jueves, 31 de octubre de 2019

Santa María de las Flores


Como todos los años, mi regalo de Halloween en forma de cuento de terror. Espero les guste.

TuLio:.
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Santa María de las Flores

Para R, y E. , Cómo no podía ser de otra manera....



El camino que conduce a Santa María de las Flores serpentea por un camino pedregoso durante varias horas hasta que se divisa la gran cascada que cae por un agujero en la montaña, lo que hace que a los lejos se vea como si un ojo estuviera llorando constantemente y que anuncia la llegada al pueblo. ‘Les dije que era hermoso, ¿no?’, dice Robi con entusiasmo.

Había sido él quien nos había convencido a Estefanía y a mí de que viniéramos a este pueblo olvidado por dios. Su padre le había dicho que sus paisajes naturales eran maravillosos y las fiestas del pueblo, que se realizarían por esos días, eran inolvidables.

Llegamos al único hotel del pueblo. Una casa vieja que parece el cliché de todas las películas de terror, vieja, grande y llena de polvo, donde  el propietario, un hombre con una barriga descomunal, nos invita a la gran celebración que se realizara al día siguiente en el lugar, sólo hay un requisito: debíamos estar vestidos de blanco.

Esa tarde caminamos por los alrededores del pueblo. Robi con su alegría y optimismo de siempre nos pone tema de conversación mientras Estefanía se ve abstraída y lejana como si estuviera a muchos mundos de allí. A medida que avanzamos me parece que el Ojo siempre lloroso de la montaña nos vigila, el paisaje se vuelve árido y el ulular del viento parece un sollozo. Al momento de volver  oscurece y las luciérnagas y candilejas iluminan nuestro camino pero su luz es opaca y parece roja como si un sendero de sangre guiara nuestro camino.

Volvemos extenuados al hotel y caigo rendido en mi cama, en cierto momento siento que me hundo en el colchón. Intento abrir los ojos y no puedo, mis párpados son pesados, como si estuvieran cosidos. Me sumerjo en la cama como si fueran arenas movedizas y mi nariz y boca son tapadas por una presencia viscosa que repta en mi interior. El sueño va haciéndose más y más profundo pero a medida que me sumerjo en él escucho gritos, canciones siniestras y maldiciones; voces que parecen rasgar mi alma, quiero llorar y gritar, maldecir a dios y al amigo que me ha traído a ese lugar pero los tentáculos, porque esa es la presencia fría que sentí antes rasgan mi nariz, boca y garganta.

No puedo verla pero siento una luz enceguecedora revuelta con una música impulsada por un coro de cientos de voces que suplican, gimen, lloran y rien a la vez, hay sangre y puedo sentir como mi cuerpo se envuelve en la de cientos de cuerpos que me reclaman a la vez, pero más allá del océano de sangre siento el tacto frío y luminoso de ese ser que proviene de mis pesadillas.

Despierto llorando y me encuentro con mis amigos en la salilla del hotel donde desayunamos. El propietario del hotel y su familia, una mujer flaca, casi anoréxica con unos anteojos que la hacen ver como la luciérnaga más fea del mundo y una hija callada de nueve años que sólo se chupa el dedo y nos mira con curiosidad, nos atiende de manera casi servil, desviviéndose en atenciones. Miro a mis amigos que se rien de su atención mientras una incomodidad crece, ciega y furiosa en mí. De repente quiero vomitar.

Decidimos explorar La cueva de la Virgen desde donde nace la cascada. Hace un sol espléndido y caminamos durante veinte minutos por la carretera hasta desviarnos por un paraje que nos conduce a la cueva de la Virgen. Al llegar el sitio nos deslumbra. Es un paraje rocoso y agreste que parece a una mina y que permanece en un silencio interrumpido solo por el eco de los vuelos de murciélago. Atravesamos la enorme virgen de la entrada y cruzamos la cueva hasta llegar al sitio donde iniciaba la cascada.

Robi nos dice que su padre le había contado que la tribu indígena que había vivido durante la conquista había elegido saltar por el enorme abismo de la cascada que rendirse ante los españoles. Por un momento veo el desespero de la tribu siendo masacrada y la cueva como su último escape , pero después pude sentir como habían sido atraídos por aquello que regía el pueblo y como podían oír en sus cabezas como un dulce murmullo la idea de lanzarse y estrellarse contra el fondo del abismo. Empiezo  a oír esa voz casi al borde de la ventana, en ella se combinan los sonidos de mis padres y abuelos muertos y otros murmullos que no puedo distinguir pero me hablan al oido, me guian, me piden que salte...

"¡Qué haces idiota!" me grita Estefanía sacándome de mis vacilaciones tras lo cual abro los ojos y me veo a punto de tirarme a las aguas y dejarme llevar hacia la cascada. Engaño a mi amiga haciendole creer que bromeaba pero no me cree y al acercarme a ella puedo detallar su rostro. Se ve cansado y enfermo. ¿Estaría viendo cosas similares a mi? ¿Cuáles serían sus visiones? Quiero acercarme a ella pero algo siniestro me lo impide.

Volvemos al pueblo cabizbajos. Propongo devolvernos al terminar de almorzar y no encuentro mayor resistencia en mis amigos. En el hotel nos espera de almuerzo  una carne asada deliciosa que devoramos como si fuéramos animales famélicos, era tan voraz nuestro apetito que pronto dejamos de lado los cubiertos y empezamos a devorarla con las manos, lamiéndonos las manos, hasta que un sueño feroz empieza a apoderarse de nosotros. Intento levantarme y huir pero el pasillo parece infinito con miles de puertas que se abren ante nosotros....mi cuerpo no responde a mis órdenes y cae sibre la mesa mientras pienso que solo la carne humana podría tener ese sabor.

Una música tenue que se va haciendo más y más fuerte me despierta. Es de noche y estoy atado. El posadero viene por mi, va vestido de blanco y tenía una sonrisa cálida, lágrimas de alegría caen por su rostro. Me empuja a la calle y puedo ver al resto del pueblo, todos de blanco y sonrientes, algunos tienen guirnaldas en su cabeza, otros tocan panderetas, parecen esos dibujos de los folletos de los Testigos de Jehová, felices de una forma antinatural y siniestra, como si estuvieran lobotomizados. A mi lado está Estefanía ,atada, despeinada y con arañazos en la cara, grita y llora pero su voz es ronca y devorada por la multitud. 

En un momento veo a Robi, está vestido también de blanco y cantando algo en un idioma desconocido con devoción. Lo miro exigiendo una explicación a mi amigo y el solo atina a alzarse de hombros, como diciendo "así es la vida" y a tocar su  pandereta con más fuerza.

El pueblo entero, una marea blanca de gente sonriente que canta, avanza y algunos portan velones y antorchas mientras los niños llevan diferentes animales como ranas, ratas, pajarillos y cachorros de perros y gatos. Estefanía grita y se retuerce, parece estar a puertas de la locura mientras yo tengo una serenidad que me sorprende.

Nos dirigimos a la cueva de la virgen en una procesión larga y lenta donde somos los invitados principales. Atravesamos la caverna y siento el llamado de la criatura como si me susurrara al oído. Un viejo ataviado con collares dice algo que no entiendo y el pueblo enloquece. Los niños empiezan a matar a los animales, algunos los aplastan, otros los apuñalan y otros los golpean reventándolos contra el piso. Empiezan a arrojar los cadáveres por la cascada mientras ríen y comprendo cuál es el siguiente paso.

No quiero mirar pero no cierro los ojos obligándome a hacerlo se acerca a Estefanía quien ya no grita pero le habla con voz entrecortada suplicándole que no la mate, que tiene tres hijos. Sin darle tiempo a nada, mi amigo la degüella y deja que se desangre mientras veo la luz de sus ojos extinguirse. 
Robi empuja el cuerpo y al minuto hay un ligero temblor y el abismo emite una luz opaca.

Me obligan apararme en el filo. Veo unos tentaculos que suben hasta donde estoy y me acarician, se apoderan de mi. Nunca había sentido tanta plenitud; por un momento la música que va en aumento y quiere estallar mis tímpanos se detiene y siento la necesidad urgente de hacerme uno con la criatura que mora en el abismo de la cascada, toda mi vida esperaba este momento y ahora que ha llegado no dudo.  Me libero de mis captores y salto por la cascada. Soy feliz.













miércoles, 9 de octubre de 2019

Carta a Maximiliano


Mi adorado sobrino,

¿Sabes? Desde que tus papás decidieron llamarte Maximiliano siempre he pensado que ese nombre, grandilocuente y espectacular, me recordaba a un rey o un emperador y como a los monarcas de la antigüedad se les daba un apelativo he pensado que el tuyo podría ser ‘El Inesperado’.

A diferencia de tu hermana, nadie esperaba que llegaras y  lo hiciste, de un momento a otro, de repente, sin esperar permiso o invitación; incluso el momento de tu nacimiento fue así: Se planeaba que llegaras el 12 de octubre y decidiste que no, que ya estaba bien de comodidades y ya estabas listo para enfrentar la vida. Y no me tomes a mal, lo de ‘Inesperado’ no es una ofensa, al contrario, las mejores cosas de la vida siempre aparecen de sorpresa, sin imaginárnosla, el beso robado de quien nos gusta, esa noticia que creímos que no llegaría, el viaje que aparece de repente….eres inesperado, como un regalo de la vida.

Llegas, babeante y curioso a un mundo maravilloso y asombroso, caótico y trágico. El mismo día que naciste otros cientos de miles de bebés en todo el mundo hacían lo mismo y no sé si compadecerte a ti o a ellos o felicitarlos y darles la bienvenida.

El mundo que te recibe es uno mutante y acelerado, que no se detiene. Estamos ante una revolución en cuanto a tecnología y concepción de vida que es comparable a la agrícola o la industrial y que lejos de iniciar apenas está empezando. Conceptos como la vida, el amor, la comunicación, las relaciones y la muerte están cambiando constantemente y los viejos como tus papás o yo apenas tratamos de capotearlo como buenamente podemos.

Pero ahora no tienes que pensar en ello. Llegas a una familia hermosa. Mi hermana, tu mamá, y tu papá, son personas maravillosas que te guiarán por un buen camino, compréndelos a pesar de sus errores. Tienes también una hermana mayor, Verónica, y así a veces quieras ahorcarla, ella será la palanca que te impulse a ser una mejor persona y quien permanecerá a tu lado cuando la función haya terminado y el buque se esté hundiendo, ella será tu ancla y fortaleza para seguir adelante. Créeme, sé de lo que te hablo.

Hace casi dos años le decía en la carta de bienvenida que le hice a tu hermana que a pesar de mis 34 años no sabía mucho de este cuento de vivir. Lamento desilusionarte pero dos años después sigo sin recibir una respuesta o iluminación sabia que transmitirte. Tengo 36 años y más dudas que certezas pero trato de vivir en este mundo dando lo mejor de mí mismo y aprendiendo cada día más, levantándome una y otra vez  y siguiendo en la pelea a pesar de los golpes que me dé la vida.

Puedo decirte que tratarán de  juzgarte por nacer en el país que lo hiciste, por tu color de piel o tu género. Te juzgarán no por quién eres sino por tu procedencia, intentarán que te sientas culpable por ello, como si lo que nos precede fuera motivo suficiente para sentirte mal. Estas personas son débiles y quieren que tú seas igual de mediocre que ellos. Lo único que te define son tus acciones, sé fuerte, a nivel físico, mental y espiritual, sé bondadoso e inteligente, elévate como un ave encima de la mediocridad rampante y brilla con el vasto cielo como tu límite.

Sé fuerte pero no temas llorar o expresarte. Nunca te avergüences de quién eres o de dónde vienes, no dejes de amar a otra persona por el miedo al qué dirán, por su estrato social, género o color de piel, siempre y cuando tus sentimientos nazcan del alma y tengan la fuerza de una avalancha.

Lo más importante en la vida, pequeño Maximiliano, es ser feliz, todo lo demás sobra: La plata, el sexo, la fama. Procura ser feliz sin lastimar a otros y lo más importante sin lastimarte a ti mismo…..ah, la vida es tan corta y solo eres consciente de ello cuando empiezas a perder  seres queridos o envejecer y el 90% de las cosas que nos preocupan no son tan importantes como un cielo estrellado o una puesta de sol.

Y ama a tu familia. Son tu sangre. Quienes siempre, hagas lo que hagas y pase lo que pase, estarán para ti y serán tu luz, tu faro y tu amor y dentro de ella siempre estará tu viejo tío Tulio que te ama con todo su corazón.

Bienvenido a este mundo, Maximiliano. Espero que el viaje valga la pena.




martes, 8 de octubre de 2019

Mario Bros, Pacman y Zelda al rescate


El muñeco se llama Link y está en un peligroso castillo luchando por volver a casa luego de naufragar en una isla lejana. El juego se llama Zelda, Link´s awakening y lo jugué por primera vez en 1996 en mi nuevo y flamante Game Boy de la época. Hoy veintitrés años después, por azares de la vida, pude volver a jugarlo y la alegría al conectar la consola y recorrer sus mundos fue la misma que tuvo ese adolescente de trece años.

Es curioso como los videojuegos han marcado gran parte de mi vida. Cuando era niño le hacía berrinche a mis papás porque no tenía una Nintendo. Mi viejo con mucho esfuerzo me compró primero un atari y casi inmediatamente después la tan anhelada consola. Cuántas noches pase en vela jugando una y otra vez los mismos juegos casi hasta quedar ciego y casi hasta tirarme tercero de primaria, asumo que siendo salvado por el dios de los ludópatas que no desampara a sus pobres acólitos.

Conforme crecí fui cambiando de consola. Que el Super Nintendo, luego el Nintendo 64, la Playstation, el  Wii y muchos años después la Playstation 4. Cada aparato de estos representaba mi manera de ver la vida de ese entonces.

Hace poco tuve la oportunidad de tener acceso a un aparato que me permite acceder a varias consolas del pasado –donde está el Zelda del que le tomé la foto-. Fue amor a primera vista: jugar los Mario Bros, Donkey Kongs y demás juegos de mi niñez me transporta a una época donde todo parecía más sencillo: ir al colegio, hacerle caso a mis papás, rescatar con Mario a la princesa de las garras del dragón, salvar el mundo, derrotar a los villanos.

Pero creces y los videojuegos y tu vida se vuelven más complejas: Los villanos no son tan malos, a veces la princesa no quiere ser rescatada y ansía irse con el dragón y  el mundo está tan corrupto que te preguntas si en verdad merece ser salvado; tus padres mueren, dejas la ciudad donde creciste, pasas hambre y frío, te enamoras, te rompen el corazón, lo rompes tú en más de una ocasión, el sexo suele complicar más las cosas de lo que deberían, escribes páginas que están destinadas al olvido, te das cuenta de lo efímero de la vida y que morirás.

Pero como aquel que recorre sus pasos enciendes la máquina y te olvidas del mundo exterior, del trabajo, la situación del mundo o el desastre que a veces es tu vida. Ves los juegos con los que creciste y seleccionas y juegas, por ejemplo, al Zelda. Link necesita tu ayuda para salir del castillo y vos no se la vas a negar, y recorres los mismos pasos que hacías de chico y te alegras de los mismos logros y por un segundo te parece oír la voz de tu padre diciéndote que apagues ya el condenado televisor que mañana toca ir a estudiar y cuando te acuestas te parece sentir la mano de tu mamá rozándote la frente con cariño diciéndote que todo estará bien y que la vida no es más que un sueño.





sábado, 17 de agosto de 2019

Cinco años sin papá

¿Cuál es la medida de un duelo? ¿Un día? ¿un mes? ¿un año? ¿una vida ? Un día como hoy hace cinco años encontraba a mi papá tirado en la sala de la casa . Había muerto mientras iba a la cocina quizá a servirse un vaso de agua. A pesar de todos mis intentos por revivirlo supe desde el primer momento  que nada podía hacerse y y que él, el superhéroe de mi infancia, el hombre que siempre quise que se sintiera orgulloso de mi, mi papito, se había ido para siempre.

Es curioso pero nunca pienso en esa noche. En mis gritos desesperados mientras lo zarandeaba e intentaba reanimar,  en cómo llame a mi mamá y mi tía, en la agonía de arreglarlo todo para su entierro, el momento que se lo llevaron o esa noche eterna donde mi mamá, el perro (que chillaba de forma sobrecogedora) y yo, lo lloramos sin parar. 

Los días siguientes también están envueltos en la  bruma del olvido. La llegada de mi hermana con su esposo después de un viaje infernal para despedirlo, la romería de familiares y amigos en su entierro  y los días y meses siguientes donde a veces las lágrimas empezaban a rodar sin que siquiera darme cuenta.

Y quizá no pienso tanto en eso porque mi papá es más que una noche triste. Me he quedado con la imagen del hombre al que yo recibía tirándome como un Supermán a sus brazos, el mamagallista incorregible, la persona que me dio mi primer trabajo en la biblioteca que él dirigía (y del que mucho tiempo después descubriría que se quitaba parte de su sueldo para darme ese sueldo inventado a mi  y enseñarme así el valor del trabajo) , el hombre cuyos valores y enseñanzas son aún faro moral de mi vida, y el padre que amaba profundamente a sus hijos.

Desde luego a medida que crecía fui descubriendo muchos de sus defectos y errores (que no fueron pocos) pero con los años he aprendido a perdonar y comprenderlo , mejor aún, he tratado de aprender de ellos para ser un hombre mejor .

¿Cuál es la medida de un duelo? En cinco años han pasado tantas cosas papá...mi mamá también murió y el perrito igual, mi hermanita tiene una hermosa niña y espera un bebé que nacerá en octubre, cómo me hubiera gustado que vos viejo los hubieras conocido, creo que ningún niño habría sido tan consentido  o tan malcriado que por vos... en cuanto a mi, todos los días intento ser digno de tu sangre y legado, intento vivir una vida digna, siempre con la frente en alto con los valores que me enseñaste. Intento estar a tu altura. 

A medida que pasan los años pienso cada vez más en el pasado. Recuerdo mi niñez, en el olor de ese Cali-caliente, en mis papás, en la imagen de mi hermanita siendo esa niñita flaca y traviesa y en mis viejos amigos de infancia a quienes extraño profundamente . Ese mundo ya no existe más que en mis recuerdos porque tanto yo como la ciudad y la gente han cambiado para siempre,  pero éste es un bálsamo que me recuerda que la muerte no es tan mala y es la oportunidad de volverme uno con el universo y esos recuerdos. 

¿Cuál es la medida de un duelo? ¿Un día? ¿un mes? ¿un año?  ¿una vida ? Cinco años es media década, poco más que un mundial de fútbol, y días y meses que pasan como pasa todo en la vida. No hay medida del duelo porque los días son solo días, nuestros muertos viven a diario en nuestros corazones y recuerdos y sus voces y enseñanzas nos guían con amor por el resto de nuestros días hasta que nos reunamos con ellos y la mejor manera de honrar la memoria de estos muertos es ser felices. Como ellos lo hubieran querido . 

Te amo, papá 

Te extraño, viejo 


martes, 18 de junio de 2019

Ese extraño monstruo que repta en mi interior


Una espina que crece en el pecho. En un principio no es más grande que una semilla pero va creciendo hasta que se convierte en raíces que van envolviendo tu corazón, tus pulmones, el resto de tus órganos y tu alma, que se alimenta de tu odio y tu rabia y que continúa creciendo hasta que se ha apoderado de ti y te ahogado tanto de manera figurada como literal.

Hablo, como no, de la envidia. Puede nacer de un gesto, una palabra, a la que al principio no le prestamos atención pero la semilla está plantada, la duda se queda incrustada en nuestro interior a veces incluso por años hasta que todo lo acumulado, en una especie de sangre negra y espesa, sale hirviendo como lava dispuesto a arrasar con todos incluso con nosotros (o especialmente con nosotros mismos).

Este sentimiento no es más que el miedo de vernos al espejo y ser incapaces de ver el valor que tenemos. Vemos nuestro reflejo desnudo y engrandecemos nuestras carencias y defectos e idealizamos las cualidades de otro. Lo despreciamos porque creemos que tiene algo que nos pertenece, porque sentimos que es mejor que nosotros y no lo merece, al fin y al cabo ¿quién es ese pobre imbécil? ¿Por qué tiene la pareja, la familia, el trabajo o la riqueza que soñamos en noches de desvelo? Y en nuestra ensoñación creemos que esa persona todo le ha caído del cielo y no ha tenido que esforzarse como nosotros, a pesar que su ventura es tan bendita y la de nosotros tan desdichada.

Y no sabemos, preferimos ignorar, que esa otra persona también se ve en el espejo y es consciente de sus propias falencias y quizá anhele lo que tiene el otro, y en ocasiones, en un giro irónico del destino esa persona nos envidia a nosotros, creándose un juego macabro del  gato y el ratón donde dos figuras se ven del lado opuesto del espejo y cada una anhela el reflejo que ve frente a él sin saber que su suerte también es deseada y soñada.

Pasamos nuestra vida envidiando a mucha gente. Estrellas de cine, cantantes, deportistas, conquistadores empedernidos, a veces nuestros objetivos son más cercanos y lo hacemos con el compañero del trabajo al que todos quieren, el amigo que enamoró a la mujer que deseamos, el otro que logró nuestro sueño más anhelado  por el que nunca supimos luchar, el vecino que compró el celular de última moda o viajó a esa isla paradisíaca con la que soñamos pero nunca nos hemos atrevido a ir.

Pero, ¿saben qué? Está bien tener ese monstruo que crece en nuestro interior, ese maldito huésped, no es sano reprochar su presencia, su existencia en dosis sanas es necesaria. Es la envidia, el querer lo que ha conseguido el otro, lo que muchas veces nos impulsa a seguir adelante, a no rendirnos, a demostrarnos que si ese cabrón fue capaz de conseguirlo nosotros también lo haremos. Y sí él  logró un milagro no solo lo alcanzaremos sino que lo superaremos. Quizá fue la envidia lo que nos permitió salir de las cavernas y conquistar el mundo, quizás no.

El truco está, desde luego, en la justa medida de las cosas. El límite entre dejar que ese pequeño engendro que vive en nuestro interior nos empuje a realizar lo que el miedo no permite y dejar que se alimente como un feto maligno de nuestra sangre, bilis y odio y nos lleve a nuestra propia destrucción (así al final parezca que hayamos triunfado cuando nunca es así) es muy tenue. Depende de cada uno de nosotros establecer la diferencia y mantener a raya al monstruo que vive en el ático de nuestra conciencia….

¿Es mejor despertarla que sentirla? Qué sé yo, quizá lo mejor sea ser consciente que el pasto nunca es tan verde en el patio del vecino como lo imaginamos y que no somos ni la mitad de miserables de lo que creemos en nuestros momentos más desesperados. Quizá lo mejor sea cuando sentimos que el ser es incontrolable salir, ver la naturaleza, y repetirnos que somos poco más que polvo estelar insignificante que no dura ni una milésima de  segundo en la historia del universo. Y el cabrón que tanto envidias también.







martes, 11 de junio de 2019

El extraño placer de recorrer calles que no son las tuyas


De repente te encuentras en una ciudad extraña donde nadie habla tu idioma y todas las calles llevan a caminos inesperados. El universo se extiende en cientos de ramificaciones en forma de concreto. Ninguna senda es la tuya porque todas la son. No tienes destino y el camino es el que estás a punto de recorrer.

Quizá tengas suerte y tengas un amigo de viaje. Podrás hablar de la vida, las mujeres, los sueños del pasado y el futuro; no te detendrás porque a pesar de no tener un objetivo fijo te dejas llevar por la marea de gente que va de un lado para el otro como hormigas, te unes a ellos de manera efímera aunque sabes que nunca serás parte de su grupo, eres un extraño, se te nota y ni siquiera por tu color de piel o idioma, sino porque  esa ciudad no es tu hogar, no ha dejado la huella profunda que se les ve en los ojos a ellos, ese caos eterno, ese trasegar sin pausa que tienen.

Pero a veces a pesar de la compañía y a pesar del constante hablar y escuchar, mientras te refieres a cosas nimias como el almuerzo o lo que harán más tarde, callas y escuchas la sinfonía de la ciudad, los murmullos de cada una de las calles que caminas, que comienzan de manera suave pero van alzando su voz hasta que eres consciente de ella. Esa voz que combina el sonido de los taxis, los cientos de idiomas que se entremezclan, cada uno con su acento y cultura particular, el viento que se eleva por encima de los pasos y la ciudad. Es un sonido sin orden alguno, sin afinación, en ocasiones podrá parecer tosco pero sin duda es hermoso.

Te internas por callejones solitarios. En algunos ya no hay gente y solo se encuentran las edificaciones y levantas la vista y te quedas en silencio porque sabes que ellas son el intento humano de dejar un legado, una huella de su paso por el mundo pero sabes que es inútil, en algún momento futuro de la historia, años, siglos o milenios venideros, se vendrán abajo y haces apuestas en tu mente sobre si será algún ataque terrorista, una guerra o quizá una destrucción silenciosa, tal vez será la misma naturaleza quien reclame los gigantes de cemento y algún día cuando ya no estemos la vegetación recupere los territorios perdidos. Pero ahora no es momento de pensar en ello, simplemente levantas la vista y admiras lo que ha logrado la humanidad y contemplas los edificios y la ciudad como un monumento al siglo que acaba de terminar, al milenio que comienza y la época que te toco vivir en la historia del mundo.

Y recorres esa ciudad extraña que es el centro de la civilización misma. Lo haces en la mañana, en la tarde y en la noche, durante la lluvia y el calor. Te maravillas con el metro, sus cientos de  luces de neón  y los millones de universos que se contienen en las personas que la habitan y que te dan la bienvenida al tiempo que no lo hacen. La ciudad no duerme y tú tampoco lo haces porque incluso cuando llegas extenuado a tu posada a dormir sueñas con ella, con sus lucecitas similares a la navidad, en su inmensidad, en esos laberintos de concreto, con sus estatuas gigantes, sus parques majestuosos y esa faceta esplendorosa que descubres con la ansiedad de un niño que está listo a desenvolver un regalo.

Y cuando llega el momento de partir te preguntas si en este mismo instante no hay otra alma maravillada en tu ciudad, a miles de kilómetros de donde estás, quizá ese desconocido abre los ojos y recorre con asombro las calles que conoces de memoria y a la que ya no le ves la belleza que tiene, quizá camina por las noches en medio del tráfico y los anuncios nocturnos de neón pensando en que nunca había visto algo tan espectacular, quizá como ya sabemos la belleza siempre está en el ojo de quien admira e incluso una finca pequeña y humilde con un patio en el que solo se vea el cielo estrellado contiene aquello que tanto has buscado.




martes, 21 de mayo de 2019

Una idea que se resiste a morir

 Tengo una idea para una historia. He intentado olvidarla, dejarla de lado, pero se rehúsa a morir y reaparece una y otra vez en los momentos menos esperados. Veo a sus protagonistas en diferentes situaciones y me parece que cada vez cobran más vida, como si poco importara que los trajera a la vida, como si por el solo hecho de imaginarlos  existieran, pero aun así quieren que su historia sea contada. Lo exigen.

Cuando pienso en ellos me pregunto si vale la pena. Si quizá no llegue, tarde o temprano, la Policía de la Moral y lo Políticamente Correcto diciendo que tengo el alma y la mente podrida por lo que estoy pensando y creando; peor aún, me pregunto si quizá cuando la escriba sea recibida en medio de la apatía general y mis letras sean incapaces de llegar a una persona, una por lo menos que se  vea reflejada como yo en esta historia.

Pero la Historia poco sabe de Policía de la Moral y lo políticamente correcto, poco sabe de si será leída o aceptada o querida. Ella solo quiere nacer, quiere que su parto ocurra día a día a través de la  hoja en blanco. Poco le importo yo o mis pensamientos o penurias, soy solo el médium, la herramienta para que pueda ver la luz. Soy su padre pero a este feto de ideas poco le importo y lo único que hace es susurrarme que deje de hacerme el idiota y que sé muy bien lo que debo hacer.

Hasta el momento solo tengo una novela que está en el baúl de los recuerdos. La novela fue escrita en un momento oscuro de mi vida y escribirla me dejó extenuado como si fuera incapaz de escribir de nuevo. Muchos años lo creí así. Pensé que sería un hombre de una sola historia, quizá leída por la gente más cercana a mí pero no más. Escribirla fue un placer pero al mismo tiempo agotador como si drenara mi vida, mi alma, pero ahora siento como si esta nueva idea que crece dentro de mi pecho y se expande cada día un poco más tuviera la fuerza incontenible de mil huracanes juntos.

No es desde nuevo una idea nueva. Llevo pensando en ella desde hace ya algunos años. Al principio la ignoré pero ella vuelve una y otra vez, molesta como un grano en el culo, intensa como el zumbido de un zancudo a la madrugada y cada vez toma más fuerza. Me escudo en la pereza, en lo agotado que llego del trabajo y del gimnasio; me escudo diciendo que a pesar de toda mi palabrería no soy un escritor y que no vale la pena ni siquiera el esfuerzo, que debería dejarlo a los expertos en el tema,  que el tema no será del interés de nadie, que mis letras son una mierda y que a fin de cuentas a nadie le gustan…..pero la idea no se resigna a morir y embiste una y otra vez con la ferocidad de un boxeador que sabe que puede ganar la pelea y en medio de los golpes, la nariz rota, los ojos morados y la boca destrozada, sonríe diciéndome que más allá de que todo eso sea cierto escriba la historia para mí, que valdrá la pena.

Tengo una idea para una historia, y mucho me temo (más allá de mis protestas y berrinches de niño pequeño) que tendré que escribirla.




martes, 14 de mayo de 2019

De amistades lejanas, cercanas y otros tipos

Nunca, bueno casi nunca, hablo con mi mejor amiga. A pesar de la amistad y los años en ocasiones pierdo el contacto con ella incluso por meses. Si bien en un principio me molestaba con el tiempo aprendí a comprenderla. Ella, descendiente de un francés heredó su carácter y simplemente es así, sé que no hablamos a diario, pero cuando mas la he necesitado allí está y cuando nos vemos -porque no vive en el país- es uno  de los momentos más maravillosos del año. Y está bien, así la quiero. 

Hablo de ella porque antier cumplí años y recibí montones de felicitaciones y amor por cantidades. Si bien en el día estuve acompañado solo de mi gran amigo y roomate Nelson Cadavid (quien tuvo la amabilidad de invitarme a desayunar y almorzar) en realidad me sentí mucho más acompañado y rodeado de lo que estuve físicamente . Sentí cada uno de los mensajes de cada una de las personas que conozco en persona y de manera virtual de una manera tan cercana como si los hubiera recibido de frente.

Y reflexioné sobre la amistad. Sobre aquellas que se alimentan diariamente de rutinas y de detalles, las que viven del recuerdo de un pasado mejor, de otras vidas; de las que se han ido, quizá porque esa persona ha muerto, quizá porque nosotros mismos hemos cambiado y ya no somos quienes éramos; de las lejanas cuya luz es tan intensa que sin importar las distancias o el tiempo siempre siguen constantes y van más allá incluso de la muerte.

Y siento que ninguna es mejor que otra o correcta. Lo importante son los sentimientos, la alegría que sentimos al ver ese viejo amigo, una noche rodeada de cervezas en un bar, o una ida a cine, o simplemente hablar por un chat de whatsapp después de mucho tiempo de no hacerlo, o compartir noches de borrachera que parecen eternas. Lo verdaderamente importante de la amistad es que esa persona en la que confiamos y queremos saca lo mejor de nosotros y nos acepta como somos sin necesidad de maquillaje o las mentiras que decimos y solemos creernos para ser aceptados. 

Y esto fue lo que sentí con sus mensajes, llamadas el pasado domingo 12 de mayo día de mi cumpleaños número 36. Y quería decirles gracias. También los quiero.




domingo, 12 de mayo de 2019

36


No tengo a mi papá conmigo pero sus enseñanzas han hecho de mí la persona que soy y su recuerdo me fortalece siempre

No tengo a mi mamá conmigo pero su amor siempre está presente en mi vida. Todo lo bueno que soy y que puedo llegar a ser es gracias a ella.

No tengo a mi hermana cerca pero a pesar de la distancia ella es mi todo. Mi luz, mi faro, mi consejera, vivir es saber que ella existe. La persona más importante de mi universo, quien hace que todos los días, incluso aquellos en los que no quiero levantarme, valgan la pena.

No tengo a mi mascota conmigo pero durante su breve existencia mi perrito Gruñón me enseñó el amor por los animales, que las mascotas pueden llegar a ser tus amigos más entrañables y son parte de la familia.

No tengo a mi Nana conmigo pero de ella aprendí que el amor no tiene color, edad y género. Que siempre oiré la voz alegre y llena de cariño en mis recuerdos de mi negra hermosa.

No tengo novia pero he conocido el amor de mujeres maravillosas, mucho mejores que yo en todo caso, que me han enseñado el maravilloso y misterioso mundo femenino y me han brindado su cariño y apoyo incluso cuando yo mismo no he creído en mí.

No tengo a Camilo conmigo pero de él aprendí que la amistad nunca termina y ni siquiera algo tan poderoso e inevitable como la muerte es capaz de ganarle al amor, que su presencia siempre me acompañará hasta el día que muera.

No tengo a mis abuelos conmigo pero de ellos aprendí que nada se ha ido del todo si vive en tu corazón.

Desde hace unos años tengo la tradición de que el inicio de mi cumpleaños me coja escribiendo. Me gusta que la medianoche del once de mayo me coja mientras tecleo en mi computador y hago este pequeño texto reflexionando un poco sobre qué es cumplir un nuevo año.

Los 36 años me cogen reflexionando sobre lo que decía al principio. He tenido algunas pérdidas. Gente que se ha ido para no volver jamás. Pero si me comparo con otras personas soy muy afortunado pues tuve la oportunidad de estar con estas personas, de poder decirles cuánto las amé, de aprender de ellas y disfrutarlas todo lo que pude.

He vivido, viajado, amado, llorado, experimentado, reído y conocido. Personas han partido sí, pero también otras han llegado para seguir aprendiendo. A veces creo que el mundo en el que he crecido ha desaparecido, la ciudad de mi niñez ya no existe y donde vivo ahora  a pesar del tiempo que he estado nunca será mía; a veces me gustaría encontrar un lugar en el mundo pero quizá crecer consiste en creártelo tú mismo. Quizá todo el amor que he recibido y sigo recibiendo es mi mundo, quizás mis letras son mi mundo, siempre cambiante, siempre presente.

También están mis pequeños sobrinos, mi amada Verónica y mi futuro sobrino (o sobrina) por venir, quienes me hacen luchar por un futuro mejor, por dejarles a ellos un mundo mejor del que me tocó, sus ojillos me hacen tener fe y esperanza en que todo estará bien en el mundo.

Y están ustedes, quienes me leen. A algunos he tenido el placer de conocerlos en persona, otras solo de manera virtual, algunos más se asoman acá como visitante efímeros, pero son todos y cada uno de ustedes quienes con su presencia, paciencia, tolerancia y cariño me animan a seguir escribiendo y por lo tanto a seguir siendo yo.

A todos, los presentes y los ausentes; a quienes han partido y quienes no y los que llegaran, GRACIAS, por estar allí, por ser mi fuerza y ánimo.

Nos estamos leyendo. Un abrazo.




martes, 23 de abril de 2019

Colombia, el país que no sabía amar.


A veces pienso que los colombianos estamos enfermos de odio. Nos matamos (ya sea de manera simbólica o literal) por una ideología, un partido, un político al que defender (como si al final del día a estos les importáramos en algo más allá de la época electoral) e incluso por una camiseta de fútbol. Odiamos tanto que cuando vemos el amor lo juzgamos, lo etiquetamos y lo discriminamos si no es igual al que decimos profesar.

Me refiero, claro está, a lo que pasó hace algunos días en un importante Centro Comercial en Bogotá donde un tipo se acercó a una pareja homosexual y la agredió bajo el pretexto que estaba pervirtiendo a los niños. El energúmeno sujeto  acusó de animales (que sí, que todos lo somos pero acá la intención de insulto era obvia) y de andarse manoseando con su ‘novia’ (era una pareja de hombres) alegando que él estaba con su hijo. Posteriormente las grabaciones del Centro Comercial demostraron que las acusaciones eran falsas y la pareja no había hecho nada indebido, un par de días después  un grupo nutrido de homosexuales se reunieron para hacer una ‘besatón’ de protesta y el asunto quedó allí.

O no. No quedó allí. Basta con darse una vuelta por las cloacas de las redes, es decir los foros para ver el nivel de homofobia de este país. Desde el insulto fácil e hiriente hasta la discriminación disfrazada de buenas palabras ‘Yo no tengo nada contra los homosexuales pero…..’, ‘Igual yo tengo amigos gays’ ..., ‘yo no tengo nada contra los homosexuales y hasta los tolero’ y sandeces del mismo estilo.

Lo que dicen estos amiguitos defensores de la buena moral, es que está bien ser homosexual siempre y cuando lo hagan en un espacio lejano donde nadie se entere ni los vea…y siempre excusándose en los mismos caballitos de batalla, que es antinatural, que la moral y las buenas costumbres, que la biblia dice, que los niños (como si a los pobres niños no les bastara con ser asesinados, torturados, abusados todos los días por miles para que ahora vengan a ser usados como pretextos por los homófobos para justificar su odio)...

Habría que decirle al energúmeno padre de familia que él sí que es un animal, una completa bestia. En su defensa, habría que decir que todos lo somos. Unos simios más evolucionados que razonan, que hablan, se visten y hasta van a centros comerciales pero animales al fin y al cabo. Que si nos basáramos en lo que es natural, deberíamos habernos seguido regidos por la madre naturaleza, no nos vestiríamos con los trapos muchas veces ridículos que nos ponemos como ropa y de seguro no habríamos salido de la cuevas, o hubiéramos  creado el  fuego,  o aprendido hablar y escribir, o veríamos el sexo como algo más que para reproducirnos (aunque creo que los delfines también lo hacen por placer) y que se agarre con esta noticia, porque tampoco hubiéramos creado ningún dios  y no tendría que aterrarse por ver dos personas demostrarse cariño.

No es ningún secreto para nadie que no creo en dios. Si hay una fuerza superior la felicito por existir, le agradezco de todo corazón que no se meta conmigo, y me deje en paz- yo prometo hacer lo mismo-. Si el resto de la gente quiere creer en Jehová, Ganesha, Alá o en deificar a una lechuga me parece perfecto siempre y cuando no vengan a joder a quienes no son como ellos, ya veremos los paganos si nos quemamos en el infierno o no. Lo que me parece muy jodido es que alguien que crea en una religión creada por y para gente del Medio Oriente hace más de dos mil años, que cree que venimos de arcilla, que un ente creo siete plagas en Egipto,  un viejo separó el mar  y que su salvador nació de una virgen venga a decir que le parece poco natural que dos tipos se besen porque están enamorados. Mi hermanita y mucha gente que quiero y admiro son religiosas, pero esta fuerza los ayuda a ser mejores humanos y no a creerse mejores que nadie, a juzgarlos y hacerles la vida imposible por no ser como su ‘dios de amor’esperaba. 

Me gustaría que  quedara  claro que no pretendo hablar mal de las personas que son religiosas, ni busco generalizar, muchos de ellos se apoyan en su fe para su crecimiento espiritual pero tampoco puede desconocerse que también hay una problemática con personas que usan este aspecto para atacar a los demás. 

Sinceramente compadezco a los niños de ese Centro Comercial. No por haber visto a dos tipos besándose, sino por el escándalo que ello supone. Si alguno es homosexual nunca podrá vivir plenamente su sexualidad ni su vida afectiva porque siempre tendrá en la retina la muchedumbre ignorante y sedienta de rabia que lo va a juzgar por quien es, que prefiere que viva una mentira por respeto a las ‘buenas costumbres’ a ocultar su esencia; si no lo es, va a crecer aprendiendo a odiar, a discriminar, a pensar que la violencia es el único camino, que la rabia es el único lenguaje y que ‘eliminar’ a quien no es igual es lo correcto.

Pobre Colombia, prefiere la muerte sobre la vida, el odio sobre el amor, la religión impuesta sobre la libertad, la violencia sobre la paz y por eso le va como le va... Pobre Colombia tan corto su amor y tan largo su olvido a saberse diversa y feliz





martes, 16 de abril de 2019

Todos somos el villano en alguna historia de amor

Hace poco me topé en televisión y terminé viendo de nuevo la película 500 days of Summer (0 500 días con ella, como se le conoció por estas latitudes),  que por si alguien no conoce resumiré: La película  narra la historia de Tom quien se enamora de su compañera de trabajo Summer, establecen una relación de amigos con derechos (o follamigos como dirían los españoles con la sutileza que les caracteriza) ella se aburre, lo deja y acompañamos a Tom por el tortuoso camino del desamor hasta que al final sale adelante.

Es curioso, uno por lo general ve este tipo de películas, esta y la de Eterno resplandor de una mente sin recuerdos de Jim Carrey y Kate Winslet cuando está en plena tusa (bueno y no solo eso, oye hasta el cansancio a Enrique Bunbury, se embriaga hasta que no puede más y la palabra favorita es ‘si’: “que hubiera pasado si hubiera hecho esto o aquello”) y es normal. En esos momentos nos gusta retorcernos en el dolor y la miseria, nos sentimos los más infelices sobre la tierra y queremos gritarle al mundo nuestro dolor y el de ese –o esa- miserable que tanto nos ha lastimado.  Cuando ves la película en ese estado culpas a Summer, esa perra, del sufrimiento del pobre Tom, porque te ves reflejado en él, pero cuando la repites con la cabeza –el corazón- frío la percepción cambia totalmente.

Porque no. Summer no es la villana de esa historia. Desde el principio fue clara con Tom y le dijo que no quería una relación seria; pero Tom tampoco es el villano, nadie puede controlar de quién se enamora así jure que no lo vaya a hacer. Y sí, ambos cometen errores, él la idealiza y se le exige lo que ella nunca le prometió, y ella sabiendo que él no la ha superado lo invita a una fiesta donde le restriega que está comprometida con otro. Pero son cosas inevitables que pasan en el amor y en la vida.

Y lo digo con conocimiento de causa. He estado en ambas posiciones. He amado un par de veces en la vida, de manera ciega e ingenua, entregándolo todo, ignorando consejos y dejándome llevar por una palabra, una mirada; pero también he estado en la otra orilla, he rechazado el amor puro que me han ofrecido y algunas veces me he quedado por un cuerpo, una promesa, he intentado no lastimar pero al final ha sido inevitable, de hecho creo que lastimamos de maneras más crueles y duras cuando no queremos hacerlo.

Porque siempre somos el villano en la historia de  amor de alguien, porque  a pesar del tiempo compartido, los buenos momentos, el no querer hacer daño, siempre habrá alguien que nos recordará con el desprecio de la ruptura final. Y siempre ese cuerpo que amamos y poseímos se convertirá en un territorio hostil y los ojos que algunas veces depositaron en nosotros las esperanzas de un futuro compartido se apagarán para nosotros de manera inexorable.

Pero es normal. El amor no se puede exigir ni  mendigar. Simplemente fluye, libre, desinteresado. Siempre cambiante, a veces se acaba, otras muta y se transforma en algo más. El tiempo te enseña que no hay héroes y villanos cuando se ama, solamente seres humanos que ven un brillo especial que nadie más ve en otro y van vulnerables a ofrecer su alma. A veces es correspondido y todo es felicidad, otras no y cada lluvia es como las lágrimas de un corazón herido.

Y sin embargo, al final, porque siempre hay un final, quedan los recuerdos por los buenos momentos, una frase cómplice, un beso o una canción; incluso en las relaciones más desafortunadas hay enseñanzas de vida, cicatrices que como tatuajes de un guerrero nos recuerdan que no todas las personas son bondadosas y hay que escoger muy bien en quien confiar.

En la vida he conocido muchos tipos de amor y desamor. A algunas personas nos cuesta mucho establecer este tipo de relaciones, yo por ejemplo llevo siete años desde mi último noviazgo y a veces dudo de si sea capaz de volver a hacerlo. Pero también conozco gente enamorada del amor, que lo busca cada fin de semana, cada día, de manera desesperada; hay otros que lo buscan en la carnalidad sensual de otros cuerpos y hay quienes incluso renuncian a una pareja y  lo han encontrado en su dios.  Los hay quienes encuentran esa persona capaz de soportar sus luces y sus sombras, en la tranquilidad de una complicidad de pareja y hay quienes redescubren ese brillo especial en otra persona sin importar su sexo cada cierto tiempo….al final es el amor lo que nos hace verdaderamente humanos y libres.

Ah, el amor y sus oscuros y vedados misterios….




lunes, 8 de abril de 2019

El día en el que casi ayudo a morir a mamá


Hay un plano fijo en el que se ve una pareja. Él habla y dice lo que le va a hacer a  su esposa,  tiene una voz firme y serena; ella está recostada en un sillón rojo y tiene la mirada perdida (y cuántas veces yo mismo no vi esa misma mirada a pesar de no conocer a esta mujer) y su voz es solo un hilo débil  que se desgarra  en monosílabos. Él se llama Ángel Hernández, ella María José Carrasco. Ella sufría de esclerosis múltiple desde hacía treinta años, él la ayudo a morir, suministrándole una bebida que la ayudó a descansar de su cárcel de carne y huesos.

El caso ocurrió la semana pasada en España y, en esta aldea global que nos ha convertido este mundo tecnológico, tuve la oportunidad de ver el video y los ojos cansados y tristes de María José Carrasco se quedaron incrustados un largo momento en mi alma, como una especie de fotografía transportándome a una calurosa mañana de diciembre de 2016.

En ese momento el cáncer prácticamente había devorado a mi mamá. De la mujer sabia y alegre quedaban pocos retazos y  cada vez más el malhumor y el dolor se apoderaban de ella. Eso sin contar con lo que quedaba de su cuerpo, era un eco de sí misma, y aun así, a pesar de todo, siempre tuvo amor que darnos y fortaleza que enseñarnos hasta el final. Muchas mañanas le daba una vuelta por la unidad residencial donde vivía, como ya no tenía fuerzas para caminar yo la llevaba en silla de ruedas, siempre despacio porque hasta el más ligero cambio de superficie le ocasionaba dolor.

Durante nuestros paseos hablábamos, a veces de la vida, a veces de cosas más cotidianas, como el paisaje, el calor, lo que pasaba en la familia. Un día hice acopió de las fuerzas que tenía y le dije que si ella deseaba morir yo podía encargarme de todo y asumir las consecuencias. Era un tema que me estaba rondando por la cabeza durante varios días y que no tuve el valor de preguntar hasta ese día.

Mi mamá es quizá, y con el perdón de mi papá, el ser humano que más haya amado en mi vida. Ver el deterioro de la persona que más quieres no es fácil, no importa que tanto lo hayas visto en televisión, cuántos libros o relatos hayas conocido nunca estás preparado para ello. Ver a tu mamá prácticamente con la piel pegada al cuerpo, con dolores recurrentes,  sin ser capaz de comer nada porque todo le repugnaba, ni siquiera de ser capaz de leer sus libros favoritos porque su olor la mareaba, de vomitar prácticamente a diario y no tener fuerzas ni siquiera para caminar te puede partir el corazón de dolor. Lo peor es que no había ninguna salida: Mi hermana, ella y yo nos aferrábamos con la fe de un náufrago a un lejano tratamiento en la mítica Clínica Mayo a pesar que era una quimera, como después se demostró.

No sabía cuánto iba a demorarse todo en acabarse y a pesar de que la eutanasia en Colombia existe recordé el caso del padre del caricaturista ‘Matador’, el  cual tuvo que luchar durante bastante tiempo para que su padre tuviera una muerte digna. Yo no estaba dispuesto a esperar tanto, me dolía, me destrozaba, verla así e hice lo más sensato: Le pregunté a ella que quería.

Le dije que estaba bien lo que decidiera. Que no pensará en mi hermana, en mí o en las leyes de su dios que tan sordo se había mostrado a sus súplicas, que pensara que era verdaderamente lo que quería. Me pidió que nos detuviéramos, no lo pensó mucho y me dijo: ‘Quiero luchar. Hasta el final”. No volví a hablar del tema y ella luchó con toda su alma hasta el final cuando su débil cuerpo no aguanto más y su espíritu maravilloso por fin descansó.

Ella me dijo que no pero también me pudo decir que sí. Y si lo hubiera hecho no me habría temblado el pulso para hacerlo. Más allá de las leyes de los dioses o lo hombres y sus consecuencias lo habría hecho y con el más grande amor hacia ella.

Mucho se habla de la eutanasia y sus más enconados detractores siempre sacan la tarjeta de la religión en contra ¿Qué saben ellos? ¿Con qué huevos son capaces de decir que la única persona capaz de decir quién se muere y cuándo se muere es su dios? ¿Con qué derecho son capaces de hablar de ese tema si no han visto esa persona que aman vuelta mierda, llena de dolor y siendo testigo de cómo la vida se va apagando cada día más? ¿Son tan canallas de creer que si una persona ayuda a morir a otra lo hace lleno de alegría o por cobardía?  No hay acto de amor más grande que el de ayudar a descansar a quien no quiere continuar pero no tiene la fuerza para acabar por sí mismo con su vida. Pienso en si mamá me hubiera dicho que sí, habría sido lo más doloroso en mi vida, pero no me arrepentiría.

En el caso de Ángel y María José hay otro video. Ella ya acostada en la cama, él con el veneno disuelto en un vaso con agua. Son un matrimonio de más de treinta años, pienso en todo lo que hubo en esa pareja, pienso que si mamá hubiera dicho que sí yo podría haber sido Ángel y puedo ver en las palabras que él va diciendo todo el amor que siente por su esposa, amor que mucha gente no podrá entender jamás, le suministra el líquido y después le dice "A ver, dame la mano que quiero notar la ausencia definitiva de tu sufrimiento. Tranquila, ahora te dormirás enseguida".









lunes, 1 de abril de 2019

Lo que pasa cuando escribo.


Mi sonido favorito es el que estoy ocasionando en este momento: El movimiento de mis dedos cayendo con fuerza (porque odio la sutileza al crear mi propia pequeña sinfonía) sobre el teclado y que suena de manea similar al de la lluvia que golpea con furia la ventana. La semejanza va incluso más allá del sonido. Escribir como la lluvia que se desborda es dejarlo todo en pequeñas gotas de tinta que se van plasmando en el papel dejando un rastro negro y pegajoso del alma de quien lo hace.

Para mí escribir es lo más feliz que puedo hacer pero al mismo tiempo es jodidamente doloroso y difícil. Alguien dijo por ahí, creo que fue Bukowski, que hay que encontrar aquello que nos apasiona y dejar que nos mate. En mi caso escribir me deja completamente exhausto, me gustaría decirles la razón pero se escapa de mi mente, es la misma por la que empiezo a escribir sin parar, como si la inspiración me fuera dictado por algo más, alguien más, al oído y no tuviera otro remedio que obedecerle y teclear como una especie de zombie sin saber si cuando termine haya alguna recompensa, algún final.

Pienso un poco en la persona que soy cuando escribo y cuando no lo hago. Mis conocidos podrán decir que soy, a grandes rasgos, un buen tipo. Uno que no se destaca por nada en particular pero que  tampoco es un marginado. Simplemente uno que encaja como tantos, como miles. Dirán que mi sentido del humor es un poco bobo y no lo discutiré, es mi manera de encajar en la sociedad, es una especie de máscara que no me molesto en llevar, porque al final todos de una u otra manera siempre portamos una.

Pero cuando escribo soy otra persona, completamente diferente. Es curioso, pero es difícil de expresarlo con palabras. Es como si mi ser más salvaje, más oscuro y real tomara posesión de mí, como si todos los filtros que constantemente estoy aplicando en la vida cotidiana desaparecieran, es como si no pudiera controlar lo que escribo pero tampoco me importa tanto, es como si estuviera desnudo, más allá de despojarme de la ropa o no.

Hay algo más que pasa cuando escribo: Me transporto a diferentes lugares como si se tratara de algo de ciencia ficción o un episodio de la dimensión desconocida. Escribo, pero ahora tengo veintidós años y estoy escribiendo el primer cuento que hice, Pasión y muerte en la plaza de Marbella, dedicado a mi hermanita; ahora estoy  con mis veintinueve en un diminuto cuarto de pensión donde tuve que parar en un mal momento de mi vida y donde mi único escape eran las letras; ahora estoy fumándome un cigarrillo pensando en las palabras de amor que le escribiré a la mujer de la que estuve enamorado cuatro años y con quien nunca pasará nada más allá de una amistad, ahora soy un niño que lee y lee y espera ser un gran escritor algún día; y ahora estoy yo, el resultado de todos estos recuerdos reunidos tecleando y tecleando sin parar.

Hay algo hermoso en escribir y publicar –ya sea un libro, un post de Facebook o un blog- . De una manera u otra pensamos que nuestras letras, nuestra alma puede llegar incluso a gente que no conocemos. Que tenemos el poder de tocar su mente, su corazón  con nuestros pensamientos y quizá sí o  quizá no, pero exponemos nuestra ser en ello. Seré un poco menos correcto políticamente que el resto y diré que escribo porque siento placer (a la vez que dolor y agotamiento) al hacerlo y lo haría así nadie lo leyera (pero shhht…es un secreto) pero me hace infinitamente feliz saber que por lo menos hay una persona que me lea. A ti, mi lector, gracias por hacerlo.