miércoles, 20 de junio de 2018

La culpa no es solo del hincha


La culpa no es solo del hincha resentido que luego de la derrota frente a Japón buscó a un mujer de ese país para burlarse de ella en un vídeo; la culpa no es solamente de los hinchas que colaron de manera ilegal aguardiente en el estadio y luego hicieron otro vídeo muertos de la risa (qué tal el ingenio paisa, dice una de las voces) orgullosos de su proeza. Ellos son simplemente el reflejo de una sociedad putrefacta y dañada hasta la médula, en su espíritu y su alma.

La culpa no es solamente de Duque, Petro, Gerlein, Roy Barreras o Fajardo. Ni siquiera de Álvaro Uribe. Estamos enfermos desde pequeños y no nos damos cuenta. Vivimos intoxicados por una sociedad que vive por y para el odio, una cultura donde lo importante es conseguir o tener, donde lo que vale es imponer las ideas y ‘triunfar’ de la manera que sea, sin importar a qué costo, qué se deba hacer o por encima de quién se deba pasar. Hemos vuelto un triste mantra aquello de ‘Traiga la plata mijo, si no puede honradamente….traiga la plata mijo’

Vivimos convencidos de que solo los triunfadores tienen la razón y queremos a toda costa pertenecer al bando de ellos, los vencedores, los salvadores, los buenos. Queremos no solamente vencer al bando contrario sino humillarlo, aniquilarlo, por eso somos incapaces de perdonar y construir sino que preferimos destruir y hundirnos en un espiral de violencia y muerte, es por eso mismo que también somos malos perdedores, incapaces de aceptar que el otro es mejor que nosotros, porque seguramente si nos vence es porque hizo trampa, se dopó o se lo dio al jefe y por lo tanto merece nuestra burla y humillación.

Es ese patético sentimiento de superioridad el que hace que nos burlemos de quien no es igual que nosotros, incluso dentro del propio país generalizamos, entonces el costeño es perezoso, el pastuso  bruto, el paisa aprovechado, la pereirana puta y  el rolo hipócrita. Pero ay, de que alguien se meta con nuestra región o ciudad, saltamos indignados pidiendo un respeto que somos incapaces de ofrecer. También nos burlamos de los argentinos, gringos, bolivianos o peruanos pero cuando en algún programa extranjero hacen alusión a las drogas o a nuestros  criminales que se van al extranjero a delinquir, ponemos ojos de ternero degollado y con lágrimas en los ojos pedimos que no nos estigmaticen y que no todos los colombianos somos así, mientras  a la vez se sigue haciendo trampa y se busca sacar ventaja de la situación.

Porque la mentalidad del todo vale ha permeado por completo la sociedad desde el estrato más pobre hasta el más rico. Criticamos a los hinchas que entraron el trago de contrabando más que todo porque están ahora en la palestra ni siquiera pública sino mundial,  pero cuántas veces no hemos buscado hacerle el quiebre a la ley, sacar ventaja, cuánta gente no piensa en lo que decía ese repugnante y misógino senador de que ‘las leyes son como las mujeres, se hicieron para violarlas’, y cuando logramos evadir la norma, así sea en una pendejada como no recoger la cagada de un perro, lo celebramos, nos creemos los mejores, los más astutos, los de la ‘malicia indígena’.

Y creo que nada le ha hecho más daño a la psiquis del país que la dichosa ‘malicia indígena’ que de indígena no tiene nada. La mentada premia la mentira, el engaño, la ilegalidad. En vez del trabajo duro, se alaba la pereza; en vez de la honestidad, se enaltece la mentira. Es el sumun que tiene su culmen en aquello del vivo vive del bobo y es esa mentalidad tramposa y mediocre y es algo que esté quien esté de presidente, nunca nos permitirá avanzar como país.

Mucho se ha hablado de la importancia de la educación para un cambio en la sociedad, y si bien es una de las claves para avanzar no dejo de preguntarme, ¿no fueron los Nule a las mejores universidades? ¿No lo hicieron los políticos corruptos que saquean al país? ¿Estos hinchas en en Rusia no fueron al colegio? ¿son ellos el reflejo de nuestro país por más que lo queramos negar? Debemos trabajar no solo en la educación sino en una sociedad donde los valores sean importantes, donde el ser humano sea empático y, perdonarán la redundancia, humano. Los japoneses nos derrotaron y en ningún momento se burlaron de nosotros, al contrario se quedaron después del partido recogiendo la basura del estadio porque eso es lo normal para ellos. Es por esa razón que ese país pasó de estar destrozado por la guerra a ser una potencia en poco menos de cincuenta años mientras que nosotros seguimos elegiendo gobernantes guiados por el miedo y el odio.

Pero creo que el cambio es posible y una buena señal es el rugido nacional condenado estos infames hechos en Rusia. Ningún mesías nos va a salvar. El cambio comienza por cada uno de nosotros y así y solo así quizá algún día tengamos futuro como país.





sábado, 12 de mayo de 2018

35 años- Un video

I.

En el video una mujer de top fucsia sonríe poniendo un par de velas a un pequeño pastelillo, a su lado hay un anciano de pelo (poco a decir verdad) desordenado susurrando en voz alta, mientras la mujer pijama azul marino intenta acallarlo en vano, también está el camarógrafo al cual por obvias razones no le vemos el  rostro. Están reunidos en una especie de conclave secreto, hablando en voz baja como si estuvieran conspirando. Intentan ser silenciosos pero son torpes al hacerlo. El pastelillo está listo, de manera sigilosa abren una puerta donde está un hombre dormido, la mujer de top fucsia protege las velas para que no se apaguen hasta que empiezan a cantar la consabida canción de las mañanitas del rey David despertando al sujeto en cuestión,  todos sonríen sabiéndose afortunados de tenerse.

La mujer de top fucsia es mi hermana, el anciano mi papá, la mujer de pijama azul marino mi mamá y el camarógrafo mi cuñado, el hombre desde luego soy yo. La escena ocurrió hace exactamente hace cinco años cuando la familia estuvo reunida en Orlando en casa de mi hermana en unas vacaciones inolvidables.

Fue recién en enero cuando visité a mi hermana y conocí a mi hermosa sobrina Verónica que vi por primera vez este vídeo. Fue la última vez que la familia estuvo tan unida desde la separación de mis padres y, quizá por es por esa razón,  atesoró ese día como uno de los días más felices de mi vida. Al año siguiente mi papá falleció de manera repentina de un ataque (a día de hoy no sabemos si fue por un paro cardíaco o porque se reventó una artería por su estómago –y sé que digo una burrada a nivel médico- u otra cosa) y cuatro años después mi madre fallecería después de luchar como la más valiente contra el cáncer de mierda que habría de llevársela.

Veo el vídeo una y otra vez. Para que la familia estuviera completa falta mi fiel amigo, mi perrito Gruñón quien también falleció en el 2016. No pasa un día en que no extrañe a mis padres, sus consejos, su amor, es cierto eso que dicen que no hay amor más sincero que el de los padres y daría mi vida entera por un día con ellos para decirles cuánto los amo y extraño pero la vida es un río que siempre avanza.

II.

En el amanecer de mis 35 años, mientras tomo pisco y fumo mirando la ventana de mi apartamento donde veo las estrellas, pienso. Muchos conocidos ya han encontrado el amor de su vida, otros tienen hijos, la mayoría de ellos ya tienen un rumbo fijo en su vida. Pienso en mi mejor amigo, Carlos Mauricio quien está casado con una maravillosa mujer a la que adora y que es sumamente feliz en su microcosmos en Cali.

¿Y yo? Podría decirse que llegó a la mitad de la vida (y eso en un país como Colombia es ser sumamente optimista) y a veces siento que vago sin brújula por la vida, no tengo mi destino tan claro. No estoy casado y no tengo un prospecto romántico, de hijos ni hablar, no he escrito una gran novela y a veces dudo muchísimo de que es lo que realmente anhelo en la vida, en ocasiones me preguntó si las cosas están realmente bien o si he fallado y recuerdo las palabras que me decía mi papá, ‘Somos arquitectos de nuestro destino’,  y el mío con todos sus aciertos y fallos es responsabilidad solamente mía.

III.

Hace poco, y con el impulso de mi gran amigo Esteban Cruz, viajé al Perú. No fue a Machu Picchu, el destino habitual, sino la ruta de San Cruz en Huaraz. Caminamos 53 kilómetros junto a él, una gran amiga recién conocida Diana Bonilla, y un grupo maravilloso de extranjeros venidos de Francia, Suiza y Bélgica.

En esa ruta, sin conexión a internet (la maldición de los Millenials) me hice uno con la naturaleza y el infinito. El camino no era fácil, subimos hasta 4.800 metros sobre el nivel del mar, atravesamos ríos, lugares inhóspitos, precipicios y ascensos, donde lo que valía más era la voluntad que lo que el cuerpo daba, fue allí que 1pude estar realmente a solas conmigo mismo.

¿Y quién soy realmente? ¿Un escritor? ¿Un ciudadano más? ¿Un  amante? ¿Un testigo de lo que pasa en el mundo?  Me hice la pregunta infinidad de veces mientras veía las estrellas en soledad y recorría parajes milenarios. Soy todos y ninguno. La vida es demasiado corta y no somos conscientes de ello sino solamente hasta antes del final. Siempre me ha asombrado la serenidad de los ancianos justo antes del final, lo vi con mi abuela (que espero haya encontrado la paz al fin del camino), me asombró la entereza de mi madre al partir y siendo tan infinitamente valiente en el momento de irse cuando se le dio la gana (que fue cuando yo llegué a visitarla a Orlando) y no cuando su cuerpo no daba más.

Y fue en ese momento, en medio de la oscuridad y la luz de las estrellas que comprendí todo. La vida es un camino, uno largo y lleno de dificultades pero también momentos muy felices, uno que te hace cicatrices indelebles mientras lo transitas y pienso en lo que dijo el gran Silvester Stallone en boca de su Rocky, lo importante es no cuantas golpes te de la vida sino en resistirlos y seguir adelante sin importar qué pase.

Pienso en mi vida y lo que he hecho y comprendo en lo afortunado que he sido. Quizá no tanto por mis acciones sino por la gente que he tenido el placer de conocer y le da sentido a mi vida. Pienso en la familia que me queda en Cali, en mis tíos y primos que me aman por ser quien soy. En los amigos que tengo en Cali, tan fieles y gentiles a pesar de la distancia y los años. Pienso en los amigos que he hecho de manera virtual y que no conozco aun físicamente pero cuya conexión va más allá de eso  y los que he hecho en esta década en Bogotá y que me han querido de manera sincera.

Pienso en mi hermana, el pilar de mi vida, en un hombre grandioso como mi cuñado y en Verónica, especialmente en ella, siento que el universo cobra un nuevo sentido cuando cruzo miradas con ella y veo sus ojitos ansiosos y expectantes descubriendo un mundo nuevo.

He estado en las playas de Rio de Janeiro, recostado en una arena tan suave que parecía mantequilla; en Buenos Aires, la patria de mis adorados Cortázar, Calamaro, Fontanarrosa y Les Luthiers; en el universo  real y a la vez tan artificial de Orlando y sus montañas rusas y parques temáticos; en Panamá y sus edificios imponentes y Perú y su mundo milenario y natural; he amado mujeres maravillosas, he estado con el corazón roto, llorando mi desgracia hasta las cañerías de la ciudad, he escrito una novela sin importar si fuera buena o no; he trabajado en una editorial, el lugar de mis sueños, he conocido hombres buenos y malos, gente a la que soy indiferente y  que me ha odiado. He realizado buenas acciones 
pero también algunas horribles. En pocas palabras he sido humano.

Sigo recordando Perú y sus interminables caminatas en Huaraz. Podría haberme quedado toda la vida en ese paisaje, recorriéndolo sin parar. Volver a la civilización es volver a ese lodo de envidias y odio que en cierta parte y así no lo quiera también hace parte de mí, pero al final comprendo que la vida en sí misma es esa caminata. Una brutal. Una que te hace cicatrices con los momentos difíciles pero las cuales no vale la pena ocultarla sino exhibirlas con orgullo como prueba de que hemos vivido.

Caminante no hay camino se hace camino al andar decía Machado y no podría estar más de acuerdo. Ahora estoy en Bogotá pero ¿dónde estaré en diez, veinte años? El destino son mil puertas que se abren a la vez pero cuyo sendero es uno solo.

Mis huella me dirigen a lugares,  personas, tiempos, es mi camino, irremplazable, irredimible, es lo que me construye con errores y aciertos. Soy yo.

IV.

El futuro se esconde en los ojos de Verónica. En esas pepas grisáceas que contemplan ansiosas su alrededor. A veces me preguntó que seré para ella. ¿Acaso una sombra? ¿Un mentor? ¿Quien la inicié en el mundo fantástico y misterioso de la lectura? ¿Quizá solo un recuerdo?

No lo sé y al final será el futuro quien dictaminé lo que haya de pasar. Lo que sé es que la amo, profundamente y quiero que viva en un mundo que la respete y cumpla sus sueños,lucharé por un mundo ideal para ella y todas las mujeres.

Soy afortunado. A pesar de las dificultades he estado rodeado de gente maravillosa. Personas cuya amistad me hacen seguir cada día. El futuro es incierto pero desde el alba de los 35 años, mientras reflexiono al ocaso de un nuevo cigarrillo pienso –a pesar de las dificultades y los momentos de mierda- en lo hermosa que es la vida. A todos quienes me siguen, quienes me han dado su amistad y su amor, mis infinitas gracias, en gran parte es por ustedes, su energía, su paciencia y su amor que sigo en pie. Los quiero.

Feliz cumpleaños a mí.  Gracias a todos por tanto.











martes, 24 de abril de 2018

Bogotá, 10 años.

Miro por la ventana de mi apartamento y recuerdo que fue en un abril del 2008 cuando me vine a vivir a esta ciudad grande, desordenada y gris que hipnotiza a sus visitantes de manera similar a la de los faquires con las serpientes y que en un abrir y cerrar de ojos ha pasado una década desde el momento en que llegué a la capital.

Bueno, no, miento con lo del abrir y cerrar de ojos, es más un recurso literario que otra cosa. La verdad ha sido mucho tiempo, más del que creería, pero pareciera que fue ayer cuando el aeropuerto me dejó con una maleta grande y la ansiedad de un trabajo que en Cali no había. Me recogieron un tío lejano con sus hijos y no podía dejar de contemplar la ciudad lejana y lluviosa que me recibía y que pronto se convertiría en parte de mí para luego dejarme en casa de mi gran amigo Nicolás Abrew de quien siempre recordaré con gratitud infinita que me dio la mano cuando nadie más lo hizo aún a costa de su comodidad.

En ese tiempo y tal como lo dice García Márquez, el mundo parecía joven, todo era algo nuevo por descubrir, por conocer, y vaya que Bogotá fue una ciudad de primeras veces, fue acá donde me enamoré por primera vez (y como consecuencia de ello donde también me han roto el corazón un par de veces), donde aprendí a fumar (tuve unos pequeño escarceos en Cali con el recordado y llorado Camilo pero nunca fue nada serio) para llegar a ciclos eternos de dejar y retomar el cigarrillo una y otra vez, donde he tomado océanos de alcohol a la salud de quienes se han ido para no volver y donde he recorrido calles solitarias por las noches casi madrugadas donde pareciera que todo puede ocurrir.

Fue viviendo en Bogotá donde he sufrido las pérdidas más grandes. Murió mi gran amigo, hermano del alma, Camilo Reyes, mis papás y hasta  mi perro Gruñón; afortunada –o desafortunadamente- puede estar presente para la partida de mis papás (coincidencialmente - sí es que existen las coincidencias- estuve a su lado en cada una de ellas que ocurrieron en diferentes lugares y años) pero siempre queda el demonio de la duda de si debí partir a tierras lejanas, si pude haber hecho algo más por ellos, mi papá estaba viejo, mi mamá luchó con una enfermedad y yo, yo quizá pude haberme quedado y darles fuerza estando a su lado más allá de las visitas efímeras que les daba y a pesar de la distancia intentando ser siempre ser buen hijo., pero al final eso ya no importa, tenemos que aprender a vivir con nuestras decisiones sean cuales sean

Todos quienes hemos sido extranjeros (incluso dentro de su propio país) sabemos que al final no tenemos un lugar al que podamos llamar del todo hogar. Cali ya no lo es, el olor del manjar blanco y el mango maduro vive principalmente en mis recuerdos, es la niñez, la adolescencia, los amigos que conocí en esas épocas y que estarán hasta el final, la familia que aún queda y que me recibe cuando vuelvo de visita, pero cuando voy a ella, es una ciudad extraña que me recibe pero que sabe que ya no le pertenezco, pero Bogotá tampoco lo es, me acoge, me adopta, pero con ese cariño cordialmente frío de saber que soy un extraño,  esta es la vida del caminante cuyo camino será vagar hasta encontrar su lugar en el mundo.

Me ha pasado de todo en Bogotá. He vivido en un cuarto inmundo de pensión no más grande que un baño cuando las deudas me agobiaban y no tenía casi ni donde caerme muerto, he conocido Premios Nobel de literatura, viajado con un político importante que puede ser presidente  (aunque no sé si esto entre de lo malo o lo bueno) en una pequeña avioneta bimotor de la policía mientras fumaba sin parar, he visto mil estrellas y el amanecer en las montañas tomado de la mano de la mujer que amaba, viví con una actriz porno (entre los dos no pasó más que una complicidad fugaz), me he enfermado sin tener quien me alcancé un vaso de agua, me pagan por trabajar en un lugar donde estoy rodeado de libros y escritores,  un ladrón se metió en mi apartamento mientras yo dormía en mi cuarto, escribí mi primera (e impublicable) novela,  he hecho nuevos amigos sin olvidarme de los viejos que aún mantengo en Cali, conocí a mi adorada mejor amiga, Andrea Beaudoin quien me hace afortunado con su maravillosa amistad, he amado y he dejado y de igual manera lo han hecho conmigo,  en fin son tantas experiencias vividas tanto buenas como malas o felices y tristes, que las palabras se quedan a veces cortas ante la intensidad de los sentimientos y lo vivido.

Sigo observando por la ventana con ganas de fumar pero sin hacerlo. Es uno de mis lugares favoritos del mundo, a través de ella y aunque parezca increíble en muchas ocasiones se ven las estrellas, muchas veces apago las luces y prendo un cigarrillo en silencio, observando el cielo, la luna que me contempla, en este momento pienso en Bogotá y en Cali, los lugares recorridos, las personas que han estado presentes y los que se han ido, y siento que somos peregrinos de donde nos lleva la vida pero pertenecemos a las personas que amamos sin importar donde estén y a quienes llevamos siempre en nuestro corazón.

Gracias por estos diez años Bogotá, gracias por recibirme en medio de tu caos de gran metropoli, quererte es un gusto adquirido pero una vez lo haces es un gran placer. Ya veremos dentro de diez años donde nos sorprende el camino pero sin duda tú al igual que Cali, u Orlando, Rio de Janeiro, Buenos Aires y Lima son lugares donde he sido feliz  y que ya  forman parte imborrable de mi ser. 






domingo, 4 de febrero de 2018

Carta a mamá un año después

Mamá,

Un año ya, ¿quién lo diría? Hace seis meses te escribí que parecía que el tiempo hubiera volado desde aquel día  y qué te diré ahora, es como si se hubiera puesto una turbina y bastara un solo parpadeo para devolverme a ese sábado en el que estabas viva. Hace exactamente doces meses o cincuenta y dos semanas o trescientos sesenta y cinco días que dabas, sin saberlo pero quizá presintiéndolo, tus últimos suspiros en este mundo, a esta hora me embarcaba hacia otro país para el momento más triste y quizá más hermoso de mi vida que fue el de acompañarte en tus últimos momentos.

La muerte es un misterio casi tan grande como la vida. Es la única certeza que tenemos. Desde niños conocemos su existencia, a pesar de saber que llegará la ignoramos y solo la desaparición de quienes amamos nos recuerda su presencia constante. A pesar de saberla presente nunca estamos preparados para ella. Podemos saber el día, el minuto y el segundo exacto en que ocurrirá pero nunca estaremos listos del todo. Nos aferramos a la vida –la nuestra y la ajena- con la desesperación de un náufrago a su tabla.

Sigo sin acostumbrarme a tu ausencia. A veces lo olvido y me he sorprendido a punto de llamarte para contarte cómo estuvo mi día o con ganas de irme a Cali para darte un beso y un abrazo para casi al instante despertar de esos sueños febriles y luego de sonreír con tristeza seguir con mis asuntos.

 Extraño tu voz, tus regaños (tan merecidos tantas veces), tus caricias y consejos y lo más probable es que lo haga hasta el día en que muera. Pero también es cierto, como tanto me decías, que el tiempo lo cura todo y no hay penas que duren eternamente, con el transcurrir de los días el dolor tan intenso, ese que creías que te desgarraba el corazón, ese que pensabas que no ibas a poder seguir adelante ha disminuido un poco. Las imágenes de tu enfermedad –puto cáncer de mierda- se reemplazan por aquellas donde paseábamos por Cali, o la vez que fuimos a un spa, los paseos a Brasil (donde viste ese partido histórico cuando los alemanes le clavaron siete goles a los cariocas en su casa, dime, ¿quién más pudo haberse dado ese lujo?) o a Orlando, las llamadas telefónicas donde me calmabas de mis –ahora ridículos- problemas o más allá cuando era niño y te metías a mi cama, me calmabas cuando estaba triste y te ibas hasta que me quedaba dormido. Me acuerdo incluso cuando  a los cinco años llegamos de Estados Unidos años y en el nuevo apartamento había solo un colchón y un televisor en blanco y negro y la casa se llenaba únicamente de tu risa y alegría.

Pasamos la mitad de nuestra vida quejándonos de nuestros padres, que no nos comprenden, que son anticuados y qué podríamos hacer lo que ellos hacen mucho mejor para pasar la otra mitad, cuando ya no están, comprendiendo lo sabios que eran, lo muchos que nos amaron, cuánta razón tenían en lo que decían y extrañando y dando la vida por tener un solo momento, así fuera un solo segundo, por verlos de nuevo.

Pienso en todo lo que tu partida me ha enseñado. Cuando alguien tan significativo en nuestra vida parte aprendemos a darle la verdadera relevancia a las cosas de la  vida. Pienso ahora en mis amores frustrados y la tristeza que me causaban y lo que antes era doloroso ahora, tal como me decías,  ahora solo me provocan una sonrisa nostálgica, lloraba por esos amores sin saber que el más importante, el verdaderamente incondicional estaba a una llamada de celular o a un pasaje a Cali.

Cuando somos adultos, cometemos tantos errores y  nos vemos cara a cara con el rostro menos amable de la vida y comprendemos todo el esfuerzo que hicieron nuestros padres para mantenernos a salvo de los horrores del mundo, pienso en eso que tanto nos repetías a mi hermana y a mí, “Me gustaría ponerlos en una burbuja para que no les pase nunca nada”. Y así fue mamá, tanto tú como papá (con todos sus errores) nos dieron una niñez maravillosa –de la que no fuimos conscientes y a la que siempre volveremos en sueños- y solo me queda agradecerles por tanto amor. Todo lo que lograremos mi hermana y yo será por todas sus enseñanzas, aunque no te niego que a veces me cuestionó si he sido digno de todos sus sacrificios. Pero lo intento, mamá, no dejo de hacerlo, a pesar de tantos errores.

Tienes una nieta. Es hermosa y como ya sabías, se llama Verónica, lo único malo que tiene es que nunca podrá conocerte, pero por lo poco que he podido ver tiene tu espíritu: Es jodida y solo provoca quererla. Como dice Sabina y se aplica a tu partida, y la vida siguió como siguen las cosas que no tienen mucho sentido….y los amaneceres y las noches estrelladas siguen ocurriendo  a pesar de que ya no estés y continuarán alumbrando cuando nos hayamos ido y tu recuerdo ya se haya perdido, pero esa es la vida, seguiremos existiendo, llegaran nuevas personas y despediremos otras, tendremos momentos alegres y tristes pero tu recuerdo seguirá siempre a nuestro lado acompañándonos. Solo morimos del todo cuando quienes amamos nos olvidan  o mueren.

Poder decir adiós es crecer dice Cerati y no es que vaya a olvidarte, ¡nada de eso! Tu recuerdo siempre vivirá conmigo y una parte de mí te extrañará hasta el día en que nos veamos de nuevo, ya sea en la paz de la no existencia o en alguno de los locos paraísos de los dioses inventados por los humanos. ¨Pero creo que también es momento de seguir adelante porque sé que lo que más anhelabas era vernos felices a mi hermana y a mí, así que no pensaré en la parte triste de ti o mejor dicho en tu ausencia. En este momento, mientras escribo esto lloro pero pienso en lo que escribía Tolkien y ponía en palabras del mago Gandalf, No todas las lágrimas son amargas y creo que es cierto. No hay amor más grande que el que puedo sentir en este momento por ti, pero esta será la última carta que te escribiré porque de ahora en adelante serás la fuerza que me impulsará a seguir adelante incluso cuando no quiera, la estrella que guiará mi vida, el faro eterno que estará siempre para mí, pienso que quizá el mejor homenaje que pueda hacerte está en vivir, amar y ser feliz.

Gracias por tanto mami, te amo y lo haré siempre. Espero hacerte orgullosa.

Mil besos estés donde estés

Tu hijo,


TuLio:.



miércoles, 31 de enero de 2018

Vacío

Una línea titila en el computador, intermitente, expectante y ansiosa, como si estuviera esperando una orden para llenar una hoja en blanco que se extiende como un desierto infinito. Yo que soy a quien la jodida línea le hace la pregunta, a quien le exige su alma en cada letra, a quien requiere de manera ciega y le hace ese guiño coqueto cada segundo que aparece y desaparece, no tengo nada que decirle.

Este 2018 me sorprende con la mente en blanco. Completamente,  como si fuera un tablero borrado o me hubieran hecho una lobotomía. Quizá la descripción más acertada sería ese blanco sin matices que azota a todos en El ensayo de la ceguera de Saramago. Intento escarbar en ella en busca de una idea original, una frase ingeniosa, algo qué decir, pero nada, siento como si todas las ideas se hubieran ido o quizá nunca hubieran estado allí del todo.

Lo curioso es que más allá de preocuparme o estar angustiado siento tranquilidad, el disfrutar de los pequeños actos de la vida sin pensar en el mañana. Todo esto me lleva a preguntarme si en verdad soy un escritor o alguna vez lo he sido. Nunca seré un Cortázar, un Saramago o un Borges, mi talento nunca ha sido tan grande, ni tan diminuto como para haber publicado un libro por pequeño que fuera, es cierto que disfruto muchísimo al escribir, la soledad de quien lo hace, ese pequeño momento de comunión con la soledad, el ruido de los dedos cayendo sobre el teclado como si fueran gotas de lluvia, pero a veces siento que no es suficiente.

Cuando era más joven soñaba con ser un gran escritor. Mi ambición era escribir algo maravilloso que logrará tocar el alma de muchas personas,  más allá de eso, lograr una especie de fama, así fuera pequeña, que logrará enorgullecer a mis padres. Al final, ambos murieron y no logré publicar –ni escribir- el libro de marras y la única victoria pírrica que me queda es haberles dado todo el cariño y el amor del mundo. Mi mamá decía que qué importaba ser famoso, si no eras una buena persona y que siempre se enorgulleció del hijo que fui con ella. Espero que eso fuera suficiente.

Hace poco recibí una carta de mi hermana y me puso a pensar. A veces pienso que mis letras pueden ser rimbombantes y un poco postizas como si olvidara que lo verdaderamente importante es lo que sale del corazón como lo hace ella, lo que en apariencia parece sencillo pero por esa misma razón es mucho más profundo y sincero, pero también pienso que es mi manera de expresarme, nunca he podido hacerlo mejor que cuando escribo, mis palabras siempre me suenan torpes y vacías, pero cuando escribo soy yo. Y quizá sea esa persona rimbombante que no sea capaz de comunicarse de otra forma.

Hace un tiempo conocí un grupo de escritores que tienen cierta fama. Quise ser como ellos, desesperadamente,  pero con el tiempo siento que ya no tiene importancia. El mundo es tan grande y la vida tan corta que al final hay cosas más importantes que si te publican un libro o no. Las personas van y vienen, la fama es efímera y las personas que celebraron tus triunfos son los primeros en irse cuando el barco se hunde. Y al final comprendí que las letras no están para quienes solo buscan fama o reconocimiento, si no para quien las escribe desde el fondo de su corazón. De manera ardiente y visceral.

Una amiga me dijo que quizá este vacío se debe a que estoy haciendo las paces con el pasado. Aceptando las pérdidas y reconociendo quien soy. Otro amigo me dijo que sólo se debe escribir por diversión, porque nos hace felices o nos ayuda a expulsar nuestros demonios. Quizá lo único importante es simplemente respirar, mirar al cielo, contemplar las estrellas, besar y abrazar a quien amamos, vivir, y en ese interludio es probable que las letras pérdidas lleguen a llenar ese vacío.







domingo, 31 de diciembre de 2017

2017

Hace algún tiempo me enamoré de una mujer. Lo hice de la única manera en que sé hacerlo: Con toda la pasión y el alma porque el amor puede ser todo menos tibio. Hice lo posible e imposible porque ella sintiera lo mismo que yo, pero a pesar de todos mis esfuerzos -o quizá por ellos- nunca me quiso de la misma manera en que yo lo hacía.  Curiosamente este año, en cierto sentido, me ha resultado similar a lo que sentí en esa época que amé a esa enigmática mujer de ojos oscuros.

Personalmente ha sido un año de extremos. He tenido la más grande de las tristezas y la mayor de las alegrías en mi vida. La mujer que más amaba murió y la que más amo nació.  Mi madre falleció en febrero luego de resistir como las más valientes esa enfermedad de mierda que es el cáncer y mi hermosa sobrina, hija de mi adorada hermana y mi querido cuñado,  nació en octubre siendo fiel a la ley de los escorpiones (esa que dice que en el transcurso de un año de su nacimiento muere alguien en la familia y viceversa). Podría decir como Dickens que para mí fue el mejor de los años y el peor de los años (Carajo, ¿cuántas veces voy a seguir citando este fragmento? Pero a la vez es tu culpa Charles, qué pedazo de frase).

Para el mundo ha sido un año de aceptar las consecuencias de sus actos. Colombia apenas está asimilando que el proceso de paz es una realidad y ‘fuerzas oscuras’ buscan por todos los medios acabar con un hito histórico para el país. El mundo se acostumbra a Trump, sus rabietas y las  decisiones irresponsables que en cualquier momento pueden prender la mecha de una nueva guerra y territorios como Cataluña sueñan con la independencia sin saber que su fuerza proviene de la unión.

El próximo año será decisivo en muchos aspectos. La lucha feminista que cada vez toma más fuerza deberá demostrar de qué está hecha y si en verdad busca una nueva sociedad inclusiva y llena de oportunidades para las mujeres o se queda en el odio y la guerra de sexos. Las elecciones del próximo año en Colombia son las más importante en mucho tiempo, de ellas depende el rumbo que tome el país en el futuro, sí desea apostar por el perdón y la paz o si quiere seguir enfrascada en un espiral de odio y violencia por los siglos de los siglos.

Retomo lo que les decía al principio. Me enamoré locamente de esta mujer, fue amor a primera vista, como quizá nunca lo haya hecho en la vida. Decidí actuar y vaya que lo hice, quizá más tiempo del que debí, lo hice con todo mi corazón y empeño, esperando a que ‘el universo conspirará en mi favor’ como dicen por ahí los gurús de la autoayuda pero no pasó absolutamente nada. Simplemente yo no le gustaba y nada habría logrado cambiar ese hecho (como en efecto pasó). De aquello me quedó una enseñanza y es la razón por la que este año se parece tanto a esa vivencia.

No escogemos lo que nos pasa, no hay un dios benevolente o castigador o un universo conspirando a tu favor, para morir basta estar vivos y para vivir basta con aprovechar cada bocanada de aire. Salir a la calle es una batalla diaria donde todo puede ocurrir, podemos ganarnos la lotería, enterarnos que nuestra madre tiene cáncer, encontrar al amor de la vida al voltear la esquina o que alguien a quien queremos esté pasando por un mal momento ; lo que sí depende de nosotros es decidir qué hacer, podemos quedarnos en la rabia o el dolor, aplastados por la vida  o actuar, luchar contra la adversidad como leones; sin embargo, al igual que en lo que les conté, es posible que la dama en cuestión no se enamoré de ustedes, que esa madre muera, que el negocio aquel no funcione, que te despidan del trabajo, en fin que todo se vaya al carajo no importa que tanto lo intentemos, y está bien. El sabor de la vida es precisamente esa incertidumbre, esa inseguridad, ese ‘cualquier cosa puede pasar’.

Entonces eso es lo que me queda de este año. Saber que la vida no siempre funciona como lo esperas a pesar de todos tus esfuerzos. Lo que no quiere decir que haya que quedarse de brazos cruzados, ¡al contrario! Son nuestras acciones las que deciden nuestro destino, es el amor que damos a pesar de los tiempos adversos y sobreponernos a las dificultades lo que verdaderamente importa, es dejarse la piel por nuestros ideales y  seres amados así en ocasiones fallemos, lo que verdaderamente le da sentido a la vida, así  como aprovechar cada segundo cada momento bueno como malo con toda la intensidad es definitivo porque como dice el gran Enrique Bunbury: “Un momento se va y no vuelva a pasar”.

En este momento veo a mi sobrina,  sus ojos de recién nacida y me pregunto qué le deparará el futuro y su vida. Mi compromiso con ella para este 2018 (y quizá el resto de los años) es tratar de ser un mejor ser humano más tolerante, más compasivo, sin odios y envidias, para dejarle un mejor mundo. A todos quienes me leen y me han dado el privilegio de su amistad tanto real como virtual les mando un abrazo gigante y que este año se cumplan todos sus deseos.


¡Feliz 2018!


sábado, 30 de diciembre de 2017

Mi top 10 de libros leídos en el 2017

Este año tuve el privilegio de leer 33 libros. Algunos buenos, otros excelentes y otros inolvidables (por fortuna ninguno malo, la vida es muy corta y hay millones por leer para malgastar el tiempo). Este es mi top diez de libros. ¿Cuáles fueron sus favoritos este año?



10. Kingdom come de Mark Waid y Alex Ross

Este comic publicado en 1996 se adelanta al pensamiento que ya hemos visto tratado en las películas de superhéroes actuales. ¿Quién vigila los vigilantes? ¿Quién puede mantener a raya a seres tan poderosos como los dioses?  Por primera vez vi un Superman atormentado con tendencias oscuras  y totalitaristas quien a pesar de ello no pierde su esencia. Los dibujos de Alex Ross son poesía pura. Una novela gráfica que no solo los seguidores de superhéroes sino todos deberían leer.





9. Hombres de armas de Terry Pratchett

Todos lo que conocen mis gustos lectores saben que Terry Pratchett es uno de mi autores favoritos no solo de fantasía, que es donde él está enmarcado sino de literatura como tal, es tal su manejo exquisito del lenguaje y la ironía. En esta nueva aventura vemos la conformación actual de la guardia de la noche de Ank-Morpork y la amenaza de una nueva arma que habría de cambiar la historia: El devolver.  Este libro  como toda la obra de Pratchett no solo es un trhiller sino una mirada aguda y ácida del mundo.






8. El bazar de los malos sueños de Stephen King

Debo confesar que a pesar de ser un seguidor del Maestro del Terror Stephen King me parece que sus mejores obras son las que escribió durante el  siglo XX, los últimos años a pesar de tener libros muy buenos (Duma Key, Doctor Sueño, 22/11/63) no deslumbra tanto  como lo hizo en el pasado, debo reconocer que este libro ha demostrado lo equivocado que estaba y que el mejor King sigue estando allí dispuesto a cerrar bocas.  Esta antología demuestra que el estadounidense  no solo domina el terror sino cualquier género que se proponga y lo hace de manera contundente como solo los buenos maestros lo saben hacer,





7. Dune de Frank Herbert

Es uno de los clásicos de la ciencia ficción de todos los tiempos y no hay duda de la razón. El inicio de la saga de Muadib donde hay gusanos de arena gigantes, pueblos nómadas y conspiraciones galácticas  es magnética.  Herbert construyo un gran universo en este libro  que sin duda ha influido en los libros posteriores de ciencia ficción en un libro, que aunque bien, puede ser conclusivo vas a querer leer el resto de libros como nomada del desierto en busca de agua.





6. El nombre del viento de Patrick Rothfuss

Todo lo que se ha dicho de esta novela de fantasía épica es cierto. Esta historia está al nivel de los grandes clásicos del género  del género. Había escuchado mucho hablar de la saga del Asesino de reyes pero lo que encontré en este libro de Patrick Rothfuss superó todas mis expectativas. La historia de Kvothe lo tiene todos: Hechiceros, bardos, dragones, asesinos, todo contado de una manera muy amena y adictiva A pesar de sus más de mil páginas la historia se pasa como un suspiro y nos deja ansiosos de más de Kvothe y compañía y eso ya es suficiente halago.



5. Las partículas elementales de Michel Houellebeq
Dos hermanos, dos maneras opuestas de ver la vida. Mientras. Michel es científico, asexual y desapasionado, Bruno es un adicto al sexo y a los placeres carnales .  El lanzamiento de este libro de Michel Houellebeqc en 1998 fue motivo de escándalo por su carga sexual explícita y si fue escándalo en Francia ya se imaginarán el resto del mundo. Del libro me quedo con su primera parte, donde explica la historia de los dos hermanos y las repercusiones de tener una  madre hippie y su crianza con cada una de sus familias (son medios hermanos) y si bien las otras partes son buenas, decae un poco en el ritmo. Donde el libro hubiera tenido la misma potencia del principio sin duda estaría mucho más arriba en este listado.

Del libro solo quedo con dos interrogantes: ¿Por qué el autor cree que los 40 años es el declive del ser humano? Pinta a sus protagonistas como si tuvieran 90 años. no es que  lo diga porque yo mismo esté más cerca de esa edad y me sienta como un lulo sino por genuina curiosidad y lo segundo….¿qué carajos estaba pensando Anagrama con esa portada? No tiene que ver ni con la historia, ni los protagonistas, ni con  la madre que los parió ni con nada, es un horror completo.




4. Cuentos imprescindibles de Chéjov

Nunca había tenido el placer de leer a Anton Chéjov a pesar de haber oído mucho de él. Leerlo es una experiencia única, sus cuentos que a simple vista son sencillos a más no poder esconden una sutileza y una belleza única. Cualquier cosa que pueda decir sobre este libro se queda corto ante la genialidad de este autor ruso. Lo mejor es que se sumerjan cuanto antes en sus maravillosos relatos.






3. Tiempo muerto de Margarita García Robayo
¿Qué pasa con el ‘amor después del amor’ como diría Fito? ¿Cuál es la realidad años después del ‘vivieron felices y comieron perdices’? Margarita García Robayo nos regala un gran libro que intenta responder de manera cruda y descarnada estas interrogantes. Pablo y Lucía son un par de inmigrantes que viven en Estados Unidos y tienen un par de hijos pequeños después de varios años de matrimonio. En apariencia lo tienen todo para ser felices pero esta maravillosa novela nos muestra que no hay verdades absolutas.

La novela no toma partido pero nos muestra de una manera brutal una relación de pareja al desnudo. Él, sin carácter, sumiso, infiel; ella, cruel, fría, ‘una malparida’ (en palabras de su cuñada) y de fondo los hijos, el amor que se acaba, la soledad que llega. Una novela maravillosa de una de las grandes revelaciones de la literatura colombiana actual que no pueden dejar de leer.



2. Cumbres borrascosas de Emily Brönte
Debo confesar que esperaba leer algo semejante a esas novelas de esa época  donde el único objetivo de la vida de sus protagonistas es casarse cuanto antes pero  la señorita Emily Brönte me ha callado la boca de manera categórica. Esta novela no habla de las bondades del amor sino todo lo contrario. La historia de Heathcliff, Katherine y Edgar Linton abarca el lado oscuro del amor: El orgullo, la soberbia y la venganza como motor de vida. Heathcliff no es un antihéroe, ni siquiera es un villano, es un pobre desgraciado consumido por el dolor y la amargura quien en sus ansias de venganza quiere destruir el mundo que le impidió ser feliz incluso si destruye la vida de quienes lo rodean en especial la suya. Esta novela es uno de los grandes clásicos de la literatura universal y con toda la razón, les garantizo que si comienzan a leerla no van a querer parar hasta terminar.


1. La perra de Pilar Quintana
Sin duda alguna el mejor libro que me leí este año. Pilar Quintana ha escrito un (pequeño) gran libro que estoy seguro que muy pronto  se convertirá en un clásico de la literatura colombiana. En esta historia seguimos la vida de Damaris, una mujer del Pacífico incapaz de tener hijos junto a su esposo Rogelio que adoptará a la perra que le da nombre al libro en quien depositará todos sus deseos y frustraciones…

 Es un libro duro y sin concesiones que no solamente habla de la maternidad, sino sobre la soledad, el amor, la muerte,  lo que es ser mujer en un entorno agreste porque el mar es otro de los protagonistas: Un dios terrible, cruel y asesino  que siempre está presente, Pilar estuvo viviendo varios años de su vida en este ambiente y se nota pues la narrativa es tan potente que las páginas nos sumergen en estos maravillosos y terribles parajes.   Es una novela cruel, sin misericordia por sus personajes, con un lenguaje hermoso dentro de su aparente sencillez y lo conciso de sus descripciones, pero al mismo tiempo magistralmente escrita y de una dulzura impresionante, como la vida misma.


Recomendada a ojo cerrado. El mejor regalo que pueden darse estas fechas es leerse este libro. De nada.