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miércoles, 26 de abril de 2017

Mariana, Nairo y el resentimiento en Colombia

Para quien no haya visto noticias los últimos días la cosa va así: Nairo Quintana criticó duramente a la Federación de Ciclismo por su pobre gestión y  falta de apoyo a los ciclistas. Al poco tiempo se filtró un audio que Mariana Pajón envió a su papá  criticándolo y diciendo que ‘Nairo debería tener cuidado con lo que dice’ y que ‘mejor se ponga a pedalear porque cuando un deportista se mete en temas políticos la cosa no va bien’, cabe aclarar que su padre es vocero de Fedeciclismo.

Al día de esta filtración, Pajón emitió un comunicado diciendo que no tiene diferencias personales con Quintana pero que está en desacuerdo como expresó su inconformidad, a lo que Nairo envió un video diciendo que no creía que ella hablara con mala intención y que todo se reduce a puntos de vista personales y toca seguir investigando para el bien del ciclismo nacional.

¿Asunto arreglado? Desde que se filtró la conversación hasta la respuesta de ambos deportistas, miles de post en facebook, trinos en twitter y artículos se hicieron sentir, donde la multitud, juez y parte se puso a favor de Nairo, condenando a Mariana por sus palabras. La violencia de los comentarios fue inmensa pero todo se reducía a la siguiente premisa: Quintana tenía razón porque es humilde y denunciaba a los poderosos y Pajón es sólo una niña rica  y mimada que lo ha tenido todo en bandeja de plata y no ha tenido que lucharla como el ciclista boyacense.

La agresividad de los comentarios fue incrementándose con el transcurrir de las horas, incluso llegando a demeritar los triunfos de Mariana porque ‘corre en una pista cinco minutos y no aguanta horas como Naironman’ como vi por ahí, e incluso un artículo desafortunado, incendiario y mediocre que salió en Las2Orillas con el título de “Mariana Pajón, mientras los papás de Nairo venden ruanas en Cómbita, el tuyo es directivo de Fedeciclismo”.

Todo este incidente deja al descubierto un grave problema de la sociedad colombiana. Nos carcome el odio y el resentimiento: Se perdió una oportunidad de oro de dar un debate por la gestión de Fedeciclismo por andar hablando de si Nairo fue pobre o Mariana nació en cuna de oro.

Es estúpido pensar que Nairo tiene razón porque es (o haya sido) pobre y Mariana una persona que no sabe nada porque nació en una posición privilegiada. Ese pensamiento retrogrado y maniqueo es en parte culpable de la mentalidad mediocre del colombiano que en lugar de luchar por oportunidades busca culpables por su situación.

¿Y qué si Mariana nació en un estrato alto? ¿Qué debería hacer? ¿No aprovechar la oportunidad del destino? Que yo sepa, desde niña entrena todos los días de su vida muy duro por cumplir sus sueños logrando dos medallas doradas olímpicas, hazaña que ningún otro deportista en Colombia ha logrado hasta el momento, y nadie le ha regalado absolutamente nada, si ser rico fuera sinónimo de talento o triunfo este país injusto estaría lleno de medallistas olímpicos, nobeles y ganadores del Premio Oscar.

Y que los papás de Nairo sean vendedores de ruanas no dice otra cosa más que la tenacidad del boyacense por superarse y salir adelante por encima de sus orígenes y convertirse en uno de los mejores ciclistas colombianos de todos los tiempos

También me parece pertinente aclarar, al parecer no se ha hecho lo suficiente, que el audio de Mariana era privado y no estaba destinado para los medios. Ahora piensen, apreciados lectores, en sus chats , las conversaciones y audios que mandan a diarios y que son íntimos. A mí me parece que en ningún momento ella habla mal de Nairo, por el contrario, dice que en ciertos aspectos tiene razón pero da su punto de vista.


Toda esta discusión sin sentido nos aleja de los puntos verdaderamente importantes de este tema ¿quién filtró ese audio privado? ¿A quién le conviene que estos deportistas se peleen? (Por ahí Pirry da una buenas puntadas) ¿Qué tan ciertas son las denuncias de Nairo? En un país serio se estaría investigando a Fedeciclismo ya fuera para tomar medidas pertinentes o desestimar con pruebas lo expresado por él , pero este es el país del Sagrado Corazón y la próxima semana toda esta discusión ya estará sepultada por el escándalo de turno.







viernes, 11 de noviembre de 2016

2016: El año en que elegimos al miedo.

 ¿Qué tienen en común un votante inglés, un colombiano y uno gringo? No solamente evidencia el  fracaso de la educación y la vulnerabilidad de un sistema democrático que demuestra que el mandato de las mayorías no siempre es el más sabio, sino que nos introduce, dieciséis años después, a lo que será este siglo XXI, donde se combinará lo mejor de finales del siglo XX (la tecnología) con lo peor del siglo pasado, sistemas de gobierno de derecha basados en la ignorancia, el miedo y el odio.

Cada uno de estos casos tiene sus propias particularidades. Ni Inglaterra ni Estados Unidos han vivido un conflicto interno de sesenta años como Colombia, pero la manipulación a la masas basadas en emociones, la desinformación y el constante bombardeo a una amenaza inminente por parte de una entidad oscura que por lo general es de otra raza, país o inclinación sexual ha sido igual en las tres elecciones.

Esto no es nada nuevo, el tridente de patria, dios y familia ha sido caballito de batalla de gran parte de los regímenes que dominaron gran parte del siglo pasado. Para ellos, el problema siempre es externo y debe ser erradicado de inmediato, los judíos, los negros y la oposición entran en el mismo saco. En la actualidad los inmigrantes europeos, africanos y asiáticos, la invasión de latinoamericanos, y la amenaza homosexual (y no puedo creer estar escribiendo esta idiotez) y el comunismo ateo fueron los factores decisivos en la votación de este año siniestro que empieza a configurar las piezas del ajedrez que será este siglo.

A pesar de todo el tema resulta fascinante: Tanto el NO en el Brexit, como el SÍ en el plebiscito y la elección de Hillary Clinton se daban como una certeza indiscutida. Sus promotores estaban tan seguros de su triunfo que se confiaron y menospreciaron a sus contendores. Estos no dejaron de trabajar activamente e incluso se sorprendieron con su victoria. ¿Su secreto? Las verdades a medias, los datos falsos, el incitar a la población para que “saliera a votar enverracada”, el miedo, miedo y más miedo.

Las encuestas, los grandes medios de comunicación y redes sociales demostraron su fracaso a nivel práctico y dejaron muy en claro que quien en verdad elige son aquellos que han sido ignorados muchas veces, satirizados por una élite quizá brillante pero arrogante que ha sido incapaz de hablar en su mismo idioma y quien busca una figura mesiánica como las de Uribe y Trump que le diga exactamente qué hacer, cómo comportarse y que le diga que todos sus problemas no son su culpa sino de los ‘otros’, de los extranjeros o los diferentes y que la solución es sencilla. Sencilla y violenta.

Me parece que el péndulo de la historia se está moviendo y retornando a lo sucedido en el periodo de después de la ‘guerra que habría de terminar con todas las guerras’ o Primera Guerra Mundial. Cuando veo hablar a Uribe, Ordóñez o la gente del Centro Democrático no puedo dejar de pensar en las Falange española, o el discurso de odio de Trump hacia los inmigrantes y su obsesión con hacer a los Estados Unidos grandes otra vez  me hace pensar en Hitler y como apeló a la reconstrucción de Alemania en ese periodo para sembrar las semillas de una nueva guerra.

Desde luego lo preocupante no es que existan estas figuras mediáticas pues desde que el mundo es mundo siempre han existido estos caudillos que basan su discurso en la destrucción y la guerra, sino la acogida que su discurso tiene. El discurso de odio escudado en la preservación de la paz y el orden ha calado muy bien. Es más fácil matar y no firmar la paz que iniciar un proceso que puede llevar generaciones donde se saneen problemas mucho más complejos y profundos. Los tres países (aunque estoy seguro que si se hubieran hecho elecciones similares en otros países los resultados serían similares) han hablado y su voz es el síntoma de un descontento, una fiebre de un cuerpo quizá con una enfermedad más grave.

¿Quiere decir esto que crea que una guerra se aproxima? Sí y no. Si algo nos dejó al final la Segunda Guerra Mundial fue el miedo de que esta tragedia se repita. Hay mecanismos y estamentos que vigilan que un conflicto mundial como este sea no ocurra tan fácil, pero también hablamos de una época donde casi cualquier país puede hacerse con un armamento nuclear y dado que ya han pasado setenta y un años desde Hiroshima y Nagasaki y no quiero imaginarme lo que podría hacer en este momento una bomba atómica, y si a esto le sumamos regímenes fanáticos como el de Corea del Norte, Irán o lo que se avecina con Trump, el panorama es aterrador. En cuanto a Colombia lo ocurrido puede generar un círculo vicioso donde el conflicto que estuvo a punto de acabarse después de medio siglo continúe de manera indefinida.

No creo que haya una guerra inmediata pero siento que las piezas se están acomodando para ello. El miedo genera odio, el odio violencia, la violencia muerte y la muerte más muerte y venganza. Quizá personas como Trump y Uribe no sean quienes lleven las riendas durante desastre, pero son quienes plantan la semilla que germinará en resultados fatídicos.


Los chinos tienen una maldición: “Ojalá vivas en tiempos interesantes” y vaya que creo que este siglo XXI será mucho más interesante que unos cuantos celulares de Apple y Milley Cirus montada semidesnuda en una bola de demolición. Solo el tiempo nos dará una respuesta.