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miércoles, 20 de junio de 2018

La culpa no es solo del hincha


La culpa no es solo del hincha resentido que luego de la derrota frente a Japón buscó a un mujer de ese país para burlarse de ella en un vídeo; la culpa no es solamente de los hinchas que colaron de manera ilegal aguardiente en el estadio y luego hicieron otro vídeo muertos de la risa (qué tal el ingenio paisa, dice una de las voces) orgullosos de su proeza. Ellos son simplemente el reflejo de una sociedad putrefacta y dañada hasta la médula, en su espíritu y su alma.

La culpa no es solamente de Duque, Petro, Gerlein, Roy Barreras o Fajardo. Ni siquiera de Álvaro Uribe. Estamos enfermos desde pequeños y no nos damos cuenta. Vivimos intoxicados por una sociedad que vive por y para el odio, una cultura donde lo importante es conseguir o tener, donde lo que vale es imponer las ideas y ‘triunfar’ de la manera que sea, sin importar a qué costo, qué se deba hacer o por encima de quién se deba pasar. Hemos vuelto un triste mantra aquello de ‘Traiga la plata mijo, si no puede honradamente….traiga la plata mijo’

Vivimos convencidos de que solo los triunfadores tienen la razón y queremos a toda costa pertenecer al bando de ellos, los vencedores, los salvadores, los buenos. Queremos no solamente vencer al bando contrario sino humillarlo, aniquilarlo, por eso somos incapaces de perdonar y construir sino que preferimos destruir y hundirnos en un espiral de violencia y muerte, es por eso mismo que también somos malos perdedores, incapaces de aceptar que el otro es mejor que nosotros, porque seguramente si nos vence es porque hizo trampa, se dopó o se lo dio al jefe y por lo tanto merece nuestra burla y humillación.

Es ese patético sentimiento de superioridad el que hace que nos burlemos de quien no es igual que nosotros, incluso dentro del propio país generalizamos, entonces el costeño es perezoso, el pastuso  bruto, el paisa aprovechado, la pereirana puta y  el rolo hipócrita. Pero ay, de que alguien se meta con nuestra región o ciudad, saltamos indignados pidiendo un respeto que somos incapaces de ofrecer. También nos burlamos de los argentinos, gringos, bolivianos o peruanos pero cuando en algún programa extranjero hacen alusión a las drogas o a nuestros  criminales que se van al extranjero a delinquir, ponemos ojos de ternero degollado y con lágrimas en los ojos pedimos que no nos estigmaticen y que no todos los colombianos somos así, mientras  a la vez se sigue haciendo trampa y se busca sacar ventaja de la situación.

Porque la mentalidad del todo vale ha permeado por completo la sociedad desde el estrato más pobre hasta el más rico. Criticamos a los hinchas que entraron el trago de contrabando más que todo porque están ahora en la palestra ni siquiera pública sino mundial,  pero cuántas veces no hemos buscado hacerle el quiebre a la ley, sacar ventaja, cuánta gente no piensa en lo que decía ese repugnante y misógino senador de que ‘las leyes son como las mujeres, se hicieron para violarlas’, y cuando logramos evadir la norma, así sea en una pendejada como no recoger la cagada de un perro, lo celebramos, nos creemos los mejores, los más astutos, los de la ‘malicia indígena’.

Y creo que nada le ha hecho más daño a la psiquis del país que la dichosa ‘malicia indígena’ que de indígena no tiene nada. La mentada premia la mentira, el engaño, la ilegalidad. En vez del trabajo duro, se alaba la pereza; en vez de la honestidad, se enaltece la mentira. Es el sumun que tiene su culmen en aquello del vivo vive del bobo y es esa mentalidad tramposa y mediocre y es algo que esté quien esté de presidente, nunca nos permitirá avanzar como país.

Mucho se ha hablado de la importancia de la educación para un cambio en la sociedad, y si bien es una de las claves para avanzar no dejo de preguntarme, ¿no fueron los Nule a las mejores universidades? ¿No lo hicieron los políticos corruptos que saquean al país? ¿Estos hinchas en en Rusia no fueron al colegio? ¿son ellos el reflejo de nuestro país por más que lo queramos negar? Debemos trabajar no solo en la educación sino en una sociedad donde los valores sean importantes, donde el ser humano sea empático y, perdonarán la redundancia, humano. Los japoneses nos derrotaron y en ningún momento se burlaron de nosotros, al contrario se quedaron después del partido recogiendo la basura del estadio porque eso es lo normal para ellos. Es por esa razón que ese país pasó de estar destrozado por la guerra a ser una potencia en poco menos de cincuenta años mientras que nosotros seguimos elegiendo gobernantes guiados por el miedo y el odio.

Pero creo que el cambio es posible y una buena señal es el rugido nacional condenado estos infames hechos en Rusia. Ningún mesías nos va a salvar. El cambio comienza por cada uno de nosotros y así y solo así quizá algún día tengamos futuro como país.





lunes, 13 de febrero de 2012

Libros leídos 2012: (2) Bandoleros, campesinos y gamonales: El caso de la violencia en Colombia.


Bandoleros, campesinos y gamonales: El caso de la violencia en Colombia.
Autores: Gonzalo Sánchez y Donny Meertens.
Editorial: Punto de Lectura
386 páginas

En este ensayo de Sánchez y Meertens –prologado por el gran historiador Eric Hobsbawn-, se analiza el periodo que en Colombia se denominó ‘La Violencia’  que abarco la década de los cuarenta, cincuenta y mediados de los sesenta, enfocándose en el fenómeno de los rebeldes o bandoleros: Sus inicios, su esplendor y ocaso, exponiendo una historia de sangre en Colombia que no termina y que ha desembocado en la tierra de nadie que es el país en la actualidad.





Colombia es un país eminentemente rural. No importan los avances tecnológicos que se hayan dado en las últimas décadas o la constante migración de campesinos a las grandes ciudades.  El corazón de Colombia está en sus campos, es allí donde se ha gestado la historia del país, es en las pequeñas poblaciones, pueblos y municipios donde se ha escrito con sangre nuestros orígenes.

Los autores de este relato, Gonzalo Sánchez y Donny Meertens analizan un breve periodo de la violencia en la nación, de 1946 a 1965 en donde se da el surgimiento, apogeo y desaparición de los bandoleros más conocidos como lo son Sangrenegra, Chispas, Desquite, C  o Pedro Brincos, quienes surgieron fruto de la absurda guerra bipartidista que dio inicio desde hace casi dos siglos.

En Colombia –para quien no lo sepa- existen principalmente dos partidos políticos: El Liberal y el Conservador;  la mayor diferencia es que mientras los unos tienen banderas azules, los otros las tienen rojas. Ambos son igual de corruptos, igual de ineficientes, igual de asesinos –ya sea por acción o por omisión- como lo ha demostrado la historia de este territorio.

A mediados del siglo XX, la violencia entre seguidores de ambos partidos se intensifico y el gobierno conservador de la época –en complacencia del clero- permitieron una campaña de exterminio liberal que impulsó la creación de bandoleros campesinos que inicialmente defendían sus territorios y familiares pero que posteriormente iniciaron ataques salvajes y desmedidos contra campesinos y terratenientes del partido contrario creando un círculo vicioso de venganzas y masacres.

En este excelente ensayo, los autores no solamente desentrañan este periodo que abarca un poco más de dos décadas y que se le denominó, La Violencia –como si se pudiera denominar así un solo periodo en nuestra  historia  tan llena de violencias-  sino que dan indicios de lo que pasó en el pasado, de lo que ocurre en nuestro presente y lo que ocurrirá en el futuro en caso de no aplicar los correctivos necesarios.




Podría decirse que las principales causas de estas ‘violencias’, de los orígenes de estos bandoleros se sustentan en varios pilares a saber: En un abandono estatal a ciertas regiones del país lo cual trae como consecuencia la pobreza,  la ignorancia y la violencia en una tierra sin dueño y la creación subsecuente de grupos de autodefensa que derivan en nuevos ciclos de guerra.

Otro punto importante es la sevicia con que las clases políticas han manejado el país a lo largo de varias décadas. Conservadores y Liberales han fracasado por completo y sumido a este país en un atraso significativo y su papel ha sido vergonzoso en la historia del país.

Basta con ver como su ‘odio’ partidista se hacía un lado cuando los dirigentes de ambas colectividades se repartieron el país como si fuera un pastel  en el Frente Nacional o el uso que le dieron a los bandoleros, al usarlos primero como herramientas para conseguir votos para luego renegar de ellos y repudiarlos como asesinos y criminales.

Lo triste es que así fue en el pasado sucede igual en el presente. Políticos y asesinos parecen destinados a permanecer unidos en pactos macabros en búsqueda del poder, y si ayer lo hacían gamonales locales quienes ofrecían su protección a bandoleros  a cambio de votos o de eliminar a su competencia, hoy se dan entre políticos y paramilitares quienes firman documentos en donde planean “la refundación de la patria”.

Combatir únicamente la violencia con la violencia no ha resuelto nada en el pasado y no lo hará ahora. Las soluciones a los problemas de la nación son muy graves y para subsanarlos se requieren de soluciones a largo tiempo. Se tienen que sanar las heridas de guerra, de esta guerra que vivimos ahora como de las anteriores. Hay que parar el ciclo de violencia porque sino los guerrilleros de ahora serán reemplazados por nuevos maleantes que tendrán sus mismos orígenes de venganza, ambición y pobreza.

Si Colombia quiere cambiar su destino de repeticiones absurdas debe existir un cambio. Un cambio real que abarque la política, la reforma agraria, la educación; el comprender que el problema no consiste en un grupo de rebeldes que un día les dio por irse al monte a echar bala sino que tiene orígenes en la pobreza y en la violencia y si se desea  cambiar esta situación no se debe recurrir  solamente a la fuerza militar sino que el Estado debe hacer presencia verdadera y efectiva en todas las regiones de la nación.

Por desgracia, en este momento no existe nadie en este país interesado en realizar este cambio, sino en mantener un status quo obsoleto e ineficaz que en nada cambiará la situación que hemos vivido hasta ahora. Solamente me queda citar al poeta Gonzalo Arango quien escribió una elegía al bandolero ‘Desquite’:

Yo pregunto sobre su tumba cavada en la montaña: ¿No
habrá manera de que Colombia, en vez de matar a sus
hijos, los haga dignos de vivir?
Si Colombia no puede responder a esta pregunta,
entonces profetizo una desgracia:
Desquite resucitará,
Y la tierra se volverá a regar de sangre, dolor y
lágrimas.