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sábado, 30 de diciembre de 2017

Mi top 10 de libros leídos en el 2017

Este año tuve el privilegio de leer 33 libros. Algunos buenos, otros excelentes y otros inolvidables (por fortuna ninguno malo, la vida es muy corta y hay millones por leer para malgastar el tiempo). Este es mi top diez de libros. ¿Cuáles fueron sus favoritos este año?



10. Kingdom come de Mark Waid y Alex Ross

Este comic publicado en 1996 se adelanta al pensamiento que ya hemos visto tratado en las películas de superhéroes actuales. ¿Quién vigila los vigilantes? ¿Quién puede mantener a raya a seres tan poderosos como los dioses?  Por primera vez vi un Superman atormentado con tendencias oscuras  y totalitaristas quien a pesar de ello no pierde su esencia. Los dibujos de Alex Ross son poesía pura. Una novela gráfica que no solo los seguidores de superhéroes sino todos deberían leer.





9. Hombres de armas de Terry Pratchett

Todos lo que conocen mis gustos lectores saben que Terry Pratchett es uno de mi autores favoritos no solo de fantasía, que es donde él está enmarcado sino de literatura como tal, es tal su manejo exquisito del lenguaje y la ironía. En esta nueva aventura vemos la conformación actual de la guardia de la noche de Ank-Morpork y la amenaza de una nueva arma que habría de cambiar la historia: El devolver.  Este libro  como toda la obra de Pratchett no solo es un trhiller sino una mirada aguda y ácida del mundo.






8. El bazar de los malos sueños de Stephen King

Debo confesar que a pesar de ser un seguidor del Maestro del Terror Stephen King me parece que sus mejores obras son las que escribió durante el  siglo XX, los últimos años a pesar de tener libros muy buenos (Duma Key, Doctor Sueño, 22/11/63) no deslumbra tanto  como lo hizo en el pasado, debo reconocer que este libro ha demostrado lo equivocado que estaba y que el mejor King sigue estando allí dispuesto a cerrar bocas.  Esta antología demuestra que el estadounidense  no solo domina el terror sino cualquier género que se proponga y lo hace de manera contundente como solo los buenos maestros lo saben hacer,





7. Dune de Frank Herbert

Es uno de los clásicos de la ciencia ficción de todos los tiempos y no hay duda de la razón. El inicio de la saga de Muadib donde hay gusanos de arena gigantes, pueblos nómadas y conspiraciones galácticas  es magnética.  Herbert construyo un gran universo en este libro  que sin duda ha influido en los libros posteriores de ciencia ficción en un libro, que aunque bien, puede ser conclusivo vas a querer leer el resto de libros como nomada del desierto en busca de agua.





6. El nombre del viento de Patrick Rothfuss

Todo lo que se ha dicho de esta novela de fantasía épica es cierto. Esta historia está al nivel de los grandes clásicos del género  del género. Había escuchado mucho hablar de la saga del Asesino de reyes pero lo que encontré en este libro de Patrick Rothfuss superó todas mis expectativas. La historia de Kvothe lo tiene todos: Hechiceros, bardos, dragones, asesinos, todo contado de una manera muy amena y adictiva A pesar de sus más de mil páginas la historia se pasa como un suspiro y nos deja ansiosos de más de Kvothe y compañía y eso ya es suficiente halago.



5. Las partículas elementales de Michel Houellebeq
Dos hermanos, dos maneras opuestas de ver la vida. Mientras. Michel es científico, asexual y desapasionado, Bruno es un adicto al sexo y a los placeres carnales .  El lanzamiento de este libro de Michel Houellebeqc en 1998 fue motivo de escándalo por su carga sexual explícita y si fue escándalo en Francia ya se imaginarán el resto del mundo. Del libro me quedo con su primera parte, donde explica la historia de los dos hermanos y las repercusiones de tener una  madre hippie y su crianza con cada una de sus familias (son medios hermanos) y si bien las otras partes son buenas, decae un poco en el ritmo. Donde el libro hubiera tenido la misma potencia del principio sin duda estaría mucho más arriba en este listado.

Del libro solo quedo con dos interrogantes: ¿Por qué el autor cree que los 40 años es el declive del ser humano? Pinta a sus protagonistas como si tuvieran 90 años. no es que  lo diga porque yo mismo esté más cerca de esa edad y me sienta como un lulo sino por genuina curiosidad y lo segundo….¿qué carajos estaba pensando Anagrama con esa portada? No tiene que ver ni con la historia, ni los protagonistas, ni con  la madre que los parió ni con nada, es un horror completo.




4. Cuentos imprescindibles de Chéjov

Nunca había tenido el placer de leer a Anton Chéjov a pesar de haber oído mucho de él. Leerlo es una experiencia única, sus cuentos que a simple vista son sencillos a más no poder esconden una sutileza y una belleza única. Cualquier cosa que pueda decir sobre este libro se queda corto ante la genialidad de este autor ruso. Lo mejor es que se sumerjan cuanto antes en sus maravillosos relatos.






3. Tiempo muerto de Margarita García Robayo
¿Qué pasa con el ‘amor después del amor’ como diría Fito? ¿Cuál es la realidad años después del ‘vivieron felices y comieron perdices’? Margarita García Robayo nos regala un gran libro que intenta responder de manera cruda y descarnada estas interrogantes. Pablo y Lucía son un par de inmigrantes que viven en Estados Unidos y tienen un par de hijos pequeños después de varios años de matrimonio. En apariencia lo tienen todo para ser felices pero esta maravillosa novela nos muestra que no hay verdades absolutas.

La novela no toma partido pero nos muestra de una manera brutal una relación de pareja al desnudo. Él, sin carácter, sumiso, infiel; ella, cruel, fría, ‘una malparida’ (en palabras de su cuñada) y de fondo los hijos, el amor que se acaba, la soledad que llega. Una novela maravillosa de una de las grandes revelaciones de la literatura colombiana actual que no pueden dejar de leer.



2. Cumbres borrascosas de Emily Brönte
Debo confesar que esperaba leer algo semejante a esas novelas de esa época  donde el único objetivo de la vida de sus protagonistas es casarse cuanto antes pero  la señorita Emily Brönte me ha callado la boca de manera categórica. Esta novela no habla de las bondades del amor sino todo lo contrario. La historia de Heathcliff, Katherine y Edgar Linton abarca el lado oscuro del amor: El orgullo, la soberbia y la venganza como motor de vida. Heathcliff no es un antihéroe, ni siquiera es un villano, es un pobre desgraciado consumido por el dolor y la amargura quien en sus ansias de venganza quiere destruir el mundo que le impidió ser feliz incluso si destruye la vida de quienes lo rodean en especial la suya. Esta novela es uno de los grandes clásicos de la literatura universal y con toda la razón, les garantizo que si comienzan a leerla no van a querer parar hasta terminar.


1. La perra de Pilar Quintana
Sin duda alguna el mejor libro que me leí este año. Pilar Quintana ha escrito un (pequeño) gran libro que estoy seguro que muy pronto  se convertirá en un clásico de la literatura colombiana. En esta historia seguimos la vida de Damaris, una mujer del Pacífico incapaz de tener hijos junto a su esposo Rogelio que adoptará a la perra que le da nombre al libro en quien depositará todos sus deseos y frustraciones…

 Es un libro duro y sin concesiones que no solamente habla de la maternidad, sino sobre la soledad, el amor, la muerte,  lo que es ser mujer en un entorno agreste porque el mar es otro de los protagonistas: Un dios terrible, cruel y asesino  que siempre está presente, Pilar estuvo viviendo varios años de su vida en este ambiente y se nota pues la narrativa es tan potente que las páginas nos sumergen en estos maravillosos y terribles parajes.   Es una novela cruel, sin misericordia por sus personajes, con un lenguaje hermoso dentro de su aparente sencillez y lo conciso de sus descripciones, pero al mismo tiempo magistralmente escrita y de una dulzura impresionante, como la vida misma.


Recomendada a ojo cerrado. El mejor regalo que pueden darse estas fechas es leerse este libro. De nada.

miércoles, 28 de octubre de 2015

Libros leídos (12)- Revival de Stephen King

Título original: Revival
Sello: Plaza y Janés
413 páginas



«Al menos en un sentido nuestras vidas son ciertamente como las
películas. El elenco principal se compone de la familia y los amigos.
Los actores son los vecinos, los compañeros de trabajo, los profesores y los conocidos.
[...]
»Pero a veces entra en nuestra vida una persona que no encaja en ninguna de estas categorías.
[...]
»Cuando pienso en Charles Jacobs -mi quinto en discordia, mi agente del cambio, mi maldición-, se me hace imposible creer que su presencia en mi vida tuvo que ver con el destino.»


Cuando el pequeño Jaime Morton ve una sombra que se alza misteriosa sobre sus soldados de juguete no se imagina que conocerá a un hombre, Pastor para más señas, que lo llevará por los caminos misteriosos y prohibidos de la electricidad y los límites de la vida y la muerte.

Revival es la nueva novela de Stephen King que ha sido publicada en español (en inglés lo más reciente es Finders Keepers, continuación  de Mr Mercedes) y que viene a ser desde Duma Key (para mí, su mejor novela de este siglo) su vuelta al terror en estado puro.

Y no nos engañemos, aunque las obras anteriores no estaban mal, King había dejado un poco el género que lo hizo tan famoso escribiendo sobre otras temáticas como ciencia ficción (22/11/63 y la Cúpula), novela policíaca (Mr Mercedes) y algunas con tinte sobrenatural a pesar de no explayarse con el terror (Dr Sleep y Joyland) y se le extrañaba de vuelta en el territorio en que es rey.

Desde la dedicatoria deja en claro sus intenciones: En ella agradece a escritores como HP Lovecraft, Mary Shelley, Bram Stoker y Peter Straub por ‘haber construido su casa’, y cuya influencia será notable en esta historia donde dioses oscuros,  resurrecciones, vida artificial y aquellas cosas que no deben ser nombradas están a la orden del día.

Sin embargo vale la pena aclarar algo. A diferencia de su hijo Joe Hill quien en su novela Nos4a2 lleva un ritmo frenético y salvaje  buscando  sorprender y asustar en cada página; King sabe manejar mejor los ritmos y es más pausado con su trama. Podríamos decir que ese es uno de los rasgos de las últimas novelas del Maestro, quien se preocupa más por construir un ambiente que por causar susto e inquietud constante en el lector.

Esto se ve reflejado en la historia. En ella seguimos la vida de Jamie Morton desde que tiene seis años hasta los cincuenta casi sesenta, y cómo su camino se cruza constantemente con Charles Jacobs (En un principio Pastor y luego…) con quien comparte sueños, obsesiones, adicciones y pérdidas hasta el frenético final donde sus sendas  se convertirán en una sola.

¿Y el terror? Está presente, sin duda alguna. Cada vez que este par se encuentran uno sabe que algo va a pasar, es una sensación incómoda que se instala en el lector y que va creciendo de a pocos hasta que lo inevitable ocurre. Lo horrible está maravillosamente presentado desde una tragedia terrible pero posible, hasta la osadía de querer transgredir los límites de lo humano.

Quienes son fieles lectores del Maestro saben que su gran talón de Aquiles son sus finales, a veces muy precipitados, otros insatisfactorios, pues bien, en esta novela, podemos ver uno de sus mejores finales (mi favorito sigue siendo el de Cementerio de animales pero este no anda demasiado alejado), donde la desesperanza y el terror son los invitados de honor de este festín.

Encontrarse con Stephen King es como esa cita anual que tenemos con una película de Woody Allen o encontrarse con ese viejo y querido amigo al que por cosas de la vida solo nos encontramos una vez al año. A veces, sus historias nos encantarán, otras no tanto, pero sin duda pasaremos un gran rato y nos preguntaremos dónde había estado metido el resto del tiempo.



No los escucho gritar lo suficientemente alto......

jueves, 9 de julio de 2015

Libros leídos 2015 (6) –No4a2 (Nosferatu) de Joe Hill

Título original: Nos4a2
Sello: Suma de letras
712 páginas

Sinopsis: Victoria McQueen tiene un don especial para encontrar cosas: una pulsera extraviada, una fotografía perdida, las respuestas a preguntas incontestables: con su bicicleta puede atravesar un mágico puente que, en cuestión de momentos, la lleva adonde necesita ir, ya sea al otro lado de Massachusetts o al otro lado del país.

Charles Talent Manx también tiene su propio don: sabe manejar a los niños. Los lleva a dar un paseo en su Rolls-Royce de 1938 con la matrícula NOS4A2 (Nosferatu). Con su viejo coche puede salir sin problemas del mundo cotidiano hacia las carreteras ocultas que los transportarán al asombroso -y terrorífico- paraíso de la diversión que él llama "Christmasland".

Y entonces llaga el día en que Vic sale en busca de problemas... y encuentra a Manx.


Comenzar esta reseña ignorando quién es Joe Hill es una tontería grandísima que no haremos acá. Para quienes no lo sepan, Joe es hijo de Stephen King, más conocido como el Rey del Terror, el maestro del terror del siglo XXI, quien con obras como IT, El resplandor o Cementerio de animales (mi favorita) se ha ganado a pulso dichos títulos….una vez aclarado esto cabe la pena preguntarse, ¿su hijo heredó su talento o simplemente publicó por ser hijo de quién es?

Digamos que en este caso hijo de tigre SÍ sale pintado y podríamos considerar a Joe Hill como uno de los buenos  escritores de terror  de este siglo que comienza al que habrá que seguirle la pista muy de cerca.

De igual manera podríamos decir que aunque tiene un estilo propio bebe mucho, muchísimo del de su padre y mucho de lo que pasa recuerda mucho la obra de King –padre- es así como el puente  y los lugares de la mente por los que va Victoria recuerdan mucho a los otros mundos de El Talismán y La Torre Oscura o como el villano de la función tienen tufillo a personajes como Pennywise de It o Kurt Barlow de Salems Lot.

Pero que esto no desanime la lectura de este libro, el hecho de que su escritura se parezca a la de su padre no es, para nada, malo, ya que al igual que su progenitor sus historias son tremendamente adictivas, el terror se percibe en ciertos aspectos y ha logrado crear un nuevo lugar de pesadillas, Christmasland, que servirá de referente para nuevos sitios de terror.

Hablemos ahora de la obra, como decía en la sinopsis la trama nos habla de Victoria McQueen quien tiene el poder de viajar a lugares donde encuentre respuesta a sus dudas, mientras que Charlie Manx Tercero (y carajo, que buen nombre para un villano es este, tiene una musicalidad bárbara) usa el mismo don para llevar a los niños en su coche de marcas Nos4a2 a un lugar del que no volverán.

Hill sabe cómo plasmar con maestría a sus personajes: Manx es completamente (y aterradoramente) encantador, revestido con un carisma demoníaco que hace de su presencia un deleite para el lector, Bing Patridge, su esbirro, es el típico loco capaz de dar la vida por su amo pero también dentro de su locura infantil tiene un magnetismo interesante; mientras que por el lado de la protagonista Victoria MCQueen, el lector puede llegar a sentir cierto desagrado porque es, como dirían los españoles, una capulla, una mujer insoportable a quien no le importa lastimar a sus seres queridos porque sí, pero creo que era la intención del autor mostrarnos el deterioro de ella debido al don que posee y que es igualmente capaz de acabar con ella (un poco lo que hizo King padre con Danny Torrance.

Christmasland, el lugar de ensueño en donde Charlie Manx  Tercero, lleva a todos sus niños también se convierte en un personaje principal de este relato, el escritor ha creado un ambiente tan asfixiante y tan real que después de leer las navidades no verán la navidad con los mismos ojos.

Algo más, podría decirse que Joe Hill es una especie de Stephen King recargado y desatado, porque mientras el papá con los años se ha mostrado más contenido y ha evitado matar a sus personajes sin necesidad, el joven Joe se encuentra en el estado más salvaje y alborotado en donde elimina más secundarios que el Cid matando moros en España….

Con este excelente libro no cabe duda que Joe Hill se ha ganado a pulso el título de El príncipe del terror….veamos si logra retener la corona con sus nuevas obras que estaremos esperando con más ansiedad que Charlie Manx Tercero queriendo volver a Christmasland en su Nos4a2 repleto de niños…..



martes, 24 de junio de 2014

Empezar de nuevo


 Desde que terminé mi novela no he podido escribir de nuevo. Es decir, he hecho un par de artículos para El Gato, el periódico humorístico donde colaboro con alguna frecuencia, y he escrito uno que otro relato breve –tal vez uno o dos, no más- pero no he sido capaz de ponerme de ponerme activo con toda la seriedad del caso en una nueva historia que absorba todas mis fuerzas y me haga escribir como endemoniado.

Me pregunto si para el resto de los escritores es algo normal: Stephen King escribe anualmente una novela o dos pero también conozco casos de novelistas quienes solo tienen una obra durante toda su vida o algunos que dejan pasar meses e incluso años para finalizar, o por lo menos empezar una nueva obra.

Debo confesar que ese escenario me aterra. Me refiero a haber escrito todo lo que tenía que decir, plasmado todos mis fantasmas en unas pocas páginas y no tener la habilidad de sumergirme de nuevo en otra historia. Es cierto que he tenido varias ideas que han rondado mi cabeza por días e incluso semanas. Llegan de manera silenciosa y de un momento a otro me encuentro fantaseando con ellas, soñando despierto con las posibilidades que tendrían si decidiera trabajar en ellas, estoy convencido que podrían tener una  buena posibilidad, pero llegado el momento apropiado, el de la hoja en blanco, no he podido concretarlas, es como si un ‘algo’ agarrotara mi manos y mis ideas e impidiera que me pusiera manos en la obra con ella. Naturalmente esas ideas mueren antes de nacer y abandonan mi cabeza con la misma rapidez con que llegan.

Rabia, mi novela, es un texto bastante pesado, tiene demasiadas cosas oscuras, muchas escenas donde el sexo es usado como una herramienta para olvidar o castigar, otras que tienen demasiada violencia, Ultraviolencia como diría Alex de Large de La naranja mecánica. Es cierto que necesitaba escribirla, que en cierto sentido me sirvió como catarsis para una época muy importante de mi vida que se ha extinguido para siempre y que una parte de mí se divirtió mucho escribiéndola, en especial las partes más decadentes y terribles, pero debo reconocer que escribirla y releeerla una y otra vez me ha dejado agotado, un poco exhausto como si hubiera vaciado gran parte de mis sesos en las páginas diligenciadas.

Cuenta Stephen King que después del accidente que casi le costó la vida, no era capaz de escribir. Dedicaba toda su energía a recuperarse y no fue sino hasta que su esposa Tabitha prácticamente lo empujara hasta su despacho y obligara a retomar su trabajo que redescubrió el placer que sentía en tejer historias. Al principio salían relatos flojos, páginas aún peores, pero conforme pasaba el tiempo y escribía con mayor frecuencia sentía retomar ese ritmo que lo hacía sentir bien consigo mismo.

En estos momentos, tengo una historia que empecé hace un par de años rondándome una y otra vez la cabeza, tengo un buen presentimiento sobre ella, además me ayudaría a cambiar el registro y aventurarme en algo menos duro, sé que debo retomarla, pocas cosas se comparan a la emoción de estar escribiendo en la madrugada de manera frenética, con los muertos y las musas susurrándote a los oídos mientras la ciudad duerme. Debo empezar, se requiere disciplina y orden pero sé que una vez lo haga me embarcaré irremediablemente en una nueva aventura. Sólo debo iniciar y las palabras irán llegando. Una a una.





miércoles, 14 de marzo de 2012

Libros leídos 2012: (4) Insomnia de Stephen King y (5) El Club de la pelea de Chuck Palahniuk






(4)  Insomnia
Editorial De Bolsillo
890 páginas

El recientemente viudo  de setenta años, Ralph Roberts, empezará no sólo a sufrir de insomnia sino a experimentar extraños sucesos como la visión del aura de las personas que están a su alrededor y  la presencia de seres sobrenaturales  que deambulan por un pueblo de los Estados Unidos sin que nadie más  los vea. ¿Estará  Ralph enloqueciendo o por el contrario ha adquirido un don que servirá para ayudar a sus seres queridos?



Stephen King se ha especializado en dividir sus relatos en dos corrientes: Están los relatos corales que por lo general son la descripción de un pueblo  o un universo y los extraños sucesos que allí suceden, por lo general este tipo de historias tienen varios puntos de vista y se ha reflejado en relatos como Apocalipsis, La Tienda y la Cúpula. También existen otro tipo de historias más íntimas  centradas  en una sola persona  y lo que le ocurre, en este grupo podemos incluir historias como Duma Key, El resplandor y la Zona Muerta.

Personalmente prefiero el segundo tipo de relatos quizá porque el autor puede centrarse con mayor profundidad en una sola personaje y darle una mayor complejidad. Afortunadamente Insomnia pertenece  a este grupo.

En la historia vemos la facilidad que tiene King para sumergirnos en una historia cotidiana que pefectamente podría pasarle a su abuelo o al viejo de la esquina pero que poco a poco va convirtiéndose en un relato sobrenatural –y créanme que este libro tiene situaciones bastante inverosímiles que en manos de un autor equivocado podría convertirse en una tontería de dimensiones épicas- hasta desembocar en uno de los mejores finales de King: Hermoso y sobrecogedor.

El personaje principal, Ralph Roberts gana de inmediato la simpatía del lector, al igual que lo hacen los secundarios, aunque puede decir que en esta ocasión King no ha marcado un villano memorable como lo puede ser Leeland Gaunt de ‘La Tienda’, Pennywise de It o Randall Flagg de Apocalipsis, lo cual se compensa con una trama adictiva.

Cabe anotar que una parte del relato se hacen numerosos guiños a su saga La Torre Oscura que serán captados por sus lectores constantes pero lo cual no consiste en ningún impedimento o dificultad para quien se acerque por primera vez a la obra de King. Con esto el norteamericano hace lo mismo que Dickens o Balzac en sus obras en donde varios personajes aparecen –así sea de manera fugaz- en diferentes novelas.

Personajes carismáticos, una trama envolvente y adictiva y una historia con tintes sobrenaturales made in King  esperan por nuevos lectores, eso  si son capaces de combatir la insomnia.





(5) El club de pelea

240 páginas


Un anodino y gris vendedor de seguros sufre de insomnio el cual cura asistiendo a reuniones con enfermos terminales con los cuales puede llorar y desahogarse consiguiendo el anhelado sueño. Sin embargo,  conoce a dos personas alterarán su mundo perfecto: Marla Singer, una misteriosa mujer que podría desenmascararlo y Tyler Durden, un anarquista extremo junto a quien fundara ‘El Club de la pelea’ o el arte de encontrar la paz cogiendo, literalmente, la vida a golpes.

La prosa agresiva, irónica y descarnada de Chuck Palahniuk lo ha convertido en una figura representativa de las letras norteamericanas de las últimas décadas. Sus libros, son un canto agresivo contra el sueño americano, el consumismo y la deshumanización, pero ¿es tan buena su narrativa? ¿la crudeza de sus relatos son brillantes o sólo pretende escandalizar  porque sí?

‘El club de la pelea’ es la primera novela de Palahniuk quien la escribió mientras trabajaba como chofer de camiones en Portland.  En ella el autor no tiene misericordia con sus personajes y los retrata como seres infelices quienes a pesar de vivir el sueño americano están constantemente en la búsqueda de una felicidad que les  es esquiva.

El personaje de Tyler Durden es sencillamente fascinante. Un antihéroe moderno, un hijo de puta capaz de conseguir todo lo que desea, a través de él, nuestro protagonista irá conociendo, liberándose de las ataduras de un mundo que le perturba, le molesta pero sin embargo no es capaz de abandonar por voluntad propia.

El club de la pelea es la respuesta a un mundo moderno que se olvidó de las personas. Por medio de puños, patadas, cabezazos y sangre sus participantes podrán sentir que pertenecen a un lugar, que son algo más allá que números o cifras.

La segunda parte de la obra se regodea en la violencia y la lucha contra las corporaciones y el status quo y es acá donde se ve la habilidad del escritor quien convierte el anarquismo en arte.

La narrativa es sencilla. Palahniuk usa un lenguaje sencillo, directo, crudo, no se calla ninguna palabra con respecto a sexo o violencia y eso en tiempos de una falsa corrección política es de agradecer. No sólo eso, su relato exuda un humor negro exquisito, en donde una carcajada puede ser originada por una situación incómoda.




                                                 Una de mis escenas favoritas de la película


Punto aparte merece la película de 1999 dirigida por David Fincher: Es jodidamente perfecta. Uno no puede imaginarse a otro Tyler Durden que a Brad Pitt o a otros actores que nos sean Edward Norton o Helena Bonham Carter desempeñando los diferentes roles. La cinta es  una joya  que en su tiempo pasó desapercibida pero que hoy por hoy y con justa razón es película de culto. Es tan buena la película que personalmente prefiero el final de ésta que la del libro….

Conclusión: Es una historia que debe ver sí o sí…el libro es fascinante y tiene muchísima fuerza, pero si te da pereza leer o no lo encuentras ¿qué esperas para ver la película? Y no se aceptan excusas.

viernes, 16 de diciembre de 2011

Domingo en la mañana

Si me conocen -o por lo menos han leído lo que acá publico- sabrán que soy seguidor del maestro del terror, Stephen King y me gustan muchos sus libros y su manera de escribir. Pues bien, desde hace un par de años pertenezco al mejor foro sobre este autor y su obra, el sitio es http://www.ka-tet-corp.com y es recomendadísimo para quienes quieran sumergirse en el reinado de miedo de este escritor.

En el foro no sólo he compartido  noticias y opiniones sino que también he hecho grandes amistades con excelentes personas, muchos de ellos escritores excepcionales. Hace poco se realizó un concurso de relatos y obtuve el tercer puesto con el relato 'Domingo en la mañana, el cual comparto con ustedes y espero les guste y desde luego, comentarios y críticas para mejorar.

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Domingo en la mañana

A pesar de lo que temía, no llovió en la madrugada. La aurora llegó limpia, diáfana; el amanecer con sus colores pastel apareció con inusitado brillo. Ocurrió mientras ordeñaba las vacas en el corral, previamente había recogido la mierda de los caballos y había ido al gallinero a alimentar las aves y ver cómo estaban.

Carlos sólo interrumpió la rutina en ese momento. Había salido a campo abierto y observado extasiado mientras la gigantesca bola de helio se elevaba. Le gustaba contemplar el momento en el que el cielo cambiaba de color siendo testigo de ese espectáculo mágico. En el colegio le habían puesto a leer ‘El Principito’ y se había sentido identificado con el protagonista en su admiración por el sol, pero él prefería los amaneceres al ocaso. Si fuera un poco mayor se habría sentido como un dios contemplando el proceso de la creación, pero aún era un niño y no pensaba, simplemente sentía.

Después de terminar las labores de esa mañana se fue para la casa. Se bañó, se arregló y se puso la camisa roja que le había regalado la abuela en su cumpleaños. Cuando salió del cuarto, su mamá ya le tenía listo el desayuno.

––¿A qué horas quedó en venir Ricardo? –le dijo a manera de saludo.

––No sé mamá, me dijo que aproximadamente a las nueve llegaba.

––¿No es muy tarde? No quiero que se queden mucho tiempo en la ciudad –dijo mientras hacía un mohín.

Carlos sabía que su mamá siempre hacía mohines o un pequeño gruñido de desaprobación cuando las cosas no salían de acuerdo a su voluntad, pero con respecto a Ricardo de nada valían las quejas; tenía un magnetismo especial, casi mágico sobre la gente y nadie, ni siquiera su madre, se le resistía.

En el momento en que el reloj que había pertenecido al abuelo –que en paz descanse, digo amén––, anunció las nueve en punto, llegó Ricardo. Carlos podía apostar –y de seguro habría ganado–– que el joven había llegado un poco antes pero había optado por entrar a la casa con las campanadas del reloj de manera espectacular. Si vas a ser amigo de Ricardo tienes que acostumbrarte a lo teatral.

––Muy buenos días, doña Olga –dijo Ricardo mientras le besaba una mano y la miraba a los ojos.

––Ricardo, Usted siempre tan galante –dijo la aludida ruborizándose un poco.

Y fue encantador. Como siempre. En diez minutos habló del invierno que se acercaba, de la obra que iban a representar en la escuela –él tenía, como no, el papel principal––, de la colecta que estaba organizando para ayudar a reconstruir la finca de Don Abundio arrasada por un incendio y hasta se dio el tiempo necesario para reprender a Carlos por no tender la cama antes de irse a estudiar.

“No olviden estar de vuelta a las seis de la tarde para ir a misa”, gritó doña Olga cuando los niños ya estaban saliendo; Ricardo se puso ambas manos alrededor de la boca y amplificando la voz respondió, “A las cinco en punto estamos acá doña Olga, yo le cuido a su muchacho”.

Montaron en las bicicletas y empezaron a abrirse camino a través del pueblo. Esa era la parte favorita del paseo para Carlos: Pedalear, sentir el aire entrar puro y a raudales por sus pulmones, le gustaba el sol en su espalda y el sudor cayendo por el rostro.

El pueblo estaba a dos horas de la capital. El Evento estaba programado para el mediodía; después de que terminara, recorrerían las calles y seguramente Ricardo lo invitaría a comer una hamburguesa con coca cola o quizá un algodón de azúcar si tenía suerte; se quedarían en la Plaza Principal y esperarían dos o tres horas mientras recuperaban energías y emprendían el camino de vuelta. ¿Era una estupidez emprender un camino tan largo? Para algunos podía parecerlo, desde luego, pero El Evento valía la pena.

Iban con el tiempo exacto por lo que Carlos se sorprendió cuando Ricardo se orilló y detuvo por completo.

––¿Sabes dónde estamos? –preguntó mientras se secaba el sudor de la frente.

––Claro –respondió Carlos como si fuera la cosa más obvia del mundo––, esta es la finca de don Andrés.
––Exactamente. La finca de don Andrés en donde se dan las naranjas más sabrosas del mundo.

––No irás a…

Demasiado tarde. Ricardo ya había agarrado dos naranjas gigantes y maduras, cogió una para él y le lanzó la otra a su compañero de travesía.

––¡No deberíamos! –Increpó Carlos–– Si don Andrés se da cuenta, es capaz de pegarnos un tiro con su escopeta…. Además, ¡Vamos tarde para la ceremonia!

––Te preocupas más que mi abuela…el viejo Andrés no va a salir, créeme. Además hay que disfrutar de los pequeños placeres de la vida ¡Cómete la naranja! ¿No está deliciosa?

Si lo estaba. Eran jugosas y el líquido se les regaba a ambos niños por las comisuras empapándoles las camisas. Estaban acostados mientras veían las nubes y jugaban a darle formas a las mismas.

––Oye Ricardo….tú quién crees que ganaría en una pelea ¿Gokú o Supermán?

––Esa es una pregunta idiota –contestó el otro y volvió a devorar la fruta.

Carlos se sintió estúpido. A veces se sentía así con su amigo. Se preguntaba en qué consistía su amistad: Él apenas tenía once años, mientras Ricardo ya era un adulto con sus trece abriles y podía hacer lo que le viniera en gana sin que los adultos lo importunaran demasiado. Ignoraba la razón por la que no se metía con los jóvenes de su edad pero en verdad disfrutaba mucho de su compañía. Avergonzado, iba a retractarse de la pregunta cuando Ricardo la retomó.

––Sin duda ganaría Gokú –dijo convencido–– es un hecho que ambos son extraterrestres pero Supermán no es capaz de destruir un planeta mientras que el otro puede destruir la Tierra con un dedo y luego teletransportarse a otro lugar si así lo quiere…bueno, vámonos que nos cogió el entierro y no estamos de luto todavía.

Llegaron a la plaza aproximadamente a las once y media de la mañana. Dejaron las bicicletas aparcadas en un lugar autorizado. A pesar de ser pequeños o precisamente por ello, pudieron colarse a través del gentío que estaba reunido en la Plaza Principal y llegar hasta los primeros lugares. No esperaron mucho hasta que El Evento inició y el transporte arribó al lugar.

Era un carruaje a la vieja usanza. En la parte posterior estaba la jaula. Sus ocupantes estaban silenciosos, indiferentes al bullicio que inundaba la plaza y ante la fruta podrida que les arrojaban. Había algo heroico, poético en su actitud estoica y muda, pero eso no importaba, nada lo hace para un condenado. Nadie escribiría una sola línea en su honor, ni en sus ojos opacos y tristes ante la inminencia de la muerte.

Ricardo y Carlos formaban ya parte de la turba. Sus gritos enardecidos se mezclaban en esa discordancia de sonidos provocados por el odio.

Allí, en esa multitud vociferante y anhelante de sangre, se encontraba la igualdad buscada por tantos filósofos, intelectuales y religiosos. Sus alaridos no buscaban amor, ni paz sino la muerte, la feliz culminación del montaje.



Los caballos se detuvieron en el centro de la plaza. Un policía sacó a empellones a los acusados quienes ni siquiera se resistieron, y los despojó de sus harapos.

El público está pletórico, exultante, reclamando, rugiendo por la estrella del espectáculo quien no demoró su salida para el deleite de todos sus fanáticos.




Cubría su rostro con una capucha similar a la del Ku Klux Klan pero de color negra, su ausencia de camisa resaltaba un torso musculoso y perfecto pero surcado de cicatrices, vestía igualmente unos pantalones oscuros.

En el momento en que levantó los brazos de manera victoriosa, su público enloqueció y los flashes de las miles de cámaras digitales destellaron como cientos de luciérnagas enloquecidas. Seguramente al día siguiente –– si no en un par de horas–– los espectadores de ese momento de odio subirían esos fragmentos de memoria en twitter y en facebook convirtiéndose en la envidia de familiares y conocidos.

El verdugo hizo una señal con sus brazos y mágicamente el sonido cesó. Agarró al primero de los acusados y lo arrastró hasta un tronco donde acomodó su cabeza. Tomó con delicadeza el hacha y sin perder más tiempo la dejo caer sobre el cuello del reo. Fue un corte perfecto, la cabeza se deslizó con delicadeza como si fuera una pelota de fútbol.

El ejecutor sumergió sus manos en la sangre que empezaba a brotar del cuerpo sin vida del condenado y la empezó a arrojar ante el público como si fuera agua. Los de la primera fila fueron afortunados pues el fluido les empapó la cara y pudieron restregarse el líquido con verdadero deleite.

La jornada fue productiva. En total fueron quince las ejecuciones que se llevaron a cabo exitosamente ante los vítores y exclamaciones de paroxismo del público; el suelo de la Plaza Principal quedó manchado de rojo y el verdugo se despidió de sus admiradores hasta el próximo mes, cuando dieran lugar las ejecuciones del mes de noviembre.

Lentamente todos fueron abandonado el escenario: Los hijos de la manos de sus padres comentando emocionados los pormenores del acto y la cara de los condenados, los novios que iban abrazados el uno del otro felices por haber compartido otro día juntos, quizá algún anciano cojearía mientras meneaba la cabeza refunfuñando porque las ejecuciones habían perdido la magia que tenía en sus tiempos.

Ricardo y Carlos contemplaban el lugar. Cada uno tenía un helado al que daban lametadas ocasionales. Estaban en silencio, no hablaban sobre lo ocurrido, todas las acciones habían sido ya guardadas en su memoria y en su corazón. Ahora sólo sentían el sabor del helado que caía por su garganta y el frío de la sabana que empezaba a meterse por todo el cuerpo.


El descanso había sido suficiente, ya era hora de emprender el camino de vuelta a casa.

––Vamos Carlitos –apresuró Ricardo––.No hay que llegar tarde a la misa del pueblo. Dios no nos perdonaría.