domingo, 11 de septiembre de 2016

El feroz vuelo de los hombres pájaro

En memoria de las víctimas del 11-S, quince años después de la horrible tragedia.


Primero estaba el ruido. El estruendo de las trompetas del apocalipsis en su apogeo acabando con todo a su paso. Demasiado rápido para preguntar qué había pasado o cuál de los dioses era responsable. Luego, el fuego, el humo, que reptaba de abajo hacia arriba, lluvia inversa que quemaba. Los pocos que intentaron atravesar la pared hirviendo fueron calcinados. Se dice que el olor de la carne humana quemada es de una dulzura indescriptible pero todos estaban tan frenéticos intentando salvar su vida que no lo notaron. 

La salida era escalar, subir más y más pisos hasta el último, donde la Divina Providencia, el Destino, El ejército, Dios o quien fuera, los salvaría. Alguien debía hacerlo, no era justo dejarlos morir sin explicación. Muchos avanzaron en su infértil propósito, otros empezaron a ahogarse en medio del humo, de los vapores tóxicos que flotaban grácilmente esperando ser aspirados por los condenados a morir.

Se quemaban papeles, televisores, celulares de última gama, cubículos, restaurantes, las partes del avión que habían atravesado el edificio como si fuera un castillo de naipes, se quemaban los cadáveres de los pasajeros del vuelo, quizá alguno había ido a visitar a su pequeña hija y le llevaba un oso de peluche que también era devorado por las llamas, quizá también había un esposo infiel que iba a visitar a su amante y le había mentido a su esposa, o un asesino, un violador, o alguien que le temía sin razón a los vuelos de avión, habría alguien que soñaba con perder su virginidad algún día y muy seguramente el 99% de sus pasajeros no esperaban morir ese día, Porque ¿a qué cabeza racional se le ocurriría morir un martes en la mañana si no se sufría de una enfermedad terminal o por lo menos inmediata, asomos de un paro cardíaco o cerebral o impulsos irrefrenables de suicidarse?

Quienes estaban en las torres nunca imaginarían que tendrían los quince minutos de fama que Andy Warhol aseveró que todos deberíamos tener a costa de sus propias vidas, ni que los momentos de su muerte se convertirían en la imagen icónica que habría de darle la bienvenida a la humanidad a un siglo de infiernos y paraísos que apenas se están esbozando y que la mayoría seremos testigos tanto para bien como para mal.

Mucho menos habrían de imaginarse que su agonía, la desesperación de sus familiares, ese reencuentro que nunca habría de darse, la espera infinita en el aeropuerto, sería motivo de alegría en latitudes difusas, fronteras lejanas y lenguajes ajenos. Al ver la tragedia fueron muchos los rostros que rieron, que suspiraron aliviados de ver que el gigante sí tenía pies de barro. “Estados Unidos se lo merecía”, exclamó una voz anónima en el Medio Oriente, “Qué ironía, en otro 11 de septiembre ellos apoyaron una dictadura en mi país” habría de recordar una mujer exiliada de su querido Chile, y así voces como gotas de lluvia formarían remolinos de odio que fluían libres después de casi un siglo de incubación.

Lo que no tendrían en cuenta los felices verdugos de las palabras y los deseos es que lo más seguro es que Mr Smith que estaba en el fatídico vuelo nunca había viajado fuera de su país y lo más probable es que no supiera en qué parte del mundo se encontraba Irán, o Mrs Martínez nunca hubiera pisado el Capitolio de los Estados Unidos u ordenado un bombardeo sobre Kosovo, o que Michael K. ni siquiera estuviera en los planes de sus padres durante la toma del poder de Pinochet el 11 de septiembre de 1973 en Santiago, pues nunca llegaría a cumplir los diez años. Los protagonistas de esa mañana de martes en lo que menos pensaban era en las desgracias acontecidas en lugares remotos sino que se centraban en sus pequeñas desgracias cotidianas, en la discusión que no pudo llegar a feliz término, en el corazón roto que las lágrimas no lograban contener, en las deudas que no parecían tener solución, en esa llamada que no llegaba, sin saber que desde esa mañana eran muertos que caminaban, condenados a muerte sin que ellos mismos lo supieran.

Volvamos a ese edificio. A las llamas, a los gritos pidiendo una explicación, al sudor mezclado con lágrimas, a los cuerpos quemándose, a los hombres,  mujeres y niños asfixiados incapaces de moverse mientras el humo se mete por todas sus cavidades respiratorias acelerando su fin y convirtiendo los puntos suspensivos que son la vida en un punto final. Pero también hay seres que no se resignan a morir, que no quieren que su cuerpo se queme, ni sentir su piel llenarse de pústulas y ampollas que se revientan ante la proximidad del fuego, saben que no hay salida, que lo más sencillo sería quedarse inmóviles esperando que la edificación colapse o sucumbir ante el humo, o tal vez lo más sencillo sea abrir las ventanas, arrojarse y volar.

No solo escombros, polvo y ceniza llovió esa mañana de septiembre en Nueva York, sino también infinitud de cuerpos que se arrojaron desde los pisos más elevados, desesperados por querer escapar del infierno, seres y más seres que caían del cielo ,ex personas que se estrellaban contra el cemento, quizá alguno de ellos tuvo tiempo de llamar a su hija, o su esposo, o una amiga y decirle que la amaba antes de caer, o quizá ni siquiera tuvieron tiempo de ello, solo sintieron asfixiarse y abrieron o quizá rompieron la ventana en busca de aire fresco, pensaron que no estaría mal sacar primero la cabeza, después un brazo, el torso y las piernas, quizá ni siquiera pensaron sino que estaban mareados ante tanta adrenalina y creyeron que si se arrojaban de pronto la evolución podría acelerarse y ¿por qué no? Surcar los cielos de manera milagrosa o tal vez Dios enviaría a sus ángeles para salvarlos así como envío algunos a desterrar la serpiente del Paraíso o remover la piedra del sepulcro de Jesucristo.

Cesar los que van a morir te saludan, habría dicho más de uno si hubiera nacido dos mil años antes o hubiera querido decir una frase lapidaria antes de lanzarse al vacío si hubieran tenido el tiempo necesario para pensar. No fue así, simplemente la caída, el abismo y el aire. Ahora concentrémonos en uno de esos hombres que mira impasible al resto de los hombres pájaros que van en picada libre, su nombre no importa, no figurará en los libros de texto de la historia y a duras penas será una cifra más, un nombre al pie del periódico del día siguiente. Este desconocido, solo siente su piel quemarse, solo ve caer hombres y mujeres como ceniza y sabe que pronto los seguirá, que no tiene la valentía para inmolarse.

Prende el celular y marca un número conocido. Una voz femenina responde, aunque no exageremos, el sonido al otro lado de la línea no articula palabra alguna, solo sollozos y gemidos, seguramente estará presenciado en vivo y en directo el desplome de las torres. Al hombre se le hace un nudo en el corazón y no es capaz de decir ‘te amo’, mentir con un ‘todo estará bien’ o decir ridículamente ‘hola’, simplemente escucha el llanto mientras él mismo empieza a derramar lágrimas que irán a parar a un piso que pronto dejará de existir.

No cuelga el teléfono móvil pero lo deja caer, dejando abandonada la existencia que alguna vez tuvo, en otra vida, en otra realidad. Abre la ventana y se asoma a ella, una última bocanada de aire fresco antes de fundirse con el viento. Se lanza y su último pensamiento racional es que no le gustaría verse ridículo en ese momento.

Una milésima de segundo antes de empezar a caer le parece que flota, que ha logrado superar todas las leyes de la física y empezará a flotar hasta su casa, pero inmediatamente la gravedad, dama maldita donde las haya, empieza a obrar las leyes de las que tanto dioses como hombres no pueden quebrantar.

Se dice que antes de morir recorremos nuestra vida en un parpadeo. ¿Pero puede toda la existencia de un hombre resumirse en tan poco tiempo? ¿Sus amores y sus odios, la veces que lloró en un rincón, sus pequeños y muchas veces anónimos triunfos yendo y viniendo a la velocidad de la luz en el par de parpadeos que dura la caída?

Digamos en beneficio de la duda porque no estamos en su lugar, quiera la fortuna que nunca tengamos que arrojarnos de un edificio en llamas, que no vio la vida entera correr ante sus ojos, pero si pequeños fragmentos, recuerdos que se filtran como luz ante una rendija, miles de momentos que conformaron su ser y que parecieran no tener conexión entre sí: La vez que se orinó en su cama cuando tenía siete años, una rata muerta devorada por las hormigas en un callejón, el primer beso que dio a los once años, el olor de Johana en su primera cita, la muerte de su madre, te amo Johana, el fuego del edificio, Papi, ¿me traerás un regalo de Iowa?, sí cariño, lo haré, la asfixia y el humo, la vez que visitó México, Querido estoy embarazada, los cuerpos cayendo como alfileres, la incomprensión ante lo sucedido, te amo Johana, te amo pequeña Laura, el cielo es azul pero ya no podré verlo, soy libre, por primera vez en mi vida y puedo volar….

Y abajo el cemento, esperando con la ansiedad de una amante su cuerpo en picada.






viernes, 9 de septiembre de 2016

Carta a Gruñón

Querido y extrañado Gruñón:

Recuerdo cuando llegaste a nuestras vidas hace un poco más de una década. En ese entonces eras una pequeña bola de pelos, que apenas sabía andar, tragona, meona y ladrona, cosas que con el paso del tiempo no mermaron sino que se acentuaron. Pero de igual manera siempre fuiste de una alegría, fidelidad y ternura que conquistaron a todas las personas que te conocieron.

¿Sabes? Estaba pensando en un profesor que tuve en el colegio. Él decía que las mascotas eran incapaces de querer, que sólo estaban condicionadas por la instinto de la necesidad y que veían a sus dueños solamente como proveedores y de allí su supuesto cariño . En ese tiempo, hace veinte años, pensaba que el tipo era un idiota, hoy después de conocerte he cambiado mi opinión: Creo que es un GRAN idiota.

Una mascota es más que un animal o una pertenencia, quienes hemos tenido el placer de disfrutar de su cariño y amor sabemos que ustedes son nuestros amigos, miembros de nuestra familia y nuestros protectores. Los más desinteresados, los más fieles y tiernos. Tú, querido Gruñón, eres la mayor prueba de ello.

Tus primeros dos años maravillosos y nos quisimos muchísimo. Salíamos a todas partes juntos, incluso en aquellos lugares donde al principio  no te querían ni aceptaban y donde a punta de ladridos, ojos de perro degollado y movimiento de cola lograbas ser aceptado. Tanto mis amigos como los de mi papá sabían que donde íbamos nosotros teníamos que estar tú, pues eras algo así como el rey de la casa. En ese tiempo, fuimos compañeros de trotes, de juegos, paseábamos por horas y muchas veces, en los momentos más tristes y difíciles estabas presente: Sin un ladrido te acercabas con lentitud y me lamías la mano o  simplemente te echabas al lado para que pudiera acariciarte y saber que al final todo se arreglaría.

Y de repente, de manera rápida e imprevista todo cambió, me tocó dejarte e irme a una ciudad extraña. Pensé que ibas a cambiar conmigo por la distancia pero allí fue cuando comprendí el error del profesor aquel, tu cariño no cambió al contrario creció a límites insospechados. Eras el primero en darse cuenta que volvía a casa, empezabas a ladrar incluso cuando estaba a metros de distancia y no había entrado al apartamento, corrías a saludarme, movías tu cola como una batidora y no me dejabas en paz hasta que te consentía un buen rato, de igual forma dejabas tanto a mi papá como a mi mamá para ir a dormir a mi lado sin despegarte de mí un solo instante.

Pero más allá de todo el amor y lealtad que demostraste hacia mí hay algo por lo que te estoy infinitamente agradecido. Estuviste con mi papá en sus últimos momentos, cuando se sintió más solitario y necesitaba de una presencia, fuiste su compañero hasta el final y me parte el corazón al recordar lo triste y enfermo que te pusiste cuando murió. Después de eso estuviste con mi mamá y la hiciste muy feliz todo el tiempo, ella disfrutaba de tus diabluras, te consintió y quiso mucho, tú le dabas a cambio su amor, la acompañabas a caminar y la velabas cuando estaba más enferma. El último mes ella no pudo tenerte más y te fuiste con la empleada y aún allí hiciste feliz a una niña con discapacidad con tu maravillosa manera de ser.

Debo reconocer que las últimas veces que te vi ya te veía un poco viejo, cansado. Te quedaba un poco de energía pero ésta cada vez menguaba más y más . Al final, cuando salíamos a trotar, tú me veías correr mientras disfrutabas acostada del pasto y el sol caleño. En el fondo sabía que no durarías para siempre pero uno nunca se prepara para la partida de un gran amigo como tú.

Hablemos ahora de tu muerte. Fuiste tan único y tan épico que incluso te reservaste una tan maravillosa que envidiaría más de un poeta maldito. Me contaron –y que pena ventilar esto por acá- que el paro cardíaco que te dió, ocurrió mientras estabas tirándote una perrita (Ay Gruñón, viejo verde, no caíste en cuenta que ciertas cosas a tu edad ya no se podían hacer) y que en lugar de venirte te nos fuiste. Eres tan especial que incluso para hablar del momento en que partiste lo haremos con una sonrisa en los labios.

Es en este tipo de momentos que me gustaría creer en un más allá para tener la certeza de verte de nuevo. Si así fuera estoy seguro que serías el primero que darte cuenta de mi llegada, correrías primero que el resto de mis muertos para darme el recibimiento que nuestro encuentro merecería.

Si ves por ahí al viejo, a mi abuela, mi nana o Camilo no dejes de darles un ladrido afectuoso de mi parte.

Te quiero mucho mi Gruñón, gracias por esta década –y un poco más- tan espectacular a tu lado. Y no me olvides porque yo nunca lo haré contigo.

Con amor,

TuLio:.
Pd: Nata y mamá te mandan saludos, ¡Paciente Gruñón!..........








miércoles, 31 de agosto de 2016

Dolorplacer

Un corrientazo. Puede durar dos segundos, quizás menos pero siempre parecerán más. Te recorre el cuerpo, los pies, rodillas y abdomen, sube por el pecho, la boca, las encías, los ojos que quieren llorar y va a morir en el cerebro que parece fundirse. Y luego el cansancio, el cuerpo que gime al verse rasgado, quemado electrocutado, cortado e invadido de mil formas en su apacible día a día. Un instante que tiene la misma intensidad que la misma vida.

Miguel Díaz conoció de manera simultánea tanto el dolor como el placer. Lo que son dos caras de la moneda en su caso era simplemente una sola cara sin sello.  Aún lo recordaba, tendría cinco años cuando fue consciente. Corría con otros niños por el pavimento cuando tropezó y cayó al suelo. Los otros no se dieron cuenta y pronto lo dejaron atrás. Su rodilla sangraba y empapaba su pierna de rojo carmesí. Él se levantó y sintió el ardor de su carne siendo expuesta al viento, al mismo tiempo sintió una euforia que nunca antes había experimentado, ganas de reír, de gritar hasta quedarse sin pulmones…si hubiera sido una persona normal, muchos años después habría sido capaz de explicar esa sensación, era la misma de un orgasmo.

A los pocos días, la herida empezó a cicatrizar. El pequeño Miguel no quería dejar de experimentar esa sensación, nunca se había sentido tan poderoso, tan feliz, no podía dejar que terminara, jamás. Empezó a rascarse la cicatriz, la incomodidad, el ardor de sentir las uñas y los dedos penetrando su piel como una seda. La corriente que lo recorrió cuando levantó el cuero y la sangre que volvía a manar quería vivirla una y otra vez como en una especie de bucle infinito, si debía rasgarse la misma herida de manera repetida hasta el infinito no dudaría en hacerlo, hasta tener su cuerpo cubierto en sangre, invadido por un dolor placentero que no lo dejara ni moverse.

Su madre, preocupada, tuvo que vendarlo varias veces y atarle las manos al observar horrorizada como su dulce niño arrancaba la gasa y se hurgaba la piel con la desidia de un carnicero. Corrió hacia él, le gritó, zarandeo y lloró al ver su expresión de incredulidad, de inocencia, como si no se estuviera atentando contra sí mismo. Sólo cuando el pequeño musitó ‘no lo vuelvo a hacer, mami’  sintió nuevamente que ese ente extraño le pertenecía nuevamente y lo abrazó.

Miguel no había dicho eso porque amará a su madre o porque le importara, simplemente quería que se callara, ansiaba el silencio con la misma necesidad que el dolorplacer. Tomó nota mental nunca más habría de mostrarse tan evidente en su búsqueda, sería algo íntimo, donde nunca nadie tendría placer.

Pasaron los años y él creció, incapaz de otro sentimiento que el dolorplacer. Era incapaz de sentir tristeza o alegría por alguien, de maravillarse por algo que no fuera capaz de lo que él mismo se infringía, por la misma razón  no podía entablar una relación con nadie, eran simplemente envueltos de piel y carne que deambulaban por el mundo y estorbaban con sus palabras sin sentido. Tanto para sus compañeros como para su familia él era una presencia callada que no aportaba ni estorbaba, simplemente estaba presente, como si hubiera estado allí desde el principio de los tiempos.

Conforme pasaba el tiempo había refinado sus tácticas, el reto era lastimarse sin que nadie se diera cuenta. Se apagaba colillas de cigarrillos bajo el abdomen, se cortaba con la tapa de las latas de atún por debajo de las nalgas, se quemaba con un fósforo por los talones hasta que le salían ampollas las cuales se laceraba hasta que fuera prudentemente necesario, no había más límites que los que él mismo se impusiera.

Alguna vez quiso probar si podía experimentar lo mismo si aplicaba dolor a otro ente que no fuera él. Un día se acercó a una cucaracha, era grande, café, viscosa, se sentó frente a ella, con una de sus manos oprimió su parte superior, con la otra empezó a buscarle las patas. Tocó la primera, la acarició y con un rápido movimiento se la arrancó, el insecto empezó a revolcarse intentando huir de su verdugo pero la presión ejercida era muy fuerte. Miguel no sintió nada, ni asco, ni alegría o tristeza por el animal, sólo un pequeño atisbo de curiosidad por que vendría a continuación, a la pata siguió una antena, y el resto de las patas, cuando se terminó de aburrir aumentó la fuerza de su dedo sobre el animal sintiéndolo morir hasta atravesarlo por completo y sentir su interior mojar su mano. Estuvo un rato observando el animal, apachurrado e inerte, finalmente se limpió con un pañuelo y se fue pensando que el incidente había sido una pérdida de tiempo.

Ni siquiera el sexo le despertaba interés, se había acercado a él ansioso, esperando encontrar algo con que reemplazar el dolorplacer  pero se encontró con un desahogo fisiológico como excretar o escupir en la calle, intentó experimentar con el sadomasoquismo pero le pareció ridículo, demasiado suave, demasiado condescendiente en la otra persona, un ente  incapaz de comprender la dosis que él necesitaba, un dolor de juguete de mentiras, que no rompía al otro sino que simplemente era un juego a la espera de una caricia, de un beso, una mímica de lo que él esperaba.

Porque viéndolo en retrospectiva ese fue el principal problema. Nada lo saciaba ya, vivía solo en un apartamento y podía dedicarse a largas sesiones de autotorturarse sin que nadie lo importunara, pero nada era suficiente. Horas enteras de lastimarse, si bien lo hacían sentir cómodo y de ánimo agradable, era una sensación cada vez más efímera, menos significativa y sabía que conforme pasara el tiempo seguirían disminuyendo sus efectos. Era un adicto al daño y la dosis ya no era suficiente.

Se decidió una tarde de domingo donde la eternidad parecía ingresar en forma de rayo luz sobre su apartamento. Salió equipado únicamente con su celular donde puso una canción a sonar en un bucle infinito, mientras caminaba hacia su destino y veía a la gente a su alrededor se preguntó cómo sería una vida con más sensaciones, no un mundo de blanco y negro o blancoanegrado como lo veía él, sino un prisma infinito en el sentir, en el vivir, nunca lo sabría.

Finalmente llegó al sitio y empezó el ascenso, Jagger seguía vociferando la misma canción, Miguel ya se sabía de memoria los acordes y la entonación del inglés pero no podía dejar de cantarla en su mente porque parecía el himno de su propia vida. I can´t get no satisfaction, decía de manera sensual el inglés mientras él se permitía el último lujo de su vida y subía a pie los diecinueve pisos de la torre permitiendo que la fatiga se apoderara de su cuerpo.  Arribó a la cima, como lo sospechó el lugar estaba solitario, no podía esperarse nada más de un domingo por la tarde, tuvo un capricho de último minuto se quitó los audífonos, tomó el celular con las manos y lo lanzó al vacío, no quiso verlo caer, quizá había lastimado a alguien en su caída quizá no, no importaba. A sus pies vio la gran ciudad y se la imaginó como un gran asentamiento de cucarachas. Escuchó silbar el viento un par de minutos y saltó.


En su caída rompió una especie de techo de vidrio. Alcanzó a estar consciente mientras agonizaba. A su lado miles de cientos de diminutos fragmentos de vidrio lo acompañaban, otros tanto se habían incrustado en su piel fundiéndose en su torrente sanguíneo, cada músculo, cada hueso estaba roto, podía sentirlo así como la sangre que empapaba su ropa, el dolor era insoportable, cualquier otra persona habría llamado la muerte con desesperación, buscando un final inmediato, habría llorado o gritado buscando la atención o la compasión de los transeúntes; él intentó reír pero ni siquiera tenía fuerzas para ello por lo que se limitó a sonreír pacíficamente. Nunca había sido tan feliz en su vida.

jueves, 25 de agosto de 2016

Plebiscito por el fin del conflicto: Un voto por el futuro


Vivimos un momento histórico. Ayer, 24 de agosto de 2016, se firmó un acuerdo de paz entre el gobierno y  las FARC, la guerrilla más antigua del mundo. Un acuerdo que se da cincuenta años después de guerra, muertos, terror, campos asolados por la muerte, de miles de muertos, secuestrados, mutilados y violados. Un apretón de manos que nos invita al perdón, a un país más justo, a un futuro mejor a las generaciones por venir.

Desde luego el nombre que le han dado los medios es bastante ambicioso, se grita a los cuatro vientos que esta es la firma de la paz, cuando en realidad no la es, pues los factores que crearon a esta guerrilla, la corrupción, la desigualdad, la injusticia siguen presentes creando semillas que en caso de no ser atendidas de manera urgente de cara al futuro podrán dar paso a una nueva guerra.

Pienso sin embargo, que este acuerdo es un paso gigante en la construcción de un verdadero país, a una nueva mentalidad, aquella donde se vea la inclusión, donde se reconozca al otro, donde se acepten de parte y parte errores del pasado y se cree una nueva consciencia de cara al futuro que rompa con el ciclo de violencia y venganzas inmediatas que han sumido al país en el atraso tanto mental como físico.

Ahora es el turno de la sociedad de refrendar este acuerdo. El próximo 2 de octubre el país deberá decidir si acepta esta decisión o si por el contrario decide seguir en una guerra sempiterna que no lleva a nada más que la destrucción y el caos. Nunca antes el país había tenido una decisión tan importante en sus manos, nunca había tenido tal poder de ser el arquitecto de su futuro y de lo que decida marcará la hoja de ruta de lo que vendrá a ser este siglo XXI que apenas comienza.

Y no es fácil desde luego. Mientras veía el anuncio en vivo por internet pude observar en simultánea los comentarios que las personas escribían sobre el tema.  Veía frases llenas de odio, de miedo, de terror, de sentirse engañados por Santos a quien acusan de entregarle el país a la guerrilla y de frases tan ignorantes  como decir que vamos camino hacia Venezuela, o que el país se volverá comunista (¿De verdad alguien puede ser tan ingenuo de creer que un hombre proveniente de la oligarquía como Santos es comunista?)

Esta situación ha sido aprovechada por la extrema derecha, aquella que provocó La Violencia a principios y mediados del siglo XX, la que le tiene pavor a la homosexualidad, o que la mujer decida en temas tan importantes como la concepción, para infundir el terror y lo que es peor el terror a través de la ignorancia.

Que a todos los guerrilleros se les dará un sueldo mensual de  un millón ochocientos mil pesos, que habrá total impunidad, que el país ahora les pertenece a las FARC, son algunas de las falacias que se sueltan de manera irresponsable, sobre hechos sin comprobar, verdades a medias y cuyo fin consiste únicamente en sembrar la discordia en alentar el miedo para que así el negocio de la guerra siga campante.

Empeorándolo todo, estas mentiras encuentran eco en un país que no le gusta informarse, que prefiere el chisme a los hechos, que vota no a favor de un ideal sino en contra de una persona. He hablado con más de una persona que no sabe qué fue lo que se firmó en La Habana pero piensa votar negativamente el plebiscito porque a Uribe no le parece (repitiendo como loro de piratas sus mil y un embustes) o porque no soporta a Santos. Incluso muchos gremios, como el de los taxistas han anunciado no apoyarlo si el gobierno no los apoya en sus demandas contra Uber.

Uno de los problemas más graves de Colombia es que la gente no es capaz de pensar a largo plazo, de no ver más allá de sus narices. Lo que se ha logrado en La Habana es algo que sobrepasa a Juan Manuel Santos, a este gobierno y todos sus desaciertos (que no son pocos). Persistir en la guerra, aquella que no se pudo acabar en más de cincuenta años no es sólo pecar por omisión sino ser cómplices de algo horrible.

Es muy fácil pontificar sobre los hechos y estar contra el acuerdo desde la comodidad del  sofá de la casa, porque esta guerra ha alimentado los suelos con la sangre de campesinos pobres de bando y bando; es fácil decir que vayan ellos, los miserables, a la guerra porque la misma gente que vocifera a favor que el conflicto se alargue nunca ha empuñado un fusil o mandaría a sus hijos a la guerra, porque esta misma gente que se proclama Uribista se hace la de la vista gorda al ver que su líder no fue capaz de acabar con la guerrilla durante su mandato y para no hacer evidente su fracaso fue  capaz de asesinar a sus ciudadanos más pobres y hacerlos pasar como guerrilleros en los tristemente falsos positivos.

Los acuerdos están sobre la mesa y cualquier persona puede leerlos. No se está engañando a nadie con ellos. Quienes exigen la cabeza de los jefes guerrilleros olvidan que se está pactando un acuerdo y no una victoria militar y en estos ambos bandos deben ceder, que organismos internacionales estarán velando por el cumplimiento de los mismos acuerdos y que tal como lo dijo Isaac Rabin, “la paz se firma con los enemigos” y nunca ninguno de los lados estará plenamente satisfecho y eso en parte es la construcción y la búsqueda de la paz.

Colombia tiene una cita con la historia el próximo 2 de octubre. El deber moral que tienen los habitantes de este país es el de mínimamente haber leído los acuerdos para saber de qué se tratan. En nuestras manos está la decisión de buscar un mejor mañana, un nuevo comienzo como nación o seguir sumidos en un conflicto que sólo dejará una estela de sangre y fuego. Espero que la decisión que se tome sea algo que nos enorgullezca contarles a las generaciones por venir.

¡Infórmense! Antes de votar lean los acuerdos aquí:
https://www.mesadeconversaciones.com.co/



miércoles, 10 de agosto de 2016

Érase una vez en la Colombia invadida por la homofobia…


…Los homosexuales desde sus discotecas gays y agujeros de depravación conspiraban por corromper la niñez, la cristiandad y los buenos valores de un país cívico, tolerante donde la moral reina sin discusión alguna. Para lograr sus sucios objetivos se han valido de Gina Parody, quien aprovechándose de su cargo como Ministra de Educación, obligará a los pobres niños, por ley a través de la  educación a volverse maricas y lesbianas, volviendo a Colombia en una sucursal de Sodoma y Gomorra.

El anterior párrafo puede parecer una broma, pero una gran parte de la población lo cree a pie juntillas. La situación se agravó cuando surgió el rumor de que en los colegios se estaba distribuyendo una cartilla con contenido homosexual explícito, el chisme es desde luego eso, un rumor  sin fundamento, pero logró su objetivo de despertar todo el odio y la homofobia que muchos acumulan.

Siempre me ha dado risa la gente que excusa su opinión con palabras amables, “Yo no soy homofóbico/machista/racista/clasista  pero es que”…el abanico de excusas siempre es grande. Estas personas siempre hablan desde la moral, la religión y los buenos valores, disimulan su odio escudándose en otros, principalmente en niños, porque ni siquiera tienen el valor para reconocer que son incapaces de reconocer al otro, al que es diferente, que están aterrados de darse cuenta que no todos son iguales a ellos y a su maravilloso mundo correcto.

Agregaré algo que podrá parecer contradictorio…me parece  bien. La libertad debe ser en todos los sentidos. Si a una persona le parece que la homosexualidad es algo que va contra natura, que los negros son seres inferiores o que las mujeres sirven sólo para parir y estar en la cocina, son opiniones que aunque no comparto –y de hecho me parecen  detestables- son respetables. Allá ellos, su conciencia y la gente, que para su desgracia, los rodea. Lo que sí me parece grave es que estos individuos quieran imponer sus pensamientos retrógrados a una sociedad que debe avanzar hacia la tolerancia, el respeto y la inclusión. Podrán pensar lo que quieran pero deben acatar lo que decida el Estado y sus leyes.

La mayoría de los argumentos de estos señores se basan en dios. Yo, que soy ateo, nunca he convencido a nadie a serlo, pero tampoco me gusta que me jodan obligándome a creer en ello. Estos seres parecen olvidar que vivimos en un estado laico donde debe primar el bien común por encima de cualquier religión y da tristeza, rabia y desesperación que la Procuraduría General de la Nación que es un ente cuya función es defender a los ciudadanos se haya convertido en un régimen que basa sus acciones en la biblia, como si fuera un estamento más de la infame inquisición.

A todo esto ni siquiera veo cuál es el odio de esta gente ante la homosexualidad ¿Por qué les molesta tanto que dos personas se amen? ¿Qué importa su género? Lo del degenero lo veo por igual en todos los géneros, es más, que yo sepa Hitler, Osama, Pablo Escobar, Tirofijo, Stalin, los Castaño, Uribe y la mayoría de los Honorables Parlamentarios de nuestro corrupto Congreso vienen de familias conformadas como ‘Dios manda’ y los resultados son más que obvios.

Esta gente prefiere la filosofía de la muerte sobre la paz, el odio sobre el amor, el “prefiero un hijo muerto que marica”. Si sus valores son tan fuertes, ¿por qué el miedo? ¿por qué les aterra tanto que sus hijos aprendan que la humanidad es diversa? Que existen hombres que aman o desean a otros hombres o mujeres que sienten el mismo amor hacia alguien de su mismo género…yo diría que de pronto sus cimientos fuertes, fuertes no son si creen que su hijo se puede “dañar” por tener acceso a más información…aunque por otros lados, pobres niños con esos padres.

Hace poco salió un video de una niña de seis o siete  años reclamándole a Parody por este tema. El video no podría ser más repugnante. En él sale la infante hablando de “Hoy en mi  país no nos van a quitar a espada a nuestra vida pero si nos están arrebatando derechos fundamentales”, “La familia está constituida por dios, él no se equivoca”, “Hoy abro la boca con toda mi fuerza y me abandero por mi hermosa familia”…¿así habla una niña de esa edad? No nos crean tan pendejos….no sólo el discurso no corresponde a la edad de la pequeña, sino que está lleno de cortes de edición. ¿Les parece muy mal que dos mujeres se besen pero una maravilla manipular a una niña como un animal o una muñeca de trapo para llevar un mensaje lleno de odio? Tienen mucho huevo.


La homosexualidad no es mala, es simplemente una elección de vida. No estoy de acuerdo con las marchas de orgullo gay porque uno debe enorgullecerse de los méritos propios, por escribir un libro, o salvarle la vida a alguien, o amar a otra persona de manera sincera así sea inútil, o simplemente hacer de este mundo un lugar un poco mejor; la sexualidad, raza o nacionalidad son meros accidentes que no nos hacen ni mejor ni peor que nadie. Hay cosas que sí son malas en verdad, como ser los padres de la niña del vídeo o tener un hijo que sé yo, Uribista.

jueves, 12 de mayo de 2016

33

Segundos después de la medianoche contemplo lo poco que lleva del amanecer del 12 de mayo. Ningún sonido se escucha aparte del deglutir de la cerveza bajando por mi garganta y con la que contemplo el inicio de mis 33 años. Todo se ve sereno y silencioso, sólo una estrella se deja ver tímida y lejana desde la ventana de mi apartamento y parece que el mundo ha decidido desvanecerse en estos momentos.

Treinta y tres años….la edad en la que murieron Cristo y Alejandro Magno, si se ve desde ese panorama no es demasiado alentador, pero ambos en ese lapso lograron cosas magníficas y cada uno de ellos logró, a su manera, transformar la historia del mundo. Pienso en mis treinta y tres años y en lo que he logrado…si me comparo con los antes mencionados seguramente mi vida será insignificante pero si veo más a fondo encontraré que he amado, he odiado, reído, llorado, he lastimado y han vuelto mi corazón mierda, he conocido personas buenas y también canallas, he vivido con pasión, pero también he caído en periodos largos de apatía y auto conmiseración, he sido bueno y villano, inocente y diabólico, en pocas palabras he sido humano con todas las fallas y virtudes que eso conlleva y solo por eso mi vida ha valido completamente la pena.

Creo que esta es la edad de la madurez. Atrás quedan cosas insignificantes a las que quizá le di demasiada importancia, personas que quizá no valían tanto la pena como creí alguna vez. En los últimos tiempos aprendí que no se debe confiar en todas las personas porque la maldad se esconde principalmente en los pequeños actos maquiavélicos de la cotidianidad y que las palabras más dulces están cargadas de veneno. Los amigos de verdad se cuentan con los dedos de la mano y su presencia no se dice, se siente, y ellos siempre estarán presentes para ti, incluso cuando tú hayas olvidado el camino de vuelta a casa.

Aprendí que quien quiere estar contigo lo está, no importan las peleas, los desencuentros, las palabras que se hayan dicho o escrito en los peores momentos, quien de verdad quiere estar contigo encontrará la manera de volver o hacer que vuelvas.

También aprendí que, y a pesar de sonar como una verdad Perogrullo, es el amor quien podrá salvarnos, nunca el odio. Quien odia, quien está enojado simplemente se envenena solo y su infierno es peor de la persona a quien odia. Quien no nos quiere, nos detesta y busca hacernos daño, quien siembra su vida de actos canallas y egoístas está condenado a que sus acciones le exploten en la cara tarde o temprano y ellos no merecen nuestra ira, al contrario merecen nuestra lástima y ni siquiera ello, tal vez sola nuestra total indiferencia, pues nada se compara a la paz interna de nuestras almas y corazones.

Pero quizá la lección más valiosa que haya aprendido a través de tantos años es que al final todos se van: Las personas a quienes más amamos, nuestras mascotas, familia, amigos, amantes y enemigos…todos se van. Algunos viajarán a lugares lejanos a encontrarse con su destino; otros se irán desvaneciendo, habrán aprendido lo que tenían que aprender de nosotros –y viceversa-, y se marcharán sin despedirse; y otros se irán con el beso eterno de la muerte, abandonándonos en lo físico pero viviendo hasta el fin de nuestros días en nuestra mente y alma. Es por ello que no me arrepiento de vivir de la manera en que lo hago, con la intensidad de mis sentimientos a flor de piel, me gusta abrazar y besar con el alma como si de ello dependiera mi vida, porque en cierto sentido es así y porque al final uno mismo termina yéndose de una forma u otra y prefiero aprovechar el poco tiempo que me queda (porque en el caso de los seres humanos, el tiempo siempre será breve) en amar y dejar una huella en quienes me importan que en cosas tan insignificantes como conseguir dinero, efímera fama o aduladores.

Como siempre, muchas gracias a todos. Todas las personas que han estado a mi alrededor (tanto reales como virtuales) me han ayudado a convertirme en  la persona que soy –tanto con las cosas malas como las buenas- y no tengo palabras para decirles lo mucho que las quiero y significan para mí (incluso para ti lector, a quien no conozco y te tomas la molestia de pasarte por estas Letras Bizarrras). Soy afortunado en tenerlos y espero seguir contando con todos ustedes durante muchos años más.

Gracias.

Los quiero.



martes, 26 de abril de 2016

Un YouTuber en la Feria del libro de Bogotá

La visita del Youtuber chileno Germán Garmendia a la Feria del Libro de Bogotá (o Filbo) ha despertado más controversia que el más incendiario discurso del siempre poco ponderado Fernando Vallejo. Voces indignadas condenan la visita del joven y aseguran que su libro es poco menos que la llegada del apocalipsis cultural.

No estaría mal recordar lo que pasó: El pasado sábado 23 de abril, el youtuber (que como su nombre lo indica es una persona que se dedica a hacer videos por You Tube) Germán Garmendia estuvo en Corferias en la Filbo lanzando su nuevo libro #ChupaElPerro. La visita de este personaje ocasionó que todos sus seguidores colombianos (que ascienden a 27 millones en el mundo) fueran a visitarlo, poco más de quince mil niños y jóvenes se apoderaron de Corferias y antes del mediodía se tuvo que suspender la venta de boleterías de ese día.

De inmediato los adalides de la cultura se rasgaron las vestiduras: ¿Cómo era posible que la visita de este tipo hubiera ocasionado el colapso en la Filbo dejando por fuera a miles de lectores que querían entrar a leer? ¿Cómo es posible que los niños y jóvenes estén leyendo a este fulanito en lugar de culturizarse y leer a García Márquez, Dostoievski y Juan Rulfo? ¿De verdad el libro más leído de este evento tiene un nombre como #ChupaElPerro?, al margen de aseveraciones del tipo que la Feria se vendió, que este es el inicio del fin y que la Feria ya no es del libro sino de los YouTubers (diciendo esta última frase con tanto desprecio como quien pisa caca de perro).

Siempre he pensado que aquellos que van a acabar con la CULTURA (así en mayúsculas, como les gusta) son precisamente aquellos que dicen defenderla. Son ellos quienes elevan este concepto a la estratósfera, a un lugar inabarcable e inalcanzable, quienes convierten a Cervantes y a Shakespeare (a quienes en muchas ocasiones no han leído) en poco menos que dioses y verdades absolutas en lugar de disfrutar y contemplar esos universos maravillosos que dibujan en sus grandes historias.

Estos seres son incapaces de disfrutar un cuadro, reírse con una comedía o embriagarse mientras se oye alguna pieza musical, para ellos todo debe tener  una solemnidad y un protocolo que  es capaz de convertir en flores muertes al más bello de los jardínes, y braman y gruñen por todas partes pretendiendo que todo el mundo comparta su ridículo punto de vista.

Porque la cultura no es otra cosa que el reflejo de una época, de un pensamiento, de una forma de concebir la existencia. Germán Garmendia de cierta forma expresa la concepción de lo que es el comienzo de este milenio y su forma de comunicarse: Inmediata y masiva. El chileno habla un lenguaje que nosotros somos incapaces de comprender pero que les llega a los más jóvenes quienes se sienten identificados con su discurso, generando el nivel de fanatismo que se vio el sábado pasado en Corferias.

Dicen los ‘culturizadores’ que la juventud se está yendo a la basura por leer a Garmendia. Olvidan que la mayoría de los asistentes al evento eran jóvenes entre los diez y los dieciocho años, es estúpido pretender que a esa edad se lea (y se comprenda y se disfrute) a un Kafka, a un Cortázar o a un Dante; al contrario, el empeño que ponen estas personas en obligar a los más pequeños a leer a estas personas pueden provocar en ellas una aversión innecesaria a la lectura y conocer otras realidades que seguramente les interesará más en otro momento.

Porque todo tiene su lugar y su momento. Porque cuando fuimos adolescentes seguimos a un cantante, o vimos una película o leímos un libro que ahora nos avergüenza reconocer que en una época no podíamos vivir sin ella. Porque seguramente a día de hoy tenemos un placer culposo que no reconocemos pero en nuestra privacidad disfrutamos y se puede perfectamente leer el libro de Germán Garmendia, la saga de Juego de Tronos o los desgarradores libros de la nobel Svetlana Alexievich sin que nada de eso riña en lo absoluto.

Olvidan los defensores de la CULTURA, que la Feria del Libro es un espacio múltiple donde asisten tanto autores de libros de autoayuda, como de literatura y acádemicos y cuyo principal objetivo es dar a conocer y vender sus libros. Olvidan también que todos los libros, incluso los que no nos gustan cumplen su misión si dan un mensaje, si alivian un dolor o hacen soñar, que los libros son puertas y si comienzan a leer #ChupaElPerro, pueden despertar un interés que creían extintos y después pasar a un Tolkien, Mark Twain o, con el tiempo, un James Joyce y que según el Dane, el índice de lectura en el país es de 1,3 libros anuales para andar juzgando a quien coja un libro que no sea del agrado de estos jueces de lo correcto.

Es estúpido, como quieren hacer los culturizadores, demonizar la visita de Garmendia y centrar la Feria en ello. A la par de él en esta edición de la Filbo han estado presentes  la Premio Nobel de Literatura del año pasado, César Aira, Cees Nootebom, Helen Oyeyemi y Juan Gabriel Vásquez, solo por citar algunos nombres, pero como hablar de ellos no les da la relevancia e importancia que atacar a Garmendia….


Leer y sumergirse en otros mundos, otras mentes, sin joder ni que lo jodan a uno, he allí la concepción de felicidad.