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martes, 16 de abril de 2019

Todos somos el villano en alguna historia de amor

Hace poco me topé en televisión y terminé viendo de nuevo la película 500 days of Summer (0 500 días con ella, como se le conoció por estas latitudes),  que por si alguien no conoce resumiré: La película  narra la historia de Tom quien se enamora de su compañera de trabajo Summer, establecen una relación de amigos con derechos (o follamigos como dirían los españoles con la sutileza que les caracteriza) ella se aburre, lo deja y acompañamos a Tom por el tortuoso camino del desamor hasta que al final sale adelante.

Es curioso, uno por lo general ve este tipo de películas, esta y la de Eterno resplandor de una mente sin recuerdos de Jim Carrey y Kate Winslet cuando está en plena tusa (bueno y no solo eso, oye hasta el cansancio a Enrique Bunbury, se embriaga hasta que no puede más y la palabra favorita es ‘si’: “que hubiera pasado si hubiera hecho esto o aquello”) y es normal. En esos momentos nos gusta retorcernos en el dolor y la miseria, nos sentimos los más infelices sobre la tierra y queremos gritarle al mundo nuestro dolor y el de ese –o esa- miserable que tanto nos ha lastimado.  Cuando ves la película en ese estado culpas a Summer, esa perra, del sufrimiento del pobre Tom, porque te ves reflejado en él, pero cuando la repites con la cabeza –el corazón- frío la percepción cambia totalmente.

Porque no. Summer no es la villana de esa historia. Desde el principio fue clara con Tom y le dijo que no quería una relación seria; pero Tom tampoco es el villano, nadie puede controlar de quién se enamora así jure que no lo vaya a hacer. Y sí, ambos cometen errores, él la idealiza y se le exige lo que ella nunca le prometió, y ella sabiendo que él no la ha superado lo invita a una fiesta donde le restriega que está comprometida con otro. Pero son cosas inevitables que pasan en el amor y en la vida.

Y lo digo con conocimiento de causa. He estado en ambas posiciones. He amado un par de veces en la vida, de manera ciega e ingenua, entregándolo todo, ignorando consejos y dejándome llevar por una palabra, una mirada; pero también he estado en la otra orilla, he rechazado el amor puro que me han ofrecido y algunas veces me he quedado por un cuerpo, una promesa, he intentado no lastimar pero al final ha sido inevitable, de hecho creo que lastimamos de maneras más crueles y duras cuando no queremos hacerlo.

Porque siempre somos el villano en la historia de  amor de alguien, porque  a pesar del tiempo compartido, los buenos momentos, el no querer hacer daño, siempre habrá alguien que nos recordará con el desprecio de la ruptura final. Y siempre ese cuerpo que amamos y poseímos se convertirá en un territorio hostil y los ojos que algunas veces depositaron en nosotros las esperanzas de un futuro compartido se apagarán para nosotros de manera inexorable.

Pero es normal. El amor no se puede exigir ni  mendigar. Simplemente fluye, libre, desinteresado. Siempre cambiante, a veces se acaba, otras muta y se transforma en algo más. El tiempo te enseña que no hay héroes y villanos cuando se ama, solamente seres humanos que ven un brillo especial que nadie más ve en otro y van vulnerables a ofrecer su alma. A veces es correspondido y todo es felicidad, otras no y cada lluvia es como las lágrimas de un corazón herido.

Y sin embargo, al final, porque siempre hay un final, quedan los recuerdos por los buenos momentos, una frase cómplice, un beso o una canción; incluso en las relaciones más desafortunadas hay enseñanzas de vida, cicatrices que como tatuajes de un guerrero nos recuerdan que no todas las personas son bondadosas y hay que escoger muy bien en quien confiar.

En la vida he conocido muchos tipos de amor y desamor. A algunas personas nos cuesta mucho establecer este tipo de relaciones, yo por ejemplo llevo siete años desde mi último noviazgo y a veces dudo de si sea capaz de volver a hacerlo. Pero también conozco gente enamorada del amor, que lo busca cada fin de semana, cada día, de manera desesperada; hay otros que lo buscan en la carnalidad sensual de otros cuerpos y hay quienes incluso renuncian a una pareja y  lo han encontrado en su dios.  Los hay quienes encuentran esa persona capaz de soportar sus luces y sus sombras, en la tranquilidad de una complicidad de pareja y hay quienes redescubren ese brillo especial en otra persona sin importar su sexo cada cierto tiempo….al final es el amor lo que nos hace verdaderamente humanos y libres.

Ah, el amor y sus oscuros y vedados misterios….




domingo, 31 de diciembre de 2017

2017

Hace algún tiempo me enamoré de una mujer. Lo hice de la única manera en que sé hacerlo: Con toda la pasión y el alma porque el amor puede ser todo menos tibio. Hice lo posible e imposible porque ella sintiera lo mismo que yo, pero a pesar de todos mis esfuerzos -o quizá por ellos- nunca me quiso de la misma manera en que yo lo hacía.  Curiosamente este año, en cierto sentido, me ha resultado similar a lo que sentí en esa época que amé a esa enigmática mujer de ojos oscuros.

Personalmente ha sido un año de extremos. He tenido la más grande de las tristezas y la mayor de las alegrías en mi vida. La mujer que más amaba murió y la que más amo nació.  Mi madre falleció en febrero luego de resistir como las más valientes esa enfermedad de mierda que es el cáncer y mi hermosa sobrina, hija de mi adorada hermana y mi querido cuñado,  nació en octubre siendo fiel a la ley de los escorpiones (esa que dice que en el transcurso de un año de su nacimiento muere alguien en la familia y viceversa). Podría decir como Dickens que para mí fue el mejor de los años y el peor de los años (Carajo, ¿cuántas veces voy a seguir citando este fragmento? Pero a la vez es tu culpa Charles, qué pedazo de frase).

Para el mundo ha sido un año de aceptar las consecuencias de sus actos. Colombia apenas está asimilando que el proceso de paz es una realidad y ‘fuerzas oscuras’ buscan por todos los medios acabar con un hito histórico para el país. El mundo se acostumbra a Trump, sus rabietas y las  decisiones irresponsables que en cualquier momento pueden prender la mecha de una nueva guerra y territorios como Cataluña sueñan con la independencia sin saber que su fuerza proviene de la unión.

El próximo año será decisivo en muchos aspectos. La lucha feminista que cada vez toma más fuerza deberá demostrar de qué está hecha y si en verdad busca una nueva sociedad inclusiva y llena de oportunidades para las mujeres o se queda en el odio y la guerra de sexos. Las elecciones del próximo año en Colombia son las más importante en mucho tiempo, de ellas depende el rumbo que tome el país en el futuro, sí desea apostar por el perdón y la paz o si quiere seguir enfrascada en un espiral de odio y violencia por los siglos de los siglos.

Retomo lo que les decía al principio. Me enamoré locamente de esta mujer, fue amor a primera vista, como quizá nunca lo haya hecho en la vida. Decidí actuar y vaya que lo hice, quizá más tiempo del que debí, lo hice con todo mi corazón y empeño, esperando a que ‘el universo conspirará en mi favor’ como dicen por ahí los gurús de la autoayuda pero no pasó absolutamente nada. Simplemente yo no le gustaba y nada habría logrado cambiar ese hecho (como en efecto pasó). De aquello me quedó una enseñanza y es la razón por la que este año se parece tanto a esa vivencia.

No escogemos lo que nos pasa, no hay un dios benevolente o castigador o un universo conspirando a tu favor, para morir basta estar vivos y para vivir basta con aprovechar cada bocanada de aire. Salir a la calle es una batalla diaria donde todo puede ocurrir, podemos ganarnos la lotería, enterarnos que nuestra madre tiene cáncer, encontrar al amor de la vida al voltear la esquina o que alguien a quien queremos esté pasando por un mal momento ; lo que sí depende de nosotros es decidir qué hacer, podemos quedarnos en la rabia o el dolor, aplastados por la vida  o actuar, luchar contra la adversidad como leones; sin embargo, al igual que en lo que les conté, es posible que la dama en cuestión no se enamoré de ustedes, que esa madre muera, que el negocio aquel no funcione, que te despidan del trabajo, en fin que todo se vaya al carajo no importa que tanto lo intentemos, y está bien. El sabor de la vida es precisamente esa incertidumbre, esa inseguridad, ese ‘cualquier cosa puede pasar’.

Entonces eso es lo que me queda de este año. Saber que la vida no siempre funciona como lo esperas a pesar de todos tus esfuerzos. Lo que no quiere decir que haya que quedarse de brazos cruzados, ¡al contrario! Son nuestras acciones las que deciden nuestro destino, es el amor que damos a pesar de los tiempos adversos y sobreponernos a las dificultades lo que verdaderamente importa, es dejarse la piel por nuestros ideales y  seres amados así en ocasiones fallemos, lo que verdaderamente le da sentido a la vida, así  como aprovechar cada segundo cada momento bueno como malo con toda la intensidad es definitivo porque como dice el gran Enrique Bunbury: “Un momento se va y no vuelva a pasar”.

En este momento veo a mi sobrina,  sus ojos de recién nacida y me pregunto qué le deparará el futuro y su vida. Mi compromiso con ella para este 2018 (y quizá el resto de los años) es tratar de ser un mejor ser humano más tolerante, más compasivo, sin odios y envidias, para dejarle un mejor mundo. A todos quienes me leen y me han dado el privilegio de su amistad tanto real como virtual les mando un abrazo gigante y que este año se cumplan todos sus deseos.


¡Feliz 2018!


jueves, 26 de octubre de 2017

Carta a Verónica

Mi amada sobrina:

Naciste una fría pero soleada mañana del 26 de octubre, haciéndolo un par de semanas después de lo previsto. Creo que no ha habido bebé más esperada que tú, pero me gusta pensar que incluso desde antes desde tu nacimiento, tu carácter indómito, de fuego, que espero te acompañe durante toda tu vida, decidió que llegarías en el momento que tú lo quisieras y no cuando los demás lo hicieran.

Pesaste 3175 gramos  y mediste 50,3 centímetros, siendo una hermosa niña sana. No estuve presente en ese momento pero puedo imaginar la cara de tu mamá, mi adorada hermana, en el momento en que te oyó llorar y te acercaron a su rostro, agotado pero feliz y el rostro enamorado de tu papá, cuando por fin pudo ver ese pequeño ser, ese milagro que él ayudo a crear.

Llegas a un mundo maravilloso y a la vez terrible. Como diría Dickens (y sí, lo siento este es el tío que te tocó, de esos que hacen cartas y citan a escritores): “Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, la edad de la sabiduría, y también de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación”, pero supongo que es lo mismo que todos dirán de la época en que les tocó vivir, nadie está del todo conforme con su realidad pero al mismo tiempo viven sus vidas lo mejor que pueden.

¿Qué puedo decirte de la vida? Tengo 34 años y a veces siento que no tengo ninguna respuesta y al contrario surgen cada vez más preguntas, nuevas inquietudes. Lo primero que puedo decirte es ¡Bienvenida!, este mundo será lo que tu conviertas de él; estar vivo de por sí es algo maravilloso, llorarás, reirás, a veces tendrás ganas de mandarlo todo a la mierda y acabar con todo de una condenada vez, otras estarás tan feliz que te preguntarás si todo es real o es solo un sueño, te enamorarás y amarás, a veces te corresponderán y otras no, romperás tantos corazones como lo harán contigo; a veces odiarás a tus papás y te parecerán los seres más injustos del mundo (especialmente cuando estés adolescente)  pero cuando crezcas te darás cuenta lo mucho que te amaron y que eran solo dos seres llenos de errores y aciertos que querían lo mejor para ti, y después cuando ya no estén los extrañarás atrozmente y comprenderás la sabiduría detrás de sus actos, incluso los que más reclamabas.

Te hablaba ahorita del mundo y lo jodido que está. Llegas un momento en que el odio, la intolerancia y la discriminación empiezan a resurgir con fuerza en los países. En el tuyo, Estados Unidos, hay ahora un tipejo que alborota la xenofobia, que hace del odio y la discriminación su bandera para gobernar (acá en Colombia, tu segunda patria, también contamos con seres iguales), donde se piensa en seres superiores por el simple hecho de nacer en un país siendo tan ciegos para ignorar que los países son grandes por lo que han hecho de sí los inmigrantes, los extranjeros, donde ese miedo al otro es simplemente una excusa para ganar adeptos, ha ocurrido en el pasado y me temo seguirá ocurriendo en el futuro.

No juzgues a nadie por su nacionalidad, su procedencia o su color de piel. Júzgalos por sus acciones, por su corazón. No caigas en estereotipos, en odios sin razón. Trata de comprender las acciones de los otros en vez de calificarlos. Aún eres muy pequeña para saberlo pero el tiempo te enseñará que no todos tenemos las mismas oportunidades en la vida, que quizá mientras tú tuviste el amor de tu familia en un hogar cálido, mucha gente creció en medio de odio, abusos y frío.

Y naces mujer, y es maravilloso. Las mujeres son seres sabios, espectaculares, el hecho de portar y dar vida es un misterio que ningún hombre podrá comprender jamás. Pero naces en medio de una sociedad machista, donde las mujeres han sido abusadas, sometidas y reprimidas por muchos siglos. Muchas veces pienso que los hombres tienen miedo de las mujeres y la mejor manera de expresarlo es intentando anularlas, por medio de una falsa superioridad, de la rabia.

Es difícil ¿sabes?, hemos crecido en una sociedad donde de maneras sutiles se nos ha enseñado que la mujer es inferior al hombre y debe estar supeditada a él. A veces me sorprendo teniendo estos comportamientos machistas incluso sin ser consciente de ello pero te juro que intento cambiarlo. La mayoría de las personas que más adoro en este mundo son mujeres y me avergüenzo de acciones y pensamientos que he tenido, mi compromiso contigo es intentar cambiar, porque para cambiar el mundo siempre debes comenzar por ti, y quiero un mundo mejor para ti, uno donde puedas caminar sin que ningún morboso te miré de manera lasciva o te diga frases sucias o no tengas las mismas oportunidades que el resto o te sientas menos por ser mujer.

Te pido, eso sí, que no caigas en el juego del odio que veo últimamente. No todos los hombres somos violadores o acosadores en potencia y creo que para lograr un verdadero cambio en la sociedad, en la cultura, se requiere un esfuerzo conjunto tanto de mujeres como hombres. No es fácil, desde luego, pero creo que con acusaciones, recriminaciones del pasado lo único que se logrará es una guerra de sexos inútil que dejan de lado lo verdaderamente importante. Hay que ver el pasado como un espejo para cambiar el futuro y de nosotros depende ese cambio, pero hay que hacerlo desde el amor y la tolerancia.

Creo que te pinto un futuro terriblemente difícil y triste pero hay cosas hermosas también. Están las estrellas, el abrazo de un ser querido, el beso con el hombre o la mujer que ames, un día de sol que te reconforta, el pasto bajo tus pies, el sabor de un platillo delicioso, un buen vino, hacer el amor con pasión, leer, conocer, aprender, el encuentro con un amigo del alma. Mi consejo es que ames, hazlo sin limitarte, dándote toda a los demás así sientas que es inútil, así te lastimen. Hay una comedia que dudo que veas, El chavo del ocho, que decía lo siguiente: ‘La venganza nunca es buena mata el alma y la envenena’ y es cierto, el odio, el resentimiento lo único que hace es amargarte la vida, La ira es un ácido que puede hacer más daño al recipiente en el que se almacena que a cualquier cosa en la que se vierte decía  Mark Twain (ya ves, citando otra vez autores, qué horror) y tiene razón, no sucumbas a esos sentimientos autodestructivos, no permitas que la gente que odia, los envidiosos, los estúpidos, los malvados te ganen la partida, tienes la luz, el fuego para brillar con la misma fuerza del sol.

Y no olvides nunca, jamás, que tu tío te adora, que siempre podrás contar conmigo, que nunca te juzgará por lo que hagas, que te dará los consejos de lo que ha aprendido de la vida, que te corregirá con mucho amor cuando vea que te apartas del buen camino, que a pesar de la distancia estará contigo en cada paso que des con todo el amor del mundo. Vienes a un mundo maravilloso y jodido a la vez, pero créeme pequeña, mi Verónica, Vero, Verito, que es hermoso y que valdrá la pena cada segundo. Tienes sangre de personas espectaculares como tus abuelos a quienes no tuviste la fortuna de conocer pero que tu mamá en cada acto de tu enseñanza, de tu vida los hará presente y que de seguro transmitirás a tus hijos, si decides tenerlos.

Creo que esta carta ya se está haciendo muy larga. Habrá otra escrita de mi puño y letra donde hablaré de otras cosas pero en este momento y como decía tu abuelo, ‘hay mucha ropa extendida’, muchos testigos de algo que será exclusivo entre tío y sobrina que pronto te haré llegar y que espero te guste y te sirva. Hasta entonces, cuando por fin puede verte y decirte cara a cara lo mucho que te quiero, te mando un beso y mi bienvenida a este mundo enigmático y hermoso donde todo está por descubrir.

Tu tío que te ama,

                                 TuLio:.     



       


jueves, 21 de septiembre de 2017

Una canción para Dalila


La calle parecía una escena de película de guerra. Las cagadas de cientos de perros anónimos eran como minas explosivas y tocaba andar con cuidado para no “quemarse”. Se imaginaba patas y pisadas contra el cemento como pequeñas gotas de lluvia raspando el suelo y el sonido seco y blando del excremento ensuciándolo todo.

Si había algo más detestable que los canes, sus lenguas babosas y su alegría estúpida eran sus dueños, aquellos que trataban a sus mascotas como los hijos que nunca tendrían, vistiéndolos, vistiendo a un animal háganme el favor, y paseándolos sin collar para ‘no interferir con su libre desarrollo’ y por lo tanto sin fijarse donde Firulais o Brutus o Uribe hacían sus gracias. Putos perros, putos dueños.

Pisó un poco de excremento a pesar de caminar como un bailarín de ballet lo que contribuyó a recordar a los hijos de perras de los perros. Se sentó en el muro y con un palito intentó arrancarse la mierda de sus tenis, mientras pensaba en la canción para Dalila.

Dalila, ojos verdes, piel blanca como hoja de papel, pelo del color del sol, le gustaban sus ojos, nunca se fijaba en el cuerpo, al final las tetas se caen y el culo engorda pero la mirada permanece. Le gustaba observar fotos viejas intentando reconocerse, ¿quién era esa persona? La mirada era la misma, a veces teñida de alegría o una rabia velada o una tristeza que intentaba ocultar con un gesto de falsa superioridad que solo él sabía distinguir como si se tratara de un mensaje a su yo futuro de la falsedad del momento.

Pero, ¿quién era tan miserable para ponerle ese nombre a una niña de diecinueve años? Dalila era nombre de señorona, de vieja puta o dueña de tienda de la esquina, “¿Doña Dalila, me fía cinco huevos se los canceló en una semana  que me paguen?”. En fin, la naturaleza  siempre debe compensar y si eres linda, inteligente e inalcanzable debías por lo menos tener un nombre que te recuerde que la vida no es justa.

Pero Dalila quería una canción o eso le parecía. Con el tema adecuado caería en sus brazos, las mujeres adoraban los cantantes, los poetas, cualquiera que les susurrara al oído lo especiales que eran, y luego lo anunciara al mundo  en un verso, una pintura o canción donde otras vieran que ella era mejor, única, que su belleza era capaz de volverse melodía o acuarela o letras. No importaba si su artista tenía mil amantes o les pegara en noches de borrachera para justificar su depresión o ahogara la inspiración en alcohol, el arte, su juventud plasmada en inmortalidad lo valía.

Ahora bien, ¿qué cantar? A diferencia de la letra escrita debes poner no solo algo que guarde un poco de sentido y exalte a la homenajeada sino que tenga musicalidad y sea pegajoso Cuando pensaba en la canción recordaba a Angie de los Stones, era algo de otro mundo, se había obsesionado con la ella y la oía una y otra vez con la esperanza de absorber algo de su genialidad, pero no había caso, no tenía el talento, por eso su vida se debatía entre terminar la carrera o dedicarse a tocar covers de bandas famosas en bares de mala muerte.

De hecho ya alguien había escrito una canción para Dalila, tres para ser más exactos: Uno de ellos era Tom Jones y su Dellilah, la melodía le sonaba vieja, como si estuviera llena de polvo, algo que escucharía su papá si hubiera nacido en Conetticut y no en Paipa; luego estaba la versión de White T´Plan, la detestaba, puta basura edulcorada de principios de milenio, apestaba demasiado a Bittersweet Symphony y estaba la versión de Florence and the machine que le parecía decente a pesar de ser música indie desconocida e intrascendente.

Pensaba en los autores de las canciones, en sus Dalilas. Quizá alguna vez caminaron, igual que él, bajo el cielo gris de una ciudad grande e indiferente llena de vagabundos y locos pensando en una piel suave, unos ojos grandes y expectantes, un aliento cálido esperando por una canción, dispuesta a  dar un beso por estrofa; quizá alguna vez también tuvieron veintiún años y no sabían qué hacer con su vida y quizá ella, la fuerza de ese nombre fuera su boleta de salida al infierno de una vida cotidiana.

¿La amaba? Era muy joven para pensar en eso. La deseaba y tal vez fuera suficiente. Al oír la palabra amor se le venía a la mente sus abuelos, casados por más de cincuenta años y peleando todos los días de su día, por los pedos del abuelo o las amigas rezanderas, ‘viejas hipócritas’ las llamaba el anciano, de la abuela; él no quería eso para su vida, además era un músico, una especie de marinero del amor, una mujer en cada ciudad, en cada canción,  estaba seguro que después de Dalila vendría Kelly, Johana, Patricia y un océano de mujeres, de nombres y de rostros que aún no se alcanzaba a imaginar.

Pero primero lo primero. La canción. ¿En qué basarse?  ¿Su cuerpo? ¿Su voz? Cliché ¿Su personalidad? Ultra cliché. Pensó en el día que la conoció, pudo sentir como el tiempo pareció detenerse en el momento en que ella entró en el salón, no era consciente de su naturaleza de la fuerza embriagante que emanaba, él podría  haberla poseído allí mismo ante la mirada asombrada de sus compañeros de salón o  arrodillarse ante ella y acariciarla por el resto  de sus días, ambos sentimientos seguirían confluyéndose cada vez que la veía con la misma intensidad, en vez de eso solo pudo mirarla de soslayo, intentando no ser demasiado evidente.  

No, no, demasiado ridículo. Quizá debería mirar lo que lo rodeaba para inspirarse. Una señora gorda de cuarenta o cincuenta años cargando cuatro paquetes de mercado, detrás suya una niña de seis años berrea porque no le compraron un dulce, la señora deja los paquetes en la acera y le da un bofetón a la niña que la calla de golpe, antes que pueda darse cuenta un perro ladrón agarra una de las bolsas y huye. La señora coge como puede el resto y con la niña detrás corre tras el can. Al otro lado de la calle una pareja discute, el hombre intenta rodear con los brazos a la mujer quien le pide amablemente que ‘se vaya a la puta mierda’, él intenta besarla, ella se echa para atrás, el susurra palabras de amor y perdón, ella luce desesperada por irse pero no lo hace, le gusta la escena y entre más humillado está el amante irredento con mayor rudeza lo trata.

Desesperado piensa que eso no le sirve, son solo pequeñas historias insignificantes que no tienen mayor peso, si viviera más tiempo se daría cuenta que la suya es una más de ellas y que la suma de todas, de  esos pequeños universos invisibles para el resto del mundo es lo que conforma la realidad misma de la vida. Mejor aún, si se diera cuenta de esa realidad que lo rodea en lugar de soñar con esa una nube vaporosa en forma de fama podría darse cuenta que divaga en medio de la calle y un carro se dirige a toda velocidad hacía él, pudiendo arrollarle o no.


El joven sigue pensando en la canción para Dalila. El carro sigue avanzando.



jueves, 12 de enero de 2017

La la land o un romance para millenials –el musical-

(Aviso: Esta reseña-reflexión de La la land tendrá spoilers de la película. Advertidos quedan)

Con sus siete globos de oro, que la convierten en una de las favoritas este año para los Oscar, el musical romántico La la land es una de las películas del momento. No es para menos, es el tipo de cintas en las que el espectador sale del teatro con una canción en los labios y una sonrisa en el corazón.

Las actuaciones son maravillosas, tanto Ryan Gosling como Emma Stone tienen ese carisma para tener a los espectadores a sus pies y cuando interactúan entre sí tienen esa química donde uno sólo quiere que sean felices y coman perdices (o ensaladas veganas  en este mundo del new age y lo políticamente correcto).

Y  sin embargo, después de ver la película quede con una especie de sinsabor que aunque no arruinó la buena sensación de la película me quedó rondando cual fantasma de ex un buen momento hasta que pude identificar de qué se trataba.

Sonará contradictorio que lo diga pero aunque la película me gustó en un primer momento sentí que fallaba precisamente en el romance. Es cierto, los personajes son adorables, funcionan muy bien juntos y les deseas lo mejor, pero en ningún momento se les ve funcional como una pareja a largo plazo, a lo sumo se les ve como compañeros de viaje en un momento de vida.

Reflexioné un poco más y quizá no es un error del filme, es posible que su director Damien Chazelle nos esté mostrando en esta película la manera en que se concibe el amor en este comienzo –ya ni tanto- de siglo, de relaciones virtuales, redes sociales y Tinder.

La primera palabra  que se me viene a la mente cuando pienso en los Millenials es hambre. De conocimiento, poder, es la generación que si se trazan una meta la van a lograr no importan qué deban hacer o que sacrificios requieran, tienen la tecnología y el mundo en la palma de su mano y saben exprimirla a placer para alcanzarla. Son la generación que hace posible lo imposible, a edades muy tempranas, alcanzando objetivos que sonrojan a sus generaciones previas.

Por ello mismo son Workaholics o adictos al trabajo. Buscan su lugar en el mundo dedicándose a lo que los apasiona de manera obsesiva y cuando dejan de interesarles o se aburren lo dejan con una facilidad asombrosa. Los puedes ver viajando por el mundo y cambiando de trabajo de manera constante pues nada los llena del todo y siempre están buscando nuevos retos. Esto también se ve reflejado en su estilo de vida pues todo lo quieren inmediato, películas, comida, videojuegos, conexión a internet y cuando no logran las cosas con la rapidez que quieren se frustran. Podría decirse que son el fruto de un mundo de épocas de paz y abundancia.

Este comportamiento también se aplica en sus relaciones sentimentales. Todo lo quieren de inmediato y que no interfiera demasiado en sus proyectos profesionales. Es así como aplicaciones como Tinder y  romances de una noche son su bandera pero son incapaces de establecer una relación seria, de despojar a la persona de idealismo y pensar que las historias de amor y pareja duran más que un mes y pueden ser proyectos de construcción que pueden llevar años.

¿Y qué tiene que ver todo esto con La la land? Me parece que la relación de los protagonistas lo explica muy bien. Se conocen, se enamoran, se apoyan mutuamente en proyectos mutuos pero en determinado momento se aburren y cada uno sigue su senda. Sí hablan de que se aman mucho pero en ningún momento hay un obstáculo real en su relación. Emma le dice a su novio que debería dejar de tocar la música que odia para dedicarse a su jazz y él a ella que deberían terminar para que ella se vaya a París y dedicarse a su carrera y por esos dos temas supuestamente irreconciliables se alejan.

Lo curioso es que cinco años después se reencuentran y es obvio que los motivos de su ruptura no eran tan graves como para terminar si hubiera existido diálogo, el mirar un poco más allá de lo inmediato y el suficiente amor.  Gosling siguió haciendo su música de mierda que detestaba pero en su tiempo libre abrió el club de jazz que siempre soñó y si bien Emma se fue a París a actuar en su película vuelve al poco tiempo a Los Angeles. Si hubieran trabajado lo suficiente en la relación, si hubiera existido un amor real, más allá de la camaradería, el apoyo y la química habría podido construir algo quizá no tan mágico como un sueño pero sin duda mucho más real.

La síntesis perfecta de todo este discurso se ve en los minutos finales de la película, cuando ella va al club de su antiguo amor y al ver la canción que él le dedico se imagina qué hubiera pasado si hubieran actuado diferente a lo largo de su relación. El número musical es maravilloso y nos enamoramos una vez más de la química entre los personajes, en esta romance alterno todo fluye sin problemas y son felices comiendo perdices (o ensaladas veganas) pero al final de la canción se da cuenta que todo es un sueño y abandona el club con su esposo dejando al amor de su vida para siempre. Esa relación de ensueño, inmediata, mágica y sin problemas es la que buscan los Millenials y al no conseguirla al cabo de un corto tiempo abandonan el barco con el corazón roto sin ser conscientes que la verdadera magia está en construirla por años  a diario, en medio de los problemas, con un amigo amante al que querrás matar por lo menos una vez a la semana pero por quien todo valdrá la pena.


Al final ambos protagonistas cumplen sus máximas ambiciones pero están solos. Él con su bar y ella con un matrimonio que nunca le dará esa felicidad que tuvo junto a ese amor inolvidable. Quizá lo triste de los Millenials es que pesar de haber alcanzado el cielo, dominar a su antojo el mundo virtual y lograr todo lo que se proponen, están más solos que nunca.







martes, 15 de marzo de 2016

El amor en los tiempos del twitter.

Si la Cenicienta hubiera nacido en esta época, el Príncipe Azul se habría evitado la correría por todo el reino en busca de la misteriosa dueña de la zapatilla de cristal, seguramente le habría tomado una foto a la misteriosa mujer y alguien la habría etiquetado haciendo más fácil la parte de comer perdices; Romeo y Julieta habrían chateado por Whatsapp un par de días antes de aburrirse y terminado evitando así varias muertes en Verona,  y La Bella y la Bestia se habrían dado match en Tínder por sus gustos en común y las fotos de la biblioteca del peludo.

La tecnología ha cambiado para bien y para mal nuestra concepción del mundo. Todo lo que percibimos, sabemos y conocemos está en gran parte supeditado al amplio, casi infinito mundo de la red. La información que antes se demoraba días y semanas en llegar a nuestras manos ahora la tenemos al alcance de un tweet o un post de Facebook. La aldea global que predijo Marshall McLuhan se llevó a cabo en mucho menos tiempo de lo esperado y el mundo está justo al alcance de nuestras manos.

El romance no podía ser ajeno a este fenómeno, ya que el amor siempre se ha aprovechado de las tecnologías para poder expresarse, así como pasamos de las cartas que Cyrano de Bergerac le escribía a su amada, hasta los telegramas que Florentino Ariza le mandaba a Fermina Daza en El amor en los tiempos del Cólera de Gabriel García Márquez.

Es así como los enamorados han encontrado en las redes sociales y en la tecnología una forma de consolidar sus relaciones. Aquellas parejas que por razones del destino se encuentran lejos, en diferentes ciudades o continentes no tienen que hacer el viaje de varias semanas para saber de su amada como lo hizo Efraín al ir a ver a su adorada María (novela de Jorge Isaacs para más de un despistado) sino que con una simple llamada de Skype puede ver fresco y lozano el rostro de su amada.

Pero incluso no hay que estar separados a miles de kilómetros de distancia para usar la tecnología en las lides amorosas. Si una pareja no puede verse por uno o varios días siempre estará la opción del whatsapp para saber cómo se encuentra. Hay mensajes de voz, llamadas por el facetime, mensajes directos por el twitter o por snapchat para todos los gustos y sabores. Incluso hay aplicaciones donde los novios pueden darse regalos ya sean virtuales y reales.

Sin embargo no todos son ríos de miel y leche como dicen en la biblia en este paraíso de romance virtual. La tecnología nos ha facilitado tanto la vida que en cierto sentido nos ha vuelto perezosos, lo que antes nos esforzábamos en conseguir, ahora lo hacemos en un par de segundos sin ninguna dificultad, puedo hablar por ejemplo de películas, series y libros sólo por mencionar algunos.


El campo que hoy nos ocupa no es la excepción. Hay aplicaciones como Tínder donde el amor –o por lo menos el deseo- se tiene al alcance de un clic. Es sencillo: Ves fotos del sexo opuesto, le das Me gusta a una persona que te haya llamado la atención y esperas ser correspondido para entablar una conversación. A primera vista se ve sencillo y práctico, pero me parece que en este tipo de aplicaciones falta lo primordial: ¡La presencia humana! Una foto nunca podrá compararse con la primera impresión de una persona que nos atrae, el tono de su voz, el olor que emana o la profundidad de unos ojos en vivo y en directo. Algunos dirán que sí hay una química virtual estas personas podrán conocerse y experimentarlo, pero habrán perdido un poco la magia de ese primer encuentro sin antecedentes ni prevenciones.

Ahora bien, en el campo de las parejas establecidas la situación tampoco es tan sencilla. Las parejas se han vuelto perezosas. Los hombres ahora mandan detalles virtuales, flores compuestas por píxeles, mensajes de voz en vez de encuentros reales y hasta hay casos donde uno de los dos termina la relación por un mensaje de whatsapp. Se ha perdido un poco el detalle, el factor sorpresa, un ramo de flores reales en la oficina, una salida a comer donde el celular y la tableta no existan por unas horas.

No digo que la tecnología sea mala para conseguir o mantener el amor. Es simplemente una herramienta que está a nuestro servicio y que está a nuestra mano convertirla en una gran ayuda o volvernos unos esclavos sin cerebro ni ideas de ella.

Una última anécdota sobre el amor y la tecnología. Una amiga abrió una cuenta en LinkedIn, la red social que permite establecer contactos laborales. A su cuenta le llegó un mensaje de un inglés el cual le decía que se había enamorado con locura de ella y que no veía la hora de llevársela a su natal Inglaterra para casarse con ella y tratarla ‘como una reina’, aparte de describirse cual currículum laboral, fulanito inglés anexo un par de fotos de su anatomía (que por su contenido no se pueden publicar en este prestigioso medio)…mi amiga desde luego bloqueó al Mr de su cuenta, pero no dejó de preguntarme si tal vez haya una Mrs para este Casanova digital y puedan tener un final feliz….que quepa en los 140 caracteres obligatorios de twitter.

Nota publicada en el Periódico Al Derecho (Periódico de la Facultad de derecho de la Universidad de los Andes):  https://www.facebook.com/periodicoAlderecho





martes, 29 de septiembre de 2015

Libros leídos (11) – Así es como la pierdes de Junot Díaz



Título original: This is how you lose her
Sello: Literatura Mondadori
207 páginas

Sinopsis: Así es como la pierdes es un libro sobre mujeres que quitan el sentido y sobre el amor y el ardor. Y sobre la traición porque a veces traicionamos lo que más queremos, y también es un libro sobre el suplicio que pasamos después –los ruegos, las lágrimas, la sensación de estar atravesando un campo de minas– para intentar recuperar lo que perdimos. Aquello que creíamos que no queríamos, que no nos importaba.

Este podría ser un libro de amor, pero no hay amor; de sexo, pero el hambre de sus protagonistas no se sacia con él ni con la cantidad de mujeres con que se acuestan; de lo infieles que pueden ser los latinos, pero el tufillo triste del inmigrante y que está presente a lo largo del libro es universal y no se remite a una sola región, aunque quizá exista diferentes maneras de expresarlo.

Una amiga me lo recomendó mientras me decía que una de las conclusiones que le había dejado estos cuentos es que nunca se metería con un dominicano pues al parecer todos son perros… y no negaré que en estos nueve relatos esa es la constante (a excepción de uno que está contado desde el punto de vista femenino) pero me parece que reducir el contenido de este libro de Junot Díaz a esto es un poco injusto.

Comencemos por decir que la mayoría de relatos están protagonizados por Yunior (alter ego del autor) y la relación de él, y los hombres que lo rodean (como su papá y su hermano) con las mujeres. Para Yunior, inmigrante dominicano, al final los nombres de ellas, sus rostros y su cuerpo pierden importancia, recordará eso si el culo de una, los rizos de la otra, aquella vecina cuarentona que fue su amante durante su adolescencia, pero las irá reemplazando una después de otra porque sí, porque así es la vida, porque era inevitable engañarla y conseguir una o varias más.

A través de los ojos de Yunior vemos a esos Estados Unidos que no se nos muestra en las películas: Un país frío, duro, hostil. Un lugar donde la nostalgia por la tierra perdida, por los recuerdos de un pasado remoto se confunde con la nieve y un presente que no importa mucho más allá de las amantes que se convierten en ruedas de cambio.

Otro de los pilares de la historia es su familia. Entre relato y relato vemos cómo es su familia: El padre infiel y déspota y el hermano que se está muriendo de cáncer pero mujeriego y cínico, que habrán de forjar el carácter del protagonista y su relación hacia las mujeres, y la madre, fuerte, terca, quien se echa a hombros la responsabilidad de mantener a esa familia unida sin importar cómo o qué deba hacer.

Releo mis párrafos anteriores y pareciera que estuviera narrando una tragedia horrible y es posible que esté dando la impresión equivocada. La narrativa de Junot Díaz es relajada, alejada de dramatismos innecesarios, donde lo que se ve palpable una fina ironía hacia el tedio del amor, un recuento ameno por el hermano que se muere y prefiere hacerlo a su manera terca y orgullosa, rodeado de mujeres a las que no ama, que recibir ayuda.

Es esa maestría a la hora de contar relatos de Díaz, ganador del premio Pulitzer del 2008 con su novela La maravillosa vida breve de Óscar Wao, que nos hace leer la novela sin juzgar a nadie cuando sería tan fácil hacerlo. Es contemplando esa prosa despreocupada, en cierto sentido alegre, que comprendemos que los hermanos se mueren, las mujeres se pierden y la vida te cambia para siempre cuando decides ser un extranjero y eso está bien o quizá no, pero en cierto sentido es inevitable.


En un principio decía que el relato no trata sobre el amor, ni sobre el sexo o la inmigración, ni siquiera trata sobre Yunior. La novela trata sobre esas mujeres que se pierden. Sobre Nilda, Alma o Miss Pura, o tantas otras que aparecen en este libro, el amor que se vertió sobre ellas, la fortaleza de sus almas y la maravilla de sus cuerpos, la idiotez que se comete al dejarlas ir para luego conseguir otra igual de fabulosa a la que se le romperá el corazón o ellas lo harán con él. El libro trata de cómo nuestras vidas viven bajo la sinfonía permanente del influjo femenino y como orbitamos en torno a él una y otra y otra y otra vez.



Junot Díaz.

domingo, 5 de mayo de 2013

Amor / Ausencia



I.

¿Qué eres tú?
Una cama vacía
Un cuerpo que se enfría
El brillo de unos ojos que se extinguen
Unas manos que se sueltan
Un cigarrillo que se acaba.

¿Quién soy yo?
El pensamiento que va antes de la palabra,
La obstinación suprema
El silencio que te embarga
La nieve que cae silenciosa sobre el campo desierto
Determinación sin ruido
El caos silencioso, la muerte sin sonido.

¿Qué somos ambos?
El fuego que invade las tierras baldías
La locuacidad que invade el silencio,
La locura que llena los espacios tranquilos y sombríos
Tierra intentando ser devorada por el fuego eterno.
Fuegos artificiales,
Destinados a brillar en la noche más oscura
Pero condenados a ser efímeros y a morir en medio de las lágrimas y las sombras nocturnas.

¿Qué es tu ausencia?
El puñal que atraviesa la piel y el alma
El dolor que no se va
El recuerdo que permanece en el olvido,
La ansiedad de la piel y los labios
El beso que permanece aún,
A pesar de los años y las vidas vividas y olvidadas.
El invierno del alma.


II.

No se ama por ser correspondido
No se ama por un ‘te quiero’ de vuelta
Ni por el reencuentro esperado
O el olvido anhelado.

Se ama porque se ama,
Se ama porque el alma así lo requiere
Porque se anhela la piel deseada
Y los labios que extrañan los besos.
Se ama porque cada célula del cuerpo así lo exige
Por un olor, por una palabra añorada,
Por un ´te quiero’ que ya no existe
Por unas piernas enredándose en el cuerpo
Como una medusa con mil serpientes enloquecidas.
Porque espero que las palabras lleguen a su destino
Y que el mensaje enviado tenga el receptor esperado.

El amor es caprichoso
No entiende de razones, de  lógicas.
Simplemente fluye,
Como la corriente de mil océanos
O  la sangre desbocada de un moribundo,
Apuñalado después de mil batallas.
Porque el amor es irracional,
Es el asesinato del cerebro por el corazón,
El sueño que precede al despertar,
La magia de un mundo gris y desesperado
Que no se resigna a extinguirse,
Sino que, al contrario, grita
Y lucha con la desesperanza de quien no tiene nada que perder,
De quien está empeñado en no rendirse
Hasta que el mar inunde los desiertos,
 O los copos límpidos del antártico
Caigan impolutos sobre el trópico.

Porque no importa si se trata de siete meses o siete vidas,
Acontecen una detrás de otra,
Fútiles e ingrávidas
Con la fuerza de mil terremotos
O la sutileza de una pompa de jabón.
Sigo esperando la sonrisa anhelada,
La voz ingrávida,
El gemido  de un orgasmo olvidado,
La delicadeza de un sueño intranquilo,
El sonido lleno de energía y  a la vez de cargado de un miedo ancestral
Sigo esperando la respuesta a la pregunta primordial,
Esa que va más allá de las vidas y las muertes,
 Que prevalece sobre las palabras y lo superficial,
En donde no existe más que tu alma y la mía,
Y el mundo se convierte en poco más que un lienzo vacío
Y una canción sin melodía,
¿La tienes tú?
¿O acaso seguiré vagando,  gravitando en tu sonrisa,
En las curvas de tu cuerpo y la inflexión de tu voz, hasta el fin de mis días?

lunes, 11 de marzo de 2013

Silver linings playbook: De las segundas oportunidades de la vida


Título original: Silver linings playbook  (Los juegos del destino en Colombia)

Director: David O. Rusell

Protagonistas:  
Bradley Cooper (Pat Solitano, jr)
Jennifer Lawrence (Tiffany Maxwell)  
Robert de Niro (Pat Solitano, sr)
Chris Tucker (Danny)

La vida de Patrizio ‘Pat’ Solitano cambia radicalmente un día al llegar temprano a casa del trabajo y sorprender a su esposa en la ducha con un amante. Pat pierde el control y casi mata a golpes al infeliz hombre logrando dos cosas: Ser internado en una casa de reposo y  que su esposa lo abandone.
Después de ocho meses de reclusión en una casa de reposo, la mamá de Pat logra finalmente su salida. Pero nuestro protagonista cree en los finales felices y está convencido de que su esposa volverá con él.  Para ello mantiene una actitud positiva que raya en lo ridículo y en una obsesión con el ejercicio y la pérdida de peso.
Al llegar a casa tiene que reencontrarse con un padre fanático del fútbol americano, incapaz de entablar una amistad con su hijo sino existe un vínculo con este deporte, con un hermano indolente y un terapeuta que intenta ayudarlo a salir de ese pozo de desesperación y tristeza.
También se encontrará, gracias a un viejo amigo, con Tiffany, una viuda quien  trata de mitigar la reciente pérdida de su esposo con el sexo como vía de escape. Entre los dos surgirá una relación de, en un principio, miedo y necesidad pero que gradualmente se irá transformando en complicidad y algo más.
Las actuaciones son estupendas: Bradley Cooper demuestra que no es simplemente una cara bonita y se hace creíble en su papel paranoico y obsesivo; Robert De Niro demuestra que sigue siendo uno de los grandes actores de nuestro tiempo y nos da una actuación magistral en el papel de ese hombre que ama a su familia pero es incapaz de comunicarse con ella, incluso Chris Tucker que siempre me ha parecido un poco fastidioso hace un papel más que correcto en la piel del mejor amigo de Pat.
Pero quien se roba la pantalla es Jennifer Lawrence: Su papel de Tiffany es grandioso. Consigue enamorar no solamente al galán de turno sino a todas las personas. En sus miradas, en sus palabras, está latente ese dolor por la pérdida de ese amor, la culpa y el remordimiento pero también la redención y las ganas de seguir adelante.
El argumento es magnífico. ¿Quién no ha perdido a esa persona amada? ¿Quién no se ha culpado a si mismo del abandono y pensado que si cambiamos nuestra actitud, el físico o aquello que creemos que está mal esa persona va a regresar? En esos momentos de desamor no vivimos por nosotros mismos sino en función de esa persona, de su eventual retorno, nos obsesionamos con los recuerdos pasados y pensamos que si lo hacemos mejor esta vez, todo podrá solucionarse y tendremos un final feliz como de novela.
Pero la vida no es como en las películas y ese reencuentro no se da porque esa persona ya nos ama o se ha ido para siempre. Esta historia nos enseña que se debe seguir adelante porque no hay más remedio y quedarnos en el pasado nos seguirá consumiendo en el dolor y la desesperación mientras que el futuro nos puede brindar nuevas oportunidades, personas y situaciones por vivir.
En el libro en el que está basada la película, hay una escena reveladora. Pat le pide a su hermano que lo lleve a ver a su ex esposa. A diferencia de la cinta han pasado cuatro años y no ocho meses. Al llegar al lugar, la contempla a lo lejos, jugando con su actual esposo –el hombre con que la engañó- y dos pequeños hijos. Pat comprende que la mujer a la que amó, a quien le entregó sus sueños y sus ilusiones nunca volverá con él, pero está tranquila y feliz y eso basta para que él pueda cerrar ese ciclo.
Considero que el amor debe ser eso. Debe liberarse del egoísmo, del querer que nos quieran a la fuerza, de poseer a una persona. El amor nace libre sin esperar ser correspondido, simplemente brota naturalmente, de manera maravillosa. Si la persona que escogimos nos corresponde no habrá felicidad más grande en este mundo; si por el contrario no nos ama o decide entregar su corazón a otra persona, causa o lugar, debemos alegrarnos por ella, desearle felicidad eterna y seguir adelante, letra a letra, paso a paso. ¿Quién sabe? Quizá a la vuelta de la esquina nos espera Jennifer Lawrence.

Éste es el trailer de la película: 


Y esta una pequeña joya que descubrí gracias a la película, ¡Qué grande es Stevie Wonder!:



domingo, 20 de enero de 2013

De los amores prohibidos


Hablemos de un hombre y de una mujer. No pensemos en impedimentos de raza, religión, edad o lazos sanguíneos. Por un momento olvidemos el qué dirán de la sociedad, en si son infieles o tantas razones que juegan en su contra. Basta con saber que estas dos personas se gustan, se buscan, se encuentran ocasionalmente pero siempre de forma efímera  y el contacto que tienen es fugaz pero mágico,como puede ser el rozar de las manos o un par de miradas que revelan mucho más de lo que aparentan.

Pretendamos que estas personas logran acordar un encuentro. Para hacerlo, para pactar la cita, deben recurrir a mil artificios, a inventar códigos secretos que pasen desapercibidos para el resto de las personas, quizás contar con un cómplice ocasional pero mejor no, porque hacerlo es un riesgo demasiado grande y todas las cartas juegan contra ellos. Un papel, un mensaje que se borre en seguida, quizá un susurro a la medianoche, puedan ser una elección conveniente pero arriesgada.

Luego vendrán las mentiras, siempre vienen las mentiras. A la esposa, al padre, al hijo, al grupo social o étnico. Mentimos como descarados, como si la vida se nos fuera en ello, y en cierto sentido es así, pero lo seguimos haciendo porque engañar es de humanos y en cierto sentido lo disfrutamos, nos regodeamos en la ignorancia de nuestro interlocutor, en su mirada estúpida al creernos a ciegas nuestros embustes.  Engañamos con el corazón en la boca, el sudor contenido y  una sonrisa hipócrita a flor de piel y mientras lo hacemos, pensamos en el cuerpo de la otra persona, en su olor y en el color de sus ojos.

Una vez nuestros protagonistas engañan a quien deban engañar deberán dirigirse  hacia el lugar de la cita. Caminaran de manera lenta, dando mil vueltas y desvíos buscando despistar a los incautos, a los espías. Detrás de la forma desenfadada de avanzar de él, está la desesperación de la calma, el mirar por el rabillo del ojo intentando encontrar al terrible perseguidor; cuando la miras a ella, caminando con los hombros hacia atrás y una pequeña sonrisa que deja brillar sus dientes de pajarillo, no podrás imaginar la agonía que vive en cada uno de sus pasos, la impaciencia por el encuentro, la ansiedad por las horas en sus brazos.

Y finalmente él la recoge en un carro, o se encuentran en un centro comercial donde discretamente se van alejando de las familias felices que pasean, de los incautos que recorren sin ninguna finalidad los estantes, y los vendedores aburridos en una tarde de domingo, para finalmente acercarse y darse un tímido beso lleno de nerviosismo ante la sensación de ser observados por el incauto de turno.

O quizá sea un encuentro nocturno. Es posible que se alejen de los sectores que representen un peligro para ambos y se dirijan hacía una zona segura. Allí podrán jugar unas horas a ser pareja, a bailar o a comer sin tener que aguantar una mirada de reproche o un comentario mal intencionado. En ese lugar el alma podrá tener un breve reposo antes del encuentro definitivo.
Porque debe haber un encuentro final. Es por esa razón que ese día existe, que la noche se alce majestuosa y la luna brille con mayor fulgor que en otras ocasiones. Es la ansiedad de la reunión  lo que ha causado que las bocas se resequen a la espera de un beso que dure toda una noche, que el cuerpo se estremezca a la espera de las caricias prometidas.

Los besos prohibidos siempre saben mejor, se besa con el alma, sabiendo que es posible que ésta sea la última oportunidad. La intensidad nunca será la misma que el beso dado  a la pareja de siempre, a la que la rutina ha convertido en una simple ceremonia, en un ritual de saludo o despedida, simples convenciones que no pueden competir con el sabor de lo largamente deseado, del pecado, de la muerte.

Y el momento en que se juntan los cuerpos es eléctrico . La mujer no se rige por ninguna conducta moral ‘apropiada’, sabe que no será juzgada por su acompañante – por lo menos no de momento- y se deja arrastrar por el juego, por la danza perfecta de los cuerpos desnudos, se entrega sabiendo que por ese momento no deberá usar ninguna máscara sino siendo simplemente ella, complaciendo los más abyectos deseos de su pareja que en realidad son los suyos, siendo objeto a la vez que propietaria de ese otro cuerpo que se le entrega con devoción y con furia.

Pero como todas las buenas historias, debe haber un final. Antes de ello y mientras llega la madrugada, llegarán las incriminaciones, la culpa, el  qué hemos hecho, los golpes de pecho, las lágrimas, los gritos y la desesperación que intentan ocultar el hecho de que cada uno debe retornar a su vida normal, una vida en donde el otro no forma parte. Finalmente, el hombre y la mujer se ven por última vez, es posible que haya un último beso fugaz, un abrazo breve y una despedida sin mirar atrás y preguntándose  si es posible que haya un nuevo encuentro.

Antes de terminar, debo decir que en muchas oportunidades la literatura ha tratado el tema de los amores prohibidos, casi siempre desde una óptica masculina donde  la mujer es la única castigada por los actos. Me viene a la memoria Madame Bovary, Lolita o Ana Karenina como ejemplo de ello, pero también recuerdo a la valiente  novela de DH Lawrence, El Amante de Lady Chatterly donde la mujer vive feliz con la decisión que adopta de irse a vivir con su amante y dejar una vida aburrida de lujos. ¡Bravo por Lawrence y su encantadora dama!