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lunes, 9 de diciembre de 2019

América, catorce estrellas teñidas de gloria y sufrimiento

Es una verdad universalmente aceptada que todo hincha del América de Cali tiene predisposición para el sufrimiento. Sólo así se explica que un equipo que apenas ganó su primera copa después de 31 años de haber iniciado su carrera  en el fútbol profesional colombiano, que perdió una Copa Libertadores a segundos de terminar el partido (cuando con el empate ganaba) y que probó el infierno de la segunda división por media década, tenga una de las hinchadas más numerosas y fieles en la actualidad.

Este diciembre se cumplen cuarenta años exactos en que ganó su primera estrella. Los hinchas fieles nunca olvidaremos como ‘aquél 19’ de diciembre del 79,  La Mechita, la pasión del pueblo, los diablos rojos se coronaron campeones venciendo ‘La maldición de Garabato’  allanando un camino lleno de estrellas y triunfando pero no exento de dolor.

Hace muchos años recibí un libro del América    por sus 70 años de fundada donde se hacía un recuento de su historia. Mi mejor amigo, hincha irredento del Deportivo Cali, se burlaba porque uno de sus capítulos se titulaba ‘Duele, rojo, duele’ donde se rememoraba las cuatro derrotas  en la finales de la Copa Libertadores. En ese momento me molestó su actitud pero recordando no veo que haya motivo para tal, ver jugar al América es estar con el corazón en la mano, sufrir hasta el último segundo, las derrotas, muchas de ellas por errores infantiles, y me acuerdo del que cometió Óscar Córdoba cuando regaló un gol al River Plate en la final de la Libertadores en el 96, duelen en el alma y las victorias, al ser tan sufridas son mucho más dulces que las de cualquiera.

Cuarenta años y mucha agua ha corrido debajo del puente. No es motivo de orgullo pero tampoco hay que renegar la historia y aceptar que en la década de los ochenta y noventa la mafia permeó al equipo (como lo hizo con la mayoría del fútbol colombiano) y muchas de sus victorias estuvieron empañadas por dinero sucio, los diablos rojos dejaron de ser el equipo del pueblo para ser el de los Rodríguez.

El castigo sería duro y cruel. Lista Clinton, convertirse en unos parias a quienes nadie quería patrocinar y el descenso en una noche aciaga de diciembre del 2012. Solo los hinchas más fieles seguirían al equipo durante su destierro cual Apolo expulsado del Olimpo. Fueron años de crisis económicas y futbolísticas, de burlas por parte de los rivales de siempre, de luchar como fieras con equipos jóvenes sin nada que perder en el fango de la B, hasta que cinco años después renació cual Fénix y volvió a ascender.

Recuerdo cuando lo hizo, también las hinchadas rivales que veían nuestra celebración tan estruendosa como si hubiéramos ganado un mundial, con una mirada entre burlona y de satisfacción porque sin el América la liga no estaba completa,  los grandes siempre hacen falta, sería como concebir un torneo sin el Deportivo Cali, Nacional o Millonarios, porque siempre será un placer enfrentarse a un rival histórico y derrotarlo que verlo en otra división.

Al volver a la A la hinchada estaba ansiosa por un nuevo título y rugían exigiéndoselo a su presidente Tulio Gómez. A cada fracaso pedían su cabeza sin querer saber nada de procesos o más esperas. Sin embargo, éste no se detuvo y continuó, lento pero seguro, cocinándose a fuego lento en medio de sufrimientos como sólo el América de Cali lo sabe hacer.

Y hoy, cuarenta años después de la primera estrella, once después de la treceava y cinco del descenso doloroso, estamos nuevamente celebrando, y esta vez por partida doble, pues por primera vez un equipo colombiano corona a sus equipos tanto femenino como masculino campeones el mismo año. Cali se engalana  del rojo endiablado y la celebración, sufrida como siempre, tiñe sus calles de escarlata.

¡Celébralo Mechita!




lunes, 19 de diciembre de 2011

El día en que los diablos rojos conocieron el infierno


El América de Cali, quizá el equipo más importante del fútbol colombiano, descendió a la categoría ‘B’ de este deporte luego de perder vergonzosamente el partido de promoción con el desconocido Patriotas de Boyacá. La historia del equipo de Cali está llena de sufrimiento, derrotas, dolor, pasión, éxito, alegría y fútbol.


                                           América de Cali

Fue el periodista Alfonso Bonilla Aragón quien alguna vez calificó al América como ‘La pasión de un pueblo’, y no creo que ningún otro apelativo le quede mejor a los diablos rojos; a diferencia de su encopetado rival de casa, el Deportivo Cali, éste fue un equipo de barriada, de pueblo, de sufrimiento.

Alguna vez mi abuela me contó que un hermano de ella fue el primer arquero del selecionado, y que era a los jugadores, quienes les tocaba poner de su propio sueldo para completar el pasaje de bus para llegar a los  diferentes estadios o que ellos sobrevivían ejerciendo otras profesiones pues el fútbol era algo “poco serio”. Eran otras épocas, es cierto, pero me parece que esa pasión que despertaba el nombre AMÉRICA DE CALI, se vivía igual en esas épocas como en las actuales.

Fue el América un equipo pobre pero honrado hasta que en los ochenta, el narcotráfico, de mano de los Rodríguez Orejuela, se infiltró en el equipo hasta convertirlo en una especie de zoológico, de  exhibicionismo grotesco y absurdo.

No se puede negar que esos años el equipo era uno de los mejores del continente. La nomina que dirigió el profesor Ochoa fue la mejor del país durante muchos años. Pertenecía a los mafiosos, es cierto, pero la mayoría de seleccionados tuvo esa  funesta mano negra como el Millonarios de Rodríguez Gacha o el Medellín de Pablo Escobar. Se ganaron títulos,  deshonrosos, sucios, pero creo que era el reflejo  de una época en que el país  se entregó al narcotráfico en cuerpo y alma

Aún así,  sigo siendo hincha del América de Cali. No sólo porque mi familia esté involucrada  con ella desde antes de mi nacimiento, porque mi abuela me haya infundido amor por esa camiseta roja con un diablo y un tridente, ni porque haya sentido mi corazón querer salír del pecho en dos ocasiones que fui al estadio Pascual Guerrero y lo vi dar la vuelta olímpica; o haya presenciado situaciones tan mágicas como cuando en la Copa Libertadores de 1996, el América remontó un partido adverso y eliminó al glamuroso  Gremio de Brasil en una noche inolvidable donde Jorge, ‘El patrón', Bermúdez, anotó dos golazos de cabeza.

Soy hincha del América porque me parece que su historia, hasta en los momentos de mayor alegría, tiene una sombra trágica, digna de héroe griego. Al equipo pueden meterle seis goles, o hacerle un golazo de media cancha que pasará a la historia, o entrar de último a los octogonales por debajo de equipos claramente inferiores a ellos, pero siempre saldrá adelante. Siempre  resurgirá, con sangre, vuelto mierda, pero sin detenerse.

Incluso en los momentos de mayor esplendor, el drama habría de anunciarse en la forma de la esquiva  Libertadores, copa que ‘la mechita’ –como se le conoce al equipo caleño-  ha rozado en cuatro oportunidades. Puede preguntarle, amable lector, a un hincha americano por la final  perdida en el último minuto contra el Peñarol   en 1987 y verá que a su interlocutor se le agua al ojo mientras intenta cambiar de tema. Ser Americano y parafraseo a Borges –quien como buen ateo del fúbol me odiaría por robarle su frase- ‘es un acto de fe’ y  de amor me atrevería a agregar yo.

 Después de la extradición de los Rodríguez a los Estados Unidos, el equipo ingresó en la llamada Lista Clinton lo que significó la bancarrota de los Diablos Rojos. Paulatinamente sus grandes estrellas fueron vendidas para poder adquirir capital para el funcionamiento del equipo.


                                       La verdadera pasión de un pueblo

Por esta razón, no hubo campeonato más celebrado que el del año 2008 bajo la dirección técnica del polémico pero a la vez genial, Diego Edinson Umaña. Para esa época el equipo estaba muy jodido, pero los jóvenes jugadores  demostraron un amor por la camiseta que habría de vencer equipos con mucho más capital pero mucho más tibios como el Atlético Nacional o el mismo Deportivo Cali.

Este año el América, a pesar de los malos resultados, logró el milagro una vez más y a base de coraje logró entrar en el grupo de los ocho mejores del país a la vez, que irónicamente entraba a jugar su permanencia en la primera división con tan nefastos resultados.

No culpo a los jugadores, me parece que ha sido mucha la entrega que han tenido. En muchas ocasiones, se les ha dejado de pagar incluso más de seis meses y por más amor y cariño que haya por una institución nadie vive del aire.

No deja de ser irónico – o quizá digno de la historia de este equipo- que haya sido precisamente Jairo ‘El Tigre’ Castillo, jugador quien antaño le dio tantas alegrías y títulos al equipo escarlata, el encargado de errar el penalti definitivo y haya sentenciado a pasar al Diablo un breve periodo en el  infierno de la B.

Este equipo, el de Gareca, Falcioni, Freddy Rincón, el ‘Pipa’ De Ávila, Óscar Córdoba, el Tigre Castillo, Usurriaga, Cabañas, Frankie Oviedo y tantas figuras más, esta institución de más de ochenta años y participante activo del fútbol colombiano deberá demostrar ahora  en la ‘B’ de qué está hecho.

Desgraciadamente, el seleccionado sigue en manos de unas directivas que demostraron ser inferiores a la historia del equipo, a sus estrellas y a su hinchada. Creería que este duro trago para los seguidores de’ la mechita’ debe ser el detonante para muchos cambios, para reiniciarlo todo y volver de la muerte deportiva como un demonio vengador dispuesta a volver a la ‘A’ y demostrar porque es el mejor equipo de este país.

Por mi parte, seguiré a los diablos rojos donde estén, ya sea en la categoría B, C o Z; ahora los clásicos serán a muerte con el Bucaramanga, o el Aguablanca F.C  y los cotejos se jugarán en canchas más parecidas a un potrero que a un estadio medianamente decente pero no importa. Prefiero seguir a esta ‘pasión del pueblo’ en los lugares más remotos que seguir una aburrida categoría ‘A’  con equipos insípidos, perfectos y sin el sufrimiento característico de ‘la mechita’.