martes, 12 de marzo de 2019

Del día de la mujer...


Mi abuela fue una de las mujeres más fuertes que he conocido. Pasó de ser una más de siete hermanos (creo que me equivocó en la cifra, ya me corregirán mis primos) a ser la primera caleña en ganarse el premio Paul Harris del Club Rotario y llegar a ser Concejal, era tanta su importancia que sus hermanos le decían ‘La Doctora’. También podría  mencionar a mi mamá que luchó con uñas y dientes diez años contra un feroz cáncer y aun así tuvo la fortaleza de no rendirse jamás ni siquiera hasta el fin y cuyo amor y ejemplo siempre vivirán en mi corazón. Podría mencionar a mi Nana, mi tía, podría hablar de mi hermana que es mi columna y fortaleza, el motivo por el que me levanto cada mañana, o mencionar a mi sobrina Verónica y sus ojos que parecen esconder el secreto de un futuro radiante.

He tenido la suerte de conocer a lo largo de toda mi vida a  mujeres brillantes, talentosas  valientes y bondadosas. Mujeres con la fortaleza emocional que harían sonrojar a muchos que presumen de saberlo todo y al final no saben nada. He amado a muchas de ellas, en ocasión algunas me han correspondido y otras no. He sido amigo, hijo, hermano, novio y amante, en mi trabajo la mayoría de compañeras son mujeres y mis jefas también lo son. Cada día aprendo de ellas, de su diferencia, de su manera maravillosa de concebir el mundo.

Una de las cosas con las que no comulgo con el feminismo radical es el maniqueísmo que promulgan. Para muchas de ellas (y evito tratar de generalizar porque como me dijo mi mejor amiga, no hay un feminismo sino muchos que pugnan por hacer oír su voz) todas las mujeres son buenas por el simple hecho de pertenecer al género femenino y todos los hombres son malvados y violadores en potencia, machos privilegiados que deberían sentirse avergonzados por su género y pedir perdón por ello.

Mi visión de la realidad es un poco diferente. Ser de una raza o un género no te define ni para bien o para mal, lo hacen tus acciones, la manera en que concibes el mundo y te relacionas con los otros seres humanos, la empatía que puedes tener ante las injusticias y el sufrimiento ajeno.  Así como más arriba he dicho que he conocido mujeres maravillosas que a pesar de ser tan diferentes se caracterizan por su valentía, también he conocido mujeres malvadas, llenas de odio y rencor, que disfrutan hablando a las espaldas o engañando, o simplemente haciendo el mal de una manera frívola y macabra. No las juzgo por ser mujeres sino por ser humanos. Las personas no somos blancas o negras sino que nos movemos en un amplia gama de grises y todos sin importar que seamos somos capaces de lo peor…también, por fortuna, de lo mejor. Querer encasillarnos no solamente es estúpido sino perjudicial.

Dicho esto es estúpido negar que las mujeres lo han tenido muy jodido durante toda la historia. Han sido discriminadas, asesinadas, violadas, usadas como trofeos de guerras, gracias a religiones misóginas han sido relegadas o al rol de santa o al de puta. En diferentes culturas a lo largo del tiempo han sido humilladas de mil y un formas y su voz silenciada. Por siglos fueron relegadas a parir y encargarse de labores domésticas y me pregunto con tristeza cuántas artistas, científicas, filósofas y creadoras nos hemos perdido por una historia injusta que ha ignorado a la mitad (o incluso más) de su población durante tantísimo tiempo.

Incluso hoy, cuando se ha avanzado tanto en la lucha por la igualdad de derecho siento que falta muchísimo. Quiero que las mujeres que tanto conozco y admiro puedan luchar por lo que quieren sin desventajas de ningún tipo. Sueño con que mi sobrina no tenga que soportar ningún pervertido que la haga sentir incómoda, que no tema por caminar sola de noche, que tenga miedo de ser violada y peor aún sea revictimizada de diferentes formas (sin que eso nos lleve a desconocer la presunción de inocencia), ni que nadie la haga sentir menos por ser mujer.

Siempre he creído que la mejor manera de cambiar la sociedad debe partir desde el amor y no desde el odio. La mejor manera de construir una mejor sociedad debe ser cambiando la cultura y echando abajo los cimientos de la anterior. Creo que para una sociedad más justa el cambio debe venir no solamente de las mujeres sino también de los hombres pero no aislando a ninguno de los géneros sino haciéndolo juntos sin pretender ser iguales, sino más bien celebrando la diferencia entre hombres y mujeres, pero pugnando por la igualdad de derechos y el respeto en todos los ámbitos y creo que compromiso debe partir de cada uno de nosotros y hacerlo evidente no con palabras sino en acciones, solo así podremos tener un futuro más hermoso. Como el que veo cada vez que me sumerjo en los ojos de mi sobrina.




   

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