miércoles, 30 de diciembre de 2015

De lo que me dejó el 2015

Los dos años que acaban de pasar son quizá los más difíciles que me han tocado vivir hasta ahora. En estos 24 meses he perdido tanto de manera física como simbólica mucha  gente que amé y cuya partida me dejó al borde del abismo, también me pasó lo mismo con algunas creencias que tenía y hasta con las cosas físicas, vaya, incluso hasta un ladrón se metió a mi apartamento y me robó el portátil mientras dormía para demostrarme que no hay que dar nada en la vida por sentado.

He pensado profundamente en el significado de todo esto. Siempre he creído en el destino, así seamos nosotros mismos quienes  lo construyamos, y estoy convencido que las cosas pasan por algún motivo. Creo que lo que la vida intenta enseñarme de manera desesperada una y otra vez es que debo aprender a desapegarme de personas, posesiones físicas e ideales.

Nunca he creído mucho en las filosofías orientales que predican esta doctrina. Opino que lo que nos hace humanos son los apegos, el aprovechar los placeres simples, un monje tibetano nunca va a disfrutar de un buen vino, un abrazo, un suculento trozo de carne o un buen polvo porque para ellos esto es simplemente el tránsito hacia el nirvana o la reencarnación. Por el contrario, yo creo que son los momentos que experimentamos aquí y ahora, un beso, un abrazo, contemplar un cielo estrellado o un amanecer con quien nos enloquece los que hacen que la vida valga la pena.

Sin embargo es posible que me haya ido al otro extremo y haya confiado demasiado en personas, objetos e ideas que a la larga no valían tanto la pena. Olvidé por un momento que la vida no es otra cosa que una sucesión de saludos y despedidas continúas e ininterrumpidas hasta nuestra muerte. Las personas entran y salen de nuestra existencia como en una obra de teatro a veces de manera tan efímera que nos sorprende lo breve de su presencia pero el rol tan importante que desempeñaron en ella.

Este año aprendí a desconfiar de las palabras. Las escritas sólo sirven para llenar un papel en blanco y las que son dichas se las lleva el viento. Son nuestras acciones las que nos definen. Son las personas que más nos dicen que nos aman y que somos importantes para ellas, las primeras que nos lastiman y rompen con la sevicia de un verdugo. Muchos cacarean que se quedarán a nuestro lado pero al final se terminan yendo en medio de excusas tibias.

Pero, para nuestra fortuna, estarán los de siempre. Los que no se vanaglorian tanto, los que hablan con las acciones y quienes nunca nos abandonarían, ni siquiera cuando el viento esté en nuestra contra y hayamos descendido hasta los infiernos. Son esas personas, ese puñado, quienes valen la pena y quienes nos empujan a seguir luchando día tras día.

 A quienes se fueron, a quienes me traicionaron y me hirieron con rabia con odio o con las mejores intenciones, en cierto sentido les agradezco. Las lecciones de vida que me han enseñado no serán olvidad y no está acabado quien lucha una y otra vez. Siempre me he considerado como el toro, que embiste con gallardía, fiereza y nobleza una y otra vez hasta lograr su cometido o ser derrotado en el combate y no será diferente con la vida misma donde dejaré la sangre en el ruedo y triunfaré o fracasaré pero creo que ya se está acabando el tiempo para las medias tintas.

Para las personas que han seguido a mi lado a pesar de las adversidades. No hay necesidad de nombrarlas porque ellas saben quiénes son…para ustedes mis queridos amigos, amigas y familiares, mi gratitud eterna e infinita, gracias por acompañarme en la senda y espero ser de tanto apoyo para ustedes como lo son conmigo. Mi alma les pertenece.


Les deseo el mejor 2016 para todos. 




3 comentarios:

  1. tampoco soy de supercherías orientales u occidentales, sin embargo tengo muy claro que la mejor filosofía es la de la vida, esa que nos enseña que las cosas deben nacer y morir: La amistad, "el amor", la felicidad, la tristeza...

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    1. Brindo por eso, Don Christian. Feliz año.

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  2. No soy muy amigo de ninguna teoría, pues la realidad siempre acaba imponiendo su criterio, es cuestión de vivir acorde con nuestra manera de ser, fastidiando lo menos posible al prójimo.
    Feliz Año Nuevo!!!

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