martes, 28 de noviembre de 2017

Libros vs películas, hagan sus apuestas

Esta foto fue tomada en el aeropuerto José María Cordova  de Ríonegro donde Tigo busca dar a conocer su nuevo plan integrado de televisión, su estrategia para promocionarla consiste en mostrar una supuesta superioridad de las películas y series sobre los libros.

Pero, ¿lo es? Pensar en una batalla entre ambos es estúpido. Ambas artes nos han dado historias maravillosas que nos permiten soñar y buscar nuevos mundos poniéndonos en la piel de seres de otras épocas, otros universos que hacemos nuestras por unas horas. Sin embargo, personalmente siempre preferiré los libros a las películas, acá mis razones:

1.)          La imaginación al poder: Un libro no tiene presupuesto como una película y sus ‘efectos especiales’ son tan grandes como la mente del lector. Mientras que, por ejemplo, una batalla en el medio audiovisual dispone de extras o CGI limitado, en un libro los ejércitos pueden ser tan grandes como queramos. Mejor aun, cuando conocemos por primera vez a un personaje podemos ponerle la cara y la voz que queramos, podría ser un batiburrillo de gente que hayamos conocido en la vida y que de una u otra manera nos haya marcado en vez de ser una cara conocida de Hollywood.

2.)          Una conversación directa: En las películas hay muchas personas involucradas antes del producto final, no solamente está el director, sino el productor que moldea el film en pos de beneficios, los directores de los estudios, el editor que puede meter tijera al metraje y creo que la lista me queda corta. En los libros, por otra parte, está solamente el escritor y tal vez al editor, quien sirve más como una guía que otra cosa, esto puede resultar  una conversación más sincera y directa con el lector donde podemos conocer el pensamiento sin censura de los escritores.

3.)          El pasado en presente: El cine empezó su camino en 1895, la televisión no tiene ni un siglo y plataformas digitales como Netflix ni se diga, en cambio los libros son casi tan antiguos como la humanidad, desde los papiros del antiguo Egipto, hasta los ebooks tenemos material escrito de todo el mundo. Tenemos acceso de primera mano a la guerra de Troya, las conquistas de Roma, novelas sobre la esclavitud e historias de amor de hace varios siglos contadas  por personas que vivieron durante esas épocas. Si bien para hacer las películas se consultan a historiadores y en muchos casos se hace investigaciones completas nunca será lo mismo. Leer es conversar con fantasmas del pasado.

4.)        Los sonidos del silencio: Leer es desconectarse, alejarse del mundo y la tecnología. Para ver una película estamos obligados a ir al cine o prender un aparato tecnológico, en cambio podemos leer en un parque, en un bosque, en nuestro paisaje favorito, podemos leer sin incomodar a nadie. Es un acto silencioso alejado del ruido y las incomodidades y no depende de si llegamos a tiempo para comprar las boletas (haciendo interminables filas) o si el internet está funcionando bien, tan solo estamos el libro y nosotros.

5.)          Un acto personal: Leer un libro es un ritual especial. Necesitamos crear el ambiente ideal, abrir sus páginas y sumergirnos. Los cinéfilos podrán decir que ellos experimentan lo mismo al estar en una sala a oscuras esperando a que la pantalla se apague y comience la película. Sin embargo, por lo general vamos a cine con otras personas en cambio leer es un acto individual donde nos confrontamos con nosotros mismos es un espacio único e irrepetible. Además la magia de tocar su lomo por primera vez, rozar sus páginas, subrayar un fragmento que habrá de cambiarnos la vida para siempre es algo que no tiene comparación.

Como dije anteriormente ambas artes son maravillosas pero al estar volando en un aparato a miles de metros de altura prefiero estar sumergido en las letras de Borges, King, George Martin o Rowling que en la última película de Harold Trompetero o Michael Bay.


¿Y ustedes qué prefieren? ¿Libros o películas?



martes, 31 de octubre de 2017

Lucía

Como todos los años, mi regalo de Halloween en forma de cuento de terror. Espero les guste.

TuLio

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Sueño con oscuridad y al despertar me rodea, grito pero mi voz es devorada por la noche que se desliza por mi garganta, ahogándome. Afuera está ella, puedo escuchar el sonido de sus manos sin uñas raspando la puerta, gimiendo débilmente con su boca sin lengua, amenazando con entrar pero sin atreverse, me tapo con la cobija y me pongo a rezar, sabiendo que al amanecer se habrá ido pero me habrá dejado indicios de su visita.

Cuando pienso en Lucía lo primero que se me viene a la mente son esos ojos grandes, almendrados y unos hoyuelos en sus mejillas a los que ningún adulto podía resistirse. Han pasado más de cincuenta años desde la última vez que la vi pero me parece como si todo hubiera pasado ayer. El eco de sus gritos aterrados es el sonido que oigo cuando estoy en silencio y las pesadillas se tiñen con su rostro goteando pus mientras maldice mi nombre.

Era lo que los gringos llaman la chica de al lado, mi pequeña vecina. Vivíamos en un conjunto de casas a las afueras de la ciudad, al lado de un bosque donde los únicos niños éramos nosotros y mi pequeño hermano Antonio, que en ese entonces tenía cinco años. Me gustaba verla, no creo que a mis doce años supiera lo que era estar enamorado, pero podía pasar horas contemplándola, imaginándome cómo sería darle un beso, su pelo olía a chicle y  a veces, cuando me visita, puedo sentir del otro lado de la puerta un leve olor a menta descompuesto.

Solíamos jugar todos los días en el bosque después de volver del colegio. Lo recorríamos de arriba abajo y conocíamos cada uno de sus rincones que se abrían como un libro para nosotros. En ocasiones hacíamos picnics, jugábamos a los exploradores o  intentábamos construir una casa en el árbol, pero a veces sus juegos eran un poco más siniestros.

Una vez me dijo que jugáramos a los médicos. Había visto en la televisión una operación y quería emularla. Salimos al bosque, nos seguía Saturno, un gato callejero al que alimentábamos de vez en cuando. Llegamos a los pies de un roble, llamó al animal que se acercó y ella empezó a acariciarle el lomo hasta que lo tomó con fuerza y lo volteó boca arriba.

-Agarra a Saturno y por nada del mundo vayas a soltarlo- ordenó.

Cogí al gato de las patas delanteras, mientras ella apoyaba sus rodillas sobre las traseras. El animal se debatía como una fiera maullando como endemoniado. Sacó entonces un bisturí. ‘Mira lo que cogí del despacho del abuelo’ dijo,  lo acercó al animal que empezó a bufar con mayor fuerza. En un instante comprendí lo que iba a hacer, no fui capaz de detenerla ni gritarle, solo me quedé observándola: Estaba más radiante que nunca, con el tiempo aprendería que la locura de la muerte incrementaba su belleza, vi el bisturí frío rajar el estómago del gato quien lanzó un maullido sobrecogedor y luego solo hubo silencio.

Empezó a sacar cada uno de los órganos del felino con la destreza de un carnicero. Depositándolos en el suelo y observándolos como si fueran trofeos. Se ufanaba conmigo de lo hermoso que era lo que habíamos hecho; le gustaba ver la sangre correr, manchar la hierba y sus manos. Yo tenía ganas de vomitar pero aun así fui quien hizo el agujero para enterrar los restos desperdigados de Saturno.

¿Qué pasa por la mente de un asesino? ¿Qué siente? En el caso de Lucía fue como si se hubiera despertada un hambre, inusitada, feroz, insaciable, cada vez que mataba un nuevo animal fueran patos, ranas, iguanas o golondrinas, ya pensaba en el siguiente. Le gustaba jugar con sus restos calientes, ordenaba las vísceras como si fueran muñecas, lo hacía de mayor a menor y por colores, a veces las estripaba con el pie mientras reía a carcajadas como si fuera un chiste. Me decía que no hacíamos nada malo, que los animales eran sólo práctica para su carrera de cirujana y que cuando fuera famosa nos iríamos a vivir juntos.

 Un día estábamos en el bosque cuando me preguntó si creía que las personas serían muy diferentes a los animales que habíamos ‘operado’. En ese momento pude verla como era realmente y sentí una oleada de asco, le dije que ni se le ocurriera hacerlo, se acercó a mí con su aroma de chicle y me besó, fue un beso prolongado, con una pasión que nunca he sentido de adulto, hasta que me mordió el labio haciéndome sangrar, ‘eres un cobarde, no quiero verte nunca más’ dijo mientras relamía mi sangre, luego de lo cual salió corriendo.

No volvimos a hablar pero la veía a lo lejos. Cada vez más ensimismada, consumida en su obsesión; mis papás atribuían su parquedad a una pelea amorosa que habíamos tenido y no me molesté en contradecirlos. Pronto se cansó de los animales pequeños y empezaron a desaparecer las mascotas del conjunto: perros salchichas, chihuahuas, gatos, lo peor fue cuando desapareció Sultán, el labrador de la misma Lucía. Conocía a ese perro desde cachorrito, y las semanas siguientes tuve pesadillas imaginándolo siguiendo a su ama por el bosque mientras movía su cola de aquí para allá, acostándose a su lado mientras ella le acariciaba la cabeza, hasta que hubiera sentido el bisturí entrando por su lomo o su panza, lo pude ver desangrándose sin poder explicarse porque lo atacaba una y otra vez mientras él le lamía sus manos con la lengua seca y moría.

 Pensé varias veces en contarle a mis padres o a los suyos pero era una batalla perdida. Nadie me iba a creer, no si era mi palabra contra la de ella, la hermosa niña de los hoyuelos en las mejillas, la mejor estudiante de la clase, la perfecta Lucía Maldonado. La idea murió antes de concretarse pero el remordimiento quedaba. Empecé a alucinar, tenía visiones de animales sangrantes, sin piel que gemían y gritaban pidiéndome que les devolviera sus entrañas. Soñaba todas las noches con Sultán y me despertaba la sensación de su lametazo en mis pies.

Una tarde llegué del colegio y no encontré a mi hermano. Un oscuro presentimiento se apoderó de mí. Le pregunté a mi mamá si sabía dónde estaba y me dijo que no lo veía desde hace rato, seguramente estaría por ahí paseando o habría ido a jugar con Lucía. Tuve que morderme la lengua para evitar lanzar un grito de terror, salí de la casa y empecé a correr, me perseguían las imágenes de ella con el bisturí, abriendo al gato, retorciendo sus asquerosas manos arrancado los ojos de un gorrión que aún estaba con vida, y en mi cerebro sonaba como un taladro su voz preguntándome si sería muy diferente un humano a sus animales.

Me interné en el bosque y lo vi teñido de sangre y las ramas de los árboles se convirtieron en patas de perro, alas de aves y tripas de rana, el viento susurraba mi nombre mientras yo gritaba el de Lucía. Lo que siempre fue un mapa abierto se había convertido en un laberinto de pesadilla, hasta que finalmente la vi y mi corazón se detuvo.

Lucía me vio llegar y me observó en silencio. A sus pies estaba mi hermano con la garganta rajada y la mirada fija en mí. Me arrodillé y grité el sonido de los condenados. Agarré una piedra del piso y corrí hacía donde estaba, intentó defenderse pero me poseía una fuerza sobrehumana, me hice encima de ella y la golpeé con la roca en la cabeza mientras pataleaba como tantas veces lo vimos hacer con los animales que había sacrificado, la volví a golpear una y otra vez hasta mucho después que sus gritos cesaron y su vida se extinguió. Rodé a su lado, me dirigí hacía donde mi pobre hermano y empecé a reír porque finalmente comprendí la verdad.

Lo que había visto como mi hermano era sólo un cervatillo degollado que me miraba estúpidamente con la lengua afuera. No sé cómo pude confundirlos y ya no importaba. Empecé a reír y a llorar al mismo tiempo y me pareció que el ciervo cerraba la boca y me daba las gracias. No podía dejarla allí porque sabía que la encontrarían y tarde o temprano descubrirían la verdad. Fue entonces cuando tuve la idea.

Volví a mi casa (antes de llegar pude ver a mi hermano montando en su flamante bicicleta) sin que nadie me viera fui por un galón de gasolina y un encendedor. Volví adonde ella, la rocié y le prendí fuego. Me quedé observando como las llamas consumían su piel, llenándola de pústulas, consumiendo su cabello, sus uñas, matándola por segunda vez. Luego de eso regué gasolina por los alrededores. El fuego se extendió con rapidez purificadora de ese bosque que tantas veces fue testigo de nuestros actos.

Nadie me descubrió. Con el caos que se formó, mientras llegaban los bomberos pude guardar la gasolina en su lugar. Y cuando descubrieron su ausencia y encontraron sus huesos fui el que más lloró y aunque nadie lo supiera lo hacía por ella, por mí, por Sultán, Saturno y por tantos seres vivos anónimos.

A pesar de estar muerta, mi vida se tiñó con su nombre, Lucía. Nunca pude casarme por miedo a tener una esposa o una hija como ella y no podía estar cerca de ningún animal sin indisponerme, tenía pavor de sentir que alguno de ellos dijera la verdad, me reclamara por mis crímenes, hasta terminé por volverme vegetariano porque el olor de la carne quemada me recordaba el de su piel siendo presa de las llamas.

Pero ahora cuando ha llegado la vejez y estoy solo, ella me acecha. Puedo sentirla aruñando las puertas de mi habitación todas las noches, disfrutando mi cobardía de viejo. Ayer al salir pude ver a una rata muerta frente a mi puerta. Sé que muy pronto llegará el día en que Lucía tenga la fuerza para abrir la puerta de mi cuarto y avancé dejando una estela de ceniza y sangre y se acerqué a mí para saber lo que se siente ‘practicar’ con un humano. Que el Señor me proteja y me perdone.



jueves, 26 de octubre de 2017

Carta a Verónica

Mi amada sobrina:

Naciste una fría pero soleada mañana del 26 de octubre, haciéndolo un par de semanas después de lo previsto. Creo que no ha habido bebé más esperada que tú, pero me gusta pensar que incluso desde antes desde tu nacimiento, tu carácter indómito, de fuego, que espero te acompañe durante toda tu vida, decidió que llegarías en el momento que tú lo quisieras y no cuando los demás lo hicieran.

Pesaste 3175 gramos  y mediste 50,3 centímetros, siendo una hermosa niña sana. No estuve presente en ese momento pero puedo imaginar la cara de tu mamá, mi adorada hermana, en el momento en que te oyó llorar y te acercaron a su rostro, agotado pero feliz y el rostro enamorado de tu papá, cuando por fin pudo ver ese pequeño ser, ese milagro que él ayudo a crear.

Llegas a un mundo maravilloso y a la vez terrible. Como diría Dickens (y sí, lo siento este es el tío que te tocó, de esos que hacen cartas y citan a escritores): “Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, la edad de la sabiduría, y también de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación”, pero supongo que es lo mismo que todos dirán de la época en que les tocó vivir, nadie está del todo conforme con su realidad pero al mismo tiempo viven sus vidas lo mejor que pueden.

¿Qué puedo decirte de la vida? Tengo 34 años y a veces siento que no tengo ninguna respuesta y al contrario surgen cada vez más preguntas, nuevas inquietudes. Lo primero que puedo decirte es ¡Bienvenida!, este mundo será lo que tu conviertas de él; estar vivo de por sí es algo maravilloso, llorarás, reirás, a veces tendrás ganas de mandarlo todo a la mierda y acabar con todo de una condenada vez, otras estarás tan feliz que te preguntarás si todo es real o es solo un sueño, te enamorarás y amarás, a veces te corresponderán y otras no, romperás tantos corazones como lo harán contigo; a veces odiarás a tus papás y te parecerán los seres más injustos del mundo (especialmente cuando estés adolescente)  pero cuando crezcas te darás cuenta lo mucho que te amaron y que eran solo dos seres llenos de errores y aciertos que querían lo mejor para ti, y después cuando ya no estén los extrañarás atrozmente y comprenderás la sabiduría detrás de sus actos, incluso los que más reclamabas.

Te hablaba ahorita del mundo y lo jodido que está. Llegas un momento en que el odio, la intolerancia y la discriminación empiezan a resurgir con fuerza en los países. En el tuyo, Estados Unidos, hay ahora un tipejo que alborota la xenofobia, que hace del odio y la discriminación su bandera para gobernar (acá en Colombia, tu segunda patria, también contamos con seres iguales), donde se piensa en seres superiores por el simple hecho de nacer en un país siendo tan ciegos para ignorar que los países son grandes por lo que han hecho de sí los inmigrantes, los extranjeros, donde ese miedo al otro es simplemente una excusa para ganar adeptos, ha ocurrido en el pasado y me temo seguirá ocurriendo en el futuro.

No juzgues a nadie por su nacionalidad, su procedencia o su color de piel. Júzgalos por sus acciones, por su corazón. No caigas en estereotipos, en odios sin razón. Trata de comprender las acciones de los otros en vez de calificarlos. Aún eres muy pequeña para saberlo pero el tiempo te enseñará que no todos tenemos las mismas oportunidades en la vida, que quizá mientras tú tuviste el amor de tu familia en un hogar cálido, mucha gente creció en medio de odio, abusos y frío.

Y naces mujer, y es maravilloso. Las mujeres son seres sabios, espectaculares, el hecho de portar y dar vida es un misterio que ningún hombre podrá comprender jamás. Pero naces en medio de una sociedad machista, donde las mujeres han sido abusadas, sometidas y reprimidas por muchos siglos. Muchas veces pienso que los hombres tienen miedo de las mujeres y la mejor manera de expresarlo es intentando anularlas, por medio de una falsa superioridad, de la rabia.

Es difícil ¿sabes?, hemos crecido en una sociedad donde de maneras sutiles se nos ha enseñado que la mujer es inferior al hombre y debe estar supeditada a él. A veces me sorprendo teniendo estos comportamientos machistas incluso sin ser consciente de ello pero te juro que intento cambiarlo. La mayoría de las personas que más adoro en este mundo son mujeres y me avergüenzo de acciones y pensamientos que he tenido, mi compromiso contigo es intentar cambiar, porque para cambiar el mundo siempre debes comenzar por ti, y quiero un mundo mejor para ti, uno donde puedas caminar sin que ningún morboso te miré de manera lasciva o te diga frases sucias o no tengas las mismas oportunidades que el resto o te sientas menos por ser mujer.

Te pido, eso sí, que no caigas en el juego del odio que veo últimamente. No todos los hombres somos violadores o acosadores en potencia y creo que para lograr un verdadero cambio en la sociedad, en la cultura, se requiere un esfuerzo conjunto tanto de mujeres como hombres. No es fácil, desde luego, pero creo que con acusaciones, recriminaciones del pasado lo único que se logrará es una guerra de sexos inútil que dejan de lado lo verdaderamente importante. Hay que ver el pasado como un espejo para cambiar el futuro y de nosotros depende ese cambio, pero hay que hacerlo desde el amor y la tolerancia.

Creo que te pinto un futuro terriblemente difícil y triste pero hay cosas hermosas también. Están las estrellas, el abrazo de un ser querido, el beso con el hombre o la mujer que ames, un día de sol que te reconforta, el pasto bajo tus pies, el sabor de un platillo delicioso, un buen vino, hacer el amor con pasión, leer, conocer, aprender, el encuentro con un amigo del alma. Mi consejo es que ames, hazlo sin limitarte, dándote toda a los demás así sientas que es inútil, así te lastimen. Hay una comedia que dudo que veas, El chavo del ocho, que decía lo siguiente: ‘La venganza nunca es buena mata el alma y la envenena’ y es cierto, el odio, el resentimiento lo único que hace es amargarte la vida, La ira es un ácido que puede hacer más daño al recipiente en el que se almacena que a cualquier cosa en la que se vierte decía  Mark Twain (ya ves, citando otra vez autores, qué horror) y tiene razón, no sucumbas a esos sentimientos autodestructivos, no permitas que la gente que odia, los envidiosos, los estúpidos, los malvados te ganen la partida, tienes la luz, el fuego para brillar con la misma fuerza del sol.

Y no olvides nunca, jamás, que tu tío te adora, que siempre podrás contar conmigo, que nunca te juzgará por lo que hagas, que te dará los consejos de lo que ha aprendido de la vida, que te corregirá con mucho amor cuando vea que te apartas del buen camino, que a pesar de la distancia estará contigo en cada paso que des con todo el amor del mundo. Vienes a un mundo maravilloso y jodido a la vez, pero créeme pequeña, mi Verónica, Vero, Verito, que es hermoso y que valdrá la pena cada segundo. Tienes sangre de personas espectaculares como tus abuelos a quienes no tuviste la fortuna de conocer pero que tu mamá en cada acto de tu enseñanza, de tu vida los hará presente y que de seguro transmitirás a tus hijos, si decides tenerlos.

Creo que esta carta ya se está haciendo muy larga. Habrá otra escrita de mi puño y letra donde hablaré de otras cosas pero en este momento y como decía tu abuelo, ‘hay mucha ropa extendida’, muchos testigos de algo que será exclusivo entre tío y sobrina que pronto te haré llegar y que espero te guste y te sirva. Hasta entonces, cuando por fin puede verte y decirte cara a cara lo mucho que te quiero, te mando un beso y mi bienvenida a este mundo enigmático y hermoso donde todo está por descubrir.

Tu tío que te ama,

                                 TuLio:.     



       


martes, 17 de octubre de 2017

Eva de Arturo Pérez-Reverte


No era el hombre más honesto ni el más piadoso, pero era el más valiente, si bien estas palabras se refieren al Capitán Alatriste siempre he pensado que se ajustan más a su creador, el escritor español Arturo Pérez-Reverte (Cartagena 1951). Periodista de guerra durante veintiún años y testigo de lo mejor y lo peor de la humanidad, no tiene reparos en plasmar en sus letras su verdad dura y desnuda chocando muchas veces en este mundo de corrección política extrema.

Sus libros son fiel reflejo de esta concepción de la vida. Sus personajes son fuertes, fieros y sedientos de aventura, no son héroes inmaculados  (muchos de ellos cometen acciones repudiables) pero a la vez son íntegros y coherentes a su manera, son simplemente sobrevivientes de una época dispuestos a hacer lo que sea con tal de ver un nuevo amanecer.

Esta noche no quiero que me maten, es la primera frase de Eva (Alfaguara 2017), la nueva aventura de Lorenzo Falcó. Para quienes ya leyeron su primer libro Falcó, sabrán que esta serie narra las aventuras de este espía durante la Guerra Civil Española trabajando para los nacionalistas (aquellos militares que encabezados por Franco dieron el golpe de Estado contra la República el gobierno democráticamente elegido) y que necesitaban hombres como él, inescrupulosos pero valientes, dispuestos a todo con tal de lograr sus objetivos.

Esta nueva entrega nos llevará hasta Tánger, territorio neutro (con cierto toque a Casablanca) donde deberá recuperar un encargo importante para la victoria nacionalista para ganar la guerra. A diferencia del primer libro que se desarrolla totalmente en España, acá nos adentramos a otros países y a su concepción sobre el conflicto, tomando parte algunos de manera disimulada y otros directamente.

La clave para hacer una buena secuela, cosa muy difícil donde muchas obras fallan, consiste en expandir el universo de la primera parte sin perder la esencia y Pérez Reverte lo consigue de manera brillante. Falcó sigue siendo ese hijo de puta encantador que ya conocimos, hombre sin escrúpulos, tan capaz de seducir mujeres casadas como de asesinar a quien se oponga a sus objetivos, pero lo conocemos un poco mejor. Un factor que ayuda es que en esta entrega podemos ver a Falcó pero desde el punto de vista de los otros personajes, desde la relación casi filial que tiene con el Almirante, la que tiene con su compañero Paquita Araña, la de amante (que descubriremos gracias a un nuevo personaje) y la de amor-odio con Eva.

Este personaje merece mención especial. Ella es el perfecto contrapunto a Falcó. Allí donde vive por y para sí mismo, Eva es el dogmatismo, el creer en una causa por la cual vale la pena dar la vida. Falcó la admira y al mismo tiempo la detesta porque sabe que a la larga las ideologías y las banderas cambian con el tiempo y los mismos jefes que te dan palmaditas en el hombro pueden fusilarte si ya no eres de utilidad. Ambos son las dos caras de una misma moneda de una época (como todas) turbulenta y caótica.

Arturo Pérez-Reverte lo ha logrado de nuevo. Ha creado una nueva aventura que no podrán dejar de leer, que atrapa desde el inicio hasta la última palabra. Un libro que les mantendrá con el corazón en la boca hasta saber si Falcó logrará cumplir su misión. No dejen de leerlo, Lorenzo Falcó, Chesca Prieto, el Almirante, Paquito Araña y Eva los estarán esperando.

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Post scriptum con spoilers

NO LEER ESTA PARTE HASTA HABER TERMINADO EL LIBRO 
(El que avisa no es traidor)





Un detalle que llama la atención es que tanto en esta aventura como en Falcó, el protagonista falla estrepitosamente en su misión. Si en la primera parte el rescate de Antonio Primo de Rivera fracasó, en parte porque todo fue una charada y en parte porque Falcó desobedeció las órdenes de sus seguidores rescatando a Eva, en esta parte el rescate del oro de Mount Castle fue un desastre absoluto. Eso nos muestra que el personaje no es ningún James Bond u otros espías infalibles (comenzando porque Falcó nunca salvaría el mundo –a menos que hubiera una buena recompensa de por medio-) sino que es simplemente un ser humano que al igual que nosotros es testigo de lo sucedido durante este turbulento periodo de vida y eso hace mucho más valioso y maravilloso este libro.





jueves, 21 de septiembre de 2017

Una canción para Dalila


La calle parecía una escena de película de guerra. Las cagadas de cientos de perros anónimos eran como minas explosivas y tocaba andar con cuidado para no “quemarse”. Se imaginaba patas y pisadas contra el cemento como pequeñas gotas de lluvia raspando el suelo y el sonido seco y blando del excremento ensuciándolo todo.

Si había algo más detestable que los canes, sus lenguas babosas y su alegría estúpida eran sus dueños, aquellos que trataban a sus mascotas como los hijos que nunca tendrían, vistiéndolos, vistiendo a un animal háganme el favor, y paseándolos sin collar para ‘no interferir con su libre desarrollo’ y por lo tanto sin fijarse donde Firulais o Brutus o Uribe hacían sus gracias. Putos perros, putos dueños.

Pisó un poco de excremento a pesar de caminar como un bailarín de ballet lo que contribuyó a recordar a los hijos de perras de los perros. Se sentó en el muro y con un palito intentó arrancarse la mierda de sus tenis, mientras pensaba en la canción para Dalila.

Dalila, ojos verdes, piel blanca como hoja de papel, pelo del color del sol, le gustaban sus ojos, nunca se fijaba en el cuerpo, al final las tetas se caen y el culo engorda pero la mirada permanece. Le gustaba observar fotos viejas intentando reconocerse, ¿quién era esa persona? La mirada era la misma, a veces teñida de alegría o una rabia velada o una tristeza que intentaba ocultar con un gesto de falsa superioridad que solo él sabía distinguir como si se tratara de un mensaje a su yo futuro de la falsedad del momento.

Pero, ¿quién era tan miserable para ponerle ese nombre a una niña de diecinueve años? Dalila era nombre de señorona, de vieja puta o dueña de tienda de la esquina, “¿Doña Dalila, me fía cinco huevos se los canceló en una semana  que me paguen?”. En fin, la naturaleza  siempre debe compensar y si eres linda, inteligente e inalcanzable debías por lo menos tener un nombre que te recuerde que la vida no es justa.

Pero Dalila quería una canción o eso le parecía. Con el tema adecuado caería en sus brazos, las mujeres adoraban los cantantes, los poetas, cualquiera que les susurrara al oído lo especiales que eran, y luego lo anunciara al mundo  en un verso, una pintura o canción donde otras vieran que ella era mejor, única, que su belleza era capaz de volverse melodía o acuarela o letras. No importaba si su artista tenía mil amantes o les pegara en noches de borrachera para justificar su depresión o ahogara la inspiración en alcohol, el arte, su juventud plasmada en inmortalidad lo valía.

Ahora bien, ¿qué cantar? A diferencia de la letra escrita debes poner no solo algo que guarde un poco de sentido y exalte a la homenajeada sino que tenga musicalidad y sea pegajoso Cuando pensaba en la canción recordaba a Angie de los Stones, era algo de otro mundo, se había obsesionado con la ella y la oía una y otra vez con la esperanza de absorber algo de su genialidad, pero no había caso, no tenía el talento, por eso su vida se debatía entre terminar la carrera o dedicarse a tocar covers de bandas famosas en bares de mala muerte.

De hecho ya alguien había escrito una canción para Dalila, tres para ser más exactos: Uno de ellos era Tom Jones y su Dellilah, la melodía le sonaba vieja, como si estuviera llena de polvo, algo que escucharía su papá si hubiera nacido en Conetticut y no en Paipa; luego estaba la versión de White T´Plan, la detestaba, puta basura edulcorada de principios de milenio, apestaba demasiado a Bittersweet Symphony y estaba la versión de Florence and the machine que le parecía decente a pesar de ser música indie desconocida e intrascendente.

Pensaba en los autores de las canciones, en sus Dalilas. Quizá alguna vez caminaron, igual que él, bajo el cielo gris de una ciudad grande e indiferente llena de vagabundos y locos pensando en una piel suave, unos ojos grandes y expectantes, un aliento cálido esperando por una canción, dispuesta a  dar un beso por estrofa; quizá alguna vez también tuvieron veintiún años y no sabían qué hacer con su vida y quizá ella, la fuerza de ese nombre fuera su boleta de salida al infierno de una vida cotidiana.

¿La amaba? Era muy joven para pensar en eso. La deseaba y tal vez fuera suficiente. Al oír la palabra amor se le venía a la mente sus abuelos, casados por más de cincuenta años y peleando todos los días de su día, por los pedos del abuelo o las amigas rezanderas, ‘viejas hipócritas’ las llamaba el anciano, de la abuela; él no quería eso para su vida, además era un músico, una especie de marinero del amor, una mujer en cada ciudad, en cada canción,  estaba seguro que después de Dalila vendría Kelly, Johana, Patricia y un océano de mujeres, de nombres y de rostros que aún no se alcanzaba a imaginar.

Pero primero lo primero. La canción. ¿En qué basarse?  ¿Su cuerpo? ¿Su voz? Cliché ¿Su personalidad? Ultra cliché. Pensó en el día que la conoció, pudo sentir como el tiempo pareció detenerse en el momento en que ella entró en el salón, no era consciente de su naturaleza de la fuerza embriagante que emanaba, él podría  haberla poseído allí mismo ante la mirada asombrada de sus compañeros de salón o  arrodillarse ante ella y acariciarla por el resto  de sus días, ambos sentimientos seguirían confluyéndose cada vez que la veía con la misma intensidad, en vez de eso solo pudo mirarla de soslayo, intentando no ser demasiado evidente.  

No, no, demasiado ridículo. Quizá debería mirar lo que lo rodeaba para inspirarse. Una señora gorda de cuarenta o cincuenta años cargando cuatro paquetes de mercado, detrás suya una niña de seis años berrea porque no le compraron un dulce, la señora deja los paquetes en la acera y le da un bofetón a la niña que la calla de golpe, antes que pueda darse cuenta un perro ladrón agarra una de las bolsas y huye. La señora coge como puede el resto y con la niña detrás corre tras el can. Al otro lado de la calle una pareja discute, el hombre intenta rodear con los brazos a la mujer quien le pide amablemente que ‘se vaya a la puta mierda’, él intenta besarla, ella se echa para atrás, el susurra palabras de amor y perdón, ella luce desesperada por irse pero no lo hace, le gusta la escena y entre más humillado está el amante irredento con mayor rudeza lo trata.

Desesperado piensa que eso no le sirve, son solo pequeñas historias insignificantes que no tienen mayor peso, si viviera más tiempo se daría cuenta que la suya es una más de ellas y que la suma de todas, de  esos pequeños universos invisibles para el resto del mundo es lo que conforma la realidad misma de la vida. Mejor aún, si se diera cuenta de esa realidad que lo rodea en lugar de soñar con esa una nube vaporosa en forma de fama podría darse cuenta que divaga en medio de la calle y un carro se dirige a toda velocidad hacía él, pudiendo arrollarle o no.


El joven sigue pensando en la canción para Dalila. El carro sigue avanzando.



viernes, 25 de agosto de 2017

Cinco grandes personajes de Juego de Tronos arruinados por la serie de HBO

Este domingo es el último episodio de la penúltima temporada de Juego de Tronos y qué temporada, ha pasado de todo: La acción ha sido frenética, las muertes impactantes, las reuniones emocionantes y lo mejor, los jodidos dragones han cobrado importancia y ahora son los amos y señores de la serie.

Sí, la serie está bien, es cierto que a veces que descuidan detalles como la coherencia argumental o que pareciera que esta tierra no fuera un reino gigantesco sino un barrio donde los personajes van de un extremo al otro del continente en par de minutos (y no, no creo que Gokú le haya enseñado la teletransportación a Daenerys)

Sin embargo hay que tomar en cuenta que la serie y los libros siguen caminos diferentes desde hace ya varias temporadas y si bien es cierto que Benioff y Weiss encargados de la adaptación no podían esperar a que nuestro amado George RR Martin terminé su saga (y rezó a los más de mil dioses existentes para que alguno proteja a nuestro Gordito y no muera antes de terminar su obra por allá en el año 2025 -y eso si tenemos suerte-) y le han dado su toque personal a la obra, es cierto que desde que la serie rebasó los libros algunos de los mejores personajes de la saga deambulan de aquí a allá en la serie sin que sepan muy bien que carajos hacer con ellos.

Así que analizaremos tres personajes que están vivos en la serie y libros y luego un bonus de dos muertos que en la saga no lo están tanto.

ALERTA: SPOILERS DE LOS  CINCO LIBROS Y LA SERIE (Si no has leído la saga deberías y si no piensas hacerlo, lee sin miedo que como dije antes ambos formatos tomaron ya rumbos distintos)





Jaime Lannister
Más conocido como:  El Matarreyes
Dónde está en la serie: Al lado de Cersei, dirigiendo su ejército.
Dónde está en los libros: Se encuentra con Brienne y se dirigen a una trampa de Lady Stoneheart.

Debo decir que este es el cambio que menos me ha molestado. No sé si sea porque Jaime Lannister es uno de mis personajes favoritos de la saga, o el cambio en lo personal no me parece tan descabellado o Nikolaj Coster Waldau hace un trabajo brutal encarnando a este personaje.

“Cersei es una zorra mentirosa, ha estado follando con Lancel y con Osmund Kettleblack, y por lo que yo sé, puede que se tire hasta al Chico Luna” le escupe Tyrion a Jaime en los libros luego de que éste lo libera y el enano se da cuenta que su hermano lo engañó con una información sobre su primera esposa. Esta frase moldea el carácter de Jaime quien no sólo se da cuenta que su hermana es una inepta tirana (Mientras que en la serie Cersei ha sido brillante y ha acabado con los aliados de Daenerys en los libros prácticamente ha acabado es con King’s Landing) sino que es bastante cierto que es una zorra. El punto máximo de evolución de Jaime ocurre cuando Cersei es capturada por los Gorriones y le manda una carta a su hermano, que acaba de terminar su asedio en Riverrun, con sus manipulaciones de siempre pidiéndole que luche por ella en un juicio por combate. Jaime lee la carta y la arroja al fuego dejando a su querida pariente a su suerte.

En la serie, Jaime no ha sido capaz de abandonar a Cersei quien lo tiene completamente esclavizado a través de manipulaciones y sexo. Es bastante triste ver como el camino de redención de este personaje que tan bien se vio durante las escenas con Brienne sea abandonado para convertirlo en el perrito faldero de su hermana y en un personaje manipulable y un poco tonto. Pero como dije antes este cambio no me ha molestado tanto pues a cambio tenemos la gran química que hay entre él y Cersei y entre él y Bronn (El mejor mercenario de todo el puto mundo).







Petyr Baelish
Más conocido como: Meñique
Dónde está en la serie: En Winterfell al lado de los Stark al mando del ejército de Eyre.
Dónde está en los libros: En Eyre, como protector de ‘Robalito’ y protegiendo/entrenando a Sansa Stark.

Cuando Petyr Baelish era joven se enamoró perdidamente de Catelyn Stark quien estaba comprometida con Brandon Stark, el débil muchacho desafió al fuerte Stark en un duelo siendo fácilmente derrotado y salvando su vida sólo por intervención de Cat. Desde entonces, Petyr juró que su arma sería su astucia y con ella se haría muy poderoso, y vaya que lo ha logrado.

Gracias a su inteligencia manejó y enriqueció las arcas del reino convirtiéndose en uno de los personajes principales de la corte de Robert Baratheon y gracias a sus conspiraciones (junto a otro personaje que veremos más adelante)  se dio inicio a la Guerra de los cinco reyes. Presas suyas han sido Ned Stark, Jon Arryn, Joffrey Lannis…digo Baratheon y Lysa Tully, lo último que vemos de él reflejado en la serie es el asesinato de Lysa confesándole que solo la usó para lograr sus propósitos.

Mientras que en el libro mantiene cerca a Sansa y su propósito es matar a Robert (Robin en la serie) Arryn de manera accidental para que el sucesor del Nido de las Aguilas sea Harrold Harrying a quien casaría con Sansa (a quien de momento la presenta como su bastarda) para así unir y controlar tanto Winterfell como Eyre, en la serie comete error tras error, primero casa a Sansa con Ramsay Bolton lo cual no tiene ningún beneficio para él y es una jugada tan estúpida que aparte de Benioff y Weiss solo se le habría ocurrido al Chico Luna, luego cuando salva la partida en la Batalla de los Bastardos lo único que ha hecho es merodear y unos débiles intentos para indisponer a las hermanas Stark.

Lo triste del asunto es que el pobre Petyr, uno de los hombres más peligrosos de Westeros en la saga ya huele a fiambre, estoy seguro que en este final de temporada Sansa o Arya lo van a matar después de descubrir su patético complot. ¿De verdad el causante del caos, la desestabilización de todo un reino y uno de los mejores jugadores del Juego de Tronos tendría estrategias tan pobres para llegar al poder? (es que vamos, ni siquiera lo intenta). En este caso se comprueba que los pobres libretistas no fueron capaces de continuar con la genialidad de Martin con este carismático canalla.






Varys
Más conocido como: La Araña
Dónde está en la serie: Consejero de Daenerys en su reconquista de Westeros.
Dónde está en los libros: Aparece en el epílogo de Danza de Dragones asesinando a un par de personajes importantes y apoyando a Aegon Targaryen.

Si Meñique fue uno de los causantes de la Guerra de los cinco reyes, Varys es el otro. Allí donde Meñique quiere poder ignoramos lo que la Araña desea. Y si las manipulaciones de Petyr son recientes las de Varys se remiten a los tiempos de Aerys cuando el eunuco le susurraba al oído del Rey Loco, haciéndole ver conspiraciones y engaños donde no los había.

En los eventos de la saga, Varys es Consejero de los rumores y sus acciones siempre son ambiguas a pesar que ha reiterado muchas veces que sólo sirve al reino (en ningún momento habla de reyes). Serie y libro se dividen en el momento en que ayuda a escapar al Gnomo de su ejecución pero mientras en los serie vuelve para servir fielmente a Daenerys Targaryen en los libros su camino es más misterioso.

En el quinto libro se revela que uno de los hijos de Rhaegar, Aegon no murió durante la rebelión de Robert sino que fue salvado y escondido. Varys y su amigo Ilyrio Mopatis se encargaron de que fuera criado y entrenado para ser un buen gobernante. Al final de este tomo Varys mata a dos personajes para desestabilizar el reino y facilitar la llegada del nuevo dragón. Sin embargo, cada vez hay más teorías que indican que este Aegon es falso, que todo es un complot de la Araña y el Magister para hacer que los Blackfire (una rama bastarda de los Targaryen) lleguen nuevamente al poder, incluso dicen que el mismo Varys es un Blackfire y que se afeite la cabeza para que su pelo no indique su casa….teorías y más teorías, La noche es oscura y llena de hipótesis…pero es lo que genera un personaje tan enigmático como la Araña y mientras Martin no nos de nuevas pistas va a resultar plausible incluso que nuestro adorado pelón sea un sireno como dicen por ahí algunas teorías locas

Y mientras esto ocurre en los libros al pobre Varys lo ponen a vagar de aquí para allá, siendo poco utilizado por la Madre de los Dragones (Chica tienes a un FBI ambulante a tu servicio, carajo) asustado de lo que pueda decir Melissandre y  bebiendo vino con Tyrion (esto último no es tan malo).



Bonus (Unos muertos no muy muertos)






Doran Martell

Más conocido como: Señor de Sunspear y Principe de Dorne
Donde está en la serie: Asesinado por Ellaria y las Serpientes de Arena
Dónde está en los libros: Creando un complot de puta madre donde infiltrará a las hijas bastardas de su hermano en Westeros y obtener su venganza por el asesinato de su hermana y sobrinos.

Vamos a decirlo sin miramientos. Lo ha hecho la HBO con Dorne es una grosería. Lo único bueno que hicieron y que fue demasiado épico y brillante fue Oberyn (grandioso Pedro Pascal en el papel) pero no más. Doran es mostrado como un imbécil, Ellaria no es para nada importante en la saga, y las Serpientes de Arena son sensuales, mortales y no una copia barata de las Tortugas Ninjas.

Como sería el tamaño de la cagada que incluso Benioff y Weiss se dieron cuenta del engendro que habían hecho y eliminó esta casa sin pena ni gloria (Aunque debo decir que la venganza de Cersei con Ellaria estuvo maravillosa).

Nunca doblegados, nunca rotos es el lema de esta casa. Es el único reino que nunca dobló la rodilla antes los Dragones de Aegón El Conquistador, una tierra indómita, salvaje y sensual que en la saga seguirá dando qué hablar mientras en la serie sólo se salvan los bellos parajes españoles donde filmaron esta parte.









Stannis Baratheon
Más conocido como: Stannis the mannis (este es broma), Rey en el Mar Angosto, Rey en el Muro
Dónde está en la serie: Ejecutado y descabezado por Brienne de Tarth
Dónde está en los libros: A punto de enfrentarse con el Bastardo de los Bolton en una batalla épica por Winterfell.

Si lo que hicieron con Dorne está en la serie está mal, lo que hicieron con el pobre Stannis no tiene nombre ni perdón de dios. Siempre he sido Baratheon de corazón (debe ser porque esta casa se basa en mi signo Tauro como lo explico acá: http://bit.ly/2umHYPb) y ver lo que han hecho con un personaje tan complejo, cabeza dura y genial como este dan ganas de llorar.

Stannis es descrito en los libros como un genio militar aunque poco o nada carismático. Él está convencido de hacer justicia sea al precio que sea. Serie y libro se separan cuando Baratheon derrota a Mance Ryder, el Rey más allá del muro. Y mientras en los libros su comportamiento es estúpido y va a enfrentarse a Ramsay de buenas a primeras en uno de los combates más mediocres que hemos visto en la saga, en los libros empieza un camino por las principales casas de Winterfell intentando conseguir aliados apelando al odio que la casa Bolton genera y apelando a aquello de ‘El Norte nunca olvida’

Además, ¿en serio me van a hacer creer que un prodigio militar como Stannis  que aplastó la rebelión de los Greyjoy y salvó varias veces las papeletas durante la guerra de Robert va a perder una batalla porque veinte hombres del Bastardo de los Bolton le quema una parte del campamento? No me jodan.

Lo peor sin embargo es que en la serie intentan demonizarlo mostrándolo como un monstruo capaz de quemar a su hija quizá para justificar su propia muerte. ¿Qué comandante en jefe es tan idiota para llevar a su hija a un campo de batalla? En los libros dejó a Shireen con la Guardia de la Noche y con Melissandre, y sí, es probable que la Bruja Roja queme a la niña pero dudo que allí tenga algo que ver Stannis.

A pesar de que no creo que el pobre Stannis no sea ni la reencarnación que Azor Ahai ni vaya a terminar bien al igual que Ser Davos Seawworth solo le deseo lo mejor. Por lo menos no terminará tan mal como en la serie.

viernes, 4 de agosto de 2017

Carta a mamá seis meses después

Mamá,

Hoy se cumplen exactamente seis meses desde que te fuiste…cómo pasa el tiempo de rápido, ¿no crees? Aún no sé si valga la pena escribir esta carta: los religiosos creen en otra vida, incluso alguien le dijo a mi hermana que tú ya estabas en el más allá y mi papá te estaba guiando, y si bien tan pronto nos dejaste quise creer en estas afirmaciones, ahora, con el tiempo, lo veo con la ternura de quien quiere creer en cuentos de hadas o historias bonitas como aquella que el amor de pareja dura para siempre.

Los psicólogos dirán que escribirte es una catarsis, un desahogo del alma que no tiene más beneficiario que yo mismo. Quien me conoce creerá que escribo porque es mi único lenguaje, apropiarme de las palabras de un teclado ha sido la única manera que realmente revelo quien soy, más allá de máscaras y convenciones y es quizá la única forma en que mis silencios y miradas cobran voz.  Pero ¿qué creo yo? Nadie, ni siquiera tú has regresado de la muerte, es posible que como le dijeron a mi hermana estés junto al viejo descubriendo cosas maravillosas o te hayas desvanecido del mundo físico de la misma manera en que apareciste en él. Las probabilidades son las mismas que el dios verdadero sea el Jehová de los cristianos y judíos  y no el Quetzacoatl de los mayas o el Ra de los egipcios o alguno de los miles de dioses que pululan por el mundo.

De lo que puedan decir o creer de la muerte (de muerte) tanto religiosos como psicólogos, amigos o familiares sólo tengo una certeza, una que duele todos los días, como si te desollaran el alma: No hay un solo día que no te extrañe mamá, no hay un solo día en los que no daría mi vida entera por oírte, por verte, abrazarte o poderte besar y quizá escribirte sea mi manera de mantenerte solo un rato más junto a ti, como si pudiera traerte de vuelta por un par de horas.

 Eras mi norte, mi brújula, mi polo a tierra. Cuando murió papá fuiste tú quien no dejo que ni mi hermana ni yo nos derrumbáramos. Desde que partiste he comprendido en su totalidad el significado de ser huérfano,  es frío, como si todo el hielo del mundo se metiera en cada parte de ti. Es una palabra cruel que cuando niño relacionaba con novelas como las de Dickens y que ahora, cuando toca afrontarla, lo haces  con una valentía que no crees tener pero que está en el fondo de tu corazón. Por algo somos tus hijos.

Extraño tus consejos. El llamar a Cali a diario y escucharte mientras sonaban los grillos (creo que es una de las cosas que más extraño de la ciudad donde nací) donde al fondo se escuchaban los ladridos de Gruñón y el ruido de la televisión. Extraño visitarte, llenarte de besos y recostarme a tu lado mientras me consentías la cabeza y jugabas con mi oreja como si fuera tu firma sobre mi piel. Extraño los besos, las conversaciones, el poder contarte mis problemas y siempre oír la mejor solución como si todos los problemas del mundo palidecieran ante tus acertados consejos.

Trato de pensar para contrarrestar la tristeza y la nostalgia en los recuerdos bonitos y no te asombraras de saber que de  esos hay muchísimos. Desde los paseos a lugares lejanos como Disneylandia al visitar a Nata en Orlando, nuestro viaje a Brasil durante el mundial, o incluso los más cotidianos como simplemente salir a caminar por el parque cercano mientras el perrito nos seguía rebosante de felicidad canina, mientras nos bañaba el sol y éramos eternos e infinitos sin siquiera darnos cuenta.

Hace poco me enfermé dos veces. Una de ellas fue una leve intoxicación que me tuvo vomitando un día entero y la otra una gripa que me duro casi una semana y que me tuvo en cama débil. No sabes cómo te pensé en ambos momentos, no sólo porque me hicieran falta tus cuidados y mimos -nadie podrá cuidarte jamás con el amor de una madre- sino porque en medio del dolor y la maluquera recordaba que había noches enteras en que no dejabas de vomitar en ese maldito balde  (de solo recordarlo me llena de odio, como si fuera una de las representaciones de tu enfermedad), y durante meses soportaste un dolor infinitamente más potente que la peor de las gripas.

Pensaba que nunca podré saber todo lo que experimentaste, lo que padeciste. Y nunca te quejaste. Lo soportaste todo con una valentía que quisiera tener; es cierto, a veces te ponías irritable pero mierda, con todo lo que estabas viviendo eras prácticamente una santa. Al estar enfermo y pensar en ti es inevitable pensar en si me porté bien contigo, sí pude hacer algo por aliviar tu dolor o por lo menos hacerte feliz, si fui útil o lo suficientemente paciente. A veces también me irritaba y mi humor no era el mejor, pero no era contigo, nunca, era simplemente la impotencia feroz de ver como esa enfermedad te iba carcomiendo de a pocos sin poder hacer nada. Es cierto que la mayoría de la gente dice que tanto Nata como yo hicimos todo lo que pudimos pero siempre queda la inquietud de saber si pudimos hacer algo más. Ese algo más que podría salvarte o hacerte todo más fácil.

Debo confesarte algo. Algo que no te gustara. Si estuviéramos hablando por teléfono seguramente habrías notado mi voz rara y me habrías preguntado si algo me ocurría hasta que te lo habría confesado todo….trato de imaginar tu voz y contártelo por acá. Mamá desde que te fuiste siento que nada me asombra, nada me impresiona, estoy tranquilo, pero siento que nada me emociona. Me digo a mi mismo que es por tu ausencia, que tanto todo lo que paso con mi papá, como tu enfermedad o la muerte del perrito (así como mis propias decepciones acá en Bogotá) me han desgastado emocionalmente y que necesito tiempo para estar mejor.

Pero a veces me da miedo….me da miedo quedarme así, pasmado para siempre, como si estuviera muerto en vida, viéndola pasar impávido,  no ser capaz de escribir de nuevo o emocionarme otra vez ante las pequeñas maravillas que trae la vida y que ignoramos cuando estamos sanos y con nuestros estúpidos problemas de adultos. No lo sé mamá, me asusta no ser feliz nunca más, y necesito tu consejo para tranquilizarme y ahora que no estás trato de escuchar tu voz en mi corazón…pero no siempre estás allí.

Trato también en pesar cosas agradables. A pesar de todo pude disfrutarte un poco más de treinta años, muchas personas no han sido tan afortunadas y han perdido seres queridos mucho antes…y nos encontramos mamá, he sido tan afortunado en ser tu hijo y más allá del dolor que aún siento, también sonrío al pensarte y vivo orgulloso de ti, de tu valentía, del amor infinito, de tu sabiduría, de darme también a mi hermana, mi gran amor que se parece tanto a ti...

Y miro el futuro, ese que se ve tan sombrío a veces en el país, en el mundo, pero que ahora espera por nacer en Verónica, tu primera nieta. No sé si lo hayas visto pero tu hija está hermosísima con su embarazo. Pienso en ella y el solo hecho que nazca es ya de por sí un milagro. Tú eres el pasado que vive en nosotros, pero ella mamá, ella es el futuro, la esperanza, y no veo la hora de que nazca para cubrirla de besos y decirle que lucharé porque tenga un mundo mejor. Espero que heredé de ti todas las cosas buenas y no dejaré de decirle un solo segundo lo maravilla que fuiste y todo el amor que nos dejaste y que la cubrirá a ella también.

Creo que eso es todo lo que tengo por decirte por ahora. No sé si puedas leer esta carta, y sí es así quiero que sepas que te amo. Y te extraño. Y tanto Nata como yo estaremos bien. Somos fuertes. Al fin y al cabo somos tus hijos.

Tu hijo que te ama,


TuLio:.