempre se ha aprovechado de las tecnologías para poder expresarse, así como pasamos de las cartas que Cyrano de Bergerac le escribía a su amada, hasta los telegramas que Florentino Ariza le mandaba a Fermina Daza en El amor en los tiempos del Cólera de Gabriel García Márquez.

Es así como los enamorados han encontrado en las redes sociales y en la tecnología una forma de consolidar sus relaciones. Aquellas parejas que por razones del destino se encuentran lejos, en diferentes ciudades o continentes no tienen que hacer el viaje de varias semanas para saber de su amada como lo hizo Efraín al ir a ver a su adorada María (novela de Jorge Isaacs para más de un despistado) sino que con una simple llamada de Skype puede ver fresco y lozano el rostro de su amada.

Pero incluso no hay que estar separados a miles de kilómetros de distancia para usar la tecnología en las lides amorosas. Si una pareja no puede verse por uno o varios días siempre estará la opción del whatsapp para saber cómo se encuentra. Hay mensajes de voz, llamadas por el facetime, mensajes directos por el twitter o por snapchat para todos los gustos y sabores. Incluso hay aplicaciones donde los novios pueden darse regalos ya sean virtuales y reales.

Sin embargo no todos son ríos de miel y leche como dicen en la biblia en este paraíso de romance virtual. La tecnología nos ha facilitado tanto la vida que en cierto sentido nos ha vuelto perezosos, lo que antes nos esforzábamos en conseguir, ahora lo hacemos en un par de segundos sin ninguna dificultad, puedo hablar por ejemplo de películas, series y libros sólo por mencionar algunos.


El campo que hoy nos ocupa no es la excepción. Hay aplicaciones como Tínder donde el amor –o por lo menos el deseo- se tiene al alcance de un clic. Es sencillo: Ves fotos del sexo opuesto, le das Me gusta a una persona que te haya llamado la atención y esperas ser correspondido para entablar una conversación. A primera vista se ve sencillo y práctico, pero me parece que en este tipo de aplicaciones falta lo primordial: ¡La presencia humana! Una foto nunca podrá compararse con la primera impresión de una persona que nos atrae, el tono de su voz, el olor que emana o la profundidad de unos ojos en vivo y en directo. Algunos dirán que sí hay una química virtual estas personas podrán conocerse y experimentarlo, pero habrán perdido un poco la magia de ese primer encuentro sin antecedentes ni prevenciones.

Ahora bien, en el campo de las parejas establecidas la situación tampoco es tan sencilla. Las parejas se han vuelto perezosas. Los hombres ahora mandan detalles virtuales, flores compuestas por píxeles, mensajes de voz en vez de encuentros reales y hasta hay casos donde uno de los dos termina la relación por un mensaje de whatsapp. Se ha perdido un poco el detalle, el factor sorpresa, un ramo de flores reales en la oficina, una salida a comer donde el celular y la tableta no existan por unas horas.

No digo que la tecnología sea mala para conseguir o mantener el amor. Es simplemente una herramienta que está a nuestro servicio y que está a nuestra mano convertirla en una gran ayuda o volvernos unos esclavos sin cerebro ni ideas de ella.

Una última anécdota sobre el amor y la tecnología. Una amiga abrió una cuenta en LinkedIn, la red social que permite establecer contactos laborales. A su cuenta le llegó un mensaje de un inglés el cual le decía que se había enamorado con locura de ella y que no veía la hora de llevársela a su natal Inglaterra para casarse con ella y tratarla ‘como una reina’, aparte de describirse cual currículum laboral, fulanito inglés anexo un par de fotos de su anatomía (que por su contenido no se pueden publicar en este prestigioso medio)…mi amiga desde luego bloqueó al Mr de su cuenta, pero no dejó de preguntarme si tal vez haya una Mrs para este Casanova digital y puedan tener un final feliz….que quepa en los 140 caracteres obligatorios de twitter.

Nota publicada en el Periódico Al Derecho (Periódico de la Facultad de derecho de la Universidad de los Andes):  https://www.facebook.com/periodicoAlderecho





miércoles, 2 de marzo de 2016

Anaqueles

El hombre caminó a lo largo de la infinita bodega de sus memorias. Los anaqueles se arrumaban como trastos viejos unos sobrepuestos por encima de otros a pesar de lo inabarcable de su espacio. Eran aquellos recuerdos que volverían hacía sí una y otra vez de manera repetitiva, podría decirse que obsesiva en los momentos de mayor efervescencia y febrilidad. Momentos malos que rememoraría en los peores épocas de su vida y aquellos exultantes y triunfantes que recordaría muy pocas veces, la mayoría cuando estuviera embriagado.

Tenía en sus manos un paquete de color rojo oscuro, ni muy grande ni muy pequeño, justo lo necesario para cargar con ambos brazos sin agotarse demasiado. Por un segundo le llamó la atención uno de los recuerdos, su mamá cantándole una canción de cuna mientras lloraba, siempre que lo percibía se preguntaba cuál era la razón de esas lágrimas, de esa tristeza que se denotaba principalmente en esa voz cascada que entonaba una melodía no demasiada melancólica pero que siempre lo llenaba de inquietud. Ya tendría tiempo para pensar en ese cuarto vacío, en esa madre que lloraba en silencio mientras cantaba, pero en ese momento tenía una misión, sus propias tristezas y preocupaciones que se materializaban en ese paquete, no demasiado grande ni pequeño que le exigía como un bebé que ruge por atención que se encargará de él.

Finalmente llegó al anaquel que estaba buscando. No había muchos paquetes en él, pues nuestro protagonista no era hombre que entregara su corazón con demasiada facilidad. Había amado más de una vez y menos de tres, siempre con resultados funestos. Antes de depositar el paquete en su lugar la curiosidad lo venció, depositó el paquete rojo oscuro en el piso y destapó uno de los que estaba en el lugar, era uno amarillo y vistoso, imposible no reparar en él. Al destapar una de sus puntas percibió un perfume poco sutil que lo transportó a otro momento, a otra vida, a una voz fuerte pero al mismo tiempo femenina, a una mujer de fuego con la que había compartido un par de meses agitados y fugaces similares a los fuegos artificiales destinados a explotar de manera fulgurante y brillar como nunca antes se habían visto para desaparecer con la misma rapidez, cerró el paquete cuando la misma voz le dijo ‘tenemos que hablar’ y recordó el McDonalds repleto de gente a la vez que su corazón era vaciado y tirado a la caneca de basura reciclable.

Tomó de nuevo lo que había venido a dejar. “Ya hemos llegado” susurró. Como un acto de despedida lo abrió una vez más y salieron todas las cosas tanta las buenas como las malas aunque pareció predominar la última vez que la había amado, los agonizantes momentos en que habían tenido una comunión más allá de los cuerpos y los tiempos. Recordó esa noche fría donde la mujer que él amaba, amaba a alguien más, recordó sus manos entrelazadas a ese otro, a un extranjero en su historia, un recién aparecido que con la facilidad de un tahúr venía a llevarse el premio mayor sin siquiera haber participado.

De manera irracional había culpado al sitio donde ocurrió todo. No volvería a asistir a ese restaurante de comida española donde se vendía la tortilla de patatas más deliciosas del mundo, ni transitaría por esas calles solitarias del centro, llenas de recuerdos donde llovía de manera constante como si el mundo se fuera acabar ese mismo día. Esa noche en que perdió su corazón salió del sitio y siguió a los amantes furtivos a través de las cuadras desiertas de la madrugada, donde se detenían cada dos por tres para besarse como si solo existieran ellos dos en el universo hasta que llegaron a una puerta roja y entraron tomados de la mano donde compartirían sus cuerpos hasta el último aliento, dejando al triste espía prendiendo un último cigarrillo y emprendiendo de nuevo su viaje de vuelta a casa, porque siempre, a pesar de los corazones rotos, los familiares muertos, las noches de excesos o de sexo sin sentido, siempre, volvemos a casa.

Depositó el paquete rojo oscuro en uno de los espacios vacíos de aquel gigantesco anaquel. Sintió como si hubiera dejado allí un gran peso que cargaba desde hace un buen tiempo al igual que gran parte de su alma. Ya todo le pertenecía al pasado y podría contemplar todo el panorama, la gran fotografía que ahora se dispersaba en mil fragmentos en toda su magnificencia en un futuro que no sabía si sería cercano o lejano, de nuevo lo dejaba en manos de aquella incertidumbre que tanto detestaba.

Empezó a alejarse cuando sin necesidad de ver nuevamente el paquete que ahora estaba cómodamente acomodado en su nuevo hogar empezó a rememorar otros momentos, otras realidades que había vivido con la creadora de ese rojo oscuro. Recordó momentos de silencio cómplice, una sonrisa fugaz, un parque vacío a excepción de ellos dos, su cabeza sobre su hombro y la inmortalidad en un segundo. Pensó que la había visto como nadie más lo había hecho, fragilidad enmarcada en una coraza de hielo, a la vez que ella había buceado en su alma, más allá de disfraces y máscaras para el mundo exterior, y había visto al hombre, su verdadero ser, más allá de rumores y mentiras, la esencia que sólo se guarda para sí mismos y para las pocas personas que nos llegan a conocer en nuestra existencia.

Tal vez el amor era eso, pensó. La fugacidad de un momento donde nos sentimos eternos e inmortales donde todas las desgracias y tristezas de un mundo ruin y hostil dispuesto a devorarte con la misma avidez de Cronos desaparecen en una sonrisa ajena, en contemplar a esa persona que se ha instalado en tu cabeza y en tu corazón dormir profundamente, soñando con un no sé qué, donde tú darías el resto de tu vida esperando a que fuera contigo y sin embargo no la despiertas sino que te quedas largas horas viendo sus ojos cerrados y su respiración acompasada.

Y sabes que al final la burbuja reventará, que por cada momento de felicidad vendrán dos o tres de profunda tristeza cuando esa persona se haya ido, porque al final todos nos terminamos yendo, pero no puedes evitar caer en esos complicados y a la vez simples engranajes, porque es ese sentimiento, con todas sus tristezas, vacíos y rabias lo que hace que la vida valga realmente la pena y porque es en él donde somos, así sea por efímeros momentos, más poderosos que la muerte.


El hombre siguió avanzando por la gran bodega de sus pensamientos silbaba la canción de cuna que treinta años atrás su madre había cantado para él, sin embargo no lloraba.

jueves, 18 de febrero de 2016

Exorcismo nieve

Nieve. Infinita. Extendiéndose por los vastos territorios inhóspitos de Rusia. Les habían dicho que la invasión sería rápida e indolora. Como en Polonia, como en Francia.  Mentira. Todo una farsa, un oasis que se venía abajo con mayor rapidez que un cojo donde lo único real era la puta nieve que no dejaba de caer copo tras copo.

Eran cinco. Hans, Fritz, Adolf, Hermann y Otto. Poco importaba que Hans fuera el capitán. En ese momento eran simplemente fugitivos, sobrevivientes. La batalla había sido cruel, todos soldados gloriosos del Tercer Reich nunca habían visto tal derramamiento de sangre y ahora sus elegantes uniformes eran cosa del pasado, sus elegantes indumentarias estaban embadurnadas de sangre, costras, cráneos y tripas, eso sin contar con los piojos y las pulgas que los devoraban con avidez.

Huir no tiene nada de malo si con ello salvaban la vida, les había dicho su capitán quien al ver que si seguían resistiendo junto al resto del batallón serían exterminados como ratas, peor aún podrían ser hechos prisioneros por los rusos y quién sabe qué les podrían hacer esos bárbaros. Así que organizaron su huida en medio de balas, bombas y gritos incomprensibles.  Huyeron a través de la sangre sobre la nieve, del fuego sobre los ríos, de los cuerpos en descomposición en las calles.

Corrieron días enteros, sin mirar atrás, sin saber el rumbo que llevaban. Atravesaron caminos, pueblos completamente devastados por los bombardeos que ellos mismos habían ocasionado, las tierras eran yermas, infértiles, no se escuchaba el cantar de las golondrinas ni el sonido del viento meciendo los árboles….vivían en una especie de limbo, el infierno en la tierra atravesado por cinco hombres, cinco asesinos cuyos golpes a las puertas del cielo serían ignorados para siempre.

Finalmente se encontraron con la cabaña. Parecía un espejismo alzándose solitaria en medio del bosque como si fuera la última edificación existente en el mundo. Los soldados no se debatieron en reflexiones poéticas y filosóficas sobre su presencia. Estaban exhaustos, hambrientos y con frío, lo único que importaba era la supervivencia, lo único que se preguntaban era cuánto tiempo podrían seguir respirando sin morir congelados.

  Entraron. Lo normal habría sido que hubieran inspeccionado exhaustivamente cada rincón de la edificación pero estaban tan agotados que no lo hicieron. Había una gran sala donde al fondo se veía una chimenea apagada, a su lado madera seca que no demoraron en prender. Estaban de pie, en silencio calentándose cuando lo oyeron por primera vez.

Era un gruñido. Seco. Que se extendía por las cuerdas vocales, reptando desde el estómago hasta el cuello. Al primer sonido los hombres se miraron en silencio. Al segundo, los cuatro hombres (a excepción del capitán) se incorporaron como rayos y buscaron el origen del sonido. Caminaron, la cabaña no tenía mucho que inspeccionar, no tenía cuartos solo la gran sala, llegaron a una cama que tenía varias cobijas encima. El gruñido se incrementó, la cama se agitó.

Con la punta de su arma, Fritz quitó las mantas. El niño, si aún se le podía llamar así, estaba amarrado de pies y de manos, al ver a los hombres se agitó nuevamente estremeciendo la cama. Estaba flaco, muy flaco, era probable que no hubiera comido en días, su pelo, de color paja, empezaba a caérsele a pesar de los siete u ocho años que tenía, su pequeño cuerpo estaba lleno de cicatrices y su pecho estaba cubierto por vomito seco.

Hermann apuntó al niño con su rifle.

-¿Qué coños haces? –preguntó Fritz.

-¿Qué ‘coños’ crees? Voy a meter un balazo a este ruskie en medio de los ojos.

-No somos monstruos –terció Otto- Tendrás que matarme a mí antes de matar a este niño.

-No eran tan humanitarios hace unos días –gruñó Hermann- ¿les recuerdo algunas de sus hazañas?

-Era la jodida guerra.  Matar o morir, esto es diferente. Este niño se está muriendo y está amarrado- respondió Fritz.

-El mocoso no me da buena espina. No confío en que lo hayan dejado amarrado sin liberarlo o matarlo antes de que lo dejaran. No confío en nada que esta puta tierra de Ivanes haya parido.

-¡Bueno, no más! –se oyó un grito- No somos asesinos a sangre fría así acá piensen lo contrario. Bajen las armas, acá nadie va a matar a nadie.

-Sí, capitán –gritaron los hombres al unísono.

Un grito llamó la atención de los hombres.  No era ruso, ni alemán o ninguna lengua que hubieran escuchado antes. Era un sonido anterior al hombre, salvaje, primitivo, proscrito. El sonido continúo y el niño parecía que estuviera repitiendo una letanía antes de empezar a reír compulsivamente.

Otto intentaba hablarle en ruso al niño siendo ignorando por éste que intercalaba, gritos, llantos, y vómito verde.

-Capitán –habló Adolf, quien se caracterizaba por ser de pocas palabras- Como usted sabe soy de un pequeño pueblo cerca de Dusseldorf. Cuando pequeño era acólito del sacerdote de la aldea. Una vez nos llamaron de una casa a las afueras de la población. Al llegar, una mujer de unos quince años estaba recluida en su cuarto, su rostro parecía al de una anciana de ochenta, gritaba, retorcía y maldecía diciendo blasfemias. El ente, porque ya no era humano, llegó al extremo de levantarse un par de centímetros de la cama. Tuvimos que hacerle un exorcismo. Tenemos que hacer lo mismo con este niño.

-Pues vengan por mí putos alemanes - gritó de improviso el niño en un fluido alemán haciendo temblar la cama.

-¡Capitán! ¡No nos arriesguemos! –insistió Hermann- matemos al jodido niño y vámonos.

Hans observó al niño, la chimenea y a sus hombres. Lo más probable era que ninguno volviera a casa. Y no importaba la basura grandilocuente que hubieran oído en el ejército: Eran asesinos, criminales, bestias creadas por el hombre. Este quizá sería el acto más bondadoso que hicieran en su vida.

-¿Cómo puedes hacer un exorcismo si solo eres acólito?- preguntó el capitán.

-La verdad es que –Adolf enmudeció y continúo con un hilillo de voz- soy, fui sacerdote. Me expulsaron.

-¡Eso explica muchas cosas! – rugió con una carcajada Hermann, pero ningún otro dijo o preguntó nada más.

-Está bien –autorizó el capitán- Hagámoslo.

Adolf se situó frente al niño, quien al verlo empezó a vociferar en varios idiomas. No se requiere nada más que verdadera fe para lograr esto, les dijo a sus compañeros. Bendijo el agua de su cantimplora y empezó a rociarla sobre el pequeño mientras rezaba.

Su piel empezó a agrietarse, saliendo pústulas donde caía el agua bendita. Él vomitaba y defecaba al mismo tiempo, mientras se agitaba a la vez que maldecía al hijo de puta violador nazi que se enfrentaba a él.  De un momento a otro, pareció que se hubiera desvanecido. El ex sacerdote bajó los brazos,  sudaba profusamente y casi no podía hablar, temblaba como un epiléptico.

Otto se acercó a ver el cuerpo sin sentido del niño y en ese momento sintió como sus ojos se abrían solamente para él.  En ellos vio una planicie infinita de cadáveres que se amontonaban uno tras otro donde estaban su mamá, su hermana, su enamorada de quince años, su profesor y toda la gente que conocía, vio a Berlín en ruinas donde no quedaba piedra sobre piedra, las mujeres violadas y todo lo que amó alguna vez pisoteado por botas rusas y americanas.  Ven a mí, oyó una voz y te daré paz.

Sin voluntad se acercó a donde estaba el niño y empezó a desatar con rapidez sus ataduras.

-¿Qué haces Otto? – gritó Adolf.

Otto no respondió, en su lugar sacó su pistola y le metió un tiro en la frente al ex sacerdote. Hans que era quien estaba más cerca a los dos, le perforó el pulmón de un balazo a Otto quien empezó a hacer los mismos espasmos que un pez fuera del agua.

Los hechos se desencadenaron con la rapidez de un huracán. El niño terminó de aflojar las ataduras que había alcanzado a soltar Otto. Con una agilidad que no podía ser humana agarró el cuchillo de dotación del soldado muerto y corrió donde el capitán. Sin darle tiempo para reaccionar le clavó el cuchillo en el corazón. Hermann le intentó disparar pero antes de poder impactarle tenía ya al niño encima suyo.

El soldado alcanzó a pegarle un puño que tumbó al ente y le hizo soltar su cuchillo. Sin embargo se levantó casi de inmediato, se subió en la espalda del gigantesco alemán y empezó a morderlo, arrancándole la oreja y a aruñarlo.

-¿Qué coños haces Fritz? –gritó Hermann.

Esto pareció despertar al quinto de los soldados quien había mirado la escena aterrado como si estuviera dentro de un sueño.  Sacó su pistola y como si solo hubiera nacido para ello le pegó un tiro al engendro quien cayó de la espalda de Hermann y agonizó sin volver a hablar.

Ambos hombre se recostaron exhaustos en una de las paredes de la cabaña. Sacaron y prendieron los últimos cigarrillos que les quedaban.

-Así, que había que meterle un tiro desde el principio….. –dijo Fritz.

-Justo en medio de los ojos. Putos ruskies –respondió Hermann.