viernes, 18 de octubre de 2013

Fabulas gatunas




Es una verdad conocida que los más jóvenes no leen.  Iphones, Nintendos y demás chucherías del siglo XXI han alejado a las nuevas generaciones de los clásicos de la literatura; y si la esperanza para que los más chicos vuelvan a las letras son las poesías de Roy Barreras y la biografía de Álvaro Uribe Vélez, podemos apagar la luz e irnos.

Como rotativo felino mecenas  en la cultura, la lulada, el aborrajado y demás cosas buenas de la vida,  nos interesa incentivar la lectura (además porque si nadie lee, esta gatuna publicación tristemente deberá cerrar sus puertas e irnos pa’ la casa),  por lo que hemos decidido publicar algunos de las fabulas de ayer y hoy en busca de generar interés. Valga la pena aclarar que las hemos adaptado a los nuevos tiempos para generar nuevos adeptos.

Estos son algunas de nuestras fabulas gatunas….


La gallina de los (tres) huevos de oro

Érase una vez un presidentico que tenía sus tres huevitos de oro,  los cuidaba con esmero y buscaba una gallinita que pudiera cuidárselos.  Después de pensarlo mucho  (y de que la mayoría de sus plumíferos fueran a la cárcel por corrupticos, a pesar de ser buenos muchachos), se decidió por la gallinita JuanMa, que seguro le cuidaría sus ovalados tesoros,  pero decidió arriesgarse y sacrificar a la gallinita mandándola para la presidencia. El ave se volvió mandataria, empezó a negar paros y a reventar los tres huevitos al día siguiente de ser elegido. El pobre expresidentico se dio cuenta que el ave estaba completamente vacía por dentro. Por desgracia, el resto de los colombianos nos dimos cuenta demasiado tarde.

Moraleja: Hijitos, la ambición rompe el saco y ni para-militares hay excepciones




El lagarto y la liebre

Una vez la liebre y el lagarto decidieron apostar una carrera hasta la cima de una colina. El  lagarto, que se llamaba Roy (nombre elegido al azar), era lento y astuto mientras la liebre era rápida y honesta. Comenzó la carrera y la liebre salió a toda carrera dejando atrás al pobre Roy. Éste no se preocupó y con su paso lento pero seguro se dedicó a hablar con gamonales locales, comprar votos y promesas a cambio de lechonas,  cambiarse de partido político animal según las conveniencias y en hablar con la prensa sobre su rectitud. La liebre llegó a la cima de la colina a los quince minutos, mientras que el lagarto se demoró quince días en hacerlo, pero los jueces de la competencia  –amigos de nuestro Roy- decidieron que él era ganador por diferencia abrumadora a la vez que lo nombraron presidente vitalicio del Senado.

Moraleja:  Más vale maña y marrullería política que fuerza y talento






El América y las uvas verdes

Había una zorra llamada América que estaba en un viñedo. En lo alto había unas uvas de la marca  “Promoción”. La zorra se paró en sus puntas, saltó para cogerlas, pero no pudo alcanzarlas, se montó en una silla, llamó a Diego  Edinson Umaña y pidió que la sacaran de la lista Clinton pero todo fue inútil. Finalmente miró al piso y dijo “Estúpida promoción, al final ni la quería, prefiero quedarme en la B”.

Moraleja: Agua que los Rodríguez no han de beber, amigo déjala correr





El pastorcito mentiroso

Había una vez un pastorcito político mentiroso. Una vez empezó a gritar:
-El Polo, El Polo, se viene el Polo….
Pero quedó electo Mockus entonces nadie le paró bolas. A la elección siguiente el pastorcito gritó.
-El Polo, El Polo, se viene el Polo….
Pero quedó electo Peñalosa y nadie le paró bolas. A la siguiente elección el pastorcito, aterrorizado gritó….
-El Polo, El Polo, se viene el Polo….
Pero nadie le paró bolas…y esta vez llegaron Lucho Garzón, Sammy Moreno y Petro a acabar con la pobre Bogotá.

Moraleja:

Bogotá está tan jodida que ninguna moraleja aplica.





Artículo publicado en el periódico de humor 'El Gato'  (El mejor rotativo del mundo y sus contornos)

martes, 8 de octubre de 2013

De Michael Corleone a Walter White







Amamos aquellas historias que nos hablan sobre imperios destruidos y grandes personajes que dejan atrás vidas grises y cotidianas para elevarse a figuras legendarias, así hayan construido su nombre por medio del crimen, muerte y sangre. De igual manera, sentimos una extraña fascinación por su caída, el momento en que sus reinos se derrumban como un castillo de naipes y llegan de manera implacable las consecuencias por sus actos.


El cine, la literatura y ahora la televisión nos han ofrecido múltiples historias de este tipo, y si en el pasado la figura emblemática de este arquetipo era Michael Corleone, protagonista indiscutido de la trilogía de El Padrino, dirigida por Francis Ford Coppola y escrita por Mario Puzo; en la actualidad la historia de Walter White, narrada en la serie Breaking Bad, creada por Vince Gilligan, parece ser su heredera directa.  

¿Qué tienen en común un maestro de química diagnosticado con cáncer que  cocina metanfetaminas en Nuevo México y el capo de todos los capos de la mafia de Nueva York? Vamos a descubrirlo….


ATENCIÓN SPOILERS DE LA TRILOGÍA DE EL PADRINO Y LA SERIE BREAKING BAD


11.)  Puntos de quiebre para unas vidas demasiado cotidianas

Walter White era un apacible profesor de química que llevaba una vida relativamente normal; Michael Corleone a pesar de ser hijo del mafioso más importante de NY, le daba la espalda al negocio familiar y renegado de su apellido. Ambos tenían planeados dedicarse a cimentar sus propias familias (Michael casarse con Kay y Walter criar a sus dos hijos), pero golpes del destino hacen que sus planes cambien por completo.

En el caso de Michael, su padre Vito, recibe un atentado de Virgil Sollozo, un mafioso rival que pone en jaque a toda su familia y en donde él se revela como la única persona apta para salvarlos a todos (sus hermanos son muy temperamentales o demasiado pasivos); mientras que Walter recibe la noticia que tiene cáncer de pulmón inoperable, le queda poco tiempo de vida y no tiene suficiente  dinero para dejarle a su esposa embarazada y su hijo adolescente.

¿Qué hacer cuando la vida parece cerrar todas las puertas y la única opción para un mejor futuro se encuentra en hacer cosas que nunca imaginaste? Ellos deciden cruzar la línea de lo legal para hacerlo. Él uno decide eliminar la amenaza que intentó eliminar a su padre, mientras el otro con  la ayuda de un antiguo estudiante decide preparar droga ilegal. El problema es que una vez se da un  paso en el mundo del crimen no hay vuelta atrás.

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2.)  Justificar lo injustificable

Ambos personajes se excusarán hasta la saciedad diciendo que todas sus acciones  las hicieron por sus familias, por querer salvarlas y vengarse (caso Michael) o por dejarles suficiente dinero una vez la enfermedad hubiera acabado con él (Walter); y si bien en un principio creyeran en esta justificación para traficar, asesinar y mentir, conforme va pasando el tiempo, el ego, la ambición y la sed insaciable de poder van convirtiendo este pretexto en algo tan flojo que ni ellos mismos creen, a pesar de seguirlo argumentando ante quienes aman de manera ridícula.

Quizá lo que  ejemplifica esto  es que ninguno de los dos es capaz de salirse del negocio una vez ‘han salvado’ a la familia. Michael acaba con las cabezas de las Cinco Familias de Nueva York , ya no hay nadie que dude del poder de los Corleone ni que se atreva a amenazarlo; por su parte después de la muerte de Gus Fring, Walter White tiene suficiente dinero para que sus seres queridos no vuelvan a pasar nunca necesidades (rechaza los cinco millones de dólares  que le ofrecen para abandonar el negocio) pero ninguno es capaz de retornar a esa vida sin preocupaciones que ya consideran inconcebibles.

El orgullo ha ganado la partida, ambos prometen salirse de sus negocios sucios, sólo quieren seguir otro rato, afianzar el negocio, conseguir un poco más de plata y siguen esgrimiendo su triste pretexto de manera patética aunque saben que no lo van a hacer y cuando decidan que ya es suficiente será demasiado tarde para todos.



33.)  Un alias que da identidad y poder

Michael Corleone es simplemente el tercer hijo de un capo de la mafia que no quiere saber del negocio; Walter White, un profesor de química al que todos miran con una compasiva sonrisa. Son inofensivos, pueden ser buenos amigos o familiares pero no pueden causar terror o ser respetados.

Por ello, deciden construir una especie de alter ego, una personalidad alterna que genere ese reconocimiento que ellos no han obtenido. Quizá el caso más notable sea el de Walter White que se enfunda un sombrero negro, unas gafas ridículas y se hace llamar Heisenberg. En ese momento su mirada cambia, su voz se llena de soberbia y no nos recuerda al querido profesor en ningún aspecto. En el caso de Michael es simplemente un título, el de Padrino, jefe indiscutible de la mafia, sin embargo, al final de la primera película, cuando se afianza en este título vemos que es un hombre diferente, capaz de las cosas horribles que hará en el futuro.

Ambos hombres se solazan con sus alias, lo convierten en una extensión de sus personalidades, lo exhiben con orgullo. No hay sino que ver como Michael le miente cínicamente a su esposa para después ser alabado por sus lacayos o como Walter después de presumir de algunos de sus crímenes exige que digan su nombre, (Ese Say my name que ordena a un potencial socio…)

Pero ambas escenas son tan maravillosas que es inevitable no recordarlas….






44.)  No retorno

Llega un momento cuando ambos personajes deciden salirse del negocio. Quieren retornar a sus vidas normales y honorables, hacer borrón y cuenta nueva, un acá no ha pasado nada,  pretendiendo que toda la sangre derramada sea arrastrada por el viento y el agua. Pero  no nos engañemos, si estos personajes deciden retirarse de esta vida no es porque se arrepientan de sus actos sino porque se les acaba el tiempo de vida (El Padrino ya está viejo y cansado y a Walter le retorna el cáncer) sin embargo, olvidan que todos los actos cometidos tienen consecuencias y que la senda que decidieron seguir no acepta un simple NO como respuesta.

A eso hay que sumarle que han sido de tal tamaño sus pecados que se han quedado prácticamente solos, sin amigos, sólo cómplices, y han generado tanta rabia y resentimiento en sus víctimas que ellas no descansarán hasta verlos acabados.

En el caso de White, cuando Hank descubre quién es en realidad ese hombre que tantas veces ha entrado en su casa y compartido su comida, jura atraparlo a toda costa; Walter quiere evitar lastimar a su cuñado pero no tiene en cuenta toda el odio y el resentimiento que ha generado  en él, y si a eso le sumamos el factor Jesse Pinkman, su socio, su amigo, a quien tantas veces le salvó la vida pero a quien manipuló otras  mil más, logrando que de la admiración  y el aprecio se convirtiera en desprecio y ganas de venganza,  todo detonará en una explosión que será una tragedia en todos los sentidos.

Para El Padrino las cosas no son muy diferentes. Después de una vida dedicada al crimen quiere legalizar sus negocios, dejarlo todo atrás. No tiene en cuenta que nadie cree sus palabras, los otros mafiosos prefieren “mandarlo a Belice” que arriesgarse a un posible regreso, incluso contratando un helicoptero que cumpla este fin. Hay una escena donde Michael está hablando con su hermana y su abogado y refleja toda la frustración rabia e impotencia de no poder salirse de ese mundo.




55.)  Final solitario

Como hemos dicho antes La familia, es su grito de batalla, la excusa para envenenar niños, matar inocentes, poner bombas, mentir, robar y planear golpes maestros. Pero si miramos el final de nuestros amados y odiados personajes nos damos cuenta que esas personas, las más amadas son quienes sufrirán con mayor dureza el retorno de la ola.

Walter White, más conocido en el bajo mundo como Heisenberg, pretendió hasta el último minuto mantener a su familia unida, que su secreto muriera con él. Al ver que esto era imposible y que Hank estaba al tanto de su pista prefirió ser capturado a lastimar a su cuñado y sin embargo, la vida le deparaba un duro revés al ser testigo de cómo la banda de neonazis que él comandó, le metía a su familiar un  tiro en la cabeza  En una de las escenas más conmovedoras de la serie vemos como Walter prefiere de manera infructuosa entregar todo el dinero que ha ganado con tal de evitar una muerte inminente de su ser querido.

A partir de ese momento la bola de nieve será irreversible. Su familia se entera y lo culpa, es odiado y maldecido por todos, su hijo  amado le grita en la cara que debería morirse y que no quieren ese dinero manchado con sangre. Walt huye y es tanta su soledad que llega al extremo de regalar diez mil dólares a un desconocido por una hora de compañía.

En el caso de Michael Corleone la situación es mucho más triste. Él mismo ordena el asesinato de su propio hermano (un acto que nunca olvidará como veremos en la tercera parte, en una gran escena donde confiesa sus pecados a un sacerdote bueno), sus hijos le temen, su esposa a pesar de amarlo no vuelve con él por quien ha sido y al final, como un castigo peor que la muerte, Mary Corleone, su hija, la luz de sus ojos, es asesinada ante sus ojos.

Ambos mueren solos, de manera miserable. Si bien es cierto que Walter regresa para vengar la muerte de su cuñado y liberar a Jesse y Michael se queda viviendo en Italia, ambos acabaran completamente solos, sin nadie que los llore, pensando una y otra vez si toda la plata y el poder sirvieron de algo y ahogados en recuerdos de épocas que ellos mismos asesinaron.

Ambos finales son obras de arte que es imposible dejar de verlas una y otra vez:







martes, 24 de septiembre de 2013

Cartas vampíricas

La talentosa escritora Carolina Andujar, quien ha publicado las novelas vampíricas Vampyr y Vajda y que en estos momentos se encuentra terminando una nueva historia (esta vez sobre brujas), organizó hace poco un concurso literario de terror. Este consistía en escribir una carta desde el punto de vista de un vampiro que tiene tiene una relación de amor-odio hacia un mortal y que debía tener una extensión máxima de una página (a doble espacio).

Para el concurso se me ocurrieron tres ideas de las cuales tuve que elegir sólo una. Comparto las otras dos cartas desechadas que espero sean de su agrado 

CARTA 1

Mi muy añorada Monique,

Mientras escribo, por la comisura de mis labios se desliza un hilo de sangre, travieso e indómito. El cadáver del niño aún me observa, y sus ojos mantienen esa expresión suplicante esperando arrepentimiento de mi parte. Inocente chiquillo; crédulo, estúpido y delicioso chiquillo. Si el destino diera segundas oportunidades, seguramente aprendería que no se debe confiar en extraños. Quizá lo ponga en práctica para su próxima vida.

La primera vez que te vi, sentí que algo se removía en mi interior, del todo insólito dentro de un cuerpo huérfano de pulso. Al principio pensé que me había hecho daño el anciano que había cenado esa noche. Lo ignoras, pero los viejos saben horrible. Su sangre tiene gusto a orines, cigarrillos y un olor rancio que anuncia su proximidad a la muerte. Pero los días pasaron y seguí pensando en ti, no como ganado, sino como en algo más. Recordaba tus ojos, tu cuerpo y esa vena larga y palpitante de tu cuello.

Es posible que nunca me perdones por haber matado a todos los miembros de tu familia, pero en verdad me inquietaba su presencia. Gracias a ellos existes tú, y tú me has convertido en un vampiro enamorado. ¿Puede acaso concebirse una peor desviación que esa? Los humanos son nuestro alimento… sería algo tan ridículo como si ustedes se encapricharan por una cabra o un cerdo. Sin embargo, al mismo tiempo ansiaba que llegara la noche para verte, así me consumieran los celos de verte en brazos de otros hombres. (Por cierto, te preguntarás por qué no has vuelto a saber de ellos… me declaro culpable).


Ahora te vas. Huyes de mi presencia y me duele cada metro que te distancias. Pero no podrás escapar. Eres mía —solo mía—, y te seguiré hasta el fin del mundo de ser necesario, porque te deseo. No me malentiendas, por favor. Nuestro amor no tiene el propósito —como dicen los folletines rosas vampirescos de ahora— del matrimonio. ¿Qué sentido tiene vivir para siempre si nos tenemos que casar? Lo que voy a hacer cuando te encuentre es raptarte de una vez por todas. Mirarte a los ojos, ver mis reflejos en tus pupilas por última vez, paladear el miedo que se apodera de tu cuerpo, clavar mis colmillos y beber hasta la última gota de tu dulce sangre, saboreándola una y otra vez. De esta manera vivirás para siempre en mí y no tendré que seguir merodeando atormentado por las noches con la molesta presencia de tu existencia en mis pensamientos. Así que ya lo sabes, amore mio, espera mi visita y olvida cerrar las ventanas.


CARTA 2

Amor mío,

Una luz titilante y pálida es lo único que puedo percibir. No siento nada, ni frío, ni  calor; en estos momentos estoy atada a una camilla en un sótano vacío, sola con mis pensamientos, esperando por tu regreso. Lo único que anhelo es poder renunciar a la vida - paradójica palabra- eterna que tú me quieres obligar a tener. Podrías haber acabado con esta locura desde el mismo instante que empezó, sabías lo que iba a ocurrir desde el principio y no lo impediste, enarbolando como bandera el amor, un amor retorcido y egoísta que de manera extraña siento con la misma intensidad por ti mezclado con un odio espeso y oscuro que se funde como si fuera un rio de sangre.

Llegas y traes una nueva invitada. Esta vez es una joven no mayor de quince años, de ojos azules y larga cabellera, está inconsciente, la acercas para que pueda verla. Es casi una niña. Tomas el cuchillo y antes de que yo pueda gritar, la degollas. Con una botella recolectas la sangre que se escapa de su vida. Me miras, de nuevo me miras, con esa mezcla de vergüenza, culpabilidad y complicidad que nos atará en el infierno para siempre. Con la suavidad de una madre aproximas el frasco hasta mi boca. Quiero decirte que es suficiente, que me dejes morir de manera definitiva pero mis colmillos centellean, el hambre acecha y su líquido vital es tan delicioso que no puedo hacer otra cosa que beberme hasta la última gota y relamerme como una bestia. Luego de ello, repites el ritual que llevas haciendo desde hace un año, cuando fui mordida por el vampiro,  te acuestas a mi lado, acaricias mi cuerpo helado y  me susurras una y otra vez hasta  quedar dormido que ni siquiera la muerte será capaz de separarnos.

No sé si estos pensamientos llegarán a ti, ni siquiera si alguien los está escribiendo, es un enigma de tal magnitud cómo saber si los androides sueñan con ovejas electrónicas, pero tengo la certeza de que en algún universo, en alguna época alguien puede sentir mi lamento, mi desesperación y podrá plasmarla en un papel. Guardo la remota esperanza de que esas letras llegarán a ti de alguna manera y que cuando eso suceda reúnas por fin el coraje para dejarme ir, me desates por fin y claves una estaca en mi corazón para liberarme de una vez por todas de esta prisión, sólo así demostrarás tu amor.

Tuya, M.

lunes, 26 de agosto de 2013

Carta a la mujer que era

Ya no te veré sentada a la vera de la ventana, con el reflejo del sol cayendo por tu rostro y las pequeñas luminosidades iluminando tus iris oscuros veteándolos con pequeñas partículas de color dorado,  no admiraré tu cabello negro cayendo como una cascada nocturna hacia el infinito, ni tus piernas recogidas como si fueras una especie de felino sigiloso mientras con la boca entreabierta repites de manera casi silenciosa las palabras de un libro que admiras con deleite.

Los demonios nunca duermen y los fantasmas son simplemente recuerdos que se agazapan en nuestra alma  esperando ansiosos por salir a flote,  casi siempre en esas largas noches de insomnio,  cuando el universo parece dormitar y derivar de manera ciega y empecinada a través de las estrellas.  Es en esos momentos en que leemos y escribimos aferrándonos a ese mundo limpio de las letras, pretendiéndonos embarcar en esas aventuras y pensamientos redactados por hombres y mujeres de cientos de lugares  que vivieron y murieron antes que naciéramos, pretendiendo hallar una respuesta que ellos buscaron durante sus efímeras vidas con el mismo infructuoso resultado que tú y yo indagamos en sus almas y en su soledad.

También te ha ocurrido, ¿cierto? El levantarte a mitad de la noche, el creer escuchar esa voz familiar que por tanto tiempo ha sido añorada, el sentir en tu piel el eco de una caricia por la espalda que ya no existe, oler  ese aroma que te hacía sentir segura, en casa, pero que ya ha desaparecido por completo.  Despertarte y descubrir que la ausencia sigue presente y la cama vacía; en esos momentos, supongo, te asomarás nuevamente a la ventana, sin ningún propósito en específico, solamente contemplar las calles vacías y silenciosas, mientras la luz de la luna te baña un poco más, a la vez que  los segundos y horas pasan porque a pesar de nuestros pensamientos, de los deseos autodestructivos que se repiten como un eco lejano en la cabeza, el tiempo sigue avanzando sin volver la cabeza atrás.

¿Sabes? Creo que la vida se compone de miles  de fragmentos irrepetibles, nuestras decisiones son las que guiarán la senda a seguir. La mayoría de las veces tememos tomarlas, elegimos atarnos al pasado, ceder ese control al dolor, a esa rabia silenciosa que nadie puede percibir pero que nos desgarra por dentro… quien dijo que el amor y por consiguiente el desamor –ambas caras de la misma moneda- no son capaces de matar se equivocaba, lo hace, claro está, pero de manera cruel, en silencio y a largo plazo.  Pretendes olvidarlo sumergiéndote en ese mundo intelectual donde crees que no llegaran las voces y las memorias pero al final siempre, y no importa lo que hagas, terminan hallándote.

Yo también lo he hecho y lo hago a través de letras, de la construcciones de cientos de mundos imaginarios –como éste-, donde edifico barreras y diques que pretenden olvidar aquello que duele. Quizá mi mensaje llegué hasta alguien que pueda sentirse identificado por lo que escribo o simplemente son letras muertas que únicamente sirven para no acallar mis pensamientos. Lo único que tengo claro es que debo escribir y escribir de manera testaruda, buscando un resquicio, una respuesta que probablemente no exista.

A pesar de ello, intento elegir acallar las voces del pasado, vivir en el presente, en las memorias que construyo día tras día, quizá en una voz que me devuelva la alegría, en tu mirada interrogativa y el recuerdo del tacto de tu cuerpo en una noche donde hablamos hasta casi el amanecer.

Tu decisión está tomada. Eres quien eres, para mí, serás quien eras. Seguirás junto a la ventana mientras el sol te sigue bañando,  leyendo con las piernas recogidas y mirando a un horizonte infinito, siempre lejana y ajena.  Pero ya no te veré.


lunes, 12 de agosto de 2013

Escribir una novela


Dicen que el dolor más fuerte y placentero que se puede experimentar de manera simultánea es dar a luz. Las sensaciones son  tan intensas que el cerebro elige olvidarlas para que el proceso se pueda repetir una vez más y las mujeres no se rehúsen a ello. Nunca podré saber lo que se siente por obvias razones, pero estoy seguro que la gestación de una novela, si bien no tiene la misma intensidad, se le debe parecer bastante.
Se comienza con una hoja en blanco. Sólo quienes escribimos sabemos el pavor que puede causar esa brillantez, esa raya titilante que aparece en el computador presionándote para empezar a escribir, para vaciar las ideas que se agolpan de manera desesperada en el cerebro y que buscan un pequeño resquicio, ya sea una vocal o una consonante para empezar a salir de manera desaforada, desordenada, esperando para inundarlo todo como una avalancha, un magma incandescente dispuesto a devorarlo todo.
En mi caso, no soy un escritor ordenado o flemático. No planeo con anterioridad cada uno de los párrafos que van a salir, simplemente empiezo a teclear con la misma fuerza que un pianista toca su instrumento;  podrá parecer ridículo, pero al momento en que mis dedos se posan sobre las letras y empiezo a traducir mis demonios en oraciones y párrafos, mi mente se desvanece por completo, ya no me pertenece en lo absoluto, me siento como una especie de instrumento de algo que se escapa a mi comprensión, un médium cuyo único objetivo es escribir y escribir como si fuera un prisionero y la única manera de obtener mi libertad momentánea (que se revocará una vez me siente nuevamente frente al teclado) es llenar esa blancura sin límites que está frente a mí, el enemigo a derrotar que soy yo mismo.
He terminado, después de ciento sesenta y cinco páginas y  un año y dos meses, mi primera novela. Sería incapaz de relatarles de manera exacta lo que esto ha significado para mí, no sólo por el hecho de, finalmente, haber completado uno de mis tantos proyectos inconclusos, sino por lo mucho que he tenido que atravesar, tanto de manera física como mental y espiritual para poder hacerlo. Es casi imposible de describirlo. Sin embargo lo voy a intentar.
Lo primero que les diré es que ha sido doloroso, muy doloroso. Quizá sea por la historia en sí, que en cierto sentido habla de una parte muy difícil de mi vida, de ciertas heridas que dolieron en su momento y aún lo siguen haciendo. Escribir, día tras día, era sumergirme una y otra vez en una época que ocurrió hace ya algún tiempo y tratar de retener los recuerdos en unos pocos trazos, como quien pretende agarrar el sol con sus puños para que, al final, cuando abra las manos se dé cuenta que las tiene vacías. Era relatar sobre personajes que vivían en mi interior, que reflejaban diferentes facetas sombrías pero que vagaban por los abismos más profundos de mi alma, ocultos y danzando en un baile de máscaras del cual yo pretendía escuchar la melodía sin lograrlo en muchas ocasiones.
Alguien dirá que soy masoquista, probablemente tenga razón, no lo niego. Pero más allá de eso era una necesidad que me azuzaba, que me chuzaba, como una especie de alfiler que tienes clavado en el corazón y que empieza a punzar cuando no escribes. Podía empezar a rasgarme en los momentos más ordinarios del día como cuando estaba en la oficina, almorzando o trotando, era una especie de silbido que se convertía en un murmullo que pretendía ignorar y que cada vez aumentaba su intensidad hasta convertirse en un grito que se alojaba en mi cuerpo, que se repetía como un eco infinito y me ordenaba continuar con la historia.
¿Han escuchado que cuando los drogadictos entran a rehabilitación y empiezan a desintoxicarse es su cuerpo el que les pide más y más drogas al extremo de empezar a enfermarse por su ausencia? Podría decirse que cuando escribes una novela sientes lo mismo, puedes no quererlo, tener el impulso de abandonar a tus personajes a su deriva en una especie de limbo literario pensando que ellos no necesitan de tu ayuda para salir adelante y resolverán solos sus problemas, mandarlo todo a paseo y continuar con tu vida como si nada, pero las cosas ya no son como antes, una vez te has embarcado en esta travesía te das cuenta que es un viaje sin retorno y debes continuar hasta acabar. Mala suerte. El cuerpo, tu alma te lo exige, te has convertido en un yonki de las letras. No es que quieras hacerlo o no. Es que debes hacerlo.
Lo segundo que diré es que adquirir la disciplina necesaria es el equivalente a tratar de amaestrar un elefante. Es pesada, lenta y si te distraes una vez es posible que hayas perdido todos los avances que habías logrado hasta el momento.
Tan sólo necesitas trazarte el objetivo de querer escribir tu novela para que todas las tentaciones floten a tu lado, ingrávidas y dulces como voces de sirenas. No sólo los planes que aparecen de ningún lado, las amistades que nunca se habían manifestado sino hasta ese instante, sino que tú misma casa se convierte en tu enemigo, de repente quieres verte ese episodio de televisión que has visto mil veces o a mitad de un párrafo trascendental querer revisar tu cuenta de Facebook (Estoy convencido que el invento de Mark Zuckerberg se ha convertido en el cementerio de más de un aspirante a escritor).
Confieso que muchas veces he caído. He dejado aparcado mi escrito para irme de juerga, ‘es sólo un día’ me repetía de manera inocente, mañana sin duda retomo, al otro día decía lo mismo como quien repite un mantra, hasta que me daba cuenta que había pasado una semana o un par de ellas sin tocar la historia y volvía apesadumbrado y contrito a mi universo, y cada vez que me iba me costaba más trabajo retomar el ritmo.
Sin embargo, a pesar de ello, puedo decir que mantuve un ritmo regular. Escribí cada vez que podía, especialmente en los momentos anímicos más difíciles, lo hacía en noches lluviosas, estando tan embriagado que a duras penas lograba ver el teclado, en medio de montañas de cigarrillos y nubes de humo a pesar de prometerme a mí mismo que iba a dejar de fumar, y el teclado se llenaba de nicotina y pensamientos brumosos como si fuera la caverna de un dragón; lo hacía con el alma destrozada después de ver, enterarme o escuchar cosas que no debía saber. Pero también lo hice durante noches buenas, llenas de ilusiones y sueños, en momentos donde escribir era un placer, donde reía con mis personajes, y no veía el momento en que estuviera cercana la medianoche para llegar a teclear un par de buenas ideas que se me habían ocurrido durante el día.
Lo tercero que diré es que es muy difícil encontrar un estilo propio. Escribes, relees lo escrito y piensas que es muy superficial, demasiado estúpido,  no quieres ser el rey de lo evidente, un Paulo Coelho en potencia, pero hacía allá te diriges a pasos agigantados; o te pasa lo contrario, tu escrito es muy denso, te has convertido en uno de esos autores de medio pelo, pretenciosos y petulantes que has detestado toda tu vida.
¿Dónde se encuentra el equilibrio? En Mientras Escribo, el libro de Stephen King sobre la escritura, el autor nos dice que lo importante a la hora de redactar un texto es decir una verdad, TÚ verdad; puede que al resto del universo le parezca un idiotez, pero al menos estarás siendo honesto contigo mismo. He intentado seguir esta premisa con mi historia pero siempre he tenido la impresión de estar caminando en una cornisa entre lo simple, estúpido y baladí  y lo incomprensible y farragoso.
Siempre he pensado que los escritores son –somos- como niños pequeños, constantemente reclaman atención, quieren que el universo gire en torno a ellos, a sus historias, escriben para compartir un pedazo de sus sueños y pesadillas con el mundo, pero a cambio piden que no sean olvidados, que sean leídos. Podrán haber pocas excepciones a la regla: Un Kafka que guardaba sus escritos bajo llave y que pidió que su obra fuera destruida al morir, o un Ernesto Sabato que escribía múltiples historias para una vez terminadas sacrificarlas al fuego (De hecho, Sobre héroes y tumbas fue rescatada de las llamas por la esposa del escritor), pero la mayoría de los ellos sueñan con publicar sus historias y que sus libros se vendan en el mundo.
Diré que también me he dejado llevar por esas fantasías, que he soñado con ver publicado mi libro y que sea exhibido en una librería. Pero también sé que el camino es largo, que éste es mi primer relato, que los autores nuevos son ignorados por las grandes editoriales y que vivo en un país donde la lectura es algo prescindible. Más importante aún, debo concientizarme que lo importante no es esa meta sino haber terminado, que este es un escalón y que debo continuar la senda sin importar cuántas negativas reciba y cuantos obstáculos se crucen en mi vida. Siempre he creído que al final, el verdadero talento saldrá triunfante.
Ahora que he terminado Rabia (mi novela), me siento un poco vacío, exhausto, después de tanto esfuerzo. Retomé viejas lecturas y he empezado a corregir una de mis historias de terror que tenía en el desván de los recuerdos, pero siento como si la novela hubiera absorbido mis energías para escribir de nuevo, pero sé que debo reponerme y retomar el buen  camino, finalmente me quedan cientos de historias por escribir.
Bastará decir que este no es el fin del camino, ya que queda una parte muy importante por hacer y que, confieso, es a la que menos cariño le tengo: Corregir. Para una persona como yo, pasional e impulsiva, detenerse en los detalles, comas, sintaxis, en la relectura una y otra vez de los sitios ya visitados, es lo más parecido a un laberinto de pesadilla, y sin embargo, debo hacerlo porque en la corrección está la perfección. Por el momento dejaré descansar la historia un mes en el desván (finalmente no irá a ningún lado), tomaré un poco de aire, quizá tome una cerveza y me pondré a ello, palabra por palabra, letra por letra.

Para finalizar quería confesarles algo curioso que ocurrió durante el proceso. La novela la escribí pensando en alguien. Cada capítulo, palabra y letra la hacía pensando en ella, en su reacción al leerla, el brillo de sus ojos, su sonrisa, cabeza ladeada e inclinación de hombros; podría decirse que la historia le pertenece por completo. Su presencia, o quizá su falta de ella fue la fuerza que me impulsó para sumergirme cada día en esta historia, como una especie de musa ausente, sin ella quizá no la habría terminado, pero ahora, al final de las cosas, al momento en que todo ha terminado, siento que no vale la pena que la lea.

domingo, 12 de mayo de 2013

30


En estos treinta años que llevo deambulando por el mundo he conocido muchas cosas, lugares y rostros. He visto lagrimas, algunas provocadas por mi y otras que han brotado de mis ojos siendo la materialización de una tristeza infinita. He provocado risas, lamentos, risas y groserías, he sentido la ternura expresada en una caricia o en un plato de sopa humeante.

Mi vida se ha cruzado con personas de diferente tipo; algunas excepcionales,  de quienes he intentado exprimir hasta el último segundo del tiempo compartido, otras simples quienes creen que la vida es un trabajo, una posición o un carro, y otras insoportables, verdaderas hijas de puta cuyo lema es destruir  y lastimar por el simple placer de hacerlo. De todas he intentado aprender, reconociendo en el camino que la bondad extrema es igual de nociva que la más abyecta maldad.

Tengo amigos impresionantes: Personas con las que he crecido toda una vida y de las que tengo la fortuna de seguir haciéndolo día tras día.  He conocido de manera virtual personas de mil países a los que probablemente no conoceré en vivo jamás, cada uno con una chispa maravillosa, un consejo adecuado, una frase de ánimo en el momento preciso, demostrándome que la palabra tiene la misma fuerza que la presencia física.

He conocido mujeres hermosas. De ojos expresivos y labios ansiosos; de dulzura infinita y rabia ancestral. Algunas me han querido con la misma intensidad que yo a ellas, otras me han ignorado y mis besos han caído en el olvido, otras más me han odiado porque han confundido el amor con obsesión y el cariño con la locura; pero las mejores sin embargo se han convertido en las mejores amigas, en personas imprescindibles para mi,  polos a tierra cuya voz siempre me lleva a casa a pesar de no tener ninguna.

Y he amado. Una sola vez. Porque no se ha vivido sino se ha amado a alguien con todo el corazón. Entregue mi ser y no me arrepiento de ello porque en esos momentos fui feliz como quien despierta de una pesadilla con un beso y el recuerdo de su rostro, su voz y el sabor perdido de sus besos se ha convertido en la fuerza necesaria para continuar el camino.

En estas tres décadas he comprendido que la mejor familia no es la que se ve tan feliz como aquellas comedias gringas de mediados de los cincuentas, sino aquella que se quiere con ferocidad, con furia y palabras hirientes, porque solamente lastimamos a quienes amamos y quienes nos aman son capaces de matarnos en vida. Tengo una familia maravillosa que es perfecta gracias a sus múltiples imperfecciones que la componen y de la que soy parte.

Al final de todo he comprendido que soy igual que un toro: Siempre dispuesto a batallar, a embestir hasta la muerte, así tenga el corazón sangrante o el cuerpo muerto, siempre solo hasta el final. Para mí, la era del miedo ya termino, solo tengo determinación, de fuego y piedra y ya no le temo a la muerte pues comprendí que ella es simplemente una vieja amiga que habrá de llevarme hacia a donde tantas personas que ya se han adelantado a mi partida.

Soy testarudo como el toro y solo tengo un arma, mi pluma, con la que pretendo crear mil y un universos donde pueda morar. No tengo planeado rendirme ni en mi propósito de vida, ni en aquellos a quienes amo, porque solo los cobardes abandonan y vale la pena luchar por quien en verdad se ama, así existan mil obstáculos y todo parezca perdido, porque soy un romántico irredento y siempre creo que al final el amor habrá de vencer.


A los de ayer, los de hoy y los de siempre
A mis amigos de acá, los de allá y los de allende el mar
A mi familia, la más caótica y la mejor del universo
A todos mil gracias por estar siempre para mí.
                                                                           Los quiero.   

domingo, 5 de mayo de 2013

Amor / Ausencia



I.

¿Qué eres tú?
Una cama vacía
Un cuerpo que se enfría
El brillo de unos ojos que se extinguen
Unas manos que se sueltan
Un cigarrillo que se acaba.

¿Quién soy yo?
El pensamiento que va antes de la palabra,
La obstinación suprema
El silencio que te embarga
La nieve que cae silenciosa sobre el campo desierto
Determinación sin ruido
El caos silencioso, la muerte sin sonido.

¿Qué somos ambos?
El fuego que invade las tierras baldías
La locuacidad que invade el silencio,
La locura que llena los espacios tranquilos y sombríos
Tierra intentando ser devorada por el fuego eterno.
Fuegos artificiales,
Destinados a brillar en la noche más oscura
Pero condenados a ser efímeros y a morir en medio de las lágrimas y las sombras nocturnas.

¿Qué es tu ausencia?
El puñal que atraviesa la piel y el alma
El dolor que no se va
El recuerdo que permanece en el olvido,
La ansiedad de la piel y los labios
El beso que permanece aún,
A pesar de los años y las vidas vividas y olvidadas.
El invierno del alma.


II.

No se ama por ser correspondido
No se ama por un ‘te quiero’ de vuelta
Ni por el reencuentro esperado
O el olvido anhelado.

Se ama porque se ama,
Se ama porque el alma así lo requiere
Porque se anhela la piel deseada
Y los labios que extrañan los besos.
Se ama porque cada célula del cuerpo así lo exige
Por un olor, por una palabra añorada,
Por un ´te quiero’ que ya no existe
Por unas piernas enredándose en el cuerpo
Como una medusa con mil serpientes enloquecidas.
Porque espero que las palabras lleguen a su destino
Y que el mensaje enviado tenga el receptor esperado.

El amor es caprichoso
No entiende de razones, de  lógicas.
Simplemente fluye,
Como la corriente de mil océanos
O  la sangre desbocada de un moribundo,
Apuñalado después de mil batallas.
Porque el amor es irracional,
Es el asesinato del cerebro por el corazón,
El sueño que precede al despertar,
La magia de un mundo gris y desesperado
Que no se resigna a extinguirse,
Sino que, al contrario, grita
Y lucha con la desesperanza de quien no tiene nada que perder,
De quien está empeñado en no rendirse
Hasta que el mar inunde los desiertos,
 O los copos límpidos del antártico
Caigan impolutos sobre el trópico.

Porque no importa si se trata de siete meses o siete vidas,
Acontecen una detrás de otra,
Fútiles e ingrávidas
Con la fuerza de mil terremotos
O la sutileza de una pompa de jabón.
Sigo esperando la sonrisa anhelada,
La voz ingrávida,
El gemido  de un orgasmo olvidado,
La delicadeza de un sueño intranquilo,
El sonido lleno de energía y  a la vez de cargado de un miedo ancestral
Sigo esperando la respuesta a la pregunta primordial,
Esa que va más allá de las vidas y las muertes,
 Que prevalece sobre las palabras y lo superficial,
En donde no existe más que tu alma y la mía,
Y el mundo se convierte en poco más que un lienzo vacío
Y una canción sin melodía,
¿La tienes tú?
¿O acaso seguiré vagando,  gravitando en tu sonrisa,
En las curvas de tu cuerpo y la inflexión de tu voz, hasta el fin de mis días?