lunes, 14 de enero de 2013

Libros leídos 2013: Notre Dame de Víctor Hugo o la fatalidad del amor


Título: Notre-Dame de París
Autor: Víctor Hugo
Editorial: Random House Mondadori  (Sello: Mondadori)
Páginas: 648



Cuenta Víctor Hugo que una vez, paseando por la majestuosa catedral de Notre Dame, se encontraría en una de sus paredes, con  una palabra gravada a mano, que habría de impactarlo profundamente,  la palabra griega Anaikh, que en español significa fatalidad. El genial escritor quedó tan conmovido por esa imagen que no la pudo borrar de su cabeza, y habría de convertirse en el germen de una de sus más laureadas novelas.
Fue así como Notre Dame de París o El jorobado de Notre Dame, como se le conoce comúnmente, habría de ver la luz. Esta novela está teñida por la desgracia y la desdicha, pero mezclada de manera magistral con cierto humor negro, comedia y situaciones descabelladas que provocan que el lector pueda pasar de la tristeza a la alegría en cuestión de segundos o, mejor aún, de pocos párrafos.
Gracias a la versión de Disney y a otras tantas películas, se cree que el protagonista indiscutido es Quasimodo, el jorobado deforme y de buen corazón que se enamora de la dulce Esmeralda. Craso error. Quasimodo, si bien es parte importante de la trama, es la catedral misma quien se erige como la gran protagonista de la historia. Bajo su manto, los protagonistas viven, sufren y mueren; es ella, imponente e inmortal, quien es testigo silenciosa de los actos y consecuencias de sus habitantes.
La acción comienza en la celebración del día de los locos, donde todo París acude en masa a la celebración de esta fiesta. La maestría del autor se hace notable en este inicio, donde pone a hablar a todos los truhanes, bandidos, santos y putas que convergen en ese pandemonio, y donde el lector se transporta a tal extremo que  ese horno de locos que es la capital francesa en el siglo XV, que por un instante puede oler la carroña, sentir el calor y escuchar la algarabía de la gente.
Durante ese día habrían de converger varías personas: El campanero de la catedral de Notre Dame, deforme y sordo; Quasimodo; el sacerdote y protector de la criatura antes mencionada; el  arcediano Claude Frollo; la gitana Esmeralda y el oficial de arqueros, Phoebus, quienes habrían de encontrarse sin buscarse para embarcarse en un destino inevitable.
Quasimodo y Frollo se enamoran de la gitana, una niña de dieciséis años, que cae rendida ante la belleza de Phoebus, quien se solo se ama a sí mismo, dando así los ingredientes exactos para el fatal desenlace.
Es el amor quien desencadena y acelera los hechos. Un amor entendido de diferente forma: Para Claude Frollo es tormentoso, la desgracia de ir en contra de sus convicciones personales, de su propósito de vida; es una pasión que quema y duele, pero que no será correspondida jamás; para Quasimodo simplemente consiste en admirar la belleza de la gitana sin esperar nada a cambio, dar su vida quizá en espera de una simple sonrisa, de olvidar su deformidad en la belleza de otra persona; para Esmeralda es ese amor infantil e ingenuo, superficial que se basa simplemente en la belleza física, en obtener la atención de quien es deseado por todas; y para Phoebus es lujuria, deseo y carnalidad.
Pero el libro no solo nos habla de esto. También lo hace de la arquitectura, de las construcciones, de los hombres y  su intento vano por ser alcanzar la inmortalidad, por dejar su legado, su huella en la historia. De esta manera, se convierte también en un libro de denuncia, donde el autor se queja de cómo —tal como ayer, tal como hoy— las grandes joyas arquitectónicas son destruidas y demolidas para poner en su lugar obras menores. Si Víctor Hugo reviviera y observara cómo antiguas mansiones son destruidas para poner en su lugar centros comerciales, muy seguramente moriría de nuevo de la rabia.
Como dije anteriormente, el libro sabe equilibrar perfectamente entre el drama y la comedia, y escenas como la representación de una obra teatral, donde el único interesado es su autor, quien se comporta como si fuera un gran poeta a pesar de su mediocridad. Cuando Quasimodo, sordo, es juzgado de manera injusta por un juez igual de sordo que él, o la representación exagerada de mendigos, pordioseros, miserables y tahúres, tramposos y truchimanes propiciará más de una carcajada en el lector.  
Pero no hay que olvidar a la fatalidad. “Es la fatalidad”, le grita un desconsolado Charles Bovary al amante de su mujer, en la única frase inteligente que dijo en su desdichada y patética vida, en Madame Bovary, la genial novela de otro francés,  Gustave Flaubert, en donde también se canta  a los amores no correspondidos.
Es entonces el amor, éxtasis pasajero y efímero, en su faceta más descarnada y cruel, en la no correspondencia, quien habrá de guiar por el llanto y la muerte a sus tristes personajes bajo la mirada portentosa y fría de la catedral de Notre Dame.

VÍCTOR HUGO


Algunos fragmentos

“El estudiante observaba sorprendido a su hermano. No sabía él que ponía su corazón al descubierto, que no observaba ninguna ley en el mundo salvo la buena ley natural, que dejaba fluir libremente sus pasiones (…), no sabía él con qué furia ese mar de las pasiones humanas fermente y hierve cuando se le niega toda salida, cómo se acumula, cómo crece, cómo se desborda, cómo desgarra el corazón, cómo estalla en sollozos interiores y en sordas convulsiones hasta que rompe los diques y se sale del lecho.”  

“—¡Humíllame! ¡Pégame! ¡Sé malvada! ¡Haz lo que quieras!  ¡Pero, por favor, ámame!”

“—No, no —dijo Quasimodo—. No debo quedarme demasiado tiempo. No me encuentro cómodo cuando me miráis. Si no apartáis la vista, es por compasión. Me voy a algún sitio donde pueda veros, sin que me veáis a mí. Será lo mejor”

 “Phoebus de Chatepaupers tuvo también un final trágico: se casó”.





Artículo publicado originalmente en la revista argentina digital Piso 13:    http://www.pisotrece.com.ar/index.php/comunicacion-e-internet/730-notre-dame-de-victor-hugo-o-la-fatalidad-del-amor

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