domingo, 12 de mayo de 2019

36


No tengo a mi papá conmigo pero sus enseñanzas han hecho de mí la persona que soy y su recuerdo me fortalece siempre

No tengo a mi mamá conmigo pero su amor siempre está presente en mi vida. Todo lo bueno que soy y que puedo llegar a ser es gracias a ella.

No tengo a mi hermana cerca pero a pesar de la distancia ella es mi todo. Mi luz, mi faro, mi consejera, vivir es saber que ella existe. La persona más importante de mi universo, quien hace que todos los días, incluso aquellos en los que no quiero levantarme, valgan la pena.

No tengo a mi mascota conmigo pero durante su breve existencia mi perrito Gruñón me enseñó el amor por los animales, que las mascotas pueden llegar a ser tus amigos más entrañables y son parte de la familia.

No tengo a mi Nana conmigo pero de ella aprendí que el amor no tiene color, edad y género. Que siempre oiré la voz alegre y llena de cariño en mis recuerdos de mi negra hermosa.

No tengo novia pero he conocido el amor de mujeres maravillosas, mucho mejores que yo en todo caso, que me han enseñado el maravilloso y misterioso mundo femenino y me han brindado su cariño y apoyo incluso cuando yo mismo no he creído en mí.

No tengo a Camilo conmigo pero de él aprendí que la amistad nunca termina y ni siquiera algo tan poderoso e inevitable como la muerte es capaz de ganarle al amor, que su presencia siempre me acompañará hasta el día que muera.

No tengo a mis abuelos conmigo pero de ellos aprendí que nada se ha ido del todo si vive en tu corazón.

Desde hace unos años tengo la tradición de que el inicio de mi cumpleaños me coja escribiendo. Me gusta que la medianoche del once de mayo me coja mientras tecleo en mi computador y hago este pequeño texto reflexionando un poco sobre qué es cumplir un nuevo año.

Los 36 años me cogen reflexionando sobre lo que decía al principio. He tenido algunas pérdidas. Gente que se ha ido para no volver jamás. Pero si me comparo con otras personas soy muy afortunado pues tuve la oportunidad de estar con estas personas, de poder decirles cuánto las amé, de aprender de ellas y disfrutarlas todo lo que pude.

He vivido, viajado, amado, llorado, experimentado, reído y conocido. Personas han partido sí, pero también otras han llegado para seguir aprendiendo. A veces creo que el mundo en el que he crecido ha desaparecido, la ciudad de mi niñez ya no existe y donde vivo ahora  a pesar del tiempo que he estado nunca será mía; a veces me gustaría encontrar un lugar en el mundo pero quizá crecer consiste en creártelo tú mismo. Quizá todo el amor que he recibido y sigo recibiendo es mi mundo, quizás mis letras son mi mundo, siempre cambiante, siempre presente.

También están mis pequeños sobrinos, mi amada Verónica y mi futuro sobrino (o sobrina) por venir, quienes me hacen luchar por un futuro mejor, por dejarles a ellos un mundo mejor del que me tocó, sus ojillos me hacen tener fe y esperanza en que todo estará bien en el mundo.

Y están ustedes, quienes me leen. A algunos he tenido el placer de conocerlos en persona, otras solo de manera virtual, algunos más se asoman acá como visitante efímeros, pero son todos y cada uno de ustedes quienes con su presencia, paciencia, tolerancia y cariño me animan a seguir escribiendo y por lo tanto a seguir siendo yo.

A todos, los presentes y los ausentes; a quienes han partido y quienes no y los que llegaran, GRACIAS, por estar allí, por ser mi fuerza y ánimo.

Nos estamos leyendo. Un abrazo.




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