Mostrando entradas con la etiqueta personal. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta personal. Mostrar todas las entradas

viernes, 15 de mayo de 2026

43

Con los años me he vuelto nostálgico. Pienso con mayor frecuencia en mi niñez, mis padres, mis amigos, las calles que recorrí y ya no están, la gente que se ha ido. Pienso también en la soledad, llego a los 43 años, que es una edad en la que la mayoría de las personas ya están asentadas tienen pareja, hijos y me pregunto si he elegido bien.


En cuanto al amor digamos que ha sido una mezcla de suerte (o mala suerte) el destino, mis decisiones y en ocasiones (bastantes) auto saboteo y quizá mi forma de ser; en cuanto a los hijos sigo sin sentir esa llamada (y es posible que nunca llegue) pero se ha visto colmada y en exceso por mis sobrinos.

Pienso en mi legado y tal vez las letras lo sean pero quizá no...pienso igual que el tiempo avanza inexorable pero también que lo que habrá de llegar llegará y será bien recibido.

En esta madrugada de mis 43 años pienso que estoy tranquilo. Tampoco estoy solo como dije antes porque tengo familia, amigos y conocidos que me quieren y aguantan . Pienso que la vida es hermosa, que disfruto los placeres de ella: salir y caminar bajo el sol,contemplar el cielo estrellado, los ocasos, trotar, leer, escribir, besar a mi hermana, abrazar a mis sobrinos, compartir una cerveza y una charla con amigos, hacer el amor con alguien que me guste mucho, conmoverme con una canción o película ñ, comer y tomar algo rico. El mundo se mueve y yo contemplo el destino como diría Fito 'al lado del camino'.

Veo la pequeña foto que ven ustedes. Fue tomada hace 40 años y estoy feliz juntos a mis padres sin saber lo que me espera en el futuro. Ellos ya no están conmigo pero su esencia y voluntad viven en mí. Espero recuperar un poco de esa inocencia y dejarme sorprender por lo que depara el mañana. Estoy seguro será maravilloso.

A todos, muchas gracias por estar acá, por seguir acá. Por impulsarme a seguir y ser mejor. Se les ama. 

(ESCRITO EL 12 DE MAYO)




martes, 20 de agosto de 2024

CARTA A PAPÁ A DIEZ AÑOS DE SU MUERTE

 

Papá,

Escribo esta carta la noche del 17 de agosto del 2024, día en que se cumplen diez años de tu muerte, pero la publico el 20 de agosto, el día de tu cumpleaños, porque prefiero celebrar tu vida como un pequeño triunfo sobre ese destino inevitable que nos espera a todos.

Los recuerdos de esa noche siguen presentes, a pesar de que muchos de los detalles son ya nebulosos. Recuerdo abrir la puerta y encontrar tu cuerpo tirado en el piso de la sala mientras Gruñón te acompañaba fielmente, no ladraba, ni siquiera gemía, simplemente estaba a tu lado, estoico, esperando que te encontraran. En un principio pensé que te habías caído, pero al acercarme y ver tus ojos vidriosos, algo en mi interior supo que ya habías partido para siempre. Aun así, intenté de manera infructuosa revivirte, sabía que era inútil, pero no podía evitar intentarlo hasta que minutos después solo pude aceptar la realidad. 

No recuerdo exactamente lo que siguió después, llamar a mi mamá, llamar a mi tía, pensar en cómo contarle a mi hermana (aunque más adelante se enteró por una prima imprudente). No recuerdo quién llegó primero. De un momento a otro la casa estaba llena de personas queridas, mientras estábamos a la espera de que llegaran a llevarse tu cuerpo en la que ha sido una de las noches más largas y dolorosas de mi vida (las otras han sido la muerte de mamá y la de Camilo) 

Diez años han pasado ya, quién lo diría, viejo. A veces pienso que el tiempo transcurrido ha sido largo como si se trataran de siglos; otras me parece que han ocurrido en un parpadeo. Diez años donde también ha muerto mamá, mi tía Helena, el perrito Gruñón, donde nacieron los hermosos Verónica y Maximiliano, donde publiqué mi primer libro (¿puedes creerlo, papá?, a veces yo mismo no lo hago), donde he vivido tantas cosas que me gustaría contarte. Lo que más me llena de tristeza es que no hayas podido ver todo lo que mi hermana y yo hemos logrado, las cosas que creo podrían llegar a enorgullecerte.

¿Sabes papá? Me pasa algo curioso, pienso en ti e intento estar triste por tu ausencia, pero no lo consigo, me lleno de un inmenso sentimiento de nostalgia y ganas de que estés conmigo, de darte un beso, un abrazo y decirte lo mucho que te amo y la falta que me haces, pero no consigo ponerme triste, ni llorar. No lo tomes como algo malo, al contrario, creo que si te recuerdo así es precisamente porque me (nos) formaste de la mejor manera como seres íntegros y nos dejaste preparados para afrontar este mundo tan amargo y a la vez tan maravilloso sin ti.

Pienso en ti, en el hombre que fuiste, en el padre que fuiste, y mil recuerdos se arremolinan en mi mente. Las vacaciones en La Bocana, la siesta, el abalanzarme sobre ti como un miquito cuando llegabas de trabajar, tus discursos, el 516206 de la casa, la Biblioteca Departamental,  las anécdotas que repetías una y otra y otra vez de manera que tanto Nata como ya nos la sabíamos de memoria, tu orgullo,  tu problema con el alcohol que a la larga era una tristeza mal camuflada por no haber podido ser ese hombre libre que siempre anhelaste, la forma de querer tan tuya siempre tan tierna, tan honesta e ingenua de la cual mucha gente que nunca te quiso se aprovechó tanto, y tantas, tantísimas, cosas que si las plasmará acá me quedaría sin papel.

Sin embargo, muchas veces pienso que nunca te conocí del todo. Es normal, nunca conocemos completamente al otro, ni siquiera a quienes más amamos. Hay una faceta que es completamente nuestra y no compartimos con nadie, pero si tuviera un deseo, uno solo, no sería traerte a la vida, sería estúpido ir contra las leyes de la naturaleza, preferiría tener una tarde contigo, para tomarnos unas cervezas y hablar. Decirte que te quiero y agradezco por todo el amor y sacrificios que hiciste por nosotros. Quiero decirte que con los años he llegado a comprenderte mejor y que te perdono lo que tengo que perdonarte y pedirte a la vez perdón por mis errores; me gustaría simplemente escucharte y pedirte consejos.

Porque papá, si supieras todos los errores que he cometido y sigo cometiendo, algunos, incluso, se quedan pendejos al lado de los tuyos. Me he lastimado y he lastimado a tanta gente, sin (la mayoría) y con intención que a veces no lo puedo creer. También, a veces, tengo miedo, a no volver a enamorarme nunca más, a la muerte (a pesar de saber que es natural y es el descanso de la vida), a la soledad, a que todos quienes amo partan antes que yo… a veces papá, solo me falta escucharte, un consejo o simplemente decirme que todo estará bien y te enorgulleces de mí. No sabes cuánto extraño tu voz.

Sé que el deseo es inútil. O quizá no. Vives en mí y en mis recuerdos. No creo en la vida después de la muerte y creo que esta vida que tú me diste es el regalo más hermoso de todos y más allá de si la lees estas líneas o no, me gusta hablarte y decirte todo lo que siento.

Soy feliz de que hayas sido mi papá y te elegiría siempre. Gracias por todo el amor que me diste, por el hombre que soy ahora. Todo lo que soy se lo debo a ti y a mamá y lamento los errores, esos van de mi parte. Créeme que intento ser un mejor ser humano cada día, aunque muchas veces me equivoqué, el camino es largo y siempre hay que pulir la piedra. Pero seguiré levantándome hasta el final, tal como me lo enseñaste.

Hoy a diez años de tu muerte solo tengo tres cosas para decirte:

Te amo

Te extraño

Gracias por todo



Feliz cumpleaños, viejo.






jueves, 12 de mayo de 2022

39

Me sorprende el amanecer de estos 39 años pensando en dos cosas que pasaron recientemente. La primera de ellas ha sido la muerte de algunos conocidos muy queridos, mi tía Hayde, el papá de mi querido amigo José Iván Pazos, Don Homero Pazos y la de Doña Elvia, abuela del siempre amado y recordado Camilo Reyes, de Sergio y mamá de mi adorada Piedad. Ellos siempre fueron parte de mi niñez y adolescencia y su presencia siempre cercana y cariñosa ayudaron a ser de mí una mejor persona.

Hablaba con mi buen amigo CM Muriel de esto, de lo sorprendente de estas muertes y él, que es médico y por lo tanto vive es más consciente de la muerte que nos acecha como un ángel asesino (como canta Fito) me decía, “Pues claro huevón, eran personas mayores que tuvieron una vida plena, lo que pasa es que nosotros ya estamos envejeciendo” y como no darle la razón, lentamente las personas con las que crecimos van partiendo hacia esa gran nada donde eventualmente iremos todos dejando en nuestro corazón ese vacío y los gratos  recuerdos que nos acompañarán hasta el final.

Lo segundo que ocurrió es que he recibido una gran noticia que podría cambiar mi vida para siempre, no la comparto aún porque no es algo confirmado y por agüero prefiero esperar a que se concrete, le decía a mi hermana que me gustaría que mis papás estuvieran vivos para que estuvieran presentes en ese momento y era triste que nunca lo supieran, ella con su infinita sabiduría me decía que era cierto, que había sentido lo mismo cuando nacieron sus hijos, el dolor de la ausencia de los padres, la falta que le siguen haciendo.

Cumplo 39 años y los 40 me respiran en la nuca, los lugares donde crecí ya no son iguales, la ciudad de mi infancia ya no existe, como persona que vive en otro lugar diferente a su tierra natal nunca estaré en un lugar que podré considerar como ‘mío’ y la gente que me vio nacer que me amó y crío (mis padres, abuelos y mi siempre querida tía Helena) ya no están. El cuerpo empieza a sentir el desgaste natural, el guayabo ya dura más días, disfrutas más tiempo durmiendo que antes (me gusta pensar que lentamente el sueño eterno nos va reclamando de a pocos) y lo que antes no te hacía ni cosquillas ahora puede convertirse en una lesión de cuidado.

Pero, ¿saben qué? Me estoy gozando el camino, quienes partieron antes que yo viven en mi corazón y recuerdos y sus enseñanzas son el  faro que guía mi vida, espero partir antes que las nuevas generaciones (mis sobrinos) y que guarden de mí el mejor recuerdo. Disfruto del amor y el cariño de tanta gente que me quiere y me aguanta, todo hay que decirlo, disfruto de hacer ejercicio, leer, escribir, abrazar, besar, sentir la lluvia sobre mi piel, un atardecer, un viaje a un lugar desconocido, los libros que leo, las historias que creo cuando escribo; disfruto de mi trabajo, las lecciones que aprendo, las dificultades que me ayudan a ser un mejor ser humano. La vida sin duda es difícil, y mucho más si vives en Colombia donde el futuro es por decirlo menos es difuso y no sabes lo que te espera a la vuelta a la esquina pero sin duda a pesar de todos los problemas es precioso vivir porque la vida como dice la canción aquella es ‘un ratico’.

Como siempre agradezco a todos por estar presentes aquí, a la gente que me quiere, que me apoya, que como dije antes me soporta (muchas veces no tengo idea de cómo lo hacen), es por ustedes que sigo siempre adelante y le dan sentido a mi vida. Las palabras muchas veces son incapaces de describir todo lo que siento por ustedes, pero de verdad los amo y mucho,

Mi gran amigo Esteban Cruz me dice lo siguiente, “Vendrán cosas muy buenas…las mejores”, estoy convencido que así será, de momento solo nos queda celebrar la vida, cada segundo de vida que podamos respirar, vivir y amar que es lo que verdaderamente le da sentido a esta vida en este loco, loco mundo.

Gracias por todo. Los quiero.    





viernes, 26 de marzo de 2021

A mi tía

 Hay una anécdota que mi tía solía contarme cada cierto tiempo. Yo había nacido hace poco y ella quería abrazarme o besarme pero no se lo permitieron debido a una tos que tenía por fumar . Ella que quería consentir al primogénito de su hermano adorado apagó el último de los cigarrillos que fumaría en su vida. Cada vez que cumplía años me recordaba que llevaba diez o veinte o treinta o los años que yo cumpliera de vida sin fumar.
Nunca terminamos de conocer del todo a las personas que amamos ni ellas a nosotros. Quizá podrían hacerlo nuestros padres que nos conocieron desde el principio, pero lo más probable es que mueran antes que nosotros. Amigos, pareja e hijos llegarán en un momento en que nuestra historia ya está empezada y muchos de ellos se irán en el momento menos pensado. Somos un enigma: qué tantos secretos, dolores, alegrías y misteri
os esconde el alma humana en donde incluso nosotros mismos somos incapaces de reconocernos en el espejo y saber quiénes somos en realidad.
Pensaba en todo esto por mi tia. Helena Fernández Bonilla, es una de las mujeres que más he amado en mi vida. Podría hablar de ella por horas y sería incapaz de abarcar más que ese universo que compartimos juntos, del amor de tía y sobrino, tan íntimo. No puedo hablar de ella como madre, amiga, hermana, hija, más allá de lo poco que pude ver que es tan pequeño como un copo de nieve durante una nevada. Quienes la conocieron quizá tenga su propia imagen de ella, cada uno guarda una Helena en su corazón y recuerdos y no es mi intención abarcarla en todas sus dimensiones sino simplemente hablar de la tía que conocí.

Es difícil recordar una época de mi vida donde no estuviera. En los momentos más importantes estuvo presente. Se me ocurre por ejemplo mis cumpleaños cuando era niño, mi grado del colegio, tengo especial recuerdo por los seis años de mi hermana en su magnífica casa en Ciudad Jardín, en la fiesta sorpresa que le hicimos a mi mamá cuando pensamos que la pesadilla del cáncer había pasado….pero también estuvo presente en los momentos difíciles, dura y valiente como un roble, cuando mi papá murió y lloramos en una noche sin estrellas ni fin, la despedida de mi mamá cuando partió a una muerte segura y así mil momentos más, siempre presente, nunca ausente . Con una palabra, un beso, un consejo.
Mi tía, y debo decirlo ahora, no era una mujer sencilla. Tenía un temperamento difícil, pero voy a confesarlo ahora, no era algo que me molestara sino algo que siempre admiré. Me gustaba y sé que a mi papá también lo hacía que peleara tanto. Incluso cuando no tenía la razón, incluso cuando se equivocaba.
Decía que no terminamos de conocer a las personas del todo, pero pude observar a través de pequeñas rendijas del día a día algunas facetas de ella. La mujer que vivió 55 años con el esposo que eligió, a la madre amorosa con Fercha y Jaime A que son su fiel reflejo, seres humanos valientes y bondadosos. Sé que como mi abuela siempre intentó ayudar al más desfavorecido, a quien lo necesitara. A través de los años siempre pude ver una mujer alegre, vital, de buen humor, (cómo amo su risa y su voz) amiga de sus amigas y orgullosa de su sangre, familia y linaje.
Por lo general cuando alguien muere enmarcamos tantas cualidades que se suele decir que ‘no hay muerto malo’ y podría decir tantas de mi tía que no pararía. ¿Ignoro sus errores? Por supuesto que no, sé muy bien cuáles eran, pero no vale la pena quedarse en ellos, así como no vale la pena quedarse con los dos últimos meses de su vida. No vale la pena pensar en la mujer después de la operación, en la prueba de hiel para su familia que vio su llama apagarse de manera lentamente hasta el final. Para mí, mi tía es la mujer que siempre me recibía mis llamadas con un ‘Hola Tulin’, la que quiso a mi papá como ningún otro ser humano lo hizo, que amó a mi hermana con la misma intensidad que a mí, la mujer que se llevo a vivir a la Nana, mi negra hermosa, como una reina después de su justa jubilación, la abuela y tía abuela orgullosa de las nuevas generaciones, la mujer que no solo hablaba de su dios sino que lo intentaba aplicar en su vida cotidiana.
La última vez que la vi, y no me refiero a este triste momento, fue hace un año. Antes de la pandemia. Como siempre hizo que me quedara en su casa donde fui consentido y querido, al igual que siempre lo hacía. Un día antes de partir me pidió que la acompañará a hacer varias vueltas. Fuimos al banco, luego a mercar, a dejarle plata a un ancianato para ayudar a una pobre viejita, luego a comprar una biblia para un regalo a no sé quién, recuerdo que en un momento la vi tan linda pero a la vez tan vulnerable que pensé que la amaba con todo mi corazón. Y así era. Y así es.
Recuerden a mi tía, con sus luces y sombras, pero guárdenla en su corazón y siempre que piensen en ella que sea en el amor y los buenos momentos hasta que llegue el momento inevitable en que nos reunamos con ella.
Gracias por tanto. Espero ser tan buen tío con mis sobrinos como lo fuiste conmigo.





martes, 12 de mayo de 2020

37

Es la medianoche y un minuto del 12 de mayo del 2020. Afuera solo hay silencio como si yo fuera la única persona que existiera en el mundo. Tomo una copa de vino mientras contemplo el inicio de un nuevo amanecer. Hace 37 años estaba listo para salir del vientre de mi madre y enfrentarme a esta vida maravillosa y hermosa, trágica y triste.

Desde hace ocho años tengo la costumbre de escribir algo para mi cumpleaños. Comienzo a escribir desde las once de la noche del once de mayo y así me coge la medianoche. Reviso lo que he escrito años pasados para no repetirme, en parte es infructuoso, a pesar de todo sigo siendo la misma persona. Cambiarán algunas situaciones, personas se habrán ido, otras habrán llegado, pensaré distinto sobre ciertas cosas, pero al final la esencia sigue siendo la misma.

Este año me sorprende con un evento histórico –para bien o para mal- que no le tocó a nuestros padres o abuelos y que seguramente no se repetirá en mucho tiempo, si somos positivos. La pandemia me ha tocado solo, mi roomate, mi buen amigo Nelson Cadavid está pasando este suceso en Cali con su novia. En esta soledad pienso mucho en lo que ha sido mi vida, lo que he hecho, lo que he dejado de hacer, mis aciertos y errores, en lo que soy yo realmente, sin antifaces o máscaras.

Me gusta imaginar distintos escenarios, como miles  de granos de arena en la playa. En uno de ellos estoy casado y tengo hijos, en otro soy un novelista famoso, o tengo tanta plata para no tener que preocuparme nunca más por trabajar, en otros tengo una enfermedad larga y penosa e incluso en los más siniestros he muerto. A mi edad Alejandro Magno no sólo había conquistado todo el mundo conocido, sino que también había muerto; Jesucristo llevaba cuatro años de haber muerto y resucitado, también había muerto Rimbaud después de haber alcanzado la inmortalidad antes de cumplir los veinte años; José Saramago estaba a tres años de publicar su primera novela, mi papá aún era un soltero empedernido y mi mamá ya tenía dos hijos.

Es un ejercicio nada más, pero pienso mucho en el pasado, en las decisiones que he tomado, en la gente que he ayudado y a la que he lastimado. A veces creo que vivo demasiado en el pasado, en los días soleados de una Cali lejana y difusa donde mis padres, abuelos, la Nana y Camilo estaban vivos, incluso pienso en Gruñón, mi fiel perro, que siempre me recibía con una alegría inocente cuando iba de visita. Ellos ya no están y cada ausencia me ha servido para madurar, para crecer y aceptar que la muerte es una amiga que nos está vigilando hasta el día en que debemos partir con ella a la nada.

Pero también pienso en lo que mi gran amigo Esteban me dijo: Lo que somos ahora es producto de todo lo que hemos vivido, los malos y los buenos momentos, los actos hermosos y los horribles. Somos el producto de nuestras acciones y como repetía mi papá constantemente: Somos los arquitectos de nuestro destino, y a la larga a pesar de las malas decisiones no puedo quejarme. He conocido gente maravillosa, gente que me detesta, he viajado a lugares exóticos, he amado, he odiado, he conocido la bondad, la maldad, la traición, el odio…y acá sigo y de todo he aprendido.

Quizá es hora de dejar ir el pasado. No olvidarlo porque hace parte de mí y lo hará hasta el día en que muera y el amor de quienes han partido siempre me acompañará, pero también debo aprender a ver la belleza del presente, volver a sorprenderme con cada pequeño milagro de la vida tal y como lo hacen los niños.

Y sobre todos agradecerles a ustedes las personas que me han acompañado en este camino. A mi hermana, el gran motor de mi vida, a mis pequeños sobrinos en cuyos ojos veo un futuro brillante y hermoso, a todos mis amigos reales y virtuales que con su cariño y amor hacen de mi vida algo maravilloso, a todos GRACIAS, los amo.

De imagen pongo a Trunks de Dragon Ball Z (nunca dejaré de ser un niño, lo siento) porque un día como hoy, un doce de mayo a la diez de la mañana, dos terribles androides aparecerán para destruir el mundo, espero que no sea este año porque ya bastante tenemos con el Coronavirus y si así es espero que el gran Gokú defienda la tierra una vez más.




miércoles, 9 de octubre de 2019

Carta a Maximiliano


Mi adorado sobrino,

¿Sabes? Desde que tus papás decidieron llamarte Maximiliano siempre he pensado que ese nombre, grandilocuente y espectacular, me recordaba a un rey o un emperador y como a los monarcas de la antigüedad se les daba un apelativo he pensado que el tuyo podría ser ‘El Inesperado’.

A diferencia de tu hermana, nadie esperaba que llegaras y  lo hiciste, de un momento a otro, de repente, sin esperar permiso o invitación; incluso el momento de tu nacimiento fue así: Se planeaba que llegaras el 12 de octubre y decidiste que no, que ya estaba bien de comodidades y ya estabas listo para enfrentar la vida. Y no me tomes a mal, lo de ‘Inesperado’ no es una ofensa, al contrario, las mejores cosas de la vida siempre aparecen de sorpresa, sin imaginárnosla, el beso robado de quien nos gusta, esa noticia que creímos que no llegaría, el viaje que aparece de repente….eres inesperado, como un regalo de la vida.

Llegas, babeante y curioso a un mundo maravilloso y asombroso, caótico y trágico. El mismo día que naciste otros cientos de miles de bebés en todo el mundo hacían lo mismo y no sé si compadecerte a ti o a ellos o felicitarlos y darles la bienvenida.

El mundo que te recibe es uno mutante y acelerado, que no se detiene. Estamos ante una revolución en cuanto a tecnología y concepción de vida que es comparable a la agrícola o la industrial y que lejos de iniciar apenas está empezando. Conceptos como la vida, el amor, la comunicación, las relaciones y la muerte están cambiando constantemente y los viejos como tus papás o yo apenas tratamos de capotearlo como buenamente podemos.

Pero ahora no tienes que pensar en ello. Llegas a una familia hermosa. Mi hermana, tu mamá, y tu papá, son personas maravillosas que te guiarán por un buen camino, compréndelos a pesar de sus errores. Tienes también una hermana mayor, Verónica, y así a veces quieras ahorcarla, ella será la palanca que te impulse a ser una mejor persona y quien permanecerá a tu lado cuando la función haya terminado y el buque se esté hundiendo, ella será tu ancla y fortaleza para seguir adelante. Créeme, sé de lo que te hablo.

Hace casi dos años le decía en la carta de bienvenida que le hice a tu hermana que a pesar de mis 34 años no sabía mucho de este cuento de vivir. Lamento desilusionarte pero dos años después sigo sin recibir una respuesta o iluminación sabia que transmitirte. Tengo 36 años y más dudas que certezas pero trato de vivir en este mundo dando lo mejor de mí mismo y aprendiendo cada día más, levantándome una y otra vez  y siguiendo en la pelea a pesar de los golpes que me dé la vida.

Puedo decirte que tratarán de  juzgarte por nacer en el país que lo hiciste, por tu color de piel o tu género. Te juzgarán no por quién eres sino por tu procedencia, intentarán que te sientas culpable por ello, como si lo que nos precede fuera motivo suficiente para sentirte mal. Estas personas son débiles y quieren que tú seas igual de mediocre que ellos. Lo único que te define son tus acciones, sé fuerte, a nivel físico, mental y espiritual, sé bondadoso e inteligente, elévate como un ave encima de la mediocridad rampante y brilla con el vasto cielo como tu límite.

Sé fuerte pero no temas llorar o expresarte. Nunca te avergüences de quién eres o de dónde vienes, no dejes de amar a otra persona por el miedo al qué dirán, por su estrato social, género o color de piel, siempre y cuando tus sentimientos nazcan del alma y tengan la fuerza de una avalancha.

Lo más importante en la vida, pequeño Maximiliano, es ser feliz, todo lo demás sobra: La plata, el sexo, la fama. Procura ser feliz sin lastimar a otros y lo más importante sin lastimarte a ti mismo…..ah, la vida es tan corta y solo eres consciente de ello cuando empiezas a perder  seres queridos o envejecer y el 90% de las cosas que nos preocupan no son tan importantes como un cielo estrellado o una puesta de sol.

Y ama a tu familia. Son tu sangre. Quienes siempre, hagas lo que hagas y pase lo que pase, estarán para ti y serán tu luz, tu faro y tu amor y dentro de ella siempre estará tu viejo tío Tulio que te ama con todo su corazón.

Bienvenido a este mundo, Maximiliano. Espero que el viaje valga la pena.




martes, 8 de octubre de 2019

Mario Bros, Pacman y Zelda al rescate


El muñeco se llama Link y está en un peligroso castillo luchando por volver a casa luego de naufragar en una isla lejana. El juego se llama Zelda, Link´s awakening y lo jugué por primera vez en 1996 en mi nuevo y flamante Game Boy de la época. Hoy veintitrés años después, por azares de la vida, pude volver a jugarlo y la alegría al conectar la consola y recorrer sus mundos fue la misma que tuvo ese adolescente de trece años.

Es curioso como los videojuegos han marcado gran parte de mi vida. Cuando era niño le hacía berrinche a mis papás porque no tenía una Nintendo. Mi viejo con mucho esfuerzo me compró primero un atari y casi inmediatamente después la tan anhelada consola. Cuántas noches pase en vela jugando una y otra vez los mismos juegos casi hasta quedar ciego y casi hasta tirarme tercero de primaria, asumo que siendo salvado por el dios de los ludópatas que no desampara a sus pobres acólitos.

Conforme crecí fui cambiando de consola. Que el Super Nintendo, luego el Nintendo 64, la Playstation, el  Wii y muchos años después la Playstation 4. Cada aparato de estos representaba mi manera de ver la vida de ese entonces.

Hace poco tuve la oportunidad de tener acceso a un aparato que me permite acceder a varias consolas del pasado –donde está el Zelda del que le tomé la foto-. Fue amor a primera vista: jugar los Mario Bros, Donkey Kongs y demás juegos de mi niñez me transporta a una época donde todo parecía más sencillo: ir al colegio, hacerle caso a mis papás, rescatar con Mario a la princesa de las garras del dragón, salvar el mundo, derrotar a los villanos.

Pero creces y los videojuegos y tu vida se vuelven más complejas: Los villanos no son tan malos, a veces la princesa no quiere ser rescatada y ansía irse con el dragón y  el mundo está tan corrupto que te preguntas si en verdad merece ser salvado; tus padres mueren, dejas la ciudad donde creciste, pasas hambre y frío, te enamoras, te rompen el corazón, lo rompes tú en más de una ocasión, el sexo suele complicar más las cosas de lo que deberían, escribes páginas que están destinadas al olvido, te das cuenta de lo efímero de la vida y que morirás.

Pero como aquel que recorre sus pasos enciendes la máquina y te olvidas del mundo exterior, del trabajo, la situación del mundo o el desastre que a veces es tu vida. Ves los juegos con los que creciste y seleccionas y juegas, por ejemplo, al Zelda. Link necesita tu ayuda para salir del castillo y vos no se la vas a negar, y recorres los mismos pasos que hacías de chico y te alegras de los mismos logros y por un segundo te parece oír la voz de tu padre diciéndote que apagues ya el condenado televisor que mañana toca ir a estudiar y cuando te acuestas te parece sentir la mano de tu mamá rozándote la frente con cariño diciéndote que todo estará bien y que la vida no es más que un sueño.





martes, 18 de junio de 2019

Ese extraño monstruo que repta en mi interior


Una espina que crece en el pecho. En un principio no es más grande que una semilla pero va creciendo hasta que se convierte en raíces que van envolviendo tu corazón, tus pulmones, el resto de tus órganos y tu alma, que se alimenta de tu odio y tu rabia y que continúa creciendo hasta que se ha apoderado de ti y te ahogado tanto de manera figurada como literal.

Hablo, como no, de la envidia. Puede nacer de un gesto, una palabra, a la que al principio no le prestamos atención pero la semilla está plantada, la duda se queda incrustada en nuestro interior a veces incluso por años hasta que todo lo acumulado, en una especie de sangre negra y espesa, sale hirviendo como lava dispuesto a arrasar con todos incluso con nosotros (o especialmente con nosotros mismos).

Este sentimiento no es más que el miedo de vernos al espejo y ser incapaces de ver el valor que tenemos. Vemos nuestro reflejo desnudo y engrandecemos nuestras carencias y defectos e idealizamos las cualidades de otro. Lo despreciamos porque creemos que tiene algo que nos pertenece, porque sentimos que es mejor que nosotros y no lo merece, al fin y al cabo ¿quién es ese pobre imbécil? ¿Por qué tiene la pareja, la familia, el trabajo o la riqueza que soñamos en noches de desvelo? Y en nuestra ensoñación creemos que esa persona todo le ha caído del cielo y no ha tenido que esforzarse como nosotros, a pesar que su ventura es tan bendita y la de nosotros tan desdichada.

Y no sabemos, preferimos ignorar, que esa otra persona también se ve en el espejo y es consciente de sus propias falencias y quizá anhele lo que tiene el otro, y en ocasiones, en un giro irónico del destino esa persona nos envidia a nosotros, creándose un juego macabro del  gato y el ratón donde dos figuras se ven del lado opuesto del espejo y cada una anhela el reflejo que ve frente a él sin saber que su suerte también es deseada y soñada.

Pasamos nuestra vida envidiando a mucha gente. Estrellas de cine, cantantes, deportistas, conquistadores empedernidos, a veces nuestros objetivos son más cercanos y lo hacemos con el compañero del trabajo al que todos quieren, el amigo que enamoró a la mujer que deseamos, el otro que logró nuestro sueño más anhelado  por el que nunca supimos luchar, el vecino que compró el celular de última moda o viajó a esa isla paradisíaca con la que soñamos pero nunca nos hemos atrevido a ir.

Pero, ¿saben qué? Está bien tener ese monstruo que crece en nuestro interior, ese maldito huésped, no es sano reprochar su presencia, su existencia en dosis sanas es necesaria. Es la envidia, el querer lo que ha conseguido el otro, lo que muchas veces nos impulsa a seguir adelante, a no rendirnos, a demostrarnos que si ese cabrón fue capaz de conseguirlo nosotros también lo haremos. Y sí él  logró un milagro no solo lo alcanzaremos sino que lo superaremos. Quizá fue la envidia lo que nos permitió salir de las cavernas y conquistar el mundo, quizás no.

El truco está, desde luego, en la justa medida de las cosas. El límite entre dejar que ese pequeño engendro que vive en nuestro interior nos empuje a realizar lo que el miedo no permite y dejar que se alimente como un feto maligno de nuestra sangre, bilis y odio y nos lleve a nuestra propia destrucción (así al final parezca que hayamos triunfado cuando nunca es así) es muy tenue. Depende de cada uno de nosotros establecer la diferencia y mantener a raya al monstruo que vive en el ático de nuestra conciencia….

¿Es mejor despertarla que sentirla? Qué sé yo, quizá lo mejor sea ser consciente que el pasto nunca es tan verde en el patio del vecino como lo imaginamos y que no somos ni la mitad de miserables de lo que creemos en nuestros momentos más desesperados. Quizá lo mejor sea cuando sentimos que el ser es incontrolable salir, ver la naturaleza, y repetirnos que somos poco más que polvo estelar insignificante que no dura ni una milésima de  segundo en la historia del universo. Y el cabrón que tanto envidias también.







martes, 11 de junio de 2019

El extraño placer de recorrer calles que no son las tuyas


De repente te encuentras en una ciudad extraña donde nadie habla tu idioma y todas las calles llevan a caminos inesperados. El universo se extiende en cientos de ramificaciones en forma de concreto. Ninguna senda es la tuya porque todas la son. No tienes destino y el camino es el que estás a punto de recorrer.

Quizá tengas suerte y tengas un amigo de viaje. Podrás hablar de la vida, las mujeres, los sueños del pasado y el futuro; no te detendrás porque a pesar de no tener un objetivo fijo te dejas llevar por la marea de gente que va de un lado para el otro como hormigas, te unes a ellos de manera efímera aunque sabes que nunca serás parte de su grupo, eres un extraño, se te nota y ni siquiera por tu color de piel o idioma, sino porque  esa ciudad no es tu hogar, no ha dejado la huella profunda que se les ve en los ojos a ellos, ese caos eterno, ese trasegar sin pausa que tienen.

Pero a veces a pesar de la compañía y a pesar del constante hablar y escuchar, mientras te refieres a cosas nimias como el almuerzo o lo que harán más tarde, callas y escuchas la sinfonía de la ciudad, los murmullos de cada una de las calles que caminas, que comienzan de manera suave pero van alzando su voz hasta que eres consciente de ella. Esa voz que combina el sonido de los taxis, los cientos de idiomas que se entremezclan, cada uno con su acento y cultura particular, el viento que se eleva por encima de los pasos y la ciudad. Es un sonido sin orden alguno, sin afinación, en ocasiones podrá parecer tosco pero sin duda es hermoso.

Te internas por callejones solitarios. En algunos ya no hay gente y solo se encuentran las edificaciones y levantas la vista y te quedas en silencio porque sabes que ellas son el intento humano de dejar un legado, una huella de su paso por el mundo pero sabes que es inútil, en algún momento futuro de la historia, años, siglos o milenios venideros, se vendrán abajo y haces apuestas en tu mente sobre si será algún ataque terrorista, una guerra o quizá una destrucción silenciosa, tal vez será la misma naturaleza quien reclame los gigantes de cemento y algún día cuando ya no estemos la vegetación recupere los territorios perdidos. Pero ahora no es momento de pensar en ello, simplemente levantas la vista y admiras lo que ha logrado la humanidad y contemplas los edificios y la ciudad como un monumento al siglo que acaba de terminar, al milenio que comienza y la época que te toco vivir en la historia del mundo.

Y recorres esa ciudad extraña que es el centro de la civilización misma. Lo haces en la mañana, en la tarde y en la noche, durante la lluvia y el calor. Te maravillas con el metro, sus cientos de  luces de neón  y los millones de universos que se contienen en las personas que la habitan y que te dan la bienvenida al tiempo que no lo hacen. La ciudad no duerme y tú tampoco lo haces porque incluso cuando llegas extenuado a tu posada a dormir sueñas con ella, con sus lucecitas similares a la navidad, en su inmensidad, en esos laberintos de concreto, con sus estatuas gigantes, sus parques majestuosos y esa faceta esplendorosa que descubres con la ansiedad de un niño que está listo a desenvolver un regalo.

Y cuando llega el momento de partir te preguntas si en este mismo instante no hay otra alma maravillada en tu ciudad, a miles de kilómetros de donde estás, quizá ese desconocido abre los ojos y recorre con asombro las calles que conoces de memoria y a la que ya no le ves la belleza que tiene, quizá camina por las noches en medio del tráfico y los anuncios nocturnos de neón pensando en que nunca había visto algo tan espectacular, quizá como ya sabemos la belleza siempre está en el ojo de quien admira e incluso una finca pequeña y humilde con un patio en el que solo se vea el cielo estrellado contiene aquello que tanto has buscado.




martes, 21 de mayo de 2019

Una idea que se resiste a morir

 Tengo una idea para una historia. He intentado olvidarla, dejarla de lado, pero se rehúsa a morir y reaparece una y otra vez en los momentos menos esperados. Veo a sus protagonistas en diferentes situaciones y me parece que cada vez cobran más vida, como si poco importara que los trajera a la vida, como si por el solo hecho de imaginarlos  existieran, pero aun así quieren que su historia sea contada. Lo exigen.

Cuando pienso en ellos me pregunto si vale la pena. Si quizá no llegue, tarde o temprano, la Policía de la Moral y lo Políticamente Correcto diciendo que tengo el alma y la mente podrida por lo que estoy pensando y creando; peor aún, me pregunto si quizá cuando la escriba sea recibida en medio de la apatía general y mis letras sean incapaces de llegar a una persona, una por lo menos que se  vea reflejada como yo en esta historia.

Pero la Historia poco sabe de Policía de la Moral y lo políticamente correcto, poco sabe de si será leída o aceptada o querida. Ella solo quiere nacer, quiere que su parto ocurra día a día a través de la  hoja en blanco. Poco le importo yo o mis pensamientos o penurias, soy solo el médium, la herramienta para que pueda ver la luz. Soy su padre pero a este feto de ideas poco le importo y lo único que hace es susurrarme que deje de hacerme el idiota y que sé muy bien lo que debo hacer.

Hasta el momento solo tengo una novela que está en el baúl de los recuerdos. La novela fue escrita en un momento oscuro de mi vida y escribirla me dejó extenuado como si fuera incapaz de escribir de nuevo. Muchos años lo creí así. Pensé que sería un hombre de una sola historia, quizá leída por la gente más cercana a mí pero no más. Escribirla fue un placer pero al mismo tiempo agotador como si drenara mi vida, mi alma, pero ahora siento como si esta nueva idea que crece dentro de mi pecho y se expande cada día un poco más tuviera la fuerza incontenible de mil huracanes juntos.

No es desde nuevo una idea nueva. Llevo pensando en ella desde hace ya algunos años. Al principio la ignoré pero ella vuelve una y otra vez, molesta como un grano en el culo, intensa como el zumbido de un zancudo a la madrugada y cada vez toma más fuerza. Me escudo en la pereza, en lo agotado que llego del trabajo y del gimnasio; me escudo diciendo que a pesar de toda mi palabrería no soy un escritor y que no vale la pena ni siquiera el esfuerzo, que debería dejarlo a los expertos en el tema,  que el tema no será del interés de nadie, que mis letras son una mierda y que a fin de cuentas a nadie le gustan…..pero la idea no se resigna a morir y embiste una y otra vez con la ferocidad de un boxeador que sabe que puede ganar la pelea y en medio de los golpes, la nariz rota, los ojos morados y la boca destrozada, sonríe diciéndome que más allá de que todo eso sea cierto escriba la historia para mí, que valdrá la pena.

Tengo una idea para una historia, y mucho me temo (más allá de mis protestas y berrinches de niño pequeño) que tendré que escribirla.




domingo, 12 de mayo de 2019

36


No tengo a mi papá conmigo pero sus enseñanzas han hecho de mí la persona que soy y su recuerdo me fortalece siempre

No tengo a mi mamá conmigo pero su amor siempre está presente en mi vida. Todo lo bueno que soy y que puedo llegar a ser es gracias a ella.

No tengo a mi hermana cerca pero a pesar de la distancia ella es mi todo. Mi luz, mi faro, mi consejera, vivir es saber que ella existe. La persona más importante de mi universo, quien hace que todos los días, incluso aquellos en los que no quiero levantarme, valgan la pena.

No tengo a mi mascota conmigo pero durante su breve existencia mi perrito Gruñón me enseñó el amor por los animales, que las mascotas pueden llegar a ser tus amigos más entrañables y son parte de la familia.

No tengo a mi Nana conmigo pero de ella aprendí que el amor no tiene color, edad y género. Que siempre oiré la voz alegre y llena de cariño en mis recuerdos de mi negra hermosa.

No tengo novia pero he conocido el amor de mujeres maravillosas, mucho mejores que yo en todo caso, que me han enseñado el maravilloso y misterioso mundo femenino y me han brindado su cariño y apoyo incluso cuando yo mismo no he creído en mí.

No tengo a Camilo conmigo pero de él aprendí que la amistad nunca termina y ni siquiera algo tan poderoso e inevitable como la muerte es capaz de ganarle al amor, que su presencia siempre me acompañará hasta el día que muera.

No tengo a mis abuelos conmigo pero de ellos aprendí que nada se ha ido del todo si vive en tu corazón.

Desde hace unos años tengo la tradición de que el inicio de mi cumpleaños me coja escribiendo. Me gusta que la medianoche del once de mayo me coja mientras tecleo en mi computador y hago este pequeño texto reflexionando un poco sobre qué es cumplir un nuevo año.

Los 36 años me cogen reflexionando sobre lo que decía al principio. He tenido algunas pérdidas. Gente que se ha ido para no volver jamás. Pero si me comparo con otras personas soy muy afortunado pues tuve la oportunidad de estar con estas personas, de poder decirles cuánto las amé, de aprender de ellas y disfrutarlas todo lo que pude.

He vivido, viajado, amado, llorado, experimentado, reído y conocido. Personas han partido sí, pero también otras han llegado para seguir aprendiendo. A veces creo que el mundo en el que he crecido ha desaparecido, la ciudad de mi niñez ya no existe y donde vivo ahora  a pesar del tiempo que he estado nunca será mía; a veces me gustaría encontrar un lugar en el mundo pero quizá crecer consiste en creártelo tú mismo. Quizá todo el amor que he recibido y sigo recibiendo es mi mundo, quizás mis letras son mi mundo, siempre cambiante, siempre presente.

También están mis pequeños sobrinos, mi amada Verónica y mi futuro sobrino (o sobrina) por venir, quienes me hacen luchar por un futuro mejor, por dejarles a ellos un mundo mejor del que me tocó, sus ojillos me hacen tener fe y esperanza en que todo estará bien en el mundo.

Y están ustedes, quienes me leen. A algunos he tenido el placer de conocerlos en persona, otras solo de manera virtual, algunos más se asoman acá como visitante efímeros, pero son todos y cada uno de ustedes quienes con su presencia, paciencia, tolerancia y cariño me animan a seguir escribiendo y por lo tanto a seguir siendo yo.

A todos, los presentes y los ausentes; a quienes han partido y quienes no y los que llegaran, GRACIAS, por estar allí, por ser mi fuerza y ánimo.

Nos estamos leyendo. Un abrazo.




martes, 23 de abril de 2019

Colombia, el país que no sabía amar.


A veces pienso que los colombianos estamos enfermos de odio. Nos matamos (ya sea de manera simbólica o literal) por una ideología, un partido, un político al que defender (como si al final del día a estos les importáramos en algo más allá de la época electoral) e incluso por una camiseta de fútbol. Odiamos tanto que cuando vemos el amor lo juzgamos, lo etiquetamos y lo discriminamos si no es igual al que decimos profesar.

Me refiero, claro está, a lo que pasó hace algunos días en un importante Centro Comercial en Bogotá donde un tipo se acercó a una pareja homosexual y la agredió bajo el pretexto que estaba pervirtiendo a los niños. El energúmeno sujeto  acusó de animales (que sí, que todos lo somos pero acá la intención de insulto era obvia) y de andarse manoseando con su ‘novia’ (era una pareja de hombres) alegando que él estaba con su hijo. Posteriormente las grabaciones del Centro Comercial demostraron que las acusaciones eran falsas y la pareja no había hecho nada indebido, un par de días después  un grupo nutrido de homosexuales se reunieron para hacer una ‘besatón’ de protesta y el asunto quedó allí.

O no. No quedó allí. Basta con darse una vuelta por las cloacas de las redes, es decir los foros para ver el nivel de homofobia de este país. Desde el insulto fácil e hiriente hasta la discriminación disfrazada de buenas palabras ‘Yo no tengo nada contra los homosexuales pero…..’, ‘Igual yo tengo amigos gays’ ..., ‘yo no tengo nada contra los homosexuales y hasta los tolero’ y sandeces del mismo estilo.

Lo que dicen estos amiguitos defensores de la buena moral, es que está bien ser homosexual siempre y cuando lo hagan en un espacio lejano donde nadie se entere ni los vea…y siempre excusándose en los mismos caballitos de batalla, que es antinatural, que la moral y las buenas costumbres, que la biblia dice, que los niños (como si a los pobres niños no les bastara con ser asesinados, torturados, abusados todos los días por miles para que ahora vengan a ser usados como pretextos por los homófobos para justificar su odio)...

Habría que decirle al energúmeno padre de familia que él sí que es un animal, una completa bestia. En su defensa, habría que decir que todos lo somos. Unos simios más evolucionados que razonan, que hablan, se visten y hasta van a centros comerciales pero animales al fin y al cabo. Que si nos basáramos en lo que es natural, deberíamos habernos seguido regidos por la madre naturaleza, no nos vestiríamos con los trapos muchas veces ridículos que nos ponemos como ropa y de seguro no habríamos salido de la cuevas, o hubiéramos  creado el  fuego,  o aprendido hablar y escribir, o veríamos el sexo como algo más que para reproducirnos (aunque creo que los delfines también lo hacen por placer) y que se agarre con esta noticia, porque tampoco hubiéramos creado ningún dios  y no tendría que aterrarse por ver dos personas demostrarse cariño.

No es ningún secreto para nadie que no creo en dios. Si hay una fuerza superior la felicito por existir, le agradezco de todo corazón que no se meta conmigo, y me deje en paz- yo prometo hacer lo mismo-. Si el resto de la gente quiere creer en Jehová, Ganesha, Alá o en deificar a una lechuga me parece perfecto siempre y cuando no vengan a joder a quienes no son como ellos, ya veremos los paganos si nos quemamos en el infierno o no. Lo que me parece muy jodido es que alguien que crea en una religión creada por y para gente del Medio Oriente hace más de dos mil años, que cree que venimos de arcilla, que un ente creo siete plagas en Egipto,  un viejo separó el mar  y que su salvador nació de una virgen venga a decir que le parece poco natural que dos tipos se besen porque están enamorados. Mi hermanita y mucha gente que quiero y admiro son religiosas, pero esta fuerza los ayuda a ser mejores humanos y no a creerse mejores que nadie, a juzgarlos y hacerles la vida imposible por no ser como su ‘dios de amor’esperaba. 

Me gustaría que  quedara  claro que no pretendo hablar mal de las personas que son religiosas, ni busco generalizar, muchos de ellos se apoyan en su fe para su crecimiento espiritual pero tampoco puede desconocerse que también hay una problemática con personas que usan este aspecto para atacar a los demás. 

Sinceramente compadezco a los niños de ese Centro Comercial. No por haber visto a dos tipos besándose, sino por el escándalo que ello supone. Si alguno es homosexual nunca podrá vivir plenamente su sexualidad ni su vida afectiva porque siempre tendrá en la retina la muchedumbre ignorante y sedienta de rabia que lo va a juzgar por quien es, que prefiere que viva una mentira por respeto a las ‘buenas costumbres’ a ocultar su esencia; si no lo es, va a crecer aprendiendo a odiar, a discriminar, a pensar que la violencia es el único camino, que la rabia es el único lenguaje y que ‘eliminar’ a quien no es igual es lo correcto.

Pobre Colombia, prefiere la muerte sobre la vida, el odio sobre el amor, la religión impuesta sobre la libertad, la violencia sobre la paz y por eso le va como le va... Pobre Colombia tan corto su amor y tan largo su olvido a saberse diversa y feliz





martes, 16 de abril de 2019

Todos somos el villano en alguna historia de amor

Hace poco me topé en televisión y terminé viendo de nuevo la película 500 days of Summer (0 500 días con ella, como se le conoció por estas latitudes),  que por si alguien no conoce resumiré: La película  narra la historia de Tom quien se enamora de su compañera de trabajo Summer, establecen una relación de amigos con derechos (o follamigos como dirían los españoles con la sutileza que les caracteriza) ella se aburre, lo deja y acompañamos a Tom por el tortuoso camino del desamor hasta que al final sale adelante.

Es curioso, uno por lo general ve este tipo de películas, esta y la de Eterno resplandor de una mente sin recuerdos de Jim Carrey y Kate Winslet cuando está en plena tusa (bueno y no solo eso, oye hasta el cansancio a Enrique Bunbury, se embriaga hasta que no puede más y la palabra favorita es ‘si’: “que hubiera pasado si hubiera hecho esto o aquello”) y es normal. En esos momentos nos gusta retorcernos en el dolor y la miseria, nos sentimos los más infelices sobre la tierra y queremos gritarle al mundo nuestro dolor y el de ese –o esa- miserable que tanto nos ha lastimado.  Cuando ves la película en ese estado culpas a Summer, esa perra, del sufrimiento del pobre Tom, porque te ves reflejado en él, pero cuando la repites con la cabeza –el corazón- frío la percepción cambia totalmente.

Porque no. Summer no es la villana de esa historia. Desde el principio fue clara con Tom y le dijo que no quería una relación seria; pero Tom tampoco es el villano, nadie puede controlar de quién se enamora así jure que no lo vaya a hacer. Y sí, ambos cometen errores, él la idealiza y se le exige lo que ella nunca le prometió, y ella sabiendo que él no la ha superado lo invita a una fiesta donde le restriega que está comprometida con otro. Pero son cosas inevitables que pasan en el amor y en la vida.

Y lo digo con conocimiento de causa. He estado en ambas posiciones. He amado un par de veces en la vida, de manera ciega e ingenua, entregándolo todo, ignorando consejos y dejándome llevar por una palabra, una mirada; pero también he estado en la otra orilla, he rechazado el amor puro que me han ofrecido y algunas veces me he quedado por un cuerpo, una promesa, he intentado no lastimar pero al final ha sido inevitable, de hecho creo que lastimamos de maneras más crueles y duras cuando no queremos hacerlo.

Porque siempre somos el villano en la historia de  amor de alguien, porque  a pesar del tiempo compartido, los buenos momentos, el no querer hacer daño, siempre habrá alguien que nos recordará con el desprecio de la ruptura final. Y siempre ese cuerpo que amamos y poseímos se convertirá en un territorio hostil y los ojos que algunas veces depositaron en nosotros las esperanzas de un futuro compartido se apagarán para nosotros de manera inexorable.

Pero es normal. El amor no se puede exigir ni  mendigar. Simplemente fluye, libre, desinteresado. Siempre cambiante, a veces se acaba, otras muta y se transforma en algo más. El tiempo te enseña que no hay héroes y villanos cuando se ama, solamente seres humanos que ven un brillo especial que nadie más ve en otro y van vulnerables a ofrecer su alma. A veces es correspondido y todo es felicidad, otras no y cada lluvia es como las lágrimas de un corazón herido.

Y sin embargo, al final, porque siempre hay un final, quedan los recuerdos por los buenos momentos, una frase cómplice, un beso o una canción; incluso en las relaciones más desafortunadas hay enseñanzas de vida, cicatrices que como tatuajes de un guerrero nos recuerdan que no todas las personas son bondadosas y hay que escoger muy bien en quien confiar.

En la vida he conocido muchos tipos de amor y desamor. A algunas personas nos cuesta mucho establecer este tipo de relaciones, yo por ejemplo llevo siete años desde mi último noviazgo y a veces dudo de si sea capaz de volver a hacerlo. Pero también conozco gente enamorada del amor, que lo busca cada fin de semana, cada día, de manera desesperada; hay otros que lo buscan en la carnalidad sensual de otros cuerpos y hay quienes incluso renuncian a una pareja y  lo han encontrado en su dios.  Los hay quienes encuentran esa persona capaz de soportar sus luces y sus sombras, en la tranquilidad de una complicidad de pareja y hay quienes redescubren ese brillo especial en otra persona sin importar su sexo cada cierto tiempo….al final es el amor lo que nos hace verdaderamente humanos y libres.

Ah, el amor y sus oscuros y vedados misterios….




lunes, 8 de abril de 2019

El día en el que casi ayudo a morir a mamá


Hay un plano fijo en el que se ve una pareja. Él habla y dice lo que le va a hacer a  su esposa,  tiene una voz firme y serena; ella está recostada en un sillón rojo y tiene la mirada perdida (y cuántas veces yo mismo no vi esa misma mirada a pesar de no conocer a esta mujer) y su voz es solo un hilo débil  que se desgarra  en monosílabos. Él se llama Ángel Hernández, ella María José Carrasco. Ella sufría de esclerosis múltiple desde hacía treinta años, él la ayudo a morir, suministrándole una bebida que la ayudó a descansar de su cárcel de carne y huesos.

El caso ocurrió la semana pasada en España y, en esta aldea global que nos ha convertido este mundo tecnológico, tuve la oportunidad de ver el video y los ojos cansados y tristes de María José Carrasco se quedaron incrustados un largo momento en mi alma, como una especie de fotografía transportándome a una calurosa mañana de diciembre de 2016.

En ese momento el cáncer prácticamente había devorado a mi mamá. De la mujer sabia y alegre quedaban pocos retazos y  cada vez más el malhumor y el dolor se apoderaban de ella. Eso sin contar con lo que quedaba de su cuerpo, era un eco de sí misma, y aun así, a pesar de todo, siempre tuvo amor que darnos y fortaleza que enseñarnos hasta el final. Muchas mañanas le daba una vuelta por la unidad residencial donde vivía, como ya no tenía fuerzas para caminar yo la llevaba en silla de ruedas, siempre despacio porque hasta el más ligero cambio de superficie le ocasionaba dolor.

Durante nuestros paseos hablábamos, a veces de la vida, a veces de cosas más cotidianas, como el paisaje, el calor, lo que pasaba en la familia. Un día hice acopió de las fuerzas que tenía y le dije que si ella deseaba morir yo podía encargarme de todo y asumir las consecuencias. Era un tema que me estaba rondando por la cabeza durante varios días y que no tuve el valor de preguntar hasta ese día.

Mi mamá es quizá, y con el perdón de mi papá, el ser humano que más haya amado en mi vida. Ver el deterioro de la persona que más quieres no es fácil, no importa que tanto lo hayas visto en televisión, cuántos libros o relatos hayas conocido nunca estás preparado para ello. Ver a tu mamá prácticamente con la piel pegada al cuerpo, con dolores recurrentes,  sin ser capaz de comer nada porque todo le repugnaba, ni siquiera de ser capaz de leer sus libros favoritos porque su olor la mareaba, de vomitar prácticamente a diario y no tener fuerzas ni siquiera para caminar te puede partir el corazón de dolor. Lo peor es que no había ninguna salida: Mi hermana, ella y yo nos aferrábamos con la fe de un náufrago a un lejano tratamiento en la mítica Clínica Mayo a pesar que era una quimera, como después se demostró.

No sabía cuánto iba a demorarse todo en acabarse y a pesar de que la eutanasia en Colombia existe recordé el caso del padre del caricaturista ‘Matador’, el  cual tuvo que luchar durante bastante tiempo para que su padre tuviera una muerte digna. Yo no estaba dispuesto a esperar tanto, me dolía, me destrozaba, verla así e hice lo más sensato: Le pregunté a ella que quería.

Le dije que estaba bien lo que decidiera. Que no pensará en mi hermana, en mí o en las leyes de su dios que tan sordo se había mostrado a sus súplicas, que pensara que era verdaderamente lo que quería. Me pidió que nos detuviéramos, no lo pensó mucho y me dijo: ‘Quiero luchar. Hasta el final”. No volví a hablar del tema y ella luchó con toda su alma hasta el final cuando su débil cuerpo no aguanto más y su espíritu maravilloso por fin descansó.

Ella me dijo que no pero también me pudo decir que sí. Y si lo hubiera hecho no me habría temblado el pulso para hacerlo. Más allá de las leyes de los dioses o lo hombres y sus consecuencias lo habría hecho y con el más grande amor hacia ella.

Mucho se habla de la eutanasia y sus más enconados detractores siempre sacan la tarjeta de la religión en contra ¿Qué saben ellos? ¿Con qué huevos son capaces de decir que la única persona capaz de decir quién se muere y cuándo se muere es su dios? ¿Con qué derecho son capaces de hablar de ese tema si no han visto esa persona que aman vuelta mierda, llena de dolor y siendo testigo de cómo la vida se va apagando cada día más? ¿Son tan canallas de creer que si una persona ayuda a morir a otra lo hace lleno de alegría o por cobardía?  No hay acto de amor más grande que el de ayudar a descansar a quien no quiere continuar pero no tiene la fuerza para acabar por sí mismo con su vida. Pienso en si mamá me hubiera dicho que sí, habría sido lo más doloroso en mi vida, pero no me arrepentiría.

En el caso de Ángel y María José hay otro video. Ella ya acostada en la cama, él con el veneno disuelto en un vaso con agua. Son un matrimonio de más de treinta años, pienso en todo lo que hubo en esa pareja, pienso que si mamá hubiera dicho que sí yo podría haber sido Ángel y puedo ver en las palabras que él va diciendo todo el amor que siente por su esposa, amor que mucha gente no podrá entender jamás, le suministra el líquido y después le dice "A ver, dame la mano que quiero notar la ausencia definitiva de tu sufrimiento. Tranquila, ahora te dormirás enseguida".