jueves, 4 de febrero de 2016

Rocky


Iba a hacer una reseña de la nueva película de Rocky, Creed la leyenda de Rocky, muy recomendada por cierto, ya que  toda la emoción, todo el corazón de las mejores películas de la saga está plasmado de manera magnífica en esta nueva entrega, y sin embargo, creo que este personaje creado por Sylvester Stallone ha significado tanto para quienes lo hemos seguido a lo largo de los años que merece tener su espacio propio.

La historia de Sylvester Stallone y la de Rocky están íntimamente ligadas. Me gusta imaginarme a Stallone, ese grandulón quien pasó las duras y las maduras, aguantando frío y hambre en busca de un sueño, llegando incluso a participar de una película porno para poder sobrevivir, quien una noche de 1975 después de ver una pelea entre Ali y Chuck Wepner, tuvo la inspiración para la creación de ese peleador perdedor con corazón de oro.

El camino no fue fácil, quienes leyeron su guion intentaron convencerlo de que lo vendiera, que querían un ‘actor de verdad’, pero se mantuvo firme, quería ser él quien protagonizará la película e insistió tanto en su propósito que quienes compraron la historia finalmente cedieron dándole una cifra irrisoria pensando en que la cinta no triunfaría. El resto es historia.

Nadie mejor que Stallone para encarnar a Rocky. Su mirada torpe y melancólica refleja el alma de ese boxeador destinado al fracaso a quien un día el destino le da una oportunidad de oro enfrentándose al campeón invicto y todopoderoso.

Una de mis escenas favoritas de todas las películas es cuando se enfrenta al campeón Apolo Creed (muy bien encarnado por Carl Weathers). Están en el último asalto y Creed derriba a Rocky, todos le dicen a Balboa que se quede en el piso que dio una gran pelea, pero él, terco y tozudo decide levantarse y seguir la pelea dándonos uno de los mejores finales de la historia del cine. Esa es la esencia de este personaje: Levantarse a pesar de los golpes de la vida –y sus contrincantes- y seguir el combate hasta el final. Esta es la escena (quien no se haya conmovido con ella, sencillamente no tiene corazón)



Después vendrían las secuelas. Todas muy divertidas e inspiradoras donde seguimos la evolución del guerrero que incluso se convierte en propaganda en plena Guerra Fría cuando combate con Ivan Drago, el mayor boxeador ruso. Otra de mis escenas favoritas es el entreno que hace en los hostiles parajes de la Unión Soviética para enfrentarse con el terrible soviético. Muchas veces cuando estoy bajo de ánimo veo esta escena una y otra vez y es tal la energía que le mete Stallone que uno termina listo para afrontar los retos de la vida, esos Ivan Drago que están dispuestos a acabarte en la vida cotidiana. Comparto la escena….




Después de cinco películas uno pensaría que ya todo estaba dicho con respecto al personaje. Pero Sly sorprendería a propios y extraños sacando la sexta parte en 2006, donde su amado personaje ya está viejo  y cansado. En esta parte vemos la evolución tanto del personaje como del actor y no dejamos de sorprendernos y emocionarnos con su regreso.

En una entrevista Stallone confiesa que no quería hacer la séptima parte en donde entrena al hijo de su rival y amigo Apolo Creed, pero fue tanta la insistencia del director de la película que lo terminó convenciendo. Como dije al inicio de este artículo la película es maravillosa. El tiempo que todo lo acaba, como lo dice el mismo Rocky a su pupilo, se ha cebado en él, ya no es un hombre lleno de energía y vitalidad, sino un hombre solitario que está en el ocaso de su vida quien ve en Adonis el hijo de  a su amigo y rival, pero también un reflejo de si mismo, de ese corazón ardiente que está dispuesto a devolverle a la vida un par de golpes.

En la pasada edición de los Globo de Oro Stallone ganó uno de los premios por este entrañable personaje. En su discurso, el actor agradeció a Rocky Balboa a quien llamó su mejor amigo imaginario. Quienes hemos seguido por décadas a este gran personaje y quien lo hemos sentido como un viejo conocido, un amigo que nos impulsa y nos motiva también le agradecemos a él por su gran creación. 







viernes, 29 de enero de 2016

The hateful eight o el placer del buen cine






Título: The hateful eight
Director: Quentin Tarantino
· Reparto: 
- Samuel L. Jackson como el mayor Marquis Warren, El Cazarecompensas
- Kurt Russell como John “La Horca” Ruth, El Verdugo
- Jennifer Jason Leigh como Daisy Domergue, La Prisionera
- Walton Goggins como Chris Mannix, El Sheriff
- Demian Bichir como Bob, El Mexicano
- Tim Roth como Oswaldo Mobray, El Hombrecillo
- Michael Madsen como Joe Gage, El Vaquero
- Bruce Dern como el general Sandy Smithers, El Confederado


Sinopsis
Una diligencia se dirige veloz hacia el pueblo de Red Rock, en su interior se encuentra un cazarecompensas, John Ruth,  con su prisionera, Daisy Domergue, una peligrosa criminal. El carruaje hará un alto en el camino donde dos hombres se unirán al grupo, otro cazarecompensas Marquis Warren y el nuevo sheriff de Red Rock, Chis Mannix. Obligados por una tormenta la diligencia deberá hacer un alto en la Mercería de Minnie, donde hay alojados tres hombres además del encargado provisional del lugar. Sin embargo, Ruth sospecha que en ese lugar uno de ellos no es quien dice ser y hará lo posible por asesinar a los demás y liberar a Daisy…

Los primeros minutos de la octava película de Quentin Tarantino son una declaración de intenciones. Los planos son largos, el ritmo es pausado y los diálogos predominan. A pesar de ello conforme van pasando los minutos el ritmo se siente opresivo, en especial al llegar a la Mercería de Minnie donde sabemos que hay una serpiente camuflada entre los huéspedes y donde la traición y la muerte se esconden dispuestas a salir en cualquier momento.

He oído muchas críticas a esta película, una amiga me dijo que vio a varias personas salirse del teatro durante la función. Quizá la culpa sea del mismo Tarantino quien malacostumbró a la audiencia con películas como Kill Bill y Django donde la acción, los tiros, las acrobacias imposibles y la sangre se ven a tutiplén. Esta película no tiene esto. Es cierto que no faltan la escenas fuertes, los asesinatos y demás, pero son un complemento duro y necesario, no la esencia misma del filme.

Acá lo verdaderamente importante es la construcción de los personajes y es donde se ve la maestría de Tarantino. Cada uno de ellos tiene un magnetismo irresistible adobado con las magníficas actuaciones del elenco a quien el director saca hasta la última gota, los diálogos incluso los más trascendentales tienen un transfondo mucho más importante de lo que se ve a primera vista (el caso de la carta de Lincoln, por ejemplo).

Una de las cosas que más disfrute de esta película es precisamente eso, la manera teatral en que está rodada. Coges unos personajes muchos de ellos caricaturas o exageraciones de un estereotipo (como el vaquero interpretado por Madsen o el Mexicano de Demian Bichir) , los encierras en un lugar y el coctel resulta explosivo. No necesitas de nada más, simplemente un guion brillante, unas buenas actuaciones y un ambiente claustrofóbico y dejarlas a su suerte.

Algo que me llamó mucho la atención es el ambiente que tiene la película. Tanto en esta como en su anterior película Django se explota tanto el viejo oeste como el racismo. En el caso de Django es más espectacular, más exagerado, en esta película, la historia se desarrolla años después de la Guerra Civil norteamericana (para los que no saben fue cuando Norte y Sur se enfrentaron por la esclavitud) y las heridas sin cerrar, el odio, las venganzas sin ejecutar y el racismo son latentes siendo explotada de manera brillante en la historia que dos de los protagonistas tienen en común. No sé por qué pero creo que mucho de lo que se ve en esta historia ocurrirá en Colombia cuando finalmente ocurra el postconflicto.

  En cuanto a la música no hay mucho que decir. Su compositor, Ennio Morricone no es ningún novato en esto de hacer música para los westerns, suya es la música de la trilogía del dólar dirigidas por Sergio Leone y donde un joven  y desconocido Clint Eastwood se convertiría en una gran estrella. En esta ocasión la música es  -a primera vista- muy básica pero al mismo tiempo es magistral pues calza perfecto con el ambiente claustrofóbico y demencial de la historia.


¿Buscan diálogos inteligentes? (El de Tim Roth, por ejemplo hablando sobre la justicia del verdugo es una joya) ¿Una puesta en escena donde cada detalle cuenta? ¿Actuaciones soberbias? ¿Giros típicos tarantinianos? ¿Sangre y gore en su justa medida? Entonces no lo duden estos Hateful eight esperan por ustedes.



martes, 26 de enero de 2016

Sobre las crisis

 Comienzan de cualquier manera: Puede ser algo que viste una noche en una discoteca que puede romper tu corazón en mil pedazos y cuyas imágenes te perseguirán durante mucho tiempo en las noches más tristes y solitarias, o un premonitorio tenemos que hablar cuyo desenlace sabes mucho antes de la consabida charla, o simplemente una llamada una mañana de trabajo llena de malas noticias que te dejan de piedra al saber que eres  completamente impotente ante la magnitud de los hechos.

Empieza la crisis. Te das cuenta que a pesar de la buena voluntad de muchos estás completamente solo. El mundo se convierte pues en un lugar inhóspito y agreste, no te apetece nada más que dormir y esperar que las malas noticias, los recuerdos dolorosos, las palabras y esas imágenes similares al fantasma de las navidades pasadas desaparezcan, pero no lo hacen. Esos hechos, esas palabras, eso que viste han llegado para quedarse, peor aún, con el transcurso de los días empiezan a tomar una fuerza inusitada, nacen, crecen y se hacen parte de ti, se convierten en una carga que no has pedido pero que definitivamente tendrás que cargar.

Decides alejarte de aquello que tanto te lastimó. A veces es sencillo, puedes irte lejos o mandar a la mierda ese problema o esa persona que lo hizo, otras veces sin embargo, es prácticamente imposible, el causante de tu sufrimiento está cercano a ti ya sea de manera física o simbólica y no hay una manera posible y cercana para alejarse de ella.

Aprendes a convivir con ello. Haces lo humanamente posible para adaptarte a la situación, resilencia que le llaman, te vuelves frío con el causante de tu sufrimiento sabiendo que esa persona ya es lejana e inexplicablemente feliz, a pesar de saber el dolor que te ha causado; cortas todo vínculo con lugares, situaciones y personas que te atan a ella a pesar de saber que no tienen culpa en este embrollo y te das cuenta, como dije más arriba, que estás solo. En ocasiones, la gente que más quieres está lejos, terriblemente lejos, a veces están a poco menos de una hora de vuelo en un avión pero sientes que la distancia es similar a mil años luz. Tienes amigos pero muchas veces son simplemente un mensaje rutinario en Whatsapp o que tienen sus propias vidas, sus propios problemas, entidades que se vuelven palabras, etéreas y distantes.

Te refugias en mundos lejanos y abstractos, distantes al devenir de la humanidad, los libros, el cine, las series, los hobbies, la escritura (yo mismo en una de las crisis más duras que he tenido escribí una novela, en palabras de alguien lo más macabro  y cursi que alguien pudiera haber escrito jamás) y tratas de que los recuerdos y el dolor no lleguen hasta ahí, pero ellos se apañan para encontrar los pequeños resquicios para colarse y recordarte que estás herido y que quizá esos vanos intentos por olvidar son simplemente cortinas de humo que no solucionarán el mal momento que estás pasando.

Y aprendes que hay dos tipos de personas. Está el pequeño cabrón, una persona sin importancia y patética, pequeño emperador sin corona quien simplemente cree que humillando a los demás se siente superior, un ser estúpido al que tú mismo le das una importancia que no merece, y aquella persona en la que confiaste, en la que creíste ciegamente, a quien le diste tu alma, corazón y  tiempo, quien olímpicamente pasó de ello y jugó billar con tus sentimientos. Es, desde luego, la que más duele, depositaste todo en ella, sin saber que también era humana y que de seguro no tuvo la misma importancia que tú creíste que tenía y te decepcionó de formas que no creías que existieran. Reflexionas y te das cuenta que has hecho exactamente lo mismo y has lastimado a otras personas que te han amado de igual manera.

Se dice que el amor es la fuerza más poderosa que existe en el mundo. Creo que tal vez ese sentimiento es el más sobrevalorado, también el dolor y la rabia tienen la misma intensidad, y sin embargo son mucho más agotadores. Cuando te mueves con esos impulsos puedes llegar muy lejos y no dejar que los recuerdos te destruyan por completo, pero al mismo tiempo son fuerzas que aunque necesarias en ciertos momentos pueden llegar a acabar contigo mismo.

Pero te da cuenta que a pesar del dolor, de aquello que te desgarra el corazón en las noches y en las más negra de las pesadillas, el mundo sigue girando. Tu verdugo continúa adelante con su vida, el sol sigue saliendo, las estrellas continúan fijas embelleciendo tu vista, las noticias siguen ocurriendo y las cuentas siguen sin pagar estés vuelto mierda o no.

Hay una frase de Haruki Murakami que me da vueltas en los momentos más aciagos: "Y una vez que la tormenta termine, no recordaras como lograste, como sobreviviste. Ni siquiera estarás seguro si la tormenta ha terminado realmente. Pero una cosa si es segura. Cuando salgas de esa tormenta, no serás la misma persona que entro en ella. De eso se trata esta tormenta.". Esperemos que así sea.


El ser humano, ese universo tan complejo e infinito, tan efímero, pero a la vez tan lleno de cicatrices…..

miércoles, 13 de enero de 2016

Las mecánicas del amor

La cuestión va así: Buscamos a una persona con quien compartir lo que somos, momentos, lugares, la creación de recuerdos que nos llenarán de felicidad en el presente y que miraremos en el pasado con nostalgia, buscamos imbuirnos en su  mundo y así no lo pretendamos, apropiarnos de ella, de sus pensamientos, su cuerpo, su alma.

Siempre he pensado que es demasiado profundo, quizá demasiado ambicioso y creemos que ocurrirá de manera fortuita o que está a la vuelta de la esquina. ¿Qué nos garantiza que esa persona con la que pueda haber ese tipo de complemento está tan cercana? ¿Qué tal si él o ella nacieron en un país o en un continente lejano al que nunca iremos? ¿Si tiene veinte o treinta o cuarenta años más o menos que nosotros? ¿Si tiene una enfermedad terminal o fue abortada? ¿o si sencillamente nunca la conoceremos? Quizá la persona a la que decidimos querer nunca fue la indicada pero era quien estaba más cerca de nosotros, es posible que la mayoría de las parejas se unan más por el miedo de estar solas que por una verdadera conexión espiritual y física.

Estar enamorados no es otra cosa que ir con el corazón desnudo y desarmado al encuentro de otra persona, otro universo con sus preocupaciones, demonios y alegrías y donde vamos a tientas sin tener ninguna certeza.

Al apresurarnos al encuentro se corren riesgos, claro está. Por un lado es posible que esa persona que nos deslumbró en un inicio no sea lo que esperamos y no seamos capaces de corresponderle con la misma ternura, la misma inocencia con la que ella nos ofrece su alma; o por el contrario seamos nosotros quienes ponemos toda la carne en el asador por una persona a la que no le importamos, que nos arranca el corazón y lo pisotea para dejarlo los pedazos sanguinolentos desperdigados en el asfalto.

Lastimar y ser lastimados quizá esa es la respuesta a las relaciones que intentamos entablar porque incluso aquellas que en un principio se ven exitosas se van desgastando poco a poco, cayendo ante el peso de la rutina o las tentaciones o simplemente porque a veces es demasiado difícil lidiar con otra persona, vaya si a veces es verdaderamente complicado hacerlo con nosotros mismos imagínense con otra persona que nos mira esperando quién sabe qué de nosotros.

Y aun así lo seguimos intentando una y otra vez con la fe ciega de un fanático religioso. Durante esos primeros días del deslumbramiento romántico pensamos que sí, que esta vez será todo diferente, que esta persona vale la pena y seremos tan felices como los protagonistas al final de una novela y caemos nuevamente sabiendo que la decepción se esconde a la vuelta de la esquina, esperando días, meses, quizás años para aparecer.

 Todo esto hace parte de la naturaleza humana. Está dentro de nosotros ser cariñosos, incluso dentro de las personas más frías y hoscas quienes lo son a su manera, somos incapaces de resistirnos a esas primeras miradas clandestinas donde sentimos hacer clic con ese desconocido que nos ha cautivado, ese primer beso dado con miedo y desconfianza de no saber si será o no rechazado, la primera vez que se tiene sexo o ese ‘te amo’ que hace el universo tan especial.


Creo, a  pesar de todo lo que he dicho anteriormente, que a pesar de contentarnos con lo que tenemos más cercano, de ser víctimas y verdugos con personas que nos han amado y hemos amado, de los problemas, la rutina y de que al final de una u otra forma todo terminará –ya sea porque esa persona o nosotros mismos decidimos marcharnos o porque alguno de los dos muere- enamorarse, sentir que a uno le gusta alguien tiene un encanto maravilloso y eso es lo que nos hace humanos… siempre fluir entre los extremos del Eros y el Tánatos una y otra vez hasta la muerte.

miércoles, 30 de diciembre de 2015

De lo que me dejó el 2015

Los dos años que acaban de pasar son quizá los más difíciles que me han tocado vivir hasta ahora. En estos 24 meses he perdido tanto de manera física como simbólica mucha  gente que amé y cuya partida me dejó al borde del abismo, también me pasó lo mismo con algunas creencias que tenía y hasta con las cosas físicas, vaya, incluso hasta un ladrón se metió a mi apartamento y me robó el portátil mientras dormía para demostrarme que no hay que dar nada en la vida por sentado.

He pensado profundamente en el significado de todo esto. Siempre he creído en el destino, así seamos nosotros mismos quienes  lo construyamos, y estoy convencido que las cosas pasan por algún motivo. Creo que lo que la vida intenta enseñarme de manera desesperada una y otra vez es que debo aprender a desapegarme de personas, posesiones físicas e ideales.

Nunca he creído mucho en las filosofías orientales que predican esta doctrina. Opino que lo que nos hace humanos son los apegos, el aprovechar los placeres simples, un monje tibetano nunca va a disfrutar de un buen vino, un abrazo, un suculento trozo de carne o un buen polvo porque para ellos esto es simplemente el tránsito hacia el nirvana o la reencarnación. Por el contrario, yo creo que son los momentos que experimentamos aquí y ahora, un beso, un abrazo, contemplar un cielo estrellado o un amanecer con quien nos enloquece los que hacen que la vida valga la pena.

Sin embargo es posible que me haya ido al otro extremo y haya confiado demasiado en personas, objetos e ideas que a la larga no valían tanto la pena. Olvidé por un momento que la vida no es otra cosa que una sucesión de saludos y despedidas continúas e ininterrumpidas hasta nuestra muerte. Las personas entran y salen de nuestra existencia como en una obra de teatro a veces de manera tan efímera que nos sorprende lo breve de su presencia pero el rol tan importante que desempeñaron en ella.

Este año aprendí a desconfiar de las palabras. Las escritas sólo sirven para llenar un papel en blanco y las que son dichas se las lleva el viento. Son nuestras acciones las que nos definen. Son las personas que más nos dicen que nos aman y que somos importantes para ellas, las primeras que nos lastiman y rompen con la sevicia de un verdugo. Muchos cacarean que se quedarán a nuestro lado pero al final se terminan yendo en medio de excusas tibias.

Pero, para nuestra fortuna, estarán los de siempre. Los que no se vanaglorian tanto, los que hablan con las acciones y quienes nunca nos abandonarían, ni siquiera cuando el viento esté en nuestra contra y hayamos descendido hasta los infiernos. Son esas personas, ese puñado, quienes valen la pena y quienes nos empujan a seguir luchando día tras día.

 A quienes se fueron, a quienes me traicionaron y me hirieron con rabia con odio o con las mejores intenciones, en cierto sentido les agradezco. Las lecciones de vida que me han enseñado no serán olvidad y no está acabado quien lucha una y otra vez. Siempre me he considerado como el toro, que embiste con gallardía, fiereza y nobleza una y otra vez hasta lograr su cometido o ser derrotado en el combate y no será diferente con la vida misma donde dejaré la sangre en el ruedo y triunfaré o fracasaré pero creo que ya se está acabando el tiempo para las medias tintas.

Para las personas que han seguido a mi lado a pesar de las adversidades. No hay necesidad de nombrarlas porque ellas saben quiénes son…para ustedes mis queridos amigos, amigas y familiares, mi gratitud eterna e infinita, gracias por acompañarme en la senda y espero ser de tanto apoyo para ustedes como lo son conmigo. Mi alma les pertenece.


Les deseo el mejor 2016 para todos. 




lunes, 28 de diciembre de 2015

Breve manual de regalos navideños gatunos

Por: El Gato Bandido

¡Ah, la navidad! Época hermosa de renos y nieve en el trópico, de comer como cerdos salvajes, de trancones infinitos, de luces hasta en el baño, de pesebres donde se asoman de manera indecente Batman, un Power Ranger o un Tiranosaurio Rex al lado de una oveja de Belén y donde fluyen litros y litros de aguardiente que harían sonrojar al río Cauca.
¡Ah, la navidad! El momento donde demostramos cuánto queremos a nuestro prójimo y donde guachimanes, taxistas, lecheros y senadores muestran la más grande de las sonrisas porque esperan que el aguinaldo sea directamente proporcional al servicio que dan. Es en esta época donde uno empieza a quebrarse la cabeza buscando el regalo ideal para los más queridos y donde recordamos que muchos de los que nos han dado se reducen a un par de medias y un almanaque Bristol del año que se viene.

¿Qué regalar en estas fechas? Esa es una de las preguntas que junto a qué quieren las mujeres y porque siguen eligiendo a los mismos corruptos periodo tras periodo se han hecho los filósofos desde tiempos inmemoriales, pero no desesperen porque este diario gatuno tiene las mejores ideas para quedar como un príncipe en estas fechas (Advertimos eso sí, que nos lavamos las manos en caso de que los deshereden del testamento familiar o que la pareja los mande  dormir en el sofá después de cortarle los servicios de manera indefinida)

Para el amigo hincha del América: Un volquetada repleta de kleenex doble hoja, extra seco. Viendo el paupérrimo y lamentable desempeño de ‘La Mechita’  estamos convencidos que son muchas las lágrimas que Los Diablos Rojos aún le depara a su sufrida grey.

Para la pareja: “La Fogata sin tiempo” el poemario del senador, médico, intelectual, escritor y vate Roy Barreras.  ¿Qué mejor para el amor que los poemas que incluso Pablo Neruda envidiaría? Los versos de este libro son tan temibles  que después de haber leído el primero de ellos (si es que ella tienen la osadía de terminarlo) que la amada decidirá cerrar el libro para no abrirlo jamás y decidirá pasar el tiempo haciendo algo mucho más divertido y provechoso en pareja.
Bonus: Si alguna vez pelea con la pareja podrá hacer uso del libro y leerlo en voz alta para torturarla.


Para el hijo universitario: Los 20 tomos de la enciclopedia británica. Sabemos que las esperas en el MIO pueden ser eternas, y que dada la inseguridad, y los vendedores de maní, mango, chontaduro y cantantes de rap conciencia social, no es aconsejable sacar el celular, creemos que es una buena idea ocupar el tiempo en algo productivo. Afortunadamente sabemos que un ladrón jamás robaría un libro por lo que el beneficio es mutuo, el pelao no sólo ocupará su mente sino que se convertirá en un cúmulo de conocimiento y saber.

Para la abuelita hipocondríaca: El plan de EPS que tiene el vice Germán Vargas Lloras. No más filas, no más esperas de treinta días para una cita. Si averiguan y regalan cuál es el plan de salud de nuestro amado Vice podrán lograr que siete especialistas atiendan a la pobre viejecita ipso facto y le den quince días de descanso. Esperemos que para ese entonces la adorable ancianita siga viva.

Para el tío (que nunca falta) Furibista: Un libro con las recopilaciones de todos los tweets del hombre de la Mano dura y el corazón grande. Acá un regalo manual, les recomendamos reunir e imprimir todos los tweets que Alvarito ha publicado en su cuenta, imprimirlos y regalarlos. Sabemos que quizá en la impresión se le vaya más de la mitad del sueldo pero le garantizamos que el homenajeado será feliz con este regalo y que lo dejará en paz mientras lee su regalo que puede ser poco más de la mitad del año. Como ven un regalo donde todos ganan. 


Artículo aparecido en El Gato, el mejor periódico de humor del mundo y sus contornos.



miércoles, 23 de diciembre de 2015

Demasiada navidad

 Me despierta el estruendo. No sabría decir cuántas horas llevo dormido encima de la barra. Es noche de navidad  y tengo un sombrero ridículo en la cabeza, corrijo es noche de navidad, tengo un sombrero ridículo en la cabeza, estoy ligeramente embriagado y tengo el corazón roto en mil pedazos.

Levanto la vista, no hay nadie en el bar a excepción del mesero  que me observa con preocupación. Miro la botella de vino de la que estoy agarrado como un náufrago a una tabla o un bebé a una teta. Está vacía.

-Otra botella, por favor –digo mientras el otro me mira con un leve reproche pero alza los hombros y la trae­-. Bueno, pero que esto no parezca un funeral, ¿brindarías conmigo?

El hombre vuelve a alzar los hombros y trae dos copas.

-¿Por qué brindamos? No por las que se van, ni por las que vienen, ya habrá tiempo de pensar en ellas –detallo su rostro y comprendo finalmente a quién se parece- Oye, hoy es navidad y celebramos tu nacimiento, ¿no?

-Muchas gracias, señor  –responde el mesero, siguiéndome la corriente-.

-A tú salud, entonces…

Me dispongo a tomar la copa cuando la campanilla de la entrada suena. Un anciano gordo, barbado, sucio y sudando como un animal entra en el bar, lo acompañan una banda de siete enanos.

-¿Dónde está el cumpleañero? –grita el viejo acercándose al mesero, abrazándolo- Oye, antes de celebrar sírveme lo de siempre….

-¿Malta para los renos también? –responde el mesero.

-Desde luego, desde luego –se ríe el viejo con una especie de ho ho ho que me recuerda a un fuelle o algo parecido.

El mesero carga un galón de una bebida oscura pero antes de salir deja en la mesa del extraño grupo una botella de whiskey.  El viejo y los enanos empiezan a tomar, los chiquitines toman como cosacos pero no hablan mientras el panzón ríe y grita más de lo que toma.

-Oye tú, hijo –me llama- ¿quieres sentarte con nosotros a tomar una bebida de verdad?

En casa me enseñaron que es de mala educación despreciar una invitación y más si se trata de licor, así que me levanto y me dirijo hacia el extraño grupo.

-Muy bien, muy bien –me dice el viejete mientras corre a uno de los enanos- siéntate acá…mi nombre es Nicolás y estos son Alvi, Gabi, Cruci, Boni, Crici, Ani y Keli.

El trago es realmente bueno y me pierdo en su parloteo y los gruñidos sin sentidos de estos Oompa Loompas versión descontinuada. Habla del frío que hace en el polo norte, en el cuidado de los renos, la producción de regalos y lo mal que va el negocio y en los niños…pequeños tiranos chillones y mocosos, sino fuera porque estaba obligado a hacer lo que hace, dice mientras sorbe otra copa de whiskey, hace rato habría degollado a más de uno, y es que carajo jo jo, a veces creo que Herodes era un santo. Al rato no sé quién está más ebrio, si el rubicundo anciano, su recua de enanos o este servidor. Va a agregar algo más cuando la puerta se abre nuevamente.

Los recién llegados son un par de árabes y un negro. Están regiamente vestidos y su presencia es imponente aunque un poco soberbia. Dos llevan cofre en sus manos y el tercero una cadena que al final lleva incienso.

-¿Es aquí donde se celebra el cumpleaños? –pregunta el que parece ser el líder de ellos sin ocultar su cara de desagrado por el sitio.

-Debe serlo –replica el negro-. La estrella no miente.

-A darle por culo a la estrella –replica el tercero con acento español fuertemente marcado-. Hemos seguido la jodida estrella por Estambul, Cafarnaúm y casi nos linchan en Jerusalén. De acá no me muevo. Oye tú, muchacho –dice mientras me señala, tráenos un poco de sangría.

A estas alturas de borrachera no pienso desobedecer y no sólo encuentro una jarra de sangría detrás de la barra sino otra botella de whiskey que llevo a mi  grupo.

El viejo sigue tomando pero ya no se ríe y no deja de mirar a la mesa de los árabes. Finalmente no se contiene….

-¿No deberían estar buscando el camino hacia España? Para no llegar tarde, en el puto mes de enero como siempre.

-Vaya, vaya, nos habla la valla andante de Coca Cola –replica uno de los árabes-. ¿No deberías estar sentando niños en tu regazo?

-Siempre he tenido una duda –responde el viejo panzón ignorando el comentario anterior- ¿Cómo es que se llama el negro? Nunca he aprendido a saber quién es quién.

-¡Es afro! –dice el negro agitando la cadena del incienso y luego lanzándosela al decrépito e impactando en la cabeza de uno de los pequeñajos con cara de viejo.

Y allí se arma Troya. Los gnomos, el viejo se abalanzan sobre los extranjeros. Puño va, puño viene y yo observando toda la situación sin meterme con nadie hasta que uno de los duendes en medio de una jeringoza incomprensible se aferra mi pierna cual perro en celo y me muerde, yo no hago otra cosa que sacudirme y lanzar a este Critter de los infiernos contra una mesa.  Ciego de ira y de alcohol me abalanzo sobre la turba y golpeo, muerdo y aruño sin importar a quien.

De repente, se abre nuevamente la puerta.

Cinco árabes más, de aspecto humilde y cargando ovejas entran. Perfecto, no me sorprendería que en  cualquier momento entrará el FBI y nos arrestará a todos pensando que es la convención anual del Al Qaeda.

-Salaam – dice uno de ellos- es aquí la reunión para el cumpleaños de….

No dejan terminar al pobre Moro porque una botella arrojada por quién sabe quién  le impacta en la cabeza.

-¡Maktub! –grita uno de sus acompañantes y con sus acompañantes arremeten contra la turba.

El zafarrancho es impresionante, recibo puños, patadas de duendes, viejos, árabes y negros, una oveja me muerde y yo la pateo. Doy tantos golpes como recibo, y el lugar es un desastre, hay vidrios, mesas y sillas rotas, el alcohol se riega con tanta prodigalidad como la sangre pero nadie ceja en su furia. De repente se escucha un grito superior al jaleo.

-¿Qué carajos está pasando aquí? –exclama el mesero quien vuelve acompañado de un par de renos.

Todos se detienen y se empiezan a mirar apenados.

-Lo que dije era amaos los unos a los otros, no ‘cascaos’. Amaos, carajo, amaos.

-Empezó Nicolás –dice el negro mientras apuntaba al viejo.

-¡Me importan dos peces y panes quién empezó! –sigue gritando el mesero- Me hacen el favor y se disculpan todos y celebramos el jodido cumpleaños de una vez.

Todos se levantan y empiezan a darse la mano y abrazarse. Un par de enanos se abrazan amistosamente a mis piernas, uno de los árabes elegantes me abrazan sacándome el aire, una oveja me lame la cara  y el viejo me dice “este año has sido un buen muchacho, para el próximo te regalaré una mujer que no joda”, “No prometas imposibles”, le respondo mientras lo abrazo.

-Mucho mejor –dice el mesero- Ahora acomódense todos juntos que voy a tomar una selfie del grupo.

Nuestros cuerpos han visto días mejores. Entre nosotros hay varias narices, costillas, cabezas y huesos rotos lo cual no impide que sonriamos para la foto.

-Muy bien –dice riendo el cumpleañero- digan todos ¡FELIZ NAVIDAD!