Con los años me he vuelto nostálgico. Pienso con mayor frecuencia en mi niñez, mis padres, mis amigos, las calles que recorrí y ya no están, la gente que se ha ido. Pienso también en la soledad, llego a los 43 años, que es una edad en la que la mayoría de las personas ya están asentadas tienen pareja, hijos y me pregunto si he elegido bien.
En primer lugar, no sé cómo terminaron en este lugar. Quizá estaban buscando poemas de Bizarro, el enemigo de Supermán, o tal vez es uno de esos misterios dignos de La Dimensión desconocida. De cualquier manera sean todos bienvenidos
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viernes, 15 de mayo de 2026
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martes, 20 de agosto de 2024
CARTA A PAPÁ A DIEZ AÑOS DE SU MUERTE
Papá,
Escribo esta carta la noche del 17 de agosto del 2024, día en que se cumplen diez años de tu muerte, pero la publico el 20 de agosto, el día de tu cumpleaños, porque prefiero celebrar tu vida como un pequeño triunfo sobre ese destino inevitable que nos espera a todos.
Los recuerdos de esa noche siguen presentes, a pesar de que muchos de los detalles son ya nebulosos. Recuerdo abrir la puerta y encontrar tu cuerpo tirado en el piso de la sala mientras Gruñón te acompañaba fielmente, no ladraba, ni siquiera gemía, simplemente estaba a tu lado, estoico, esperando que te encontraran. En un principio pensé que te habías caído, pero al acercarme y ver tus ojos vidriosos, algo en mi interior supo que ya habías partido para siempre. Aun así, intenté de manera infructuosa revivirte, sabía que era inútil, pero no podía evitar intentarlo hasta que minutos después solo pude aceptar la realidad.
No recuerdo exactamente lo que siguió después, llamar a mi mamá, llamar a mi tía, pensar en cómo contarle a mi hermana (aunque más adelante se enteró por una prima imprudente). No recuerdo quién llegó primero. De un momento a otro la casa estaba llena de personas queridas, mientras estábamos a la espera de que llegaran a llevarse tu cuerpo en la que ha sido una de las noches más largas y dolorosas de mi vida (las otras han sido la muerte de mamá y la de Camilo)
Diez años han pasado ya, quién lo diría, viejo. A veces pienso que el tiempo transcurrido ha sido largo como si se trataran de siglos; otras me parece que han ocurrido en un parpadeo. Diez años donde también ha muerto mamá, mi tía Helena, el perrito Gruñón, donde nacieron los hermosos Verónica y Maximiliano, donde publiqué mi primer libro (¿puedes creerlo, papá?, a veces yo mismo no lo hago), donde he vivido tantas cosas que me gustaría contarte. Lo que más me llena de tristeza es que no hayas podido ver todo lo que mi hermana y yo hemos logrado, las cosas que creo podrían llegar a enorgullecerte.
¿Sabes papá? Me pasa algo curioso, pienso en ti e intento estar triste por tu ausencia, pero no lo consigo, me lleno de un inmenso sentimiento de nostalgia y ganas de que estés conmigo, de darte un beso, un abrazo y decirte lo mucho que te amo y la falta que me haces, pero no consigo ponerme triste, ni llorar. No lo tomes como algo malo, al contrario, creo que si te recuerdo así es precisamente porque me (nos) formaste de la mejor manera como seres íntegros y nos dejaste preparados para afrontar este mundo tan amargo y a la vez tan maravilloso sin ti.
Pienso en ti, en el hombre que fuiste, en el padre que fuiste, y mil recuerdos se arremolinan en mi mente. Las vacaciones en La Bocana, la siesta, el abalanzarme sobre ti como un miquito cuando llegabas de trabajar, tus discursos, el 516206 de la casa, la Biblioteca Departamental, las anécdotas que repetías una y otra y otra vez de manera que tanto Nata como ya nos la sabíamos de memoria, tu orgullo, tu problema con el alcohol que a la larga era una tristeza mal camuflada por no haber podido ser ese hombre libre que siempre anhelaste, la forma de querer tan tuya siempre tan tierna, tan honesta e ingenua de la cual mucha gente que nunca te quiso se aprovechó tanto, y tantas, tantísimas, cosas que si las plasmará acá me quedaría sin papel.
Sin embargo, muchas veces pienso que nunca te conocí del todo. Es normal, nunca conocemos completamente al otro, ni siquiera a quienes más amamos. Hay una faceta que es completamente nuestra y no compartimos con nadie, pero si tuviera un deseo, uno solo, no sería traerte a la vida, sería estúpido ir contra las leyes de la naturaleza, preferiría tener una tarde contigo, para tomarnos unas cervezas y hablar. Decirte que te quiero y agradezco por todo el amor y sacrificios que hiciste por nosotros. Quiero decirte que con los años he llegado a comprenderte mejor y que te perdono lo que tengo que perdonarte y pedirte a la vez perdón por mis errores; me gustaría simplemente escucharte y pedirte consejos.
Porque papá, si supieras todos los errores que he cometido y sigo cometiendo, algunos, incluso, se quedan pendejos al lado de los tuyos. Me he lastimado y he lastimado a tanta gente, sin (la mayoría) y con intención que a veces no lo puedo creer. También, a veces, tengo miedo, a no volver a enamorarme nunca más, a la muerte (a pesar de saber que es natural y es el descanso de la vida), a la soledad, a que todos quienes amo partan antes que yo… a veces papá, solo me falta escucharte, un consejo o simplemente decirme que todo estará bien y te enorgulleces de mí. No sabes cuánto extraño tu voz.
Sé que el deseo es inútil. O quizá no. Vives en mí y en mis recuerdos. No creo en la vida después de la muerte y creo que esta vida que tú me diste es el regalo más hermoso de todos y más allá de si la lees estas líneas o no, me gusta hablarte y decirte todo lo que siento.
Soy feliz de que hayas sido mi papá y te elegiría siempre. Gracias por todo el amor que me diste, por el hombre que soy ahora. Todo lo que soy se lo debo a ti y a mamá y lamento los errores, esos van de mi parte. Créeme que intento ser un mejor ser humano cada día, aunque muchas veces me equivoqué, el camino es largo y siempre hay que pulir la piedra. Pero seguiré levantándome hasta el final, tal como me lo enseñaste.
Hoy a diez años de tu muerte solo tengo tres cosas para decirte:
Te amo
Te extraño
Gracias por todo
Feliz cumpleaños, viejo.
jueves, 12 de mayo de 2022
39
Me sorprende el amanecer de estos 39 años pensando en dos cosas que pasaron recientemente. La primera de ellas ha sido la muerte de algunos conocidos muy queridos, mi tía Hayde, el papá de mi querido amigo José Iván Pazos, Don Homero Pazos y la de Doña Elvia, abuela del siempre amado y recordado Camilo Reyes, de Sergio y mamá de mi adorada Piedad. Ellos siempre fueron parte de mi niñez y adolescencia y su presencia siempre cercana y cariñosa ayudaron a ser de mí una mejor persona.
Hablaba con mi buen amigo
CM Muriel de esto, de lo sorprendente de estas muertes y él, que es médico y
por lo tanto vive es más consciente de la muerte que nos acecha como un ángel
asesino (como canta Fito) me decía, “Pues claro huevón, eran personas mayores que
tuvieron una vida plena, lo que pasa es que nosotros ya estamos envejeciendo” y
como no darle la razón, lentamente las personas con las que crecimos van
partiendo hacia esa gran nada donde eventualmente iremos todos dejando en
nuestro corazón ese vacío y los gratos recuerdos que nos acompañarán hasta el final.
Lo segundo que ocurrió es
que he recibido una gran noticia que podría cambiar mi vida para siempre, no la
comparto aún porque no es algo confirmado y por agüero prefiero esperar a que
se concrete, le decía a mi hermana que me gustaría que mis papás estuvieran
vivos para que estuvieran presentes en ese momento y era triste que nunca lo
supieran, ella con su infinita sabiduría me decía que era cierto, que había
sentido lo mismo cuando nacieron sus hijos, el dolor de la ausencia de los
padres, la falta que le siguen haciendo.
Cumplo 39 años y los 40 me
respiran en la nuca, los lugares donde crecí ya no son iguales, la ciudad de mi
infancia ya no existe, como persona que vive en otro lugar diferente a su
tierra natal nunca estaré en un lugar que podré considerar como ‘mío’ y la gente
que me vio nacer que me amó y crío (mis padres, abuelos y mi siempre querida
tía Helena) ya no están. El cuerpo empieza a sentir el desgaste natural, el
guayabo ya dura más días, disfrutas más tiempo durmiendo que antes (me gusta
pensar que lentamente el sueño eterno nos va reclamando de a pocos) y lo que
antes no te hacía ni cosquillas ahora puede convertirse en una lesión de cuidado.
Pero, ¿saben qué? Me estoy
gozando el camino, quienes partieron antes que yo viven en mi corazón y
recuerdos y sus enseñanzas son el faro
que guía mi vida, espero partir antes que las nuevas generaciones (mis sobrinos)
y que guarden de mí el mejor recuerdo. Disfruto del amor y el cariño de tanta gente
que me quiere y me aguanta, todo hay que decirlo, disfruto de hacer ejercicio,
leer, escribir, abrazar, besar, sentir la lluvia sobre mi piel, un atardecer,
un viaje a un lugar desconocido, los libros que leo, las historias que creo
cuando escribo; disfruto de mi trabajo, las lecciones que aprendo, las dificultades
que me ayudan a ser un mejor ser humano. La vida sin duda es difícil, y mucho más
si vives en Colombia donde el futuro es por decirlo menos es difuso y no sabes
lo que te espera a la vuelta a la esquina pero sin duda a pesar de todos los
problemas es precioso vivir porque la vida como dice la canción aquella es ‘un
ratico’.
Como siempre agradezco a
todos por estar presentes aquí, a la gente que me quiere, que me apoya, que
como dije antes me soporta (muchas veces no tengo idea de cómo lo hacen), es
por ustedes que sigo siempre adelante y le dan sentido a mi vida. Las palabras
muchas veces son incapaces de describir todo lo que siento por ustedes, pero de
verdad los amo y mucho,
Mi gran amigo Esteban Cruz me dice lo siguiente, “Vendrán cosas muy buenas…las mejores”, estoy convencido que así será, de momento solo nos queda celebrar la vida, cada segundo de vida que podamos respirar, vivir y amar que es lo que verdaderamente le da sentido a esta vida en este loco, loco mundo.
Gracias por todo. Los quiero.
viernes, 26 de marzo de 2021
A mi tía
os esconde el alma humana en donde incluso nosotros mismos somos incapaces de reconocernos en el espejo y saber quiénes somos en realidad.
martes, 12 de mayo de 2020
37
miércoles, 9 de octubre de 2019
Carta a Maximiliano
martes, 8 de octubre de 2019
Mario Bros, Pacman y Zelda al rescate
martes, 18 de junio de 2019
Ese extraño monstruo que repta en mi interior
martes, 11 de junio de 2019
El extraño placer de recorrer calles que no son las tuyas
martes, 21 de mayo de 2019
Una idea que se resiste a morir
domingo, 12 de mayo de 2019
36
martes, 23 de abril de 2019
Colombia, el país que no sabía amar.
Me gustaría que quedara claro que no pretendo hablar mal de las personas que son religiosas, ni busco generalizar, muchos de ellos se apoyan en su fe para su crecimiento espiritual pero tampoco puede desconocerse que también hay una problemática con personas que usan este aspecto para atacar a los demás.
martes, 16 de abril de 2019
Todos somos el villano en alguna historia de amor
Es curioso, uno por lo general ve este tipo de películas, esta y la de Eterno resplandor de una mente sin recuerdos de Jim Carrey y Kate Winslet cuando está en plena tusa (bueno y no solo eso, oye hasta el cansancio a Enrique Bunbury, se embriaga hasta que no puede más y la palabra favorita es ‘si’: “que hubiera pasado si hubiera hecho esto o aquello”) y es normal. En esos momentos nos gusta retorcernos en el dolor y la miseria, nos sentimos los más infelices sobre la tierra y queremos gritarle al mundo nuestro dolor y el de ese –o esa- miserable que tanto nos ha lastimado. Cuando ves la película en ese estado culpas a Summer, esa perra, del sufrimiento del pobre Tom, porque te ves reflejado en él, pero cuando la repites con la cabeza –el corazón- frío la percepción cambia totalmente.


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