miércoles, 13 de enero de 2016

Las mecánicas del amor

La cuestión va así: Buscamos a una persona con quien compartir lo que somos, momentos, lugares, la creación de recuerdos que nos llenarán de felicidad en el presente y que miraremos en el pasado con nostalgia, buscamos imbuirnos en su  mundo y así no lo pretendamos, apropiarnos de ella, de sus pensamientos, su cuerpo, su alma.

Siempre he pensado que es demasiado profundo, quizá demasiado ambicioso y creemos que ocurrirá de manera fortuita o que está a la vuelta de la esquina. ¿Qué nos garantiza que esa persona con la que pueda haber ese tipo de complemento está tan cercana? ¿Qué tal si él o ella nacieron en un país o en un continente lejano al que nunca iremos? ¿Si tiene veinte o treinta o cuarenta años más o menos que nosotros? ¿Si tiene una enfermedad terminal o fue abortada? ¿o si sencillamente nunca la conoceremos? Quizá la persona a la que decidimos querer nunca fue la indicada pero era quien estaba más cerca de nosotros, es posible que la mayoría de las parejas se unan más por el miedo de estar solas que por una verdadera conexión espiritual y física.

Estar enamorados no es otra cosa que ir con el corazón desnudo y desarmado al encuentro de otra persona, otro universo con sus preocupaciones, demonios y alegrías y donde vamos a tientas sin tener ninguna certeza.

Al apresurarnos al encuentro se corren riesgos, claro está. Por un lado es posible que esa persona que nos deslumbró en un inicio no sea lo que esperamos y no seamos capaces de corresponderle con la misma ternura, la misma inocencia con la que ella nos ofrece su alma; o por el contrario seamos nosotros quienes ponemos toda la carne en el asador por una persona a la que no le importamos, que nos arranca el corazón y lo pisotea para dejarlo los pedazos sanguinolentos desperdigados en el asfalto.

Lastimar y ser lastimados quizá esa es la respuesta a las relaciones que intentamos entablar porque incluso aquellas que en un principio se ven exitosas se van desgastando poco a poco, cayendo ante el peso de la rutina o las tentaciones o simplemente porque a veces es demasiado difícil lidiar con otra persona, vaya si a veces es verdaderamente complicado hacerlo con nosotros mismos imagínense con otra persona que nos mira esperando quién sabe qué de nosotros.

Y aun así lo seguimos intentando una y otra vez con la fe ciega de un fanático religioso. Durante esos primeros días del deslumbramiento romántico pensamos que sí, que esta vez será todo diferente, que esta persona vale la pena y seremos tan felices como los protagonistas al final de una novela y caemos nuevamente sabiendo que la decepción se esconde a la vuelta de la esquina, esperando días, meses, quizás años para aparecer.

 Todo esto hace parte de la naturaleza humana. Está dentro de nosotros ser cariñosos, incluso dentro de las personas más frías y hoscas quienes lo son a su manera, somos incapaces de resistirnos a esas primeras miradas clandestinas donde sentimos hacer clic con ese desconocido que nos ha cautivado, ese primer beso dado con miedo y desconfianza de no saber si será o no rechazado, la primera vez que se tiene sexo o ese ‘te amo’ que hace el universo tan especial.


Creo, a  pesar de todo lo que he dicho anteriormente, que a pesar de contentarnos con lo que tenemos más cercano, de ser víctimas y verdugos con personas que nos han amado y hemos amado, de los problemas, la rutina y de que al final de una u otra forma todo terminará –ya sea porque esa persona o nosotros mismos decidimos marcharnos o porque alguno de los dos muere- enamorarse, sentir que a uno le gusta alguien tiene un encanto maravilloso y eso es lo que nos hace humanos… siempre fluir entre los extremos del Eros y el Tánatos una y otra vez hasta la muerte.

8 comentarios:

  1. Algo deprimente el texto, aunque el final da un rayo de esperanza. No estoy de acuerdo en algunas cosas, pero está bueno.

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  2. Me parece interesante, pero a la vez siento que es una postura desde la noción romántica del amor, también idílica.... Me gusta pensar el amor desde una postura conocida como "amor confluente" ... Es necesario entender que hay muchas formas de amor en pareja... Al menos para mí la premisa y pretensión debería ser la de compartir con respeto y sinceridad, es decir no daño al otro.

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  3. El amor, es tal vez uno de los más grandes mitos de la humanidad. Tanto como la felicidad, sentimientos ambiguos y subjetivos que nos pasamos la vida buscándolos, casi siempre con una idea errada de lo que son. El amor, esa idea romántica del complemento, de la razón para soñar, para que el corazón quiera salirse del pecho. El amor idealizado, el amor que nos hace sufrir por creerlo más de lo que puede ser. El amor tormentoso que nos monta en montañas rusas de dolor y extasis que tal vez, ni el cuerpo más fuerte, sea capaz de soportar. Todo esto para darnos cuenta al final, que al igual que la felicidad, el amor es más simple de lo que parece.

    Espero que encuentres ese amor simple y cotidiano, ese amor que hace que el corazón lata constantemente, ni muy rápido ni muy despacio, tranquilo.

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    1. No estoy de acuerdo con lo que dices. Si vas a estar con una persona que simplemente haga que tu corazón lata "de manera constante", es mejor no estar con nadie. Creo que aunque si hay que encontrar esa persona que nos de paz y tranquilidad no podemos compartirnos con alguien que no nos lo inspire todo.

      Creo que soy más de esta frase de Cortázar ( uno de mis autores favoritos):

      "Lo que mucha gente llama amar consiste en elegir una mujer y casarse con ella. La eligen, te lo juro, los he visto. Como si se pudiera elegir en el amor, como si no fuera un rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio. Vos dirás que la eligen porque-la-aman, yo creo que es al vesre. A Beatriz no se la elige, a Julieta no se la elige. Vos no elegís la lluvia que te va a calar hasta los huesos cuando salís de un concierto"

      Aunque visto lo visto creo que lo mejor es no fíarse de mis palabras....

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